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jueves, 1 de marzo de 2012

La verdad sobre el amor

La verdad sobre el amor

Peligros para el amor

En materia de amor, el cine hace daño tanto a las personas casadas como a las solteras.
El cine hace daño a los casados porque con mucha frecuencia presenta como la cosa más natural, y casi inevitable, las expansiones amorosas extramatrimoniales de casados.
El daño que el cine hace a las personas solteras es, entre otras cosas, por enseñar una enorme facilidad para llegar al acto sexual: derecho exclusivo de casados.
Además, porque muchísimas veces presenta como motivo suficiente para el matrimonio el atractivo corporal, ¡y eso es mentira! Este atractivo es un factor, pero él sólo no basta. Muchísimos fracasos matrimoniales se deben  precisamente a que se basaron exclusivamente en el atractivo corporal, y se descuidaron otros valores de
mayor importancia.

Aparte del daño que el cine hace, con sus escenas, en la emotividad de la mujer, le hace otro daño también grave en su psicología: la mujer se siente arrastrada a imitar los modales, las actitudes y conducta de las artistas que se presentan como mujeres deslumbradoras, y hacen brotar en la espectadora el natural deseo de resultar ellas mismas también atractivas.
Al principio, las cosas que chocan con la moral se rechazan, pero a fuerza de verlas en la pantalla se les va quitando importancia y acaban por asimilarse.

El cine ha hecho muchísimo daño a las chicas enseñándolas modales insinuantes y provocativos, a mirar con descaro, un modo de ser frívolo y fácil, y a ser condescendientes en aventuras amorosas. ¡Cuántas chicas adoptan en público y en privado, posturas y actitudes atrevidas, influenciadas por lo que vieron en el cine, dándose cuenta o sin darse cuenta del todo! ¡Cuántas chicas se han hecho unas frescas por lo que vieron en el cine!  ¡Cuántas chicas cayeron más hondo de lo que jamás sospecharon por seguir unos primeros pasos que aprendieron en el cine!

Debes guardar el corazón, defender ese tesoro contra los ladrones.
No te creas, que porque ese hombre que se interesa por ti, ya esté casado, ofrece una garantía. Al contrario.

Las palabras bonitas y la llamada a la compasión femenina son armas terribles que pueden hacer vacilar el corazón ingenuo y generoso de una muchacha; si a esto se une, además, la proximidad diaria, y cierta admiración que ella pueda sentir por las cualidades y actividades que él desarrolla, la situación puede terminar en un lío, y, después, en un desastre para la pobre muchacha ingenua que será la más perjudicada.

Nada de conversaciones sentimentales, nada de intimidades y confidencias, nada de cariño con un hombre con quien más tarde no puedas casarte. Cuando en una chica empieza a brotar el cariño hacia un hombre con el cual no puede casarse, debe romper cuanto antes con él, aun a costa de lo que sea: perder el empleo, aparecer como una rara, etc.
Cuanto más tarde, peor. Es un engaño decirse: «¿Qué tiene de particular? No llegaremos a nada malo. ¿Por qué voy a renunciar a su amistad y al gusto de su presencia?». Con este engaño empezaron muchas chicas que más tarde  no pudieron romper sus lazos amorosos y tuvieron que llegar a vivir situaciones difíciles y no aprobadas por la sociedad o la misma familia. A veces las terminan dejando otra vez solas y en peor situación de la que ya estaban: con una mala fama, divididas con su familia o con otras terceras personas o con hijos que no deseaban en un ambiente así.

Muchas chicas, en su espontaneidad o ingenuidad se han dejado robar el corazón, o algo más.
Un hombre la hace un cumplido..., y su vanidad siente un cosquilleo; multiplica él sus delicadezas y atenciones..., y, naturalmente, siente ella despertarse el interés y la gratitud.
Le confía que su esposa no le entiende, que no es feliz en su hogar.
«Me equivoqué al casarme con ella.
Si te hubiera conocido antes a ti...».
Si ella cede a su natural deseo de complacerle, está perdida.
Siente vibrar su compasión al mismo tiempo que su sentimentalismo y su vanidad.
Él le hace un favor, un regalito, cualquier cosa.
La chica no se atreve a rechazarlo, pues en ello no ve mal ninguno.
Después una caricia furtiva para ver cómo reacciona ella.
Quizás un aparente retroceso para despertar el deseo de ella.
Ya está atada.
Atada por un sentimiento femenino, respetable por otra parte, de la delicadeza y del agradecimiento.
Ya está atada..., y dócil. Y no se atreve a molestar y contrariar a quien se ha mostrado tan delicado.
Además, ¡es tan amable y correcto!...
Y la historia continúa sin la menor variante.

Pronto vendrá el primer beso, desde luego discreto y respetuoso, la caricia en el cabello, en las mejillas...
Al principio la chica se sorprende, no se atreve a oponerse, después acepta, y termina por simpatizar..., y dejarse llevar por la ternura.
El amor desarrolla así su ley psicológica: pasa de lo sentimental a lo sensible, de lo sensible a lo sensual, de lo sensual a lo sexual.
La joven imprudente no suele ceder al primer golpe.
Por lo demás, ella no desea los elementos físicos del amor.
Siempre había soñado permanecer en el plan sentimental y sensible.
Pero..., ante la insistencia, por no contrariarle, termina con la entrega total.
Si no rompe a tiempo, valiente y dolorosamente, la actitud de un día se convertirá en un hábito y muy pronto en esclavitud.

A algunas chicas les gusta coquetear y jugar a despertar el apetito sexual de los chicos. Pero ellos después no se contentan con pequeñeces.
Lo quieren todo. Y cuando llega el momento en que ellos se disponen a conseguirlo, ellas se asustan y quieren frenar (con frecuencia sin resultado) lo que ellas mismas desencadenaron tontamente.

Una mujer puede sentirse atraída por una aventura más o menos arriesgada. Puede ser vanidad, curiosidad o tontería.
Pero difícilmente en el momento de la tentación cae en la cuenta del peligro que corre y de lo mucho que arriesga. Después, cuando sea tarde, derramará lágrimas de arrepentimiento, pero la pérdida puede ser irreparable.

La elección…

La elección de tu pareja es cosa tuya. Pero debes hacerla con mucha cautela. No te fíes de los flechazos, que son muy bonitos para novelas y películas, pero en la vida real poco útiles para hacer, ellos solos, felices a los hogares. Tampoco te fíes sólo de tu «vista», que ya sabemos que el amor ciega. Tu madre podría hacerte en esto un excelente servicio. Ella te conoce mejor que nadie; y ella, como nadie, desea tu felicidad; y su espíritu intuitivo verá si la pareja que le presentas podrá hacerte feliz.
Si dudas del acierto de tu madre, consulta con una persona seria, competente y desinteresada. Pero no esperes para consultar al embrujo del amor, pues correrás el peligro de no hacer caso a nadie. Cuando notes que tu corazón se interesa, examina con serenidad antes de que pierdas la lucidez. Además de buscar consejo, debes pedir mucho que se te dé acierto en la elección, pues es muy importante no equivocarse en una cosa tan transcendental.

No olvides el proverbio ruso: «Antes de viajar por tierra, ora; si es por mar, ora dos veces; y si te vas a casar, ora tres. Porque en el matrimonio las tempestades y los naufragios son muy frecuentes».

«No se construye un hogar sobre la gracia de una sonrisa, sobre el atractivo de un rostro, sobre la ternura de un instante. Se construye un hogar sobre todo lo que es esencia misma del yo: los pensamientos, los deseos, los sueños, las decepciones, las penas, las esperanzas, las alegrías, las tristezas. El amor implica la puesta en común de todo eso; por ello las relaciones enderezadas a consolidar el amor y a preparar la unión indefectible, deben desarrollarse en ese plan, y exhibir ante el otro ese fondo secreto de sí mismo, cada uno de cuyos elementos favorecerá o perjudicará la futura unión».

«Durante el estado de enamoramiento quedan notablemente alteradas las facultades perceptivas y deductivas en todo lo que se refiere a la persona amada. Los defectos que existan en dichas personas no se perciben, las cualidades se subliman. La mente ya no está equilibrada sino profundamente inclinada hacia el objeto del amor. El enamorado idealiza a la persona amada y la convierte en el centro de sus aspiraciones. La fascinación que ejerce en ti la persona idealizada puede ofuscarte y ocultarte la realidad. Podéis quedar totalmente ciegos para ver datos y circunstancias que desaconsejan totalmente seguir adelante. La fascinación puede ser engañosa. El amor de un hombre y una mujer es algo muy serio y tiene que construirse sobre cimientos muy sólidos. La fascinación es hermosa, pero pasará pronto. Lo que quedará es la vida. Y esa vida, si la construís con el corazón y con la razón, puede ser todavía mucho más hermosa».

Para casarse, es indispensable amarse; para amarse, es preciso conocerse; para conocerse, tratarse; para tratarse, primero hay que encontrarse.

Muchacha, te aconsejo no dejarte seducir por el cumplimentador hábil, que te fijes a ti misma las condiciones que debe poseer aquél que debe hacerte su esposa. Condiciones sin las cuales tú no aceptarás el compromiso matrimonial. Por orientarte te pongo algunas: Lo que debes valorar ante todo es el valor personal del pretendiente.
Después vienen las demás consideraciones: facha, rango, fortuna.
Estos dones no son despreciables, pero no son esenciales. Lo esencial reside en el valor humano y cristiano del chico, es decir, su personalidad. Primero que sea cristiano; cristiano convencido, práctico. Y si es piadoso, mejor. El matrimonio con un incrédulo suscitará conflictos de conciencia. Porque después planteará a los hijos el problema de la fe y las prácticas de piedad. No basta, pues, que esté bautizado. Bautizados, no practicantes, llenan las cárceles, y atormentan a sus esposas. Algunas chicas se han engañado en este aspecto esencial de su prometido y más tarde su esposo.

Ten cuidado con los «mujeriegos-patanes»; lo seguirán siendo, porque no te creo tan ingenua, que pienses, que así por las buenas, y por ti, va a dejar ese hombre ciertos hábitos que ha adquirido tal vez con larga experiencia: mujeriego, trasnochador, dado a la bebida, etc. El uso de las bebidas alcohólicas es uno de los factores más influyentes en los hogares desgraciados. A la chica le halaga el verse deseada sexualmente. Esto puede inclinarla a ser provocativa, pero debe dominarse. La chica provocativa hace daño a los hombres, pero también a sí misma.

«La belleza física es, ciertamente, un factor importante y, por eso, debes cuidarla y realzarla con esmero y naturalidad, aunque sin exageraciones, extravagancias y descaros. El atractivo sexual atrae a una parte del hombre, pero vosotras queréis como esposo al hombre entero. No olvidéis que los hombres podrán buscar cierto tipo de mujer para divertirse; pero buscan otro muy distinto para casarse».

Más importante que la belleza es el encanto, la simpatía, la gracia, el estilo, la elegancia, el trato, la sonrisa, los gestos, la dulzura, la ternura, la amabilidad, la delicadeza, etc. La belleza femenina atrae a los chicos, pero no es indispensable para casarse. Los hombres buscan, lo que da realce y valor a la mujer: sus encantos, su feminidad y sus virtudes. Las muchachas deben ser elegantes en su modo de vestir y arreglarse, y ser distinguidas, alegres, discretas y dulces en todo su modo de ser. No descuides tu arreglo personal. Pero no quieras conquistar con sólo tu belleza física. Haz que se enamoren más bien de tus virtudes.

De una mujer bella puede un marido cansarse; de una mujer virtuosa jamás se cansará. Tampoco eligen los chicos a las de carácter autoritario, a las dominantes, a las de tono dogmatizante, a las de gesto seco y rígido. Buscan el encanto, la dulzura, la amabilidad.

«Escúchale cuando él te esté diciendo algo de sí mismo y de sus cosas. Muéstrale atención e interés. Un comentario, una pregunta tuya acertada sobre este tema que él está tratando y..., ya está sintiendo profundamente que tú le comprendes, ya te estás apoderando de su afecto, de su corazón y de todo él».

A un chico recto no le gustan las caprichosas, las mimadas, las que tienen su cabecita llena de fantasía, cuyo humor cambia a todo viento: hoy alegres, exuberantes; mañana, deprimidas, pesimistas, tristes...Y no te olvides nunca de tu preparación para el hogar. Tu atractivo personal sirve para despertar la inclinación y el amor hacia ti. Pero para que este amor sea perdurable hacen falta además otras cosas. El arte de ser madre es difícil y complicado. Necesita largo aprendizaje.
Todo lo que contribuya a tener a tu marido contento fortalecerá vuestro amor.

El pudor de la mujer es una de las cosas que más enamoran. Y el encanto del pudor inmuniza de otros atractivos. El pudor es un sentimiento íntimo por el cual una mujer dándose cuenta de la belleza de su cuerpo y del atractivo que ejerce, procura reservarlo para el día que pueda hacer don completo y total de sí misma. Por eso el pudor se refleja en el modo de vestir, en los modales y en todo. El pudor sabe encontrar el equilibrio entre el ir agradablemente vestida y elegante, y lo que resulta llamativo y provocativo. Se suele decir que una mujer inteligente enseña sin enseñar, porque si enseña demasiado, pierde interés lo que enseña.

En los modales sabe ser delicada y atractiva sin resultar excitante ni insinuante. El pudor es la gran muralla que defiende la castidad. Una chica sin pudor empieza con curiosidades malsanas, lecturas enervantes, se permite tocarse de modo impuro, se entrega a caricias, besos y abrazos con los chicos, y cuando en medio del vértigo pierde la noción de lo que hace, viene la caída fatal que llorará amargamente, y la avergonzará para toda la vida.

«Todavía se encuentran hoy bastantes muchachas que no se arrojan en brazos del primer hombre que les gusta, ni creen que deben acceder en todo a las solicitaciones de los jóvenes. Afirmémoslo sin ambages: las jóvenes deben permanecer puras hasta el matrimonio. Las que no aceptan este punto de vista tienen de la vida y del ser humano una visión parcial y limitada... Si un joven tiene el sano ideal de casarse con una muchacha virgen, seguramente no permanecerá indiferente cuando sepa que se le ha mentido».

«También la mujer tiene derecho a la pureza del hombre. Es cierto que la opinión corriente es completamente diferente; pero la justicia de una opinión sobre las cuestiones de la vida no debe medirse por el número de adeptos». Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes. Mira lo que escribía una muchacha que había guardado inmaculada su pureza: «Exigiré que mi futuro marido se haya guardado como yo misma para nuestro hogar». El mejor regalo de bodas que puede esperar una persona es la virginidad de la pareja con la que se va a casar.

Ahora mis consejos a los chicos.

Frente a los abusos de tantas parejas, hay que volver a la caballerosidad respetuosa con la mujer viendo en ella la futura madre de los hijos, digna de todo cariño, veneración y respeto, y no tratándola como un trapo viejo que se mancha y luego se tira.
Que el día que te cases no tengas que avergonzarte de nada de tu vida pasada.
Quizás oigas alguna vez de un amigote, que para excusar sus desvergüenzas te dice: «Hay que probarlo todo». ¡Absurda necedad! ¿Lo hacemos así con las enfermedades y los venenos? Al que te diga eso dale raticida para que se lo tome. A ver qué contesta. Pues tampoco se puede probar lo que está prohibido. Además, ¿te gustaría que quien te ha de pertenecer para siempre, antes de conocerte, «ya lo hubiera probado todo»? No, ¿verdad? Haces muy bien en pensar así: una mujer lujuriosa te atormentará de celos.

Acuérdate de tu madre. Tu novia ha de ser la madre de tus hijos. Acuérdate de tus hermanas y de tus futuras hijas. Trata a tu novia hoy como te gustaría que los demás las traten a ellas. No exijas de tu novia, con instintos brutales, lo que su virtud, su pudor y su conciencia no te pueden ahora conceder. Una mujer amante de su honra defiende fieramente su pureza hasta en los más mínimos detalles. No quieras tratar a tu novia como a una de esas desgraciadas que venden su cuerpo. ¿Elegirías entre éstas a la madre de tus hijos? Un hombre, como Dios manda, se avergüenza de que su novia sea una prostituta.

Y a una mujer decente la humilla y avergüenza el verse tratada como una tal. Lo que a ella le ilusiona es un amor muy superior: el que culmina en un hogar y en unos hijos. Lo que la mujer espera del hombre es admiración, estima, respeto, veneración, protección. Pero estrujarla para saciar los instintos  zoológicos, no es de hombre, sino de bestia. Y lo lógico es que la mujer se enamore de un hombre, no de un animal.
Por eso algunas novias llegan a desilusionarse de su novio y hasta sentir asco por aquel hombre que decía que la quería tanto que tuvo que arrollar su pudor. En cambio sienten sincero amor para con el hombre que tuvo para ella admiración y respeto.

Respeta a tu novia como quieres que se respete a tu madre. Los sacrificios que por el bien de ella te impongas, son prueba de que tu amor es verdadero. Si quieres a tu novia de verdad, debes querer su bien antes que tu gusto. Eso es amarla. Subordinar su honra y su conciencia a tu pasión, no es amor: es egoísmo.
Hay caricias que conducen al acto sexual. Deben evitarse aquellas que ponen en marcha el aparato genital. Evidentemente que no todos tenemos el mismo temperamento, ni reaccionamos de la misma manera. Ni siquiera para nosotros mismos todos los momentos son iguales. Lo que en otro momento, o a otra persona, puede dejar indiferente, para mí, ahora, puede resultar peligroso.
Un chico que quiere a una chica, en lugar de hundirla, rebajarla, profanarla, instrumentalizarla, denigrarla, mancharla con los deseos de su instinto, procura por encima de sus apetencias elevarla, dignificarla, sublimarla. Se preocupa de que sea más piadosa, mejore su formación tanto religiosa como de carácter, voluntad, etc. Es decir, busca siempre lo que a ella la engrandece, nunca lo que la envilece.
Cuando tu novia se niegue a tus peticiones bestiales, no atormentes su cariño con frases como ésta: «es que no me quieres». Todo lo contrario.
Porque te quiere, no quiere que manches tu alma con un pecado. Con su resistencia firme y entera te dice: «te quiero tanto y tengo tantas ganas de casarme contigo, que no quiero cometer ningún pecado, para que Dios nos bendiga y podamos llegar un día a unirnos para siempre en el altar».
Mucho cuidado con las mujeres que tratas. Si tu novia es de moralidad dudosa, aunque tú no quieras, ella te hará caer.
Que tu novia no sea para ti fuente de pecados. Tu novia debe ayudarte a ser mejor. Que su recuerdo te proteja de envilecerte moralmente.
Su pureza y su virtud deben ser un estímulo para mejorarte, para hacerte digno de ella.
La desvergüenza de algunas mujeres ha llegado a tal extremo que es posible que tu actitud irreprochable en toda esta materia provoque en ellas risitas y bromas de mal gusto. Es lástima que las pobres hayan descendido tanto. Peor para ellas. Pero a ti, ¿qué más te da? «Ésas» no te sirven para nada. En cambio la rectitud de tu conducta te conseguirá la estima de las buenas, que son las únicas que te interesan para buscar entre ellas la madre de tus hijos.

» -Porque es la única forma que tiene un joven o una joven de demostrar verdaderamente que quiere reservarse exclusivamente para quien habrá de ser su cónyuge.

»En efecto, al no aceptar tener relaciones con su novio/a, con quien más expuesto a tentaciones está, menos probable es que lo haga con otro. En cambio, si lo hacen entre sí sabiendo que esto puede llevarlos a un matrimonio apurado o a cierta infamia social, ¿qué garantiza que no lo haga también con otros u otras con quienes no tiene compromiso alguno? »El no consentir en las relaciones prematrimoniales es un signo de fidelidad; lo contrario puede ser indicio de infidelidad.
»Finalmente, porque el hacer respetar la propia castidad es el arma para saberse verdaderamente amado.
»En efecto, si la novia solicitada por su novio (o al revés) se niega a tener relaciones por motivos de virtud, pueden ocurrir dos cosas: o bien que su novio respete su decisión y comparta su deseo de castidad, lo cual será la mejor garantía de que él respeta ahora su libertad y por tanto, la seguridad de que la seguirá respetando en el matrimonio; o bien que la amenace con dejarla (y que tal vez lo haga), lo cual solucionará de antemano un futuro fracaso matrimonial, porque si el novio amenaza a su novia (o viceversa) porque ella o él deciden ser virtuosos, quiere decir que el noviazgo se ha fundado sobre el placer y no sobre la virtud, y éste es el terreno sobre el que se edifican todos los matrimonios que terminan desmoronándose.

»Además, la castidad es fundamental para la educación del carácter (en el buen sentido de la palabra carácter: la firmeza, la seguridad, ser auténtico pero no de mal genio).
»El joven o la joven que llegan al noviazgo y se encaminan al matrimonio no pueden eludir la obligación de ayudar a su futuro cónyuge a educar su carácter.
»La maduración psicológica es un trabajo de toda la vida. Consiste en forjar una voluntad capaz de aferrarse al bien a pesar de las grandes dificultades.
»Así como los padres se preocupan de ayudar a sus hijos a lograr esta maduración, también el novio debe ayudar a su novia (y viceversa), y el esposo a su esposa.
»El trabajo sobre la castidad es esencial para ello; porque es una de las principales fuentes de tentaciones para el hombre; consecuentemente es uno de los principales terrenos donde se ejercita el dominio de sí.
»Quien no trabaja en esto no sólo es un impuro sino que puede llegar a ser un hombre o una mujer despersonalizados, sin carácter. Y así como no tiene dominio sobre sí en el terreno de la castidad, tampoco lo tendrá en otros campos de la psicología humana.

»El que tiene el hábito de responder a las tentaciones contra la pureza cometiendo actos impuros, responderá a las tentaciones contra la paciencia golpeando a su esposa e hijos, responderá a las dificultades de la vida deprimiéndose, responderá a la tentación de codicia robando y faltando a la justicia, y responderá a la tentación contra la esperanza suicidándose (aunque esto en casos extremos se da). Es decir si no hay moderación en una cosa, y más en una cosa tan importante, seguramente no habrá moderación en muchas otras las cuales no te van a gustar.

»Podemos concluir: el amor que no sabe esperar no es amor; el amor que no se sacrifica no es amor; el amor que no es virtud no es amor».
Respeta a tu novia, aunque ella no sepa hacerse respetar, ni defender, con su pudor, el tesoro de su pureza.
Es muy fácil decir: «No me importa lo que hayas sido en el pasado».
Lo difícil es decirlo de verdad. Me dijo uno: «Yo muchas veces afirmé que no me hubiera importado casarme con una cualquiera, prescindiendo de su vida pasada. Pero lo decía mintiéndome a mí mismo. Por dentro yo tenía mi ideal de mujer. Lo que pasa es que pensaba que de ésas ya no había, que era un ideal inalcanzable.
Por eso, cuando he encontrado a esta chica, que es un ángel, me he ilusionado de tal manera, que me parece que he empezado otra vida».

Si alguien dice que no le importa la infidelidad de su cónyuge, es porque ha dejado de amar. Precisamente la diferencia entre amor y amistad es que al amigo no le importa compartir con otros a su amigo; pero el amante quiere en exclusiva la persona amada. Pues bien, si para casarte quieres una mujer decente, ayuda a las chicas a que sean decentes. ¿Por qué una chica que quiere ser decente tiene que luchar tanto contra los chicos que la acosan para que ella ceda? Me decía una chica: «Padre, ¡qué asco! Todos los chicos vienen a lo mismo. Y si no te dejas, no les interesas». ¡Qué triste es que las chicas tengan ese concepto de los chicos!

Demuestra tú, con tu conducta, que no eres de ésos. Que tú, porque estimas a la mujer decente, quieres ayudar a todas a que sean decentes. Si los chicos, con vuestra conducta, mostraseis que preferís las puras y decentes, ellas, sin duda, cambiarían. Pero como muchos chicos han preferido las libres, para poder abusar de ellas, las chicas se han creído que para casarse tienen que ser libres, y ahora buscáis una chica decente y les cuesta trabajo encontrarla.
Sin embargo, mientras no la encuentres, no te eches una novia.

La felicidad futura de tu hogar no depende ni de la cara, ni del tipo de tu novia; sino de su carácter, de su virtud y de su espíritu cristiano.
Del mismo modo que una belleza inexpresiva y sosa acaba por cansar, una belleza sin virtud acaba siendo aborrecida.
 Busca una novia que te guste. Pero no te dejes encandilar por la «fachada», que es pasajera; y si no está sostenida por las virtudes del espíritu, pronto te cansará y perderá para ti todo su atractivo. Aprende a enamorarte del carácter y de las virtudes del alma, que son estables, y son realmente las que hacen digna de estima a una persona. Aprende a estimar más los dones del alma que los del cuerpo.
Puedes casarte con una «estrella» de la pantalla y ser un desgraciado, como tantos divorciados del cine. En cambio, si te casas con una mujer amable, dócil, servicial, sacrificada, generosa, limpia, discreta, honrada, virtuosa, dulce, femenina, habilidosa, delicada, de buen corazón, que sepa llevar una casa y sea capaz de criar y educar los hijos y, sobre todo, muy cristiana, te profetizo un matrimonio feliz.
En cambio si es una mujer sin moral y sin conciencia, no sabes hasta dónde puede llegar. Tras un exterior muy atractivo, cara preciosa y tipo espléndido, muchas veces se encuentra un espíritu de frivolidad y coquetería, que no es precisamente la mejor garantía para que tu matrimonio sea feliz.
Por eso vale poco el enamorarse del cuerpo, que es amor sexual. Y en cambio hay tantas garantías de éxito en el amor del alma, que es espiritual.
Si tu novia es frívola y ligera, vivirás amargado de sospechas y celos. No te vaya a ocurrir lo de aquel desgraciado que a los dos meses de la boda se vio abandonado por su bellísima mujer. ¡Había encontrado un partido mejor que su marido!

Cuando salgas con tu novia aprovecha todas las ocasiones para estudiar su carácter y modo de ser. ¿Has examinado si le gustan los niños, si los acaricia, si goza con ellos; o por el contrario le ponen de mal humor? ¿Es trabajadora y sacrificada, o sólo piensa en divertirse? ¿Sabe cocinar y coser? ¿Sabe llevar una casa, o lo único que sabe es bailar mucho y coquetear con el primero que se le acerca? Si no atiendes ahora a todas estas cosas, es muy posible que después de casado te lleves un gran desengaño.

Es muy importante que los novios se conozcan muy bien antes de casarse. Puede una chica tener un gran atractivo corporal, ser muy simpática y desenvolverse con soltura en la vida social, y sin embargo tener defectos que van a hacer sufrir mucho a su marido. Por eso las relaciones deben durar por lo menos de un año a dos. En menos tiempo es muy difícil llegar a conocerse bien y es posible que después de casados aparezcan defectos insospechados que pongan en peligro la felicidad matrimonial. Ten en cuenta que después de casado apreciarás de distinta manera muchas cosas que atraen ahora tus ojos de soltero, y que entonces querrás en tu mujer virtudes que en el noviazgo no echaste de menos. Si quieres a tu novia sólo por sensualidad, ese amor será pasajero. A los pocos años de casados ya no os amaréis; a lo más, os soportaréis. En vida de tu mujer serás un viudo del corazón.
Cuando elijas a tu novia, piensa que no la eliges sólo para la luna de miel, sino para diez, veinte, treinta años..., ¡para toda la vida! En tu novia, más que a la «mujer», busca el «ángel» que haga de tu futuro hogar un pedazo de cielo.

Conozco una pareja muy feliz que se conocieron por coincidir todas las mañanas al ir a misa. Si te enamoras de una chica sinceramente piadosa (hermosa interiormente), tienes mucho adelantado. Y te digo sinceramente piadosa, porque también las hay que unen algunas prácticas de piedad a un proceder, modo de vestir, etc., impropios de la vida espiritual que parecen tener. Esas chicas de piedad superficial tampoco ofrecen garantías suficientes. Los principios cristianos y la rectitud moral deben ser algo muy firme.

Muchas veces he oído quejas de que hoy día las chicas se han echado a perder, que una chica para divertirse se encuentra fácilmente, pero que una chica capaz de hacer feliz un hogar..., de ésas no se encuentran.
¿Y quién tiene la culpa de esto? Ciertamente que muchas chicas, influenciadas por el cine, han perdido el recato y el pudor, que es su mayor atractivo. Pero, ¿no tenemos los hombres nuestra culpa en este «descenso» del pudor femenino?
Las chicas buenas también se quejan de que los chicos prefieren las ligeras, las frívolas, las coquetas, las frescas... Como ellas quieren gustar, si cuesta abajo. Si los chicos mostraseis claramente que preferís las buenas, las piadosas, las trabajadoras y sacrificadas, las que rezuman pureza, las chicas mejorarían. Es enorme el bien que haríais a las chicas, si ellas vieran que preferís las buenas; y es enorme el daño que las hacéis, si ellas ven que preferís las frescas.
Sería éste un excelente apostolado: moralizar a las chicas, mostrando más estima por las que son más virtuosas.

Por otra parte, has de saber que las chicas tienen la misma queja de vosotros. Algunos chicos, influenciados por las chicas frescas, creen que para resultar más varoniles e interesantes tienen que mostrarse atrevidos, y esto hace que las chicas buenas -las que necesitáis para el matrimonio al veros así, no se fíen de vosotros y no se decidan. De modo que las chicas se hacen frescas para gustar más a los chicos, y los chicos se muestran atrevidos para parecer más interesantes; y después resulta que ni a los chicos os gustan las chicas frescas, ni a las chicas buenas les gustan los chicos atrevidos. ¡Vaya un papel que  estáis haciendo! ¿No sería mil veces mejor que todos reconocieseis que lo más digno de estima es la virtud, y obraseis en consecuencia? Cuando hayas encontrado una chica virtuosa que pueda ser la madre de tus hijos, toma el noviazgo con toda la seriedad que Dios manda. Dios quiere que el que no siente su voz para un estado más alto y más grande, como es la vida consagrada a Dios, y va a casarse, a su tiempo pues la fruta que se toma antes de su tiempo se indigesta- se busque una novia; pues los futuros esposos deben conocerse muy bien antes de ir al matrimonio.

La psicología del chico es distinta de la de la chica. Al hombre le cautiva la belleza, la delicadeza y la ternura de la mujer. A ella la fuerza, el valor y la decisión del hombre. En él la atracción hacia el otro sexo es más carnal; en ella es más sentimental. No es raro que un chico sienta atracción sexual sin amor, y una chica amor sin tener deseos sexuales.
Lo contrario es menos frecuente. Las mujeres suelen preferir los hombres interesantes más que los hombres guapos.

El cine ha hecho que la juventud, sin cabeza, sienta idolatría por la belleza física, y así resulta que esa muchachita de «tipo estupendo», después de casada sale caprichosa, insoportable; y también aquel chico que enamoraba con locura a las niñas tontas porque se parecía a cierto artista de cine, después de casado sale con un genio insufrible.
Los dos son maravillosos para verlos en la pantalla. Pero el matrimonio no es una película de cine, sino una vida que dura muchos años, y con muchos sufrimientos, malos ratos, penas y amarguras.
También con sus ratos de felicidad. Pero desgraciadamente, no todo es felicidad.
Si la juventud se preparara para el matrimonio como Dios manda, tendríamos muchos más matrimonios felices.
El tiempo del noviazgo es para conocerse mutuamente, para amarse rectamente.
El noviazgo es querido por Dios, pues Dios ha hecho el matrimonio indisoluble, y esa persona a la que vas a unirte para toda la vida, debes conocerla bien antes de casarte con ella. Por lo tanto, es natural y así lo quiere Dios- que durante cierto tiempo tengáis más confianza entre vosotros y un trato más íntimo para conoceros mejor.
Pero debéis ser muy discretos en las manifestaciones de amor, si no queréis manchar vuestras relaciones. No podéis permitirle a vuestro cariño muchas de las cosas que él os pide con fuerza. Es necesario que aprendáis a llevar vuestro noviazgo con la austeridad que exige el Evangelio. Es muy importante que os propongáis firmemente llevar vuestro noviazgo en gracia de Dios. Eso será atesorar bendiciones de Dios para el matrimonio. En cambio, si sembráis de pecados el camino del matrimonio, ¿podréis esperar con confianza que Dios os bendiga después? ¡Cuántos matrimonios lloran los pecados que cometieron de solteros!

Si el noviazgo es para un conocimiento mutuo, se impone también como necesidad imperiosa la sinceridad. No deben existir repliegues ni restricciones mentales. Debe hablarse mucho sobre todas las cuestiones, y confiarse mutuamente los problemas para buscar juntos una solución. Es, por desgracia, demasiado frecuente, que los novios mantengan el uno con respecto al otro, una postura totalmente falsa. Y es triste que, a veces, esa falsedad dé al traste con la íntima compenetración que debe regir el matrimonio. Los novios van al altar, muchas veces, engañados. No se conocen. El engañar siempre es malo. Los novios deben ser francos, transparentes el uno para el otro.
El amor necesita admiración. Para ver si sientes admiración podrías preguntarte, ¿me gustaría tener un hijo así? No se trata de con menos o más nariz, sino de ese modo de ser, cualidades, etc.

Los novios deben ayudarse a conocerse mutuamente, tanto en las virtudes como en los defectos. Cada uno debe esforzarse en corregirse de sus defectos y en adquirir las virtudes que el otro desea ver en él. Deben ver si armonizan en el carácter, gustos, puntos de vista, modo de ser, educación y costumbres; si tienen las mismas ideas sobre religión, vida de piedad, frecuencia de sacramentos, etc...
Deben ponerse de acuerdo en todos los problemas fundamentales. Si en el noviazgo hay discrepancias sobre esto, en el matrimonio habrá disgustos muy graves. Ya dijo Sáint-Exupery: «Amar no es mirarse uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección»; es decir, tener los dos los mismos ideales.

Y, desde luego, las faltas de armonía y defectos de carácter, es necesario compensarlos con espíritu de mortificación y tolerancia por una parte - siempre que no se trate de cosas ofensivas a Dios- y deseo eficaz de corregirse por la otra. Nadie es perfecto en este mundo; pero todos debemos tener deseos de superación. El esfuerzo mutuo de adaptación es una de las mayores alegrías de la vida conyugal. Evidentemente que en esta armonía hay grados; pero cuanto mayor sea la armonía, más probabilidades hay para un matrimonio feliz. El ideal sería que esta armonía llegara incluso a detalles como gustos, aficiones, diversiones, hábitos de vida, educación, aseo, orden, modales, lenguaje, etc., etc.
El ideal es que los dos sean de ambientes familiares y culturales similares. No por clasismo; sino por armonía. Un notable desnivel de educación, higiene, costumbres, etc., con el tiempo, ocasiona roces que enfrían el amor.
Hay una porción de imponderables de educación, higiene, etc., que pueden convertirse en espinas muy desagradables y, con el tiempo, realmente insufribles. Hay personas a quienes se les hace durísimo disminuir de categoría social.
«En general las diferencias de formación y de posición social son obstáculos que impiden llegar en el matrimonio a una completa unión. La igualdad en las costumbres, resultado de haberse formado en un ambiente parecido, constituye el sólido cimiento de una buena armonía en la vida de cada día; mientras que la disconformidad de las costumbres y una gran divergencia en el grado de cultura pueden actuar como fuerzas disgregadoras.
»Cuando el estilo de vida difiere ampliamente por proceder los esposos de mundos sociales distintos se va minando poco a poco la solidez del matrimonio. No negamos que ambos esposos puedan ser felices si manda en ellos el corazón, pero con el tiempo nada tiene de extraño que llegue a ser desagradable comer en la misma mesa con una persona cuya educación es discordante con la propia. Pequeñas, pero numerosas diferencias ponen a prueba los nervios de la persona más equilibrada.
»Para que el hogar sea agradable es necesario cierto grado de educación. Pero si uno de los dos no la tiene, es mejor que tampoco la tenga el otro».
«El amor vence a la muerte; pero un pequeño defecto desagradable, a la larga, puede vencer al amor»10.
¿De qué sirve un atractivo corporal si esa persona es egoísta, interesada, soberbia, irascible, rencorosa, vengativa, agresiva, cruel, peleona, chismosa, intrigante, maquinadora, displicente, despectiva, hipócrita, falsa, cínica, astuta, posesiva, ambiciosa, derrochadora, dominante, absorbente, autoritaria, impositiva, mandona, insolente, protestona eterna, que se queja de todo, creída, caprichosa, testaruda, arisca, engreída, inmadura, desequilibrada, frívola, ligera, superficial, comodona, lujuriosa, alcohólica, etc. etc.?

Cualquiera de estos defectos anula una belleza corporal. Por otra parte, es fácil encontrar atractivo espiritual en una persona virtuosa.
El carácter ideal es una personalidad comunicativa y amable, un temperamento jovial, una alegría contagiosa, un modo de ser bondadoso y sincero, generoso, amable, cordial, con deseos de hacer el bien a los demás.
Con una persona así la convivencia es deliciosa.

«Hay otro dato que podrá no ser decisivo ni principal, pero con el que no está mal que contéis desde los primeros días del noviazgo: que no sólo os vais a casar vosotros dos, sino también un poco con sus padres y familiares. Repetimos que éstos rara vez deberán suponer un motivo fundamental en vuestra decisión, pero no está mal que ya desde el noviazgo, sepáis que vais a tener que afrontar esta circunstancia.
«Cuantas menos sorpresas se lleve uno en la vida matrimonial tanto mejor».

El feminismo

Hoy hay una corriente feminista defensora de los derechos de la mujer. La defensa de los derechos de la mujer comenzó cuando San Pablo mandó a los maridos que amen a sus mujeres. Esto era algo inaudito en un mundo en que la mujer no era nada. Incluso algunos filósofos de aquel tiempo dudaban de que la mujer tuviera alma.
En la era pagana la mujer no tenía los mismos derechos que el hombre. Fue el cristianismo el que elevó la mujer de su estado de ignominia haciéndola la reina, festejada, admirada y amada; pues la misión de madre es la más gloriosa de la vida. Bernabé Tierno reconoce que «fue el cristianismo el que de manera más directa contribuyó a devolver a la mujer toda su dignidad y derechos de igualdad con el hombre». Una cosa es la igualdad de derechos ante la ley del hombre y de la mujer, lo cual es justo; y otra que la mujer se ponga a imitar en todo al hombre, perdiendo sus características femeninas que tanto la enriquecen. «Feminismo es aquella cualidad de la mujer por la cual ella se hace atractiva y agradable, y hace agradable y atractivo todo cuanto la rodea». Pretender hacer de la mujer otro hombre es una equivocación.

La mujer tiene sus cualidades específicas que no debe perder, y deben ser para ella de gran valor. La familia es el fundamento de la sociedad, y sin verdaderas mujeres no es posible la familia.

El feminismo que reivindica los mismos derechos para la mujer que para el hombre ante la ley, es normal y sano, pues hombre y mujer tienen la misma dignidad como persona humana.

Pero hay otro feminismo revanchista que resulta ridículo. Hay mujeres feministas que quieren ocupar el sitio del hombre en todo. Y algunas lesbianas hasta en el uso del sexo. Las lesbianas suelen ser feministas revanchistas. La mujer debe ser mujer. El querer ser como el hombre es una equivocación, pues es considerarse inferior al hombre. Y la mujer no es inferior al hombre, es diferente, que no es lo mismo. El hombre y la mujer son distintos en su cuerpo y en su psicología.

José María García Escudero, hablando de Lilí Álvarez, que acababa de morir, aquella gran mujer que triunfó como deportista (tenis, motorismo, esquí, etc.) y como escritora católica, defensora de los derechos de la mujer, dice de ella que fue una gran feminista, pero que combatió en «marimachismo», pues lo que engrandece a la mujer es ser muy femenina, no el masculinizarse.

Recientemente ha nacido un nuevo feminismo.
Janne Haaland Matlary, secretaria de Estado para Asuntos
Exteriores de Noruega afirma que la mayoría de las mujeres son madres o desean serlo. Tiene cuatro hijos, cuyas edades oscilan entre los 12 y los 7 años y es catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Oslo. En 1995, participó como miembro de la delegación de la Santa Sede en las Conferencias organizadas por las Naciones Unidas en Copenhague (sobre el desarrollo social) y en Pekín (sobre la mujer).
Ahora, Janne acaba de publicar un libro en Italia, «Tiempo de florecer. Por un nuevo feminismo» (Mondadori), que está llamado a convertirse en una especie de manifiesto del feminismo, en el que se declara que ha llegado la hora de que florezcan «las cualidades femeninas» en todos los campos de la vida personal y social y «en todo rincón de la tierra».
«El feminismo de los años setenta tendía a la negación de la maternidad y a la imitación de los hombres. Esto ha impedido, de hecho, todo desarrollo de las cualidades y de las contribuciones femeninas, así como la aplicación de políticas capaces de ayudar verdaderamente a las mujeres».
Dice Matlary que hay que ir a las raíces, de la cuestión, es decir, «hay que reconocer que los hombres y las mujeres son muy diferentes, tienen talentos diferentes. Además, la mayoría de las mujeres son madres o quieren serlo.
El desafío consiste en crear una igualdad que tenga en cuenta estas diferencias».
Según Matlary, las políticas al servicio de la mujer deberían «garantizar una adecuada pausa de trabajo por maternidad, retribuida y lo suficientemente larga como para evitar el "doble trabajo". Pero, al mismo tiempo, es fundamental una pausa de trabajo para los padres. Pues aquí la mujer no es la única que está en juego, sino toda la familia. Y hay que valorar y reconocer el trabajo que se realiza dentro de toda la familia... Por tanto, se requieren medidas de flexibilidad económica y de políticas sociales especiales. Por ejemplo, el año pasado aprobamos una ley que permite a las familias escoger entre la guardería pública y el cuidado de los niños en la propia casa. En la práctica, a las mujeres que se quieren quedar en casa se les ofrece la misma cantidad que paga el Estado a la guardería por cada niño, unos 6 mil dólares al año».
Así opina Juan Pablo ll: «A menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la humanidad debe su supervivencia. Ciertamente que aún queda mucho por hacer para que el ser mujer y madre no comporte una discriminación. Es urgente alcanzar, en todas partes, la efectiva igualdad de los derechos de la persona y, por tanto, igualdad de salario respecto a igualdad de trabajo, y tutela de la trabajadora-madre»23. También dice en su documento de agosto del 88, Mulieris Dignitatem24, la mujer no puede convertirse en objeto de placer y explotación, pero tampoco debe invadir el terreno propio del hombre, masculinizándose y apropiándose de las características masculinas, y haciéndose un marimacho.

«La igualdad de derechos de la mujer y el hombre no debe consistir en su masculinización, en deterioro de los auténticos valores femeninos».
La identidad de la mujer no puede consistir en ser una copia del hombre; puesto que ella está dotada de cualidades y prerrogativas propias, que le confieren una personalidad autónoma, que siempre se ha de promover y alentar».
La mujer debe ser femenina, y el hombre masculino. Cada uno tiene su tarea en la vida, en la reproducción humana y en el servicio de la Iglesia, etc. La igualdad de derechos de la mujer y el hombre tiene aspectos muy razonables. No se ve por qué una mujer que realiza el mismo trabajo que el hombre y con la misma perfección, no va a tener el mismo sueldo.
Afortunadamente esta discriminación se va acabando.

Pero hay cosas en que el hombre y la mujer son distintos. El mismo cuerpo humano demuestra la distinta misión específica de cada uno. El hombre tiene los hombros más anchos que la mujer, pues está hecho para la fuerza. En cambio la mujer tiene las caderas más anchas que el hombre, pues está hecha para la maternidad. La igualdad de derechos es lógica ante la ley. En teoría, todos los seres humanos, hombres y mujeres, pueden ser jueces, médicos o taxistas. Pero sólo las mujeres pueden dar a luz un hijo.
Y esto por biología y por naturaleza. Porque Dios lo ha hecho así. Por eso el hombre y la mujer son distintos corporal y psicológicamente. Negar esto es un desconocimiento de la psicología humana. Las feministas quieren ser en todo como los hombres. Esto es una equivocación. Y además, con esto, demuestran su complejo de inferioridad.
Por eso quieren ser como los hombres. La mujer no es inferior al hombre.
Es distinta. Es evidente que hay cosas más propias del hombre, y otras para las que la mujer está más capacitada. Ignorar las diferencias entre el hombre y la mujer demuestra un desconocimiento total de psicología.

Ordinariamente, y en igualdad de circunstancias, prevalece:
EN EL HOMBRE EN LA MUJER
La razón.................................................. El sentimiento.
La reflexión............................................ La intuición.
Las ideas................................................. Las personas.
La lógica................................................. El atractivo.
El realismo............................................. La fantasía.
La ciencia............................................... La religión.
El estudio................................................ La oración.
Vencer.................................................... Agradar.
Emprendedor.......................................... Hogareña.
Directo.................................................... Sinuosa.
El descuido............................................. El orden.
La acción................................................ El amor.
El trabajo................................................ La familia.
El apetito................................................ La maternidad.
La reserva............................................... La comunicación.
La eficacia.............................................. El detalle.
La personalidad...................................... La belleza.
La estabilidad......................................... La moda.
La técnica............................................... La decoración.
La comodidad......................................... La estética.
La sinceridad.......................................... El disimulo.
La brusquedad........................................ La sensibilidad.
Los gritos................................................ Las lágrimas.
La violencia............................................ La resignación.
La fuerza................................................ La resistencia.
La audacia.............................................. La prudencia.
El valor................................................... El miedo.
La fuerza................................................. La dulzura.
La fortaleza............................................. La delicadeza.
La energía............................................... La astucia.
La imposición......................................... La sugerencia. El mando.................................................. La docilidad.
La tenacidad............................................. La paciencia.
La intransigencia...................................... La tolerancia.
La justicia................................................. La indulgencia.
La protección............................................ La servicialidad.
La galantería............................................. La admiración.
La obsequiosidad...................................... El cariño.
El egoísmo................................................ La generosidad.
El flirteo.................................................... El coqueteo.
El sexo...................................................... La ternura.
La lascivia................................................ El pudor.
La conquista............................................. La seducción.
La agresividad.......................................... La habilidad.
La iniciativa.............................................. La receptividad.

Puede haber excepciones, pero estas cuarenta diferencias son frecuentes.
No de modo exclusivo, sino predominante.
Estas diferencias psicológicas entre el hombre y la mujer hacen que cada uno ame de distinta manera.

«Se ha dicho que la diferenciación sexual de los “caracteres” no serían naturales sino culturales, etc. La objeción no resiste un mínimo examen de los datos obtenidos por la antropología cultural. Es cierto que una educación dirigida expresamente a ese fin puede conseguir masculinizar a la mujer y feminizar al hombre. Pero si se deja obrar a la naturaleza, la diferenciación sexual es inmediata y clara. Por eso, en millares de culturas estudiadas, la mujer y el hombre tienen la psicología  que corresponde a los caracteres sexuales primarios y secundarios. Antropológica e históricamente esta conclusión está demostrada por los hechos. Las “amazonas” son un mito; y es significativo que no exista un mito equivalente para los hombres. El mito de las “amazonas” equivale a las utopías feministas de hoy.

La maternidad y el trabajo de casa

La actriz Nati Mistral dijo en una entrevista que le hizo Amilibia:
«Ser madre es la gloria más grande para una mujer. Hay que respetar al ama de casa más que a nadie.
»La diferenciación sexual masculina y femenina no es obstáculo, en absoluto, para la defensa de la más completa igualdad de derechos en el hombre y la mujer, ya que varón y mujer cumplen plenamente con el contenido biológico y ético del ser humano. La misma diferenciación no es inconveniente para que en determinadas épocas la mujer realice trabajos y funciones hasta entonces sólo confiados a los hombres».

Me parece una equivocación el que algunas mujeres consideren el ocuparse de la casa como una esclavitud, de la que quieren liberarse.

Lo que se hace por amor no se puede llamar esclavitud.
Un mismo trabajo puede hacerse por un sueldo o por amor, y tendrá un valor totalmente distinto.
Las cosas hechas sólo por obligación pueden resultar latosas, pero las hechas por amor son gozosas.
Un enamorado recorre gozoso la distancia que le separa de la persona amada. Un kilómetro por amor resulta como cien metros, y cien metros sin amor resulta como un kilómetro.
Por eso es muy buen consejo: «Si no puedes hacer lo que amas, procura amar lo que tienes que hacer».

Muchas mujeres ansían realizarse en una profesión fuera del hogar, pero nada en el mundo las puede realizar más que la maternidad. Las estadísticas dan que gran número de mujeres que evitan los hijos de jóvenes después los desean ardientemente cuando son maduras.
Hoy las edades de la mujer en que hay más maternidad son entre los treinta y cuarenta años. Son madres «añosas», como se las califica en los manuales médicos.

Es cierto que algunas mujeres pueden encontrar satisfacción en su trabajo fuera de casa, pero con ningún trabajo pueden sentirse más satisfechas que con el de ama de casa. «En la realidad de la vida, no pocos trabajos femeninos  fuera de la casa son bastante monótonos, y no tienen la riqueza de la vocación de ama de casa, tan múltiple y variada: maestra, catequista, enfermera, cocinera, florista, secretaria, modista, decoradora, conductora, asistente social, relaciones públicas y tantas cosas más.
Muchas profesiones posibles para la mujer son preciosas, pero pocas habrá tan admirables».

La pureza

El casarse con una mujer pura tiene para el hombre una ilusión especial. El matrimonio después de unas relaciones puras tiene una ilusión y una felicidad especiales. Y lo mismo le pasa a la mujer.
El mejor regalo de bodas que espera una persona es la virginidad de su pareja.
Toma este precioso lema: «Fieles hasta la muerte y puros hasta el altar». Convéncete de que mientras más pura y respetuosa sea tu conducta en el noviazgo, mayores serán las garantías que llevaréis al altar, de un matrimonio indisoluble, tranquilo y amoroso.
Dice la Biblia que Amón deseaba a Tamar, y en el mismo momento de violarla la aborreció en su corazón.

Algunas veces las chicas ceden ante las exigencias inmorales del hombre a quien aman; no se atreven a resistirle. Por miedo a perderle, o por no contrariarle, llegan más allá de donde su conciencia cristiana les permite. Y después resulta que todo sale mal: su conciencia manchada, Dios ofendido, y su novio desilusionado.

Recuerdo una ocasión en que yo quería defenderla a ella y le echaba la culpa a él. Él me respondió: «Muy bien, me reconozco culpable, pero he perdido en ella la confianza. Ya no puedo casarme con ella».
Por eso no es raro que un chico pierda la ilusión e incluso abandone a una chica que ha perdido la pureza, aunque sea él el autor de la mancha.
Así son las cosas.
Puede él sentirse quizás culpable. Pero también desilusionado.
Y esto es superior a su voluntad.
El chico te quiere pura, fragante como una flor.
Si te marchitas pierdes tu atractivo.

Mi experiencia sacerdotal me ha hecho conocer varios casos que se decidieron a elegir a una chica antes que a otra, atraídos precisamente por la intransigencia en la pureza que en ellas habían observado.
Y es que los chicos cuando buscan una chica-plan para divertirse y aprovecharse, la quieren fresca; pero cuando lo que buscan es una novia en serio, la quieren de una pureza intachable.
A nadie le gusta comerse las sobras que otro dejó en el plato.
Por eso la pureza es uno de los mayores tesoros de una muchacha.
Un hombre, como Dios manda, se avergüenza de que su mujer haya sido una golfa. La chica fácil y condescendiente en terreno moral resulta vulgar.
Chicas así se encuentran en todas partes.
Cuando el hombre que vale se enamora, lo hace de una mujer excepcional, que se sale de lo corriente, de auténticos valores, sobre todo, espirituales y no de una cualquiera. Lo vulgar, no enamora a nadie que tenga buen gusto.
Un chico que quiere a una chica, en lugar de hundirla, rebajarla, profanarla, degradarla, instrumentalizarla, mancharla con los deseos de su instinto, procura, por encima de sus apetencias, elevarla, dignificarla, sublimarla. Se preocupa de que sea más piadosa, mejore su formación tanto religiosa como de carácter, voluntad, etc.
Es decir, busca siempre lo que a ella la engrandece, nunca lo que la envilece.

¿Quieres en resumen unas cualidades femeninas que cautivan a los chicos? La sencillez, el encanto, la sonrisa, la delicadeza, la amabilidad, la servicialidad, la dulzura, el candor, unidas todas a una sólida piedad y a una pureza intachable.
Es verdad que en el momento de la tentación están fuera de sí, y piden cosas que serenos jamás pedirían.
Pero cuando pasa el torbellino, ellos mismos se avergüenzan de haber estado así. Si negándote le defiendes de la fiera que lleva dentro, te lo agradecerá. Tu intransigencia aumenta la ilusión que siente por ti. Tus condescendencias en este punto, no lo dudes, te rebajan, te estropean, te ensucian, te manchan.
Y si de tu parte no sólo hubo condescendencia, sino que hubo culpa ¡Qué horror! Piénsalo.

El chico te quiere ángel. Así le ilusionas; su cariño se eleva. Cuando dejas de ser ángel, él pierde la ilusión y lo que era cariño se convierte en otra cosa peor. ¿Creías que cediendo te iba a querer más? ¡Te equivocaste! Te quiere menos.
Su verdadero cariño se ha transformado en instinto de bestia. Y al ir perdiendo por ti la ilusión y el cariño, pierde también el respeto. Quien profanó tu cuerpo no tiene dificultad en profanar tu fama: ¡Lo que hizo contigo se lo contará a sus amigos! ¿Puedes imaginarte los comentarios que harán de ti? ¡Qué vergüenza!
Esto ocurre con mucha frecuencia; créeme.
El hombre que pide libertades impropias a una mujer antes de la boda, puede hacerlo porque la desea con violencia, con pasión desenfrenada, pero ten por cierto que no la ama bastante para protegerla contra el animal que hay en la propia naturaleza masculina. Si tu novio pretende de ti cosas que no admite tu conciencia, recházalo, y cuanto antes, mejor. No te hará feliz. Lo que tiene no es amor a ti, sino a sí mismo, a su concupiscencia y a su egoísmo.
Si te amara a ti, buscaría tu bien por encima de sus apetencias.
Y si prefiere sacrificar tu pureza, tu conciencia y tu alma a su apetito desordenado, ¿cómo vamos a creernos que te ama a ti? Quien te ame únicamente podrá cegarse en un momento de pasión, pero al chocar con tu rectitud intransigente, reconoce su falta, te pide perdón y se siente orgulloso de tu virtud.

No lo olvides. Los pecados impuros con tu novio, te hunden a ti y le hunden a él. Por eso es mentira cuando te dice para que cedas: «es que no me quieres», «parece que no te intereso», «qué fría eres».
Ataca tus sentimientos para rendirte. Pero esto es un truco muy viejo; si caes en la trampa, te arrepentirás. Y si él te quiere de verdad, también se arrepentirá de haberte hecho caer, pues, te repito, los chicos no quieren casarse con las frescas.

Esto ocurre siempre entre los chicos que valen.
Y si algún chico prefiere casarse con una fresca, porque es mona o tiene buen tipo, ese chico es tonto. Creer que la belleza de su mujer le va a hacer feliz en el matrimonio por encima de otras cosas, es no tener cabeza.

Y desgraciada la que se casa con un tonto. Pero en fin, tonto él y tonta ella:
¡Tal para cual!
Conozco a una chica que al pararle los pies a su novio, éste le dijo: «si no me quieres, lo mejor es que lo dejemos». Ella respondió: «si para convencerte de que te quiero necesitas eso, será que Dios quiere que lo dejemos».
A los pocos pasos él la llama: «Perdóname. No sabía lo que decía.
Has hecho muy bien en ser firme. Estoy orgulloso de ti. Ahora te quiero más».
Al poco tiempo se casaron.

En cambio conozco novios que después de lograr de sus novias lo que no debieron conceder, de tal manera perdieron la ilusión que nunca más volvieron a recuperarla.
Aparte de que tú no sabes ahora si llegarás a casarte con éste. Si le concedes lo que no debes, ¿quién va a querer después una mujer de segunda mano?
No estoy inventando.
Conozco chicos que al enterarse de las intimidades de su novia en noviazgos anteriores, decidieron dejarla. No querían una mujer de segunda mano.
Si Dios pide pureza a las chicas, no es por capricho; sino porque es necesario para la felicidad de su matrimonio.
Por eso, que no se extrañen las chicas que pisoteando su pudor concedieron a otro lo que no debían, si después esperan inútilmente que alguien las quiera.
Lo que les ocurre es consecuencia lógica de su conducta equivocada.
No me digas que cedes por amor a él. Todo lo contrario.
Si le amas, no puedes ceder; pues pecando le haces el peor de los daños: haces el camino del matrimonio difícil para los 2, y además lo encaminas a la maldad. Si le amas, sálvale. Aunque esto exija sacrificios.
Dejarle pecar no es amarle, es matarle.
Con tu resistencia firme y entera le dices: «Te quiero tanto y tengo tantas ganas de casarme contigo, que no quiero cometer ningún pecado, para que Dios nos bendiga y podamos llegar algún día a unirnos para siempre en el altar».

Hay que saber mantener el instinto sexual frenado. El soltero tiene que guardar pureza. El casado también tendrá ocasiones en las que será necesaria la abstención. Y en todo caso el instinto debe servir al amor.

No se doma al potro salvaje dejándolo correr por las praderas. Hay que embridarlo y mantener bien firmes las riendas. Sólo así llegará a ser útil para el servicio. Lo mismo pasa con el instinto sexual.
El joven que durante las relaciones no ha aprendido a dominar sus impulsos, no sabemos si lo logrará después de casado.
Es más, cuando ellos saben que de novios no han dominado su instinto sexual, después de casados pueden tener dudas de que el otro falte a la fidelidad en los momentos de necesaria abstención (enfermedades, viajes, etc.).
En cambio, si uno y otro han dado pruebas de saber dominarse en ese punto, les dará enorme seguridad para tranquilizarse confiando en el dominio propio del otro forzado a una abstinencia sexual.

La prueba sexual previa al amor es la negación del amor que esencialmente es entrega incondicional e irrevocable.
Quien dice «déjame que pruebe contigo para ver si me conviene amarte», es porque no ama. El lenguaje del amor es todo lo contrario: «porque te amo deseo vivir contigo tal como eres».
Escucha las palabras de Pío XI: «No puede negarse que tanto el fundamento firme del matrimonio feliz como la ruina del desgraciado, se preparan y se basan en los jóvenes de ambos sexos durante los días de su infancia y de su juventud. Y así hay que temer que quienes antes del matrimonio sólo se buscaron a sí mismos y a sus cosas, y quienes condescendieron con sus deseos, aun cuando fueran impuros, sean en el matrimonio como fueron antes de contraerlo, es decir, que cosechen lo que sembraron: tristeza en el hogar doméstico, llanto, mutuo desprecio, discordias, aversiones, tedio en la vida común, y lo que es peor, encontrarse a sí mismos llenos de pasiones desenfrenadas».

La delicadeza y la ternura son dos de los más importantes componentes del matrimonio. Si faltan antes del matrimonio, no es probable que aparezcan después, y sin ellas el matrimonio puede acabar en desastre.
Cuando lo que hay es sólo apetito sexual, la cosa es pasajera, como un capricho. Mientras dura, parece que todo va bien. Pero con frecuencia al cabo de cierto tiempo cambian las cosas y aquello termina mal.
Sobre todo, cuando se ha pisoteado la conciencia es muy frecuente que esta situación se haga insostenible.

No es lo mismo «hacer el amor» que tener «relaciones sexuales».
«Semejante error muy extendido y divulgado en los últimos tiempos, es reducir el amor al sexo.
Los que vayan por ese camino lo van a tener muy difícil a la hora de establecer una pareja sólida, firme, estable, duradera».
Hoy se dice mucho «hacer el amor». Esto es degradar el amor, cosificarlo.
Las cosas se hacen; el amor, no.
El amor se tiene.
El amor brota espontáneamente de la admiración y estima por una persona.
Cuando no hay amor, «hacer el amor» es lujuria.
Hoy se quiere identificar lujuria con amor, pero son dos cosas distintas. La diferencia entre amor y lujuria es que en el amor valoro a la persona por sus cualidades, y esto me lleva a sacrificarme por el bien de ella; en cambio en la lujuria busco a la persona por las gratificaciones que me proporciona. Es decir, la hago objeto de mis satisfacciones egoístas. «El erotismo arranca del egoísmo. El amor parte de la generosidad».




Diferencia entre amor y deseo

El hombre sensual confunde el placer con la felicidad. Su ansia de placer acaba con el verdadero amor, y al rebajar su concepto de la mujer, ha matado la felicidad de su matrimonio.
Es verdad que el amor incluye el sexo; pero puede haber sexo sin nada de amor: por ejemplo, el que va con una prostituta.
Ortega y Gasset en su ensayo Estudios sobre el amor analiza la diferencia entre amor y apetito sexual.
Dice que no es lo mismo desear que amar: el drogadicto desea la droga, y al mismo tiempo la odia porque sabe que es su ruina.
El deseo es egoísta. El amor es generoso. Cuando deseo, busco algo que me satisface. Cuando amo, busco satisfacer a alguien.
No es lo mismo deseo que amor. Al desear busco para mí, al amar quiero el bien de la persona amada.
El sediento desea agua para saciar su sed, y un hombre puede desear a una mujer para saciar su lujuria. Pero ni el sediento ama el agua, ni ese hombre ama a esa mujer. Por eso cuando el sediento deja de tener sed, pierde su interés por el agua, y cuando ese hombre encuentra otra mujer que le apetece más, cambia con facilidad de persona. El amor es estable.

A veces las películas exponen la tragedia, no rara en la vida real, de dos amores cruzados. Una persona ama a otra que no le corresponde, y al mismo tiempo es amada por otra que le deja indiferente. Si uno de estos amores es imposible por tratarse de persona casada, es claro que la solución es centrarse en el único amor posible, para ver si es también razonable.
Pero si los dos amores son igualmente posibles, a veces la solución no es fácil. Es difícil acertar.
Además de la inclinación del corazón, hay que examinar otras cosas para unir el corazón con la cabeza.
Hay una canción que dice que a todo el mundo le gusta cambiar de comida, de trabajo y de amor, pues toda la vida igual resulta insoportable.
Pero el amor no es ni una comida, ni un trabajo.

El que necesita cambiar de amor es porque tiene la desgracia de que nunca ha amado, y por lo tanto tiene una total ignorancia de lo que es el amor.
El que ama de verdad es feliz viviendo con la persona amada toda la vida
Por eso las frases de amor son: «te querré siempre», «te querré hasta la muerte». Pero quien dice: «te querré sólo una semana, pero la semana que viene querré a otra», ése no ama. Lo que tiene se llama un ligue, un capricho pasajero, o lo que sea, pero no es amor.
El amor, lo es para siempre o no es amor. «Un amor condicionado es un amor putrefacto. Un amor “a ver cómo funciona” es un brutal engaño entre los dos.
Un amor sin condiciones puede fracasar, pero un amor con condiciones, no sólo es que nazca fracasado, es que no llega a nacer».
El vicioso necesita continuamente cambiar a nuevas experiencias; pero el auténtico amor nunca encuentra rutinario lo que es sincera expresión de cariño.
Y naturalmente los que hacen vida sexual sólo por apetencia, para satisfacer un deseo, donde cada uno busca el placer que el otro le proporciona a él, eso, evidentemente tiene que terminar mal.

Amor y enamoramiento

No es lo mismo amar que enamorarse. El enamoramiento puede deberse a motivos externos de la persona. El auténtico amor se basa siempre en los valores internos. Amor no es el placer que sienten dos estando juntos.
Esto puede ser coincidencia de egoísmos. Uno comienza a amar cuando llega a ser capaz de sacrificarse para hacer feliz a la persona amada.
El egoísmo es la muerte del amor; mientras que el sacrificio es la verdadera prueba del amor.
Cuando los novios se han templado en el sacrificio por el bien del otro, el matrimonio será una delicia.
Pero si lo que han hecho de novios es fomentar su egoísmo, es lógico que su matrimonio sea un fracaso.

El amor nunca es egoísta.
Todo lo que sea instrumentalizar en busca de la propia satisfacción, no es amor. Y esta instrumentación puede ser simultánea por ambas partes.
Sin virtud y sin amor no puede haber matrimonio feliz.
Muchos matrimonios fracasan porque su noviazgo fue una calamidad.
Estos matrimonios tenían que fracasar necesariamente.
Lo normal es que de un mal noviazgo salga un mal matrimonio, y que de un  uen noviazgo salga un buen matrimonio. Habrá excepciones, pero son las menos.
El número de matrimonios felices es proporcional al de las parejas que se casan por amor, y no por lujuria.
Cuando un chico y una chica se unen en matrimonio sólo porque se apetecen sexualmente es lógico que ese matrimonio sea un fracaso.
La convivencia estable de dos personas es imposible que sea agradable si entre ellas no hay verdadero amor.
Muchos creen que se aman y sólo se desean.
En Estados Unidos el 50% de los matrimonio de jóvenes menores de veinte años, se divorcian antes de los dos años.
La experiencia de la vida demuestra que la unión sexual pasajera es mucho menos satisfactoria que la que realiza una pareja estable que se ama.

Sexo

La libertad sexual, la unión sexual episódica, al principio puede parecer gratificante, pero a la larga deja el alma triste.
Por eso quienes van de cuerpo en cuerpo buscando ese tipo de satisfacciones es lógico que terminen hartos de todo, sin ilusión por nada, cansados de vivir, incapaces de amar y resignados a no encontrar esa felicidad duradera con la que toda persona sueña.
Las aventuras sexuales pueden durar más o menos, pero por carecer de amor, suelen terminar mal.
Sólo el verdadero amor puede proporcionar una felicidad perdurable.
Lo que hacen es animalizar a las personas e indisponerlas para la verdadera felicidad que está en el amor espiritual.
La felicidad de la persona humana no puede reducirse a satisfacciones corporales, que no superan el nivel animal.
«Es una experiencia humana que el nivel puramente sexual ni le aporta al hombre una felicidad duradera ni es capaz de satisfacer los anhelos más profundos del corazón».
Muchas personas que han pasado por diversas aventuras amorosas, después, reconocen que han perdido el tiempo, pues no han encontrado el verdadero amor, y ahora sueñan con formar una familia estable, pero ya es tarde.
El amor enriquece el sexo.
Por eso los novios no deben tener ningún temor a que su vida sexual no vaya a ir bien en el matrimonio.
Si se aman de verdad, la vida sexual irá bien.
Por eso es un error decir que los novios deben conocerse sexualmente antes del matrimonio.
Dice Eduardo López Azpitarte, Catedrático en Granada, que no conoce ningún matrimonio con amor que haya fracasado en su vida sexual.
Los fracasos en la vida sexual suelen ocurrir cuando hay falta de armonía en el terreno psíquico, pues esto repercute en el terreno sexual.

La formalidad del matrimonio

Algunos dicen que si un chico y una chica se quieren para vivir matrimonialmente no necesitan ningún papeleo burocrático.
Eso es muy cómodo, pero no es serio.
En la vida todas las cosas serias se formalizan con un documento.
Si tú le prestas a un amigo un millón de pesetas, no te basta su palabra, por muy amigo tuyo que sea. Te quedas más tranquilo si te echa una firmita en un papelito.

Pues el matrimonio es una cosa muy seria, en la que se pone en juego la educación de unos hijos que necesitan un hogar, y eso no puede estar a merced de una pareja que no quiere comprometerse a vivir juntos, y por lo tanto en cualquier momento difícil, por los que necesariamente pasan todas las parejas, uno de los dos podría dejar al otro plantado y marcharse, a veces, precisamente en una edad en la que será muy difícil encontrar nueva pareja, y la soledad atormentará al otro todo el resto de su vida.
Además, el amor busca estabilidad. La institucionalización del amor en el matrimonio es algo constante a lo largo de la historia.
Aparte de que los hijos tienen derecho a un hogar estable indispensable para su educación.
Pero además, los niños pueden traumatizarse al darse cuenta del rechazo de los demás por su situación anómala.
Y si se casan después de tener el hijo, el trauma puede ser de alguno de la pareja hacia ese hijo que le ha obligado a casarse contra su voluntad.
Por eso la Iglesia no está de acuerdo con esas parejas que quieren vivir matrimonialmente, pero sin formalizar el matrimonio58.
Un mismo acto (coito), cambia de valoración moral si cambian las circunstancias (matrimonio) que pueden conceder un derecho que antes no se tenía. Los medios de comunicación nos invitan continuamente al sexo libre. Sin embargo «la sexualidad “desconectada” del amor y de los sentimientos rebaja y envilece a la persona, y conduce a la neurosis»59.
Hay cuatro tipos de amor:
a) Amor entre padres e hijos.
b) Amor entre hombre y mujer.
c) Amor entre amigos.
d) Amor espiritual.
La base de la felicidad matrimonial está en el amor espiritual entre ambos cónyuges. Éste es perdurable, el que no hastía nunca. Y cuanto más pongas de carnal en tu cariño, menos sitio dejas para lo espiritual. Unas relaciones en las que hay concesiones a la concupiscencia, se rebajan, pierden elevación y espiritualidad, es decir, pierden fortaleza en su vínculo fundamental.

En cambio, cuando el instinto es frenado por la virtud, una aureola de elevación ilumina ese cariño, y un autodominio y mutuo respeto fortalece el vínculo que va a unirlos para toda la vida.

Cuando se da este amor espiritual, el noviazgo es un tiempo de mutua educación: él se hace más puro, deja ciertos amigos, etc., por darle gusto a ella; y ella viste con más decencia, vence más su genio y sus caprichos, etc., por darle gusto a él. Pero cuando el amor del noviazgo está basado sobre la carne y el instinto, ese amor es egoísta, busca sólo su propia satisfacción. El egoísmo adquirirá en el matrimonio proporciones insospechadas. «El amor no puede limitarse a una utilidad placentera que busca su propio provecho».
Alegría es la satisfacción por haber alcanzado un deseo. Es saborear algo bueno que esperábamos. La alegría está sobre el placer. El placer está en los sentidos, y la alegría en el alma. La alegría es el camino hacia la felicidad. La alegría es causa de optimismo, satisfacción y regocijo. La alegría enriquece interiormente y hace que la vida merezca la pena de ser vivida.
La felicidad se lleva en el alma.

Victor Frankl, fallecido en Viena, a los 92 años, el 2 de Septiembre de 1997, padre de la logoterapia, la «tercera escuela vienesa de psicoterapia», según la cual la motivación psicológica primaria del hombre es la búsqueda del significado de la vida61, en su obra El hombre en busca de sentido dice:
«La felicidad no se puede buscar nunca directamente. Sólo puede venir como consecuencia de haber entregado lo mejor de nosotros mismos por una causa noble».

Dice el Dr. Rodríguez Delgado, que no es lo mismo placer que felicidad. El placer está en los sentidos. La felicidad en el alma.
El amor tiene dos vertientes, el cariño, que es amor del alma, y el deseo que es amor del cuerpo. El cariño está hecho de ternura, admiración, respeto, etc.
El deseo trata de poseer el cuerpo del otro, culminando en la unión sexual.

La diferencia entre amor y deseo está en que el amor se siente atraído por las virtudes de la persona, y el deseo por la belleza corporal.
«El amor es más espiritual, va más dirigido a la belleza del alma.
»Va surgiendo poco a poco con el trato de la persona querida.
»El deseo brota más explosivamente.
»Va dirigido al atractivo corporal.
«Es más violento, busca expresarse en abrazos y besos frenéticos, que son maneras de tratar de poseer el cuerpo del otro.
»Son conatos de la unión sexual.
»El deseo nace del cuerpo. Se siente en el cuerpo, se dirige al cuerpo del otro.
»El amor es menos explosivo y violento. Es más profundo, más satisfactorio. Más reconfortante. Está hecho de ternura, admiración, respeto e identificación con la persona querida.
«Hoy se habla mucho de sexo y poco de amor».

A veces se dan solteros, ya mayorcetes, que han encontrado una pareja con quien hacer vida sexual, y no quieren atarse con el matrimonio.
Son unos egoístas que buscan sólo su propia satisfacción, incapaces de amar a nadie, y por lo tanto incapaces de hacer feliz a nadie.
Sólo se quieren a sí mismos, y a la larga es inaguantable convivir con ellos.
Quienes de solteros quisieron siempre satisfacer sus caprichos, llegan al matrimonio con un alma ferozmente egoísta y un cuerpo ávido de placeres. Como es natural el matrimonio no puede darles todo lo que ellos quieren, y su falta de sentido cristiano les hace infelices incluso en esta vida. El resultado de esto son los fracasos matrimoniales que vemos por todas partes.
Muchos se quejan de su matrimonio cuando ya no hay remedio, porque un vínculo indisoluble los ata para toda la vida. Pero pocos caen en la cuenta de que su fracaso matrimonial se debe a que tomaron el noviazgo como una diversión, y contrajeron el matrimonio a la ligera, con frivolidad y sensualidad.

Obstáculos para el verdadero amor

Muchos fracasos matrimoniales, muchos matrimonios desgraciados se deben a haber tenido un falso concepto del amor.
El cine, las novelas, las canciones de la radio y los seriales están llenos de ideas paganas sobre el amor. Quien bebe en esas fuentes, es natural que sienta los efectos del veneno.
El matrimonio es una cosa muy seria, y como todas las cosas serias, requiere su preparación adecuada.
La frivolidad, la ligereza, la pasión y el jugar al amor han matado el verdadero amor.
Los chicos y las chicas se gustan por el atractivo físico, por el instinto sexual, por la satisfacción que el otro les produce a sí mismos.
Y esto es egoísmo, no es amor. Y el egoísmo es caprichoso, voluble, pasajero.
Estos amores apasionados y egoístas no pueden dar una felicidad estable.
Pronto se cansan y ansían cambiar de objeto.
Los objetos no se aman. Se utilizan para uno, y luego se tiran o se arrumban.
Una chica que no se hace respetar se rebaja a ser un juguete. Y los juguetes duran más o menos, pero terminan arrumbados y olvidados.
Me escribía una chica:
«Padre, es un asco. Todos los chicos vienen a lo mismo. Si no te dejas, no les interesas».
El dejarse instrumentalizar por temor al abandono es un disparate, pues quien instrumentaliza no ama, y quien no ama terminará abandonando. Para algunos chicos, las chicas son como esos objetos que llevan una etiqueta que dice: «Tírese después de usarla».
El amor es otra cosa. El amor es dar. Es enriquecer, dignificar, ennoblecer a la persona amada. Nunca gozarla para sí mismo. Eso es egoísmo.
Y el egoísmo es la muerte del amor, mientras que el sacrificio es la verdadera prueba del amor.
Cuando los novios se han templado en el sacrificio por el bien del otro, el matrimonio será una delicia.

Pero si lo que han hecho de novios es fomentar su egoísmo, es lógico
que su matrimonio sea un fracaso.

Conceptos del amor

Ya dijo Aristóteles que «amar es buscar el bien de la persona amada»

Santo Tomás de Aquino dijo: «Amar es desear el bien de alguien».

Y Sócrates que «el amor es darse».

Jean Guitton aprendió de niño estos versos que expresan la misma idea:

«Por tu felicidad, daría la mía.
Aunque nunca tuvieras que saberlo.
Con tal de oír alguna vez en la distancia
la risa de la dicha, nacida de mi sacrificio».
«El amor, al contrario que el dinero,
cuanto más se da, más se tiene;
cuanto más generoso, es más grande y más hermoso.

Amor,
no es buscar ser comprendido, sino comprender;
no es buscar ser perdonado, sino perdonar;
no es buscar ser alegrado, sino alegrar;
no es buscar ser amado, sino amar.
Amar,
es saber sacrificarse, hasta estrujarse el corazón
por la felicidad de la persona amada.
Si no quieres sufrir, no ames;
pero, si no amas, ¿para qué quieres vivir?».
El ser humano es persona, no es cosa.

El amor integra el respeto a la persona, o no es amor, aunque haya manifestaciones eróticas; pues el amor no consiste en la excitación de los sentidos. El auténtico amor no se dirige sólo al cuerpo, sino a toda la
persona.
«El amor es un don en sí mismo y no es posible entregarse a medias.
El amor es total, o ya no es amor».
«El amor conyugal es un amor de totalidad. Siendo un amor total, tiene que ser un amor definitivo.
»Un amor total que tiene reservas en el tiempo, no puede ser un amor total...
»La totalidad del amor es indivisible...
»Por su propia esencia es fiel y exclusivo. Un amor total no puede ser compartido con varias personas»73.
En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir...
Dar es más satisfactorio, más dichoso, que recibir; amar, es más importante que ser amado.
Al amar, se siente la potencia de producir amor antes que la dependencia de recibir siendo amado-.
El amor infantil sigue el principio: «amo porque me aman».
El amor maduro obedece al principio: «me aman porque amo».
El amor inmaduro dice: «te amo porque te necesito»74.
La concupiscencia dice: «Te amo porque eres un bien para mí».
El auténtico amor dice: «Te amo porque deseo lo que es un bien para ti».
El «amor recíproco» no es el hartazgo de la concupiscencia de cada uno, que es una coincidencia de egoísmos.
«La reciprocidad verdadera no puede nacer de dos egoísmos sino que ha de suponer necesariamente el altruismo de cada uno».
«Amar es darse y darse significa limitar su libertad en provecho de otro. La limitación de la libertad podría ser en sí misma algo negativo y desagradable, pero el amor hace que por el contrario, sea positiva, alegre y creadora. La libertad está hecha para el amor...
»El hombre desea el amor más que la libertad: la libertad es un medio, el amor es un fin».
El único amor perdurable, el que da una felicidad creciente al paso del tiempo, el único amor que da la máxima felicidad posible en este mundo, es el amor que por encima de la satisfacción propia busca el bien de la persona amada, aunque para ello tenga que renunciar a sus propias apetencias.
Amor que se busca a sí mismo, fracasa irremediablemente.
El amor eleva, la pasión envilece.
El amor que busca el bien de la persona amada, llegará a encontrar la verdadera dicha.
La experiencia de la vida confirma la verdad de todo esto.
Por eso vale tan poco enamorarse del cuerpo, que es amor sexual. Y en cambio, hay tantas garantías de éxito en el amor del alma, que es espiritual.
Si lo que buscas, en lo que llamas amor, es saciar tu sed, no amas, desengáñate.
Si lo que buscas es servir, ennoblecer, perfeccionar a la persona amada, felicítate: has encontrado el camino del verdadero amor.
Y cuanto más haya de esto, más feliz te hará ese amor.
Considera despacio estas ideas:
-Si te extasías ante su belleza..., eso sólo no es amor: es admiración.
-Si sientes palpitar tu corazón en su presencia..., eso sólo no es amor: es sensibilidad.
- Si ansías una caricia, un beso, un abrazo, poseer de alguna manera su cuerpo...,eso sólo no es amor: es sensualidad.
-Pero si lo que deseas es su bien, aun a costa de tu sacrificio..., enhorabuena: has encontrado el verdadero amor76.
No es lo mismo amar a una persona para hacerla feliz a ella, que amarla para que ella, con su amor, nos haga felices a nosotros. Esto segundo es egoísmo.
Con todo hay que tener en cuenta que uno puede sacrificarse no sólo por amor, sino también por deseo.

Se pueden hacer grandes sacrificios para obtener cosas: un automóvil, una prenda de vestir, etc.; y las cosas no se aman. Sólo se desean. Y cuando se consiguen se cambian por otra cosa mejor, más buena o más moderna.


Falso concepto del amor
«Bajo el nombre de amor circula una mercancía que es su negación y caricatura. Lo grave es que se está vilipendiando el amor verdadero por parte de todos esos falsarios de la sexualidad humana.
»Lo grave es que a fuerza de presentar una imagen deformada de la sexualidad, se compromete su valor como ser humano»78.
El sexo normal ya no atrae; se está echando mano a extravagancias y perversiones. Están en venta el sadismo y el masoquismo, y, junto a ellos, la homosexualidad masculina y femenina, y todo lo demás.
Se presentan nuevas formas de cohabitación del hombre y de la mujer, como el sexo en grupo, el cambio de parejas, etc. Pero también de estas  novedades se irá cansando el consumidor.
El ambiente hedonista que nos invade se ríe del amor desinteresado.
Sólo le interesa buscar gratificaciones placenteras.
No tiene más horizonte que saciar los instintos.
No admite otro valor que lo agradable.
Éste es el círculo angosto, asfixiante, del erotismo. Aunque, por fortuna, son muchos los ejemplos de un amor generoso, libre de la tiranía del egoísmo y del reduccionismo envilecedor.
«Erotismo es la separación de la sexualidad del amor conyugal con el fin de procurar gratificaciones placenteras».
«La mera explicación de cómo se obtienen sensaciones placenteras ya constituye, de hecho, una incitación al mero erotismo. No forma para el amor, deforma. Lanza por una vía contraria al verdadero amor».
La caricia erótica acaricia el cuerpo, la caricia amorosa acaricia el alma.

«No convirtamos el amor en algo biológico: “Yo quiero porque siento. Dejo de sentir, dejo de querer”.
»Esto no es verdad (...)
»Los sentimientos, con el tiempo, van decreciendo.
»Lo mismo el dolor por la muerte de una madre que la ilusión de los enamorados. (...)
»Pero el amor no es lo mismo que el sentimiento. (...)
»Uno no puede poner el amor, que es lo más importante en la vida de una persona, en manos de una cosa que yo no puedo dominar, como es el sentimiento.
»El amor está en algo que yo domino: la voluntad. Yo quiero porque quiero querer, porque quiero seguir queriendo.
»Esto sí está en mis manos, aunque no sienta nada».
Una madre junto al lecho de su hijo enfermo puede no sentir nada placentero, pero evidentemente que está amando a su hijo.
«El secreto está en entregarse. Cuanto más se entrega uno, más quiere. Las cosas a las que uno se entrega, se termina queriéndolas».
El hombre, por ser sensible, siente atracción hacia los estímulos gratificantes.
Y esto es para él un valor. Pero como al mismo tiempo es espiritual, no puede tener como meta el disfrutar de los estímulos sensibles placenteros. Para él son superiores la verdad y el bien. Orientar su vida según una auténtica jerarquía de valores le hace madurar como persona humana y le otorga paz y felicidad.
Dijo el Dr. Enrique Rojas, Médico-Psiquiatra, en el Blanco y
Negro del 8 de noviembre de 1998:
«La sexualidad desconectada del amor conduce a lo neurótico.
(...) Hoy estamos asistiendo a una verdadera idolatría del sexo. (...)La sexualidad no es algo puramente biológico, un placer del cuerpo, sino que mira a lo más íntimo de la persona. De ahí que deba estar envuelta por el amor. (...) No tener principios es demoledor».
«Un hombre no puede ser feliz cuando se realiza a medias.

»Cuando se queda por el camino presa de atractivos efímeros.
»El ser humano se realiza cabalmente cuando pone todas sus potencias al servicio de la realización de las posibilidades más valiosas»
«El hombre debe elegir en cada momento no lo más apetecible, sino lo más conveniente para su desarrollo personal»87.
«Lo agradable es un valor. Pero colocar lo agradable en la cima de la escala de valores es hedonismo, que toma como ideal de la vida acumular gratificaciones fáciles y sensaciones placenteras».
«Haber perdido el sentido del sacrificio debe ser calificado como una de las mayores calamidades del siglo XX. Desde hace dos siglos se viene interpretando todo sacrificio como una represión y una amputación del verdadero ser del hombre. Es éste un error que puede destruir de raíz nuestra vida personal. (...). Conceder la primacía a los valores más elevados constituye el núcleo de la virtud humana de la responsabilidad. (...).
La voluntad al servicio de un ideal valioso adquiere una energía indomable (...). El mayor empeño de nuestra existencia debe ser realizarnos como persona humana».





¿Experimentar antes de casarse?

Hay quien dice que son convenientes las experiencias sexuales antes del matrimonio. Dicen que conviene entrenarse antes de la boda. Esto es falso. Las relaciones sexuales prematrimoniales están prohibidas por Dios, por lo tanto ni son necesarias, ni convenientes, ni lícitas.
Dijo el Dr. López Ibor: «Las relaciones sexuales prematrimoniales no son necesarias para la futura armonía matrimonial»1.
Si estas experiencias fueran buenas, Dios no las prohibiría. Si las prohíbe es porque no son necesarias.
Se llama fornicación « la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos.
»Las relaciones sexuales prematrimoniales están mal en sí mismas, y, si bien, no puede negarse que los novios se amen, sí puede afirmarse que la relación sexual no es una manifestación auténtica del amor en esa etapa de sus vidas.
» ¿Por qué? Fundamentalmente porque la "relación sexual" es la manifestación plena y exclusiva de la conyugalidad (la "conyugalidad" es la unión física, psíquica y espiritual entre personas de distinto sexo unidas en matrimonio indisoluble), y los novios carecen de la conyugalidad aunque se ordenen a ella y se estén preparando para ella. La relación sexual es la manifestación plena del amor conyugal, porque es en ella donde los esposos alcanzan la máxima unión física y, a través de ella, fomentan la máxima unidad afectiva y espiritual. Allí son "una sola carne" y mediante este acto también "un solo espíritu". Pero es también la manifestación exclusiva de la conyugalidad porque sólo dentro del matrimonio es lícito realizar la sexualidad.

»Ahora bien, la donación entre los esposos es total cuando incluye: todo cuanto se tiene (cuerpo, alma, afectividad, presente y futuro); y de modo exclusivo (es decir, a una sola persona con exclusión de todas las demás)»

Lo normal es que los matrimonios aprendan el ejercicio de la vida sexual después de la boda. Poco a poco. No es necesario precipitarse. Ni conveniente. Nada tiene de particular que al principio no salga todo a la perfección. Es más, quien desde el primer día demuestra mucha experiencia sexual, no puede causar buena impresión al otro.

Algunos dicen:
- Nos queremos y vamos a casarnos. Si no estamos ya casados, no es por culpa nuestra, sino por las circunstancias. ¿Por qué no vamos a poder hacer lo que nos pide nuestro amor?
- Porque les falta el sacramento que les da ese derecho.
Yo antes de ordenarme sacerdote también deseaba decir misa, pero no pude hacerlo hasta recibir el sacramento que me daba facultades para hacerlo. Y si lo hubiera hecho antes, hubiera sido ilícito e inválido.
Las relaciones sexuales prematrimoniales son una anticipación indebida.
Como si un seminarista se mete en un confesonario a oír confesiones antes de ser ordenado sacerdote.
La unión sexual entre un hombre y una mujer es la mayor entrega mutua que pueden darse.
Esto supone un compromiso de estabilidad que sólo se da después de la boda. Por supuesto que no se da en las efímeras uniones sexuales de la promiscuidad; pero incluso los novios todavía no han adquirido un compromiso tan serio como el que da el sacramento del matrimonio.
Si no es lícito el coito entre los solteros, tampoco lo son aquellos actos que lleven a él. Los solteros deben evitar todos los actos que pongan en marcha el aparato genital.
Esto es derecho exclusivo de personas casadas. Y es absurdo pretender detener una traca. Es mucho más fácil no encenderla.
El ambiente erotizado que nos ha tocado vivir, y la machacona repetición de que es necesaria la liberación sexual, ha lanzado a muchos jóvenes al libertinaje sexual de funestas consecuencias para ellos mismos.
Unos dicen que no hay que reprimirse sexualmente, dando un sentido peyorativo al dominio propio.
Sin embargo, el poder dominar los instintos es lo específico del hombre.
Cuanto más nos dominamos, más hombres; cuantos menos, más animales.
Y convertir al hombre en animal es degradarle.
Hoy algunos quieren presentar como natural toda clase de excesos sexuales. A veces se pone la etiqueta peyorativa de «represión sexual» al dominio del sexo, diciendo que es antinatural y causa de males para la salud.

Sin embargo la verdad es todo lo contrario.
La historia confirma que la «degeneración sexual ha sido el preámbulo de una generalizada degeneración social unida a graves atentados a la libertad y a la justicia».
Otros dicen que el bien y el mal dependen de la conciencia de cada uno.
Eso es falso, pues todos tenemos obligación de ajustar nuestra conciencia a la verdad objetiva.
Lo mismo en moral que en todo lo demás: valor del número _, fórmula del agua, distancia de la Tierra a la Luna, etc. No es lo que a mí me parezca. Es lo que es objetivamente. No basta ser sincero para estar en la verdad. Se puede estar sinceramente equivocado. El pensamiento subjetivo debe estar de acuerdo con la verdad objetiva.
Eso de que la libertad sexual hace a los jóvenes más maduros es una mentira. Los hacen más animales y más esclavos de la lujuria.
Dice Tony Anatrella, psicoanalista y Profesor de Psicología Clínica:
«Las experiencias sexuales no facilitan la madurez, al contrario, frecuentemente, la retrasan»5.
El libertinaje sexual «es un síntoma de inmadurez personal y desequilibrio sexual».
Las experiencias sexuales prematrimoniales causan frustraciones psicológicas. Un joven puede estar maduro genitalmente pero no psicológicamente.
Y el sexo necesita el complemento psicológico para el ejercicio de forma natural, en condiciones normales.
La actividad sexual prematura retrasa su madurez afectiva y esto lo marca para el futuro.
«Las experiencias sexuales precoces impiden la verdadera virilidad y feminidad falseando la conciencia sexual y el amor. Reducir el sexo y el amor a la genitalidad es empobrecerlo».
El gran sexólogo español Dr. Gregorio Marañón, el único español que ha pertenecido a cinco Reales Academias Españolas, afirmaba que el mujeriego es un feminoide.

La maduración sexual masculina hace al hombre monógamo: hombre de una sola mujer.
El mujeriego es que no ha alcanzado la cumbre de la virilidad.
Y si es un play boy, es un «niño juguete» de las mujeres, dice el Dr.
José Botella.
Además, las relaciones sexuales prematrimoniales son inútiles. No garantizan el éxito en el matrimonio.
Porque el matrimonio es mucho más que armonía sexual.
La prueba es que la mayoría de los matrimonios fracasados que acuden al psiquiatra han tenido relaciones sexuales antes de casarse.
Así se lo oí decir a un psiquiatra por Radio Nacional de España en el programa Protagonistas Nosotros.
Y el 9 de marzo de 1978 a las diez y media de la mañana le oí decir en el mismo programa a D. Carlos Soler, del Tribunal de Causas
Matrimoniales de Barcelona, que la gran mayoría de los matrimonios fracasados que acuden a los tribunales para deshacer su matrimonio (algunos antes del año de casados) habían practicado relaciones sexuales antes de casarse. Luego esto de nada les sirvió.

«Un estudio llevado a cabo por sociólogos de la Universidad de
Wisconsin (EE.UU) sobre una muestra de 13.000 individuos de ambos sexos, ha puesto de manifiesto que las parejas que tuvieron relaciones sexuales antes del matrimonio fracasaron como cónyuges en un número muy superior al de las parejas que no las tuvieron».

Las relaciones sexuales prematrimoniales no son garantía de futuro.
Dice gráficamente José María Contreras, biólogo dedicado a las relaciones humanas: «El hombre, cuando ha conseguido todo lo que quiere de una mujer, mira para otro lado».
Aunque en las películas vemos continuamente parejas que hacen el coito y no pasa nada, eso es propio de las películas; pero en la vida real, claro que pasa.
Si no quieres el embarazo no hagas el coito.
Creer que nunca va a pasar nada es una tontería.

Al que le divierte adelantar en los cambios de rasante pensando que no va a pasar nada, terminará en el cementerio.
En las películas nunca pasa nada, pero en la vida real, sí. Además, esas experiencias sexuales prematrimoniales son totalmente inhibitorias.
El miedo al embarazo y el remordimiento es lógico que produzcan una inhibición que convierte ese acto en algo totalmente distinto de la máxima entrega realizada por amor dentro del matrimonio, con todo derecho e incluso como acto de virtud. La alegría de la tranquilidad de conciencia sublima la felicidad de los actos humanos.

Dice el psico-pedagogo Bernabé Tierno: «Piensan muchas parejas que por hacer el amor de una manera más o menos satisfactoria ya están preparados para el matrimonio, lo cual es un error manifiesto. (...) Las condiciones internas y externas antes del matrimonio son muy distintas de las que se verifican dentro de él»
La moral católica ha reconocido tradicionalmente el «estado de noviazgo» como una condición especial en la que se legitiman ciertos comportamientos que se considerarían desordenados fuera de una perspectiva conyugal.
En todo caso el uso genital del sexo será considerado siempre como derecho exclusivo de los esposos: es un «uso matrimonial».
El uso deliberado de la facultad generativa está prohibido a los solteros.
«El uso de la función sexual, tiene su rectitud moral sólo en el matrimonio legítimo», dijo el Concilio Vaticano II.
Dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: «El acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste, constituye siempre un pecado grave, y excluye de la comunión sacramental». La relación sexual es la máxima unión física, exclusiva de la conyugalidad, que sólo se da dentro del matrimonio, que supone un compromiso definitivo de donación total y exclusiva, es decir, a una sola persona con exclusión de todas las demás.
Fuera del matrimonio no se da ese compromiso total, definitivo y exclusivo.

El uso del aparato genital es derecho exclusivo de casados16, porque sólo ellos pueden responder a las responsabilidades que su uso lleva consigo. Engendrar hijos es lo más grande que se puede hacer en la vida. Por eso convertir la sexualidad en un juego, es un crimen. Es degradar la misión más sublime del hombre. «Puede haber atenuantes para ciertos casos o situaciones especialmente difíciles. Sin embargo, fijándonos en el Evangelio, no pueden justificarse como normales las relaciones prematrimoniales».
«Debe tenerse presente la distinción entre «gravedad objetiva» y «responsabilidad subjetiva».
Es un principio general que, para valorar la responsabilidad subjetiva de una acción es necesario tener en cuenta todas las circunstancias atenuantes con las que se encuentra el sujeto que la realiza».
Lo que llena el corazón del hombre es el amor.
¡Qué abismo tan grande entre lo que da una prostituta y lo que da la esposa amada!
La sexualidad sin amor no puede ser satisfactoria.
La experiencia de la vida demuestra que la unión sexual pasajera es mucho menos satisfactoria que la que realiza una pareja estable que se ama.
La libertad sexual, la unión sexual episódica, al principio puede ser gratificante, pero a la larga deja el alma triste.
Por eso quienes van de cuerpo en cuerpo buscando ese tipo de satisfacciones es lógico que terminen hartos de todo, sin ilusión por nada,  cansados de vivir, incapaces de amar y resignados a no encontrar esa felicidad duradera con la que toda persona sueña.
¿Cómo va a ser lo mismo un amor auténtico que un «amante de quita y pon» al que se le coloca la etiqueta de «tírese después de usado»?. La continencia en el noviazgo es un camino espléndido de maduración.
Es absolutamente necesario para la felicidad del matrimonio que las personas se demuestren en la práctica que la necesidad de poseerse mutuamente queda subordinada a la presencia del amor.

Si porque se ama a una persona resulta imposible prescindir de la entrega corporal, existen motivos para preguntarse si el predominio pertenece al cariño o la sexo.
El que no es capaz de amar en la continencia, no hay por qué creer que podrá hacerlo en el encuentro matrimonial.
Decir, como a veces sucede, «si me amas tienes que entregarme tu cuerpo» es una forma sutil de chantaje. La solicitación sexual no es amor.
«Si una pareja quiere usar el acto sexual para saber si se aman, hay que decirles: “necesitar esta prueba de amor, significa falta de amor”».
El ser humano es persona, no cosa.
El amor integra el respeto a la persona, o no es amor; aunque haya manifestaciones eróticas.
Pues el amor no consiste en la excitación de los sentidos.
El auténtico amor no se dirige sólo al cuerpo, sino a toda la persona.
El dejarse llevar de las energías incontroladas de las pulsiones instintivas es propio de los animales. Como dijo Julián Marías «muchos sexólogos se limitan a ser zoólogos».
Reducir el amor al placer genital es degradarlo.
El amor es ante todo unión de almas y corazones. El sexo puede entrar en el amor, pero no es esencial, ni lo más importante.
«No es lo mismo avidez erótica que amor personal; satisfacer un instinto que amor de entrega a una persona.
»Desear saciar una pulsión instintiva con una persona es instrumentalizarla, no amarla».
Quien se deja esclavizar del apetito sexual se degrada, se envilece, termina por incapacitarse para amar.
A fuerza de instrumentalizar al otro buscando sólo su egoísta satisfacción, termina por no poder amar a nadie. Ni siquiera a una persona excepcional de la cual desearía enamorarse con toda su alma; pero que ya no puede, porque se le ha secado el corazón.
Las aventuras sexuales de las que ha disfrutado sin freno le han incapacitado para la mayor felicidad natural que hay en el mundo, que es el amor de un matrimonio y de unos hijos que dan a la persona ilusión para la vida.

La sed de placer sexual deja defraudado. Esta decepción va minando la psicología, produciendo un hastío de la vida, que llega a perder la ilusión por vivir.
Algunos para justificar su conducta repiten que el coito es una cosa natural, que lo hacen todas las parejas que se quieren.
Esto es mentira. Las parejas que se quieren y respetan la moral católica, no lo hacen. Y por otra parte lo hacen muchas parejas que no se quieren, sino que lo hacen sólo por apetito y vicio.
Y la felicidad del hombre no puede reducirse a sensaciones placenteras corporales, que son de orden animal. Lo específico del hombre es lo espiritual.
Por eso el hombre goza y sufre más con lo espiritual que con lo material.
Si te abofetean en mitad de la calle, te duele más lo que el bofetón tiene de humillación que el dolor que te produce en la cara.
Así, el amor espiritual hace mucho más feliz que el goce de sensaciones corporales.
No es lo mismo placer que felicidad. El Dr. Rodríguez Delgado,
Neurobiólogo, veintidós años Profesor en la Universidad norteamericana de
Yale, y desde 1972 al frente del Departamento de Investigación del Ramón y Cajal, y que dirige el Centro de Estudios Neurobiológicos, dice que no es lo mismo placer que felicidad. El placer está en los sentidos. Es algo común en los animales. La felicidad es algo muy diferente.
El placer es un goce sensitivo y la felicidad un goce espiritual.
El placer es goce a nivel animal. La felicidad es goce a nivel humano.
Al hombre no le basta lo animal. Se puede ser muy feliz prescindiendo de goces físicos, y se puede disfrutar de muchos goces físicos y sentir un gran vacío en el alma.
La persona humana no puede prescindir del espíritu para ser feliz.
El amor verdadero eleva al hombre.
La sexualidad sin amor lo degrada.
En eso están de acuerdo todos los que no tengan intereses en la pornografía.
Erich Fromm que ha analizado científicamente, quizás como nadie en nuestro tiempo, la problemática del sexo, afirma:
«Hechos clínicos obvios muestran que los hombres y mujeres que
dedican su vida a la satisfacción sexual sin restricciones, no son felices, y a
menudo sufren graves síntomas y conflictos neuróticos».
Obsesionados por la propaganda pornográfica se dan casos de
auténticos maníacos sexuales, que en su deseo de experimentar nuevas y
mayores sensaciones placenteras llegan a aberraciones tales como hacerlo
entre tres simultáneamente, lo cual es una total ausencia de amor,
sustituyéndolo por el goce de sensaciones epidérmicas.
El amor no está en la piel.
Es imposible que quien degrada de este modo la esencia del hombre pueda encontrarse realizado en la vida.
El hombre no se realiza degradándose.
Hay adultos lujuriosos y malvados que disfrutan pervirtiendo a adolescentes, enseñándoles y animándoles a prácticas lujuriosas.
Los que se dejan engañar, es posible que algún día lloren por verse esclavizados de un vicio que les obsesiona.
¡Cuánto más felices y tranquilos viven los que se encuentran libres de esta obsesión!
Es frecuente encontrarse jóvenes que han vivido tan aprisa que han quemado sus vidas y han llegado a viejos antes de dejar de ser jóvenes.
Viven sin ilusión por nada, porque ya lo han probado todo, y todo les aburre, les cansa; viven tristes, entregados al alcohol, a las drogas, a la holgazanería. Hartos de todo se han quedado secos por falta de espíritu.
«Las experiencias sexuales precoces e ilegítimas impiden al adolescente madurar en su normal personalidad psicológica, ética y social, inficionándola a base de materialismo escéptico y hedonismo irresponsable».
El mismo Freud reconoce que el libertinaje sexual es la muerte del amor:
«La libertad sexual ilimitada no conduce a mejores resultados.
»Nada cuesta comprobar que el valor psíquico de la necesidad sexual desciende desde el momento en que la satisfacción resulta fácil.
»Para que la libido crezca hacen falta obstáculos...

»En las épocas en que la satisfacción amorosa no ha encontrado dificultades, el amor ha perdido todo valor, la vida se ha vuelto vacía, y han hecho falta fuertes reacciones para restablecer los valores afectivos indispensables.
»Desde este punto de vista cabe afirmar que el ascetismo cristiano ha creado para el amor todo un conjunto de valores psíquicos que la antigüedad pagana no había sabido conferirle».
Desgraciadamente el psicoanálisis no fue bien asimilado y arrastró a muchos al desenfreno sexual.
Se confundió el autodominio y la castidad con la represión.
Queriendo evitar los peligros de ésta y librarse de los viejos tabúes, cayó el hombre moderno en mayor libertinaje.
No te impresiones con los que confunden la virilidad con la bestialidad. El valor del hombre se mide por el carácter y la fuerza de voluntad; pero no por el instinto sexual, como los sementales de una ganadería.
El célebre doctor español, D. Gregorio Marañón, especialista en estas cuestiones, habla de «la necesidad de decir a los jóvenes, y de que sean los médicos y no los curas los que se lo digan, que la castidad no sólo no es perjudicial a la salud, sino un ahorro de la vitalidad futura; y que la condición de hombre no se mide por el garbo con que se ejecuta el acto sexual. Por el contrario, si hay una virtud específica de esa condición de hombre, es la virtud de la renunciación».
El autodominio, la fuerza de voluntad, el saber dominarse, es lo característico del hombre.
El no dominarse es lo característico del animal.
El animal sigue invariablemente el más fuerte de los estímulos que atraen su instinto.
El hombre puede dominar su instinto con la voluntad.
El que hace sólo lo que le apetece, obra como un animal.
El que hace lo que debe hacer, le apetezca o no, obra como un hombre.
Cuanto más hombre, más se domina. Cuanto menos se domina, más animal.

Añade el doctor Marañón que el mujeriego es un feminoide.
Su afán de conquistar mujeres es para hacer alarde de su virilidad, por tener complejo de inferioridad varonil.
Quiere compensar su autoconciencia de deficiente masculinidad con conquistas femeninas para demostrarse a sí mismo y a los demás que es de verdad un hombre.
Por eso pierde interés por la mujer conquistada. Quiere nuevas conquistas, que supongan nuevos éxitos.
Y lo mismo le pasa a algunas mujeres que se ponen frívolas, coquetas, seductoras para autoconvencerse de que despiertan atractivo en los hombres, y cuando alguno, seducido, pretende entrar a fondo, ella le da un corte: «¿Te has creído que soy una cualquiera?, ¡Soy una mujer decente!», etc. etc. Le bastó autodemostrarse que es deseable. No pretendía llegar a más.
En ambos casos se utiliza a la otra persona para autoafirmarse uno mismo.
Es un disparate y una injuria a Dios decir que el hombre no puede dominar su pasión y que por lo tanto debe desahogarla cuando le apetezca.
Si Dios nos manda reprimir la lujuria, es porque esto es posible; si no, Dios sería cruel al mandarnos un imposible.
Dice San Agustín: «Dios no manda imposibles, sino que te manda que hagas lo que puedas y le pidas lo que no puedas, que Él te ayudará para que puedas».
Pero además, importantes Congresos Internacionales de Medicina han manifestado que la castidad no sólo es posible, sino también muy buena para la salud.
Algunos dicen que la masturbación y la libertad sexual son buenas.
Pero esto sólo lo pueden decir aquellos para quienes el sexo es un producto de consumo, dada su concepción hedonista de la vida, totalmente al margen de la ley de Dios.
Pero Dios no puede prohibir lo que es bueno ni mandar lo que es malo.

Por eso los psicólogos, en su mayor parte, afirman que el autodominio propio, motivado por un ideal, es beneficioso para la maduración de la persona humana. Nadie se pone enfermo por ser casto. En cambio son muchas las enfermedades producidas por la lujuria. La prueba es que ningún médico pone en su puerta una placa que diga: «Especialista en enfermedades de la castidad». En cambio muchos médicos tienen en su puerta una placa donde pone: «Especialista en enfermedades venéreas de transmisión sexual».La verdad sobre el amor

Peligros para el amor

En materia de amor, el cine hace daño tanto a las personas casadas como a las solteras.
El cine hace daño a los casados porque con mucha frecuencia presenta como la cosa más natural, y casi inevitable, las expansiones amorosas extramatrimoniales de casados.
El daño que el cine hace a las personas solteras es, entre otras cosas, por enseñar una enorme facilidad para llegar al acto sexual: derecho exclusivo de casados.
Además, porque muchísimas veces presenta como motivo suficiente para el matrimonio el atractivo corporal, ¡y eso es mentira! Este atractivo es un factor, pero él sólo no basta. Muchísimos fracasos matrimoniales se deben  precisamente a que se basaron exclusivamente en el atractivo corporal, y se descuidaron otros valores de mayor importancia.

Aparte del daño que el cine hace, con sus escenas, en la emotividad de la mujer, le hace otro daño también grave en su psicología: la mujer se siente arrastrada a imitar los modales, las actitudes y conducta de las artistas que se presentan como mujeres deslumbradoras, y hacen brotar en la espectadora el natural deseo de resultar ellas mismas también atractivas.
Al principio, las cosas que chocan con la moral se rechazan, pero a fuerza de verlas en la pantalla se les va quitando importancia y acaban por asimilarse.

El cine ha hecho muchísimo daño a las chicas enseñándolas modales insinuantes y provocativos, a mirar con descaro, un modo de ser frívolo y fácil, y a ser condescendientes en aventuras amorosas. ¡Cuántas chicas adoptan en público y en privado, posturas y actitudes atrevidas, influenciadas por lo que vieron en el cine, dándose cuenta o sin darse cuenta del todo! ¡Cuántas chicas se han hecho unas frescas por lo que vieron en el cine!  ¡Cuántas chicas cayeron más hondo de lo que jamás sospecharon por seguir unos primeros pasos que aprendieron en el cine!

Debes guardar el corazón, defender ese tesoro contra los ladrones.
No te creas, que porque ese hombre que se interesa por ti, ya esté casado, ofrece una garantía. Al contrario.

Las palabras bonitas y la llamada a la compasión femenina son armas terribles que pueden hacer vacilar el corazón ingenuo y generoso de una muchacha; si a esto se une, además, la proximidad diaria, y cierta admiración que ella pueda sentir por las cualidades y actividades que él desarrolla, la situación puede terminar en un lío, y, después, en un desastre para la pobre muchacha ingenua que será la más perjudicada.

Nada de conversaciones sentimentales, nada de intimidades y confidencias, nada de cariño con un hombre con quien más tarde no puedas casarte. Cuando en una chica empieza a brotar el cariño hacia un hombre con el cual no puede casarse, debe romper cuanto antes con él, aun a costa de lo que sea: perder el empleo, aparecer como una rara, etc.
Cuanto más tarde, peor. Es un engaño decirse: «¿Qué tiene de particular? No llegaremos a nada malo. ¿Por qué voy a renunciar a su amistad y al gusto de su presencia?». Con este engaño empezaron muchas chicas que más tarde  no pudieron romper sus lazos amorosos y tuvieron que llegar a vivir situaciones difíciles y no aprobadas por la sociedad o la misma familia. A veces las terminan dejando otra vez solas y en peor situación de la que ya estaban: con una mala fama, divididas con su familia o con otras terceras personas o con hijos que no deseaban en un ambiente así.

Muchas chicas, en su espontaneidad o ingenuidad se han dejado robar el corazón, o algo más.
Un hombre la hace un cumplido..., y su vanidad siente un cosquilleo; multiplica él sus delicadezas y atenciones..., y, naturalmente, siente ella despertarse el interés y la gratitud.
Le confía que su esposa no le entiende, que no es feliz en su hogar.
«Me equivoqué al casarme con ella.
Si te hubiera conocido antes a ti...».
Si ella cede a su natural deseo de complacerle, está perdida.
Siente vibrar su compasión al mismo tiempo que su sentimentalismo y su vanidad.
Él le hace un favor, un regalito, cualquier cosa.
La chica no se atreve a rechazarlo, pues en ello no ve mal ninguno.
Después una caricia furtiva para ver cómo reacciona ella.
Quizás un aparente retroceso para despertar el deseo de ella.
Ya está atada.
Atada por un sentimiento femenino, respetable por otra parte, de la delicadeza y del agradecimiento.
Ya está atada..., y dócil. Y no se atreve a molestar y contrariar a quien se ha mostrado tan delicado.
Además, ¡es tan amable y correcto!...
Y la historia continúa sin la menor variante.

Pronto vendrá el primer beso, desde luego discreto y respetuoso, la caricia en el cabello, en las mejillas...
Al principio la chica se sorprende, no se atreve a oponerse, después acepta, y termina por simpatizar..., y dejarse llevar por la ternura.
El amor desarrolla así su ley psicológica: pasa de lo sentimental a lo sensible, de lo sensible a lo sensual, de lo sensual a lo sexual.
La joven imprudente no suele ceder al primer golpe.
Por lo demás, ella no desea los elementos físicos del amor.
Siempre había soñado permanecer en el plan sentimental y sensible.
Pero..., ante la insistencia, por no contrariarle, termina con la entrega total.
Si no rompe a tiempo, valiente y dolorosamente, la actitud de un día se convertirá en un hábito y muy pronto en esclavitud.

A algunas chicas les gusta coquetear y jugar a despertar el apetito sexual de los chicos. Pero ellos después no se contentan con pequeñeces.
Lo quieren todo. Y cuando llega el momento en que ellos se disponen a conseguirlo, ellas se asustan y quieren frenar (con frecuencia sin resultado) lo que ellas mismas desencadenaron tontamente.

Una mujer puede sentirse atraída por una aventura más o menos arriesgada. Puede ser vanidad, curiosidad o tontería.
Pero difícilmente en el momento de la tentación cae en la cuenta del peligro que corre y de lo mucho que arriesga. Después, cuando sea tarde, derramará lágrimas de arrepentimiento, pero la pérdida puede ser irreparable.

La elección…

La elección de tu pareja es cosa tuya. Pero debes hacerla con mucha cautela. No te fíes de los flechazos, que son muy bonitos para novelas y películas, pero en la vida real poco útiles para hacer, ellos solos, felices a los hogares. Tampoco te fíes sólo de tu «vista», que ya sabemos que el amor ciega. Tu madre podría hacerte en esto un excelente servicio. Ella te conoce mejor que nadie; y ella, como nadie, desea tu felicidad; y su espíritu intuitivo verá si la pareja que le presentas podrá hacerte feliz.
Si dudas del acierto de tu madre, consulta con una persona seria, competente y desinteresada. Pero no esperes para consultar al embrujo del amor, pues correrás el peligro de no hacer caso a nadie. Cuando notes que tu corazón se interesa, examina con serenidad antes de que pierdas la lucidez. Además de buscar consejo, debes pedir mucho que se te dé acierto en la elección, pues es muy importante no equivocarse en una cosa tan transcendental.

No olvides el proverbio ruso: «Antes de viajar por tierra, ora; si es por mar, ora dos veces; y si te vas a casar, ora tres. Porque en el matrimonio las tempestades y los naufragios son muy frecuentes».

«No se construye un hogar sobre la gracia de una sonrisa, sobre el atractivo de un rostro, sobre la ternura de un instante. Se construye un hogar sobre todo lo que es esencia misma del yo: los pensamientos, los deseos, los sueños, las decepciones, las penas, las esperanzas, las alegrías, las tristezas. El amor implica la puesta en común de todo eso; por ello las relaciones enderezadas a consolidar el amor y a preparar la unión indefectible, deben desarrollarse en ese plan, y exhibir ante el otro ese fondo secreto de sí mismo, cada uno de cuyos elementos favorecerá o perjudicará la futura unión».

«Durante el estado de enamoramiento quedan notablemente alteradas las facultades perceptivas y deductivas en todo lo que se refiere a la persona amada. Los defectos que existan en dichas personas no se perciben, las cualidades se subliman. La mente ya no está equilibrada sino profundamente inclinada hacia el objeto del amor. El enamorado idealiza a la persona amada y la convierte en el centro de sus aspiraciones. La fascinación que ejerce en ti la persona idealizada puede ofuscarte y ocultarte la realidad. Podéis quedar totalmente ciegos para ver datos y circunstancias que desaconsejan totalmente seguir adelante. La fascinación puede ser engañosa. El amor de un hombre y una mujer es algo muy serio y tiene que construirse sobre cimientos muy sólidos. La fascinación es hermosa, pero pasará pronto. Lo que quedará es la vida. Y esa vida, si la construís con el corazón y con la razón, puede ser todavía mucho más hermosa».

Para casarse, es indispensable amarse; para amarse, es preciso conocerse; para conocerse, tratarse; para tratarse, primero hay que encontrarse.

Muchacha, te aconsejo no dejarte seducir por el cumplimentador hábil, que te fijes a ti misma las condiciones que debe poseer aquél que debe hacerte su esposa. Condiciones sin las cuales tú no aceptarás el compromiso matrimonial. Por orientarte te pongo algunas: Lo que debes valorar ante todo es el valor personal del pretendiente.
Después vienen las demás consideraciones: facha, rango, fortuna.
Estos dones no son despreciables, pero no son esenciales. Lo esencial reside en el valor humano y cristiano del chico, es decir, su personalidad. Primero que sea cristiano; cristiano convencido, práctico. Y si es piadoso, mejor. El matrimonio con un incrédulo suscitará conflictos de conciencia. Porque después planteará a los hijos el problema de la fe y las prácticas de piedad. No basta, pues, que esté bautizado. Bautizados, no practicantes, llenan las cárceles, y atormentan a sus esposas. Algunas chicas se han engañado en este aspecto esencial de su prometido y más tarde su esposo.

Ten cuidado con los «mujeriegos-patanes»; lo seguirán siendo, porque no te creo tan ingenua, que pienses, que así por las buenas, y por ti, va a dejar ese hombre ciertos hábitos que ha adquirido tal vez con larga experiencia: mujeriego, trasnochador, dado a la bebida, etc. El uso de las bebidas alcohólicas es uno de los factores más influyentes en los hogares desgraciados. A la chica le halaga el verse deseada sexualmente. Esto puede inclinarla a ser provocativa, pero debe dominarse. La chica provocativa hace daño a los hombres, pero también a sí misma.

«La belleza física es, ciertamente, un factor importante y, por eso, debes cuidarla y realzarla con esmero y naturalidad, aunque sin exageraciones, extravagancias y descaros. El atractivo sexual atrae a una parte del hombre, pero vosotras queréis como esposo al hombre entero. No olvidéis que los hombres podrán buscar cierto tipo de mujer para divertirse; pero buscan otro muy distinto para casarse».

Más importante que la belleza es el encanto, la simpatía, la gracia, el estilo, la elegancia, el trato, la sonrisa, los gestos, la dulzura, la ternura, la amabilidad, la delicadeza, etc. La belleza femenina atrae a los chicos, pero no es indispensable para casarse. Los hombres buscan, lo que da realce y valor a la mujer: sus encantos, su feminidad y sus virtudes. Las muchachas deben ser elegantes en su modo de vestir y arreglarse, y ser distinguidas, alegres, discretas y dulces en todo su modo de ser. No descuides tu arreglo personal. Pero no quieras conquistar con sólo tu belleza física. Haz que se enamoren más bien de tus virtudes.

De una mujer bella puede un marido cansarse; de una mujer virtuosa jamás se cansará. Tampoco eligen los chicos a las de carácter autoritario, a las dominantes, a las de tono dogmatizante, a las de gesto seco y rígido. Buscan el encanto, la dulzura, la amabilidad.

«Escúchale cuando él te esté diciendo algo de sí mismo y de sus cosas. Muéstrale atención e interés. Un comentario, una pregunta tuya acertada sobre este tema que él está tratando y..., ya está sintiendo profundamente que tú le comprendes, ya te estás apoderando de su afecto, de su corazón y de todo él».

A un chico recto no le gustan las caprichosas, las mimadas, las que tienen su cabecita llena de fantasía, cuyo humor cambia a todo viento: hoy alegres, exuberantes; mañana, deprimidas, pesimistas, tristes...Y no te olvides nunca de tu preparación para el hogar. Tu atractivo personal sirve para despertar la inclinación y el amor hacia ti. Pero para que este amor sea perdurable hacen falta además otras cosas. El arte de ser madre es difícil y complicado. Necesita largo aprendizaje.
Todo lo que contribuya a tener a tu marido contento fortalecerá vuestro amor.

El pudor de la mujer es una de las cosas que más enamoran. Y el encanto del pudor inmuniza de otros atractivos. El pudor es un sentimiento íntimo por el cual una mujer dándose cuenta de la belleza de su cuerpo y del atractivo que ejerce, procura reservarlo para el día que pueda hacer don completo y total de sí misma. Por eso el pudor se refleja en el modo de vestir, en los modales y en todo. El pudor sabe encontrar el equilibrio entre el ir agradablemente vestida y elegante, y lo que resulta llamativo y provocativo. Se suele decir que una mujer inteligente enseña sin enseñar, porque si enseña demasiado, pierde interés lo que enseña.

En los modales sabe ser delicada y atractiva sin resultar excitante ni insinuante. El pudor es la gran muralla que defiende la castidad. Una chica sin pudor empieza con curiosidades malsanas, lecturas enervantes, se permite tocarse de modo impuro, se entrega a caricias, besos y abrazos con los chicos, y cuando en medio del vértigo pierde la noción de lo que hace, viene la caída fatal que llorará amargamente, y la avergonzará para toda la vida.

«Todavía se encuentran hoy bastantes muchachas que no se arrojan en brazos del primer hombre que les gusta, ni creen que deben acceder en todo a las solicitaciones de los jóvenes. Afirmémoslo sin ambages: las jóvenes deben permanecer puras hasta el matrimonio. Las que no aceptan este punto de vista tienen de la vida y del ser humano una visión parcial y limitada... Si un joven tiene el sano ideal de casarse con una muchacha virgen, seguramente no permanecerá indiferente cuando sepa que se le ha mentido».

«También la mujer tiene derecho a la pureza del hombre. Es cierto que la opinión corriente es completamente diferente; pero la justicia de una opinión sobre las cuestiones de la vida no debe medirse por el número de adeptos». Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes. Mira lo que escribía una muchacha que había guardado inmaculada su pureza: «Exigiré que mi futuro marido se haya guardado como yo misma para nuestro hogar». El mejor regalo de bodas que puede esperar una persona es la virginidad de la pareja con la que se va a casar.

Ahora mis consejos a los chicos.

Frente a los abusos de tantas parejas, hay que volver a la caballerosidad respetuosa con la mujer viendo en ella la futura madre de los hijos, digna de todo cariño, veneración y respeto, y no tratándola como un trapo viejo que se mancha y luego se tira.
Que el día que te cases no tengas que avergonzarte de nada de tu vida pasada.
Quizás oigas alguna vez de un amigote, que para excusar sus desvergüenzas te dice: «Hay que probarlo todo». ¡Absurda necedad! ¿Lo hacemos así con las enfermedades y los venenos? Al que te diga eso dale raticida para que se lo tome. A ver qué contesta. Pues tampoco se puede probar lo que está prohibido. Además, ¿te gustaría que quien te ha de pertenecer para siempre, antes de conocerte, «ya lo hubiera probado todo»? No, ¿verdad? Haces muy bien en pensar así: una mujer lujuriosa te atormentará de celos.

Acuérdate de tu madre. Tu novia ha de ser la madre de tus hijos. Acuérdate de tus hermanas y de tus futuras hijas. Trata a tu novia hoy como te gustaría que los demás las traten a ellas. No exijas de tu novia, con instintos brutales, lo que su virtud, su pudor y su conciencia no te pueden ahora conceder. Una mujer amante de su honra defiende fieramente su pureza hasta en los más mínimos detalles. No quieras tratar a tu novia como a una de esas desgraciadas que venden su cuerpo. ¿Elegirías entre éstas a la madre de tus hijos? Un hombre, como Dios manda, se avergüenza de que su novia sea una prostituta.

Y a una mujer decente la humilla y avergüenza el verse tratada como una tal. Lo que a ella le ilusiona es un amor muy superior: el que culmina en un hogar y en unos hijos. Lo que la mujer espera del hombre es admiración, estima, respeto, veneración, protección. Pero estrujarla para saciar los instintos  zoológicos, no es de hombre, sino de bestia. Y lo lógico es que la mujer se enamore de un hombre, no de un animal.
Por eso algunas novias llegan a desilusionarse de su novio y hasta sentir asco por aquel hombre que decía que la quería tanto que tuvo que arrollar su pudor. En cambio sienten sincero amor para con el hombre que tuvo para ella admiración y respeto.

Respeta a tu novia como quieres que se respete a tu madre. Los sacrificios que por el bien de ella te impongas, son prueba de que tu amor es verdadero. Si quieres a tu novia de verdad, debes querer su bien antes que tu gusto. Eso es amarla. Subordinar su honra y su conciencia a tu pasión, no es amor: es egoísmo.
Hay caricias que conducen al acto sexual. Deben evitarse aquellas que ponen en marcha el aparato genital. Evidentemente que no todos tenemos el mismo temperamento, ni reaccionamos de la misma manera. Ni siquiera para nosotros mismos todos los momentos son iguales. Lo que en otro momento, o a otra persona, puede dejar indiferente, para mí, ahora, puede resultar peligroso.
Un chico que quiere a una chica, en lugar de hundirla, rebajarla, profanarla, instrumentalizarla, denigrarla, mancharla con los deseos de su instinto, procura por encima de sus apetencias elevarla, dignificarla, sublimarla. Se preocupa de que sea más piadosa, mejore su formación tanto religiosa como de carácter, voluntad, etc. Es decir, busca siempre lo que a ella la engrandece, nunca lo que la envilece.
Cuando tu novia se niegue a tus peticiones bestiales, no atormentes su cariño con frases como ésta: «es que no me quieres». Todo lo contrario.
Porque te quiere, no quiere que manches tu alma con un pecado. Con su resistencia firme y entera te dice: «te quiero tanto y tengo tantas ganas de casarme contigo, que no quiero cometer ningún pecado, para que Dios nos bendiga y podamos llegar un día a unirnos para siempre en el altar».
Mucho cuidado con las mujeres que tratas. Si tu novia es de moralidad dudosa, aunque tú no quieras, ella te hará caer.
Que tu novia no sea para ti fuente de pecados. Tu novia debe ayudarte a ser mejor. Que su recuerdo te proteja de envilecerte moralmente.
Su pureza y su virtud deben ser un estímulo para mejorarte, para hacerte digno de ella.
La desvergüenza de algunas mujeres ha llegado a tal extremo que es posible que tu actitud irreprochable en toda esta materia provoque en ellas risitas y bromas de mal gusto. Es lástima que las pobres hayan descendido tanto. Peor para ellas. Pero a ti, ¿qué más te da? «Ésas» no te sirven para nada. En cambio la rectitud de tu conducta te conseguirá la estima de las buenas, que son las únicas que te interesan para buscar entre ellas la madre de tus hijos.

» -Porque es la única forma que tiene un joven o una joven de demostrar verdaderamente que quiere reservarse exclusivamente para quien habrá de ser su cónyuge.

»En efecto, al no aceptar tener relaciones con su novio/a, con quien más expuesto a tentaciones está, menos probable es que lo haga con otro. En cambio, si lo hacen entre sí sabiendo que esto puede llevarlos a un matrimonio apurado o a cierta infamia social, ¿qué garantiza que no lo haga también con otros u otras con quienes no tiene compromiso alguno? »El no consentir en las relaciones prematrimoniales es un signo de fidelidad; lo contrario puede ser indicio de infidelidad.
»Finalmente, porque el hacer respetar la propia castidad es el arma para saberse verdaderamente amado.
»En efecto, si la novia solicitada por su novio (o al revés) se niega a tener relaciones por motivos de virtud, pueden ocurrir dos cosas: o bien que su novio respete su decisión y comparta su deseo de castidad, lo cual será la mejor garantía de que él respeta ahora su libertad y por tanto, la seguridad de que la seguirá respetando en el matrimonio; o bien que la amenace con dejarla (y que tal vez lo haga), lo cual solucionará de antemano un futuro fracaso matrimonial, porque si el novio amenaza a su novia (o viceversa) porque ella o él deciden ser virtuosos, quiere decir que el noviazgo se ha fundado sobre el placer y no sobre la virtud, y éste es el terreno sobre el que se edifican todos los matrimonios que terminan desmoronándose.

»Además, la castidad es fundamental para la educación del carácter (en el buen sentido de la palabra carácter: la firmeza, la seguridad, ser auténtico pero no de mal genio).
»El joven o la joven que llegan al noviazgo y se encaminan al matrimonio no pueden eludir la obligación de ayudar a su futuro cónyuge a educar su carácter.
»La maduración psicológica es un trabajo de toda la vida. Consiste en forjar una voluntad capaz de aferrarse al bien a pesar de las grandes dificultades.
»Así como los padres se preocupan de ayudar a sus hijos a lograr esta maduración, también el novio debe ayudar a su novia (y viceversa), y el esposo a su esposa.
»El trabajo sobre la castidad es esencial para ello; porque es una de las principales fuentes de tentaciones para el hombre; consecuentemente es uno de los principales terrenos donde se ejercita el dominio de sí.
»Quien no trabaja en esto no sólo es un impuro sino que puede llegar a ser un hombre o una mujer despersonalizados, sin carácter. Y así como no tiene dominio sobre sí en el terreno de la castidad, tampoco lo tendrá en otros campos de la psicología humana.

»El que tiene el hábito de responder a las tentaciones contra la pureza cometiendo actos impuros, responderá a las tentaciones contra la paciencia golpeando a su esposa e hijos, responderá a las dificultades de la vida deprimiéndose, responderá a la tentación de codicia robando y faltando a la justicia, y responderá a la tentación contra la esperanza suicidándose (aunque esto en casos extremos se da). Es decir si no hay moderación en una cosa, y más en una cosa tan importante, seguramente no habrá moderación en muchas otras las cuales no te van a gustar.

»Podemos concluir: el amor que no sabe esperar no es amor; el amor que no se sacrifica no es amor; el amor que no es virtud no es amor».
Respeta a tu novia, aunque ella no sepa hacerse respetar, ni defender, con su pudor, el tesoro de su pureza.
Es muy fácil decir: «No me importa lo que hayas sido en el pasado».
Lo difícil es decirlo de verdad. Me dijo uno: «Yo muchas veces afirmé que no me hubiera importado casarme con una cualquiera, prescindiendo de su vida pasada. Pero lo decía mintiéndome a mí mismo. Por dentro yo tenía mi ideal de mujer. Lo que pasa es que pensaba que de ésas ya no había, que era un ideal inalcanzable.
Por eso, cuando he encontrado a esta chica, que es un ángel, me he ilusionado de tal manera, que me parece que he empezado otra vida».

Si alguien dice que no le importa la infidelidad de su cónyuge, es porque ha dejado de amar. Precisamente la diferencia entre amor y amistad es que al amigo no le importa compartir con otros a su amigo; pero el amante quiere en exclusiva la persona amada. Pues bien, si para casarte quieres una mujer decente, ayuda a las chicas a que sean decentes. ¿Por qué una chica que quiere ser decente tiene que luchar tanto contra los chicos que la acosan para que ella ceda? Me decía una chica: «Padre, ¡qué asco! Todos los chicos vienen a lo mismo. Y si no te dejas, no les interesas». ¡Qué triste es que las chicas tengan ese concepto de los chicos!

Demuestra tú, con tu conducta, que no eres de ésos. Que tú, porque estimas a la mujer decente, quieres ayudar a todas a que sean decentes. Si los chicos, con vuestra conducta, mostraseis que preferís las puras y decentes, ellas, sin duda, cambiarían. Pero como muchos chicos han preferido las libres, para poder abusar de ellas, las chicas se han creído que para casarse tienen que ser libres, y ahora buscáis una chica decente y les cuesta trabajo encontrarla.
Sin embargo, mientras no la encuentres, no te eches una novia.

La felicidad futura de tu hogar no depende ni de la cara, ni del tipo de tu novia; sino de su carácter, de su virtud y de su espíritu cristiano.
Del mismo modo que una belleza inexpresiva y sosa acaba por cansar, una belleza sin virtud acaba siendo aborrecida.
 Busca una novia que te guste. Pero no te dejes encandilar por la «fachada», que es pasajera; y si no está sostenida por las virtudes del espíritu, pronto te cansará y perderá para ti todo su atractivo. Aprende a enamorarte del carácter y de las virtudes del alma, que son estables, y son realmente las que hacen digna de estima a una persona. Aprende a estimar más los dones del alma que los del cuerpo.
Puedes casarte con una «estrella» de la pantalla y ser un desgraciado, como tantos divorciados del cine. En cambio, si te casas con una mujer amable, dócil, servicial, sacrificada, generosa, limpia, discreta, honrada, virtuosa, dulce, femenina, habilidosa, delicada, de buen corazón, que sepa llevar una casa y sea capaz de criar y educar los hijos y, sobre todo, muy cristiana, te profetizo un matrimonio feliz.
En cambio si es una mujer sin moral y sin conciencia, no sabes hasta dónde puede llegar. Tras un exterior muy atractivo, cara preciosa y tipo espléndido, muchas veces se encuentra un espíritu de frivolidad y coquetería, que no es precisamente la mejor garantía para que tu matrimonio sea feliz.
Por eso vale poco el enamorarse del cuerpo, que es amor sexual. Y en cambio hay tantas garantías de éxito en el amor del alma, que es espiritual.
Si tu novia es frívola y ligera, vivirás amargado de sospechas y celos. No te vaya a ocurrir lo de aquel desgraciado que a los dos meses de la boda se vio abandonado por su bellísima mujer. ¡Había encontrado un partido mejor que su marido!

Cuando salgas con tu novia aprovecha todas las ocasiones para estudiar su carácter y modo de ser. ¿Has examinado si le gustan los niños, si los acaricia, si goza con ellos; o por el contrario le ponen de mal humor? ¿Es trabajadora y sacrificada, o sólo piensa en divertirse? ¿Sabe cocinar y coser? ¿Sabe llevar una casa, o lo único que sabe es bailar mucho y coquetear con el primero que se le acerca? Si no atiendes ahora a todas estas cosas, es muy posible que después de casado te lleves un gran desengaño.

Es muy importante que los novios se conozcan muy bien antes de casarse. Puede una chica tener un gran atractivo corporal, ser muy simpática y desenvolverse con soltura en la vida social, y sin embargo tener defectos que van a hacer sufrir mucho a su marido. Por eso las relaciones deben durar por lo menos de un año a dos. En menos tiempo es muy difícil llegar a conocerse bien y es posible que después de casados aparezcan defectos insospechados que pongan en peligro la felicidad matrimonial. Ten en cuenta que después de casado apreciarás de distinta manera muchas cosas que atraen ahora tus ojos de soltero, y que entonces querrás en tu mujer virtudes que en el noviazgo no echaste de menos. Si quieres a tu novia sólo por sensualidad, ese amor será pasajero. A los pocos años de casados ya no os amaréis; a lo más, os soportaréis. En vida de tu mujer serás un viudo del corazón.
Cuando elijas a tu novia, piensa que no la eliges sólo para la luna de miel, sino para diez, veinte, treinta años..., ¡para toda la vida! En tu novia, más que a la «mujer», busca el «ángel» que haga de tu futuro hogar un pedazo de cielo.

Conozco una pareja muy feliz que se conocieron por coincidir todas las mañanas al ir a misa. Si te enamoras de una chica sinceramente piadosa (hermosa interiormente), tienes mucho adelantado. Y te digo sinceramente piadosa, porque también las hay que unen algunas prácticas de piedad a un proceder, modo de vestir, etc., impropios de la vida espiritual que parecen tener. Esas chicas de piedad superficial tampoco ofrecen garantías suficientes. Los principios cristianos y la rectitud moral deben ser algo muy firme.

Muchas veces he oído quejas de que hoy día las chicas se han echado a perder, que una chica para divertirse se encuentra fácilmente, pero que una chica capaz de hacer feliz un hogar..., de ésas no se encuentran.
¿Y quién tiene la culpa de esto? Ciertamente que muchas chicas, influenciadas por el cine, han perdido el recato y el pudor, que es su mayor atractivo. Pero, ¿no tenemos los hombres nuestra culpa en este «descenso» del pudor femenino?
Las chicas buenas también se quejan de que los chicos prefieren las ligeras, las frívolas, las coquetas, las frescas... Como ellas quieren gustar, si cuesta abajo. Si los chicos mostraseis claramente que preferís las buenas, las piadosas, las trabajadoras y sacrificadas, las que rezuman pureza, las chicas mejorarían. Es enorme el bien que haríais a las chicas, si ellas vieran que preferís las buenas; y es enorme el daño que las hacéis, si ellas ven que preferís las frescas.
Sería éste un excelente apostolado: moralizar a las chicas, mostrando más estima por las que son más virtuosas.

Por otra parte, has de saber que las chicas tienen la misma queja de vosotros. Algunos chicos, influenciados por las chicas frescas, creen que para resultar más varoniles e interesantes tienen que mostrarse atrevidos, y esto hace que las chicas buenas -las que necesitáis para el matrimonio al veros así, no se fíen de vosotros y no se decidan. De modo que las chicas se hacen frescas para gustar más a los chicos, y los chicos se muestran atrevidos para parecer más interesantes; y después resulta que ni a los chicos os gustan las chicas frescas, ni a las chicas buenas les gustan los chicos atrevidos. ¡Vaya un papel que  estáis haciendo! ¿No sería mil veces mejor que todos reconocieseis que lo más digno de estima es la virtud, y obraseis en consecuencia? Cuando hayas encontrado una chica virtuosa que pueda ser la madre de tus hijos, toma el noviazgo con toda la seriedad que Dios manda. Dios quiere que el que no siente su voz para un estado más alto y más grande, como es la vida consagrada a Dios, y va a casarse, a su tiempo pues la fruta que se toma antes de su tiempo se indigesta- se busque una novia; pues los futuros esposos deben conocerse muy bien antes de ir al matrimonio.

La psicología del chico es distinta de la de la chica. Al hombre le cautiva la belleza, la delicadeza y la ternura de la mujer. A ella la fuerza, el valor y la decisión del hombre. En él la atracción hacia el otro sexo es más carnal; en ella es más sentimental. No es raro que un chico sienta atracción sexual sin amor, y una chica amor sin tener deseos sexuales.
Lo contrario es menos frecuente. Las mujeres suelen preferir los hombres interesantes más que los hombres guapos.

El cine ha hecho que la juventud, sin cabeza, sienta idolatría por la belleza física, y así resulta que esa muchachita de «tipo estupendo», después de casada sale caprichosa, insoportable; y también aquel chico que enamoraba con locura a las niñas tontas porque se parecía a cierto artista de cine, después de casado sale con un genio insufrible.
Los dos son maravillosos para verlos en la pantalla. Pero el matrimonio no es una película de cine, sino una vida que dura muchos años, y con muchos sufrimientos, malos ratos, penas y amarguras.
También con sus ratos de felicidad. Pero desgraciadamente, no todo es felicidad.
Si la juventud se preparara para el matrimonio como Dios manda, tendríamos muchos más matrimonios felices.
El tiempo del noviazgo es para conocerse mutuamente, para amarse rectamente.
El noviazgo es querido por Dios, pues Dios ha hecho el matrimonio indisoluble, y esa persona a la que vas a unirte para toda la vida, debes conocerla bien antes de casarte con ella. Por lo tanto, es natural y así lo quiere Dios- que durante cierto tiempo tengáis más confianza entre vosotros y un trato más íntimo para conoceros mejor.
Pero debéis ser muy discretos en las manifestaciones de amor, si no queréis manchar vuestras relaciones. No podéis permitirle a vuestro cariño muchas de las cosas que él os pide con fuerza. Es necesario que aprendáis a llevar vuestro noviazgo con la austeridad que exige el Evangelio. Es muy importante que os propongáis firmemente llevar vuestro noviazgo en gracia de Dios. Eso será atesorar bendiciones de Dios para el matrimonio. En cambio, si sembráis de pecados el camino del matrimonio, ¿podréis esperar con confianza que Dios os bendiga después? ¡Cuántos matrimonios lloran los pecados que cometieron de solteros!

Si el noviazgo es para un conocimiento mutuo, se impone también como necesidad imperiosa la sinceridad. No deben existir repliegues ni restricciones mentales. Debe hablarse mucho sobre todas las cuestiones, y confiarse mutuamente los problemas para buscar juntos una solución. Es, por desgracia, demasiado frecuente, que los novios mantengan el uno con respecto al otro, una postura totalmente falsa. Y es triste que, a veces, esa falsedad dé al traste con la íntima compenetración que debe regir el matrimonio. Los novios van al altar, muchas veces, engañados. No se conocen. El engañar siempre es malo. Los novios deben ser francos, transparentes el uno para el otro.
El amor necesita admiración. Para ver si sientes admiración podrías preguntarte, ¿me gustaría tener un hijo así? No se trata de con menos o más nariz, sino de ese modo de ser, cualidades, etc.

Los novios deben ayudarse a conocerse mutuamente, tanto en las virtudes como en los defectos. Cada uno debe esforzarse en corregirse de sus defectos y en adquirir las virtudes que el otro desea ver en él. Deben ver si armonizan en el carácter, gustos, puntos de vista, modo de ser, educación y costumbres; si tienen las mismas ideas sobre religión, vida de piedad, frecuencia de sacramentos, etc...
Deben ponerse de acuerdo en todos los problemas fundamentales. Si en el noviazgo hay discrepancias sobre esto, en el matrimonio habrá disgustos muy graves. Ya dijo Sáint-Exupery: «Amar no es mirarse uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección»; es decir, tener los dos los mismos ideales.

Y, desde luego, las faltas de armonía y defectos de carácter, es necesario compensarlos con espíritu de mortificación y tolerancia por una parte - siempre que no se trate de cosas ofensivas a Dios- y deseo eficaz de corregirse por la otra. Nadie es perfecto en este mundo; pero todos debemos tener deseos de superación. El esfuerzo mutuo de adaptación es una de las mayores alegrías de la vida conyugal. Evidentemente que en esta armonía hay grados; pero cuanto mayor sea la armonía, más probabilidades hay para un matrimonio feliz. El ideal sería que esta armonía llegara incluso a detalles como gustos, aficiones, diversiones, hábitos de vida, educación, aseo, orden, modales, lenguaje, etc., etc.
El ideal es que los dos sean de ambientes familiares y culturales similares. No por clasismo; sino por armonía. Un notable desnivel de educación, higiene, costumbres, etc., con el tiempo, ocasiona roces que enfrían el amor.
Hay una porción de imponderables de educación, higiene, etc., que pueden convertirse en espinas muy desagradables y, con el tiempo, realmente insufribles. Hay personas a quienes se les hace durísimo disminuir de categoría social.
«En general las diferencias de formación y de posición social son obstáculos que impiden llegar en el matrimonio a una completa unión. La igualdad en las costumbres, resultado de haberse formado en un ambiente parecido, constituye el sólido cimiento de una buena armonía en la vida de cada día; mientras que la disconformidad de las costumbres y una gran divergencia en el grado de cultura pueden actuar como fuerzas disgregadoras.
»Cuando el estilo de vida difiere ampliamente por proceder los esposos de mundos sociales distintos se va minando poco a poco la solidez del matrimonio. No negamos que ambos esposos puedan ser felices si manda en ellos el corazón, pero con el tiempo nada tiene de extraño que llegue a ser desagradable comer en la misma mesa con una persona cuya educación es discordante con la propia. Pequeñas, pero numerosas diferencias ponen a prueba los nervios de la persona más equilibrada.
»Para que el hogar sea agradable es necesario cierto grado de educación. Pero si uno de los dos no la tiene, es mejor que tampoco la tenga el otro».
«El amor vence a la muerte; pero un pequeño defecto desagradable, a la larga, puede vencer al amor»10.
¿De qué sirve un atractivo corporal si esa persona es egoísta, interesada, soberbia, irascible, rencorosa, vengativa, agresiva, cruel, peleona, chismosa, intrigante, maquinadora, displicente, despectiva, hipócrita, falsa, cínica, astuta, posesiva, ambiciosa, derrochadora, dominante, absorbente, autoritaria, impositiva, mandona, insolente, protestona eterna, que se queja de todo, creída, caprichosa, testaruda, arisca, engreída, inmadura, desequilibrada, frívola, ligera, superficial, comodona, lujuriosa, alcohólica, etc. etc.?

Cualquiera de estos defectos anula una belleza corporal. Por otra parte, es fácil encontrar atractivo espiritual en una persona virtuosa.
El carácter ideal es una personalidad comunicativa y amable, un temperamento jovial, una alegría contagiosa, un modo de ser bondadoso y sincero, generoso, amable, cordial, con deseos de hacer el bien a los demás.
Con una persona así la convivencia es deliciosa.

«Hay otro dato que podrá no ser decisivo ni principal, pero con el que no está mal que contéis desde los primeros días del noviazgo: que no sólo os vais a casar vosotros dos, sino también un poco con sus padres y familiares. Repetimos que éstos rara vez deberán suponer un motivo fundamental en vuestra decisión, pero no está mal que ya desde el noviazgo, sepáis que vais a tener que afrontar esta circunstancia.
«Cuantas menos sorpresas se lleve uno en la vida matrimonial tanto mejor».

El feminismo

Hoy hay una corriente feminista defensora de los derechos de la mujer. La defensa de los derechos de la mujer comenzó cuando San Pablo mandó a los maridos que amen a sus mujeres. Esto era algo inaudito en un mundo en que la mujer no era nada. Incluso algunos filósofos de aquel tiempo dudaban de que la mujer tuviera alma.
En la era pagana la mujer no tenía los mismos derechos que el hombre. Fue el cristianismo el que elevó la mujer de su estado de ignominia haciéndola la reina, festejada, admirada y amada; pues la misión de madre es la más gloriosa de la vida. Bernabé Tierno reconoce que «fue el cristianismo el que de manera más directa contribuyó a devolver a la mujer toda su dignidad y derechos de igualdad con el hombre». Una cosa es la igualdad de derechos ante la ley del hombre y de la mujer, lo cual es justo; y otra que la mujer se ponga a imitar en todo al hombre, perdiendo sus características femeninas que tanto la enriquecen. «Feminismo es aquella cualidad de la mujer por la cual ella se hace atractiva y agradable, y hace agradable y atractivo todo cuanto la rodea». Pretender hacer de la mujer otro hombre es una equivocación.

La mujer tiene sus cualidades específicas que no debe perder, y deben ser para ella de gran valor. La familia es el fundamento de la sociedad, y sin verdaderas mujeres no es posible la familia.

El feminismo que reivindica los mismos derechos para la mujer que para el hombre ante la ley, es normal y sano, pues hombre y mujer tienen la misma dignidad como persona humana.

Pero hay otro feminismo revanchista que resulta ridículo. Hay mujeres feministas que quieren ocupar el sitio del hombre en todo. Y algunas lesbianas hasta en el uso del sexo. Las lesbianas suelen ser feministas revanchistas. La mujer debe ser mujer. El querer ser como el hombre es una equivocación, pues es considerarse inferior al hombre. Y la mujer no es inferior al hombre, es diferente, que no es lo mismo. El hombre y la mujer son distintos en su cuerpo y en su psicología.

José María García Escudero, hablando de Lilí Álvarez, que acababa de morir, aquella gran mujer que triunfó como deportista (tenis, motorismo, esquí, etc.) y como escritora católica, defensora de los derechos de la mujer, dice de ella que fue una gran feminista, pero que combatió en «marimachismo», pues lo que engrandece a la mujer es ser muy femenina, no el masculinizarse.

Recientemente ha nacido un nuevo feminismo.
Janne Haaland Matlary, secretaria de Estado para Asuntos
Exteriores de Noruega afirma que la mayoría de las mujeres son madres o desean serlo. Tiene cuatro hijos, cuyas edades oscilan entre los 12 y los 7 años y es catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Oslo. En 1995, participó como miembro de la delegación de la Santa Sede en las Conferencias organizadas por las Naciones Unidas en Copenhague (sobre el desarrollo social) y en Pekín (sobre la mujer).
Ahora, Janne acaba de publicar un libro en Italia, «Tiempo de florecer. Por un nuevo feminismo» (Mondadori), que está llamado a convertirse en una especie de manifiesto del feminismo, en el que se declara que ha llegado la hora de que florezcan «las cualidades femeninas» en todos los campos de la vida personal y social y «en todo rincón de la tierra».
«El feminismo de los años setenta tendía a la negación de la maternidad y a la imitación de los hombres. Esto ha impedido, de hecho, todo desarrollo de las cualidades y de las contribuciones femeninas, así como la aplicación de políticas capaces de ayudar verdaderamente a las mujeres».
Dice Matlary que hay que ir a las raíces, de la cuestión, es decir, «hay que reconocer que los hombres y las mujeres son muy diferentes, tienen talentos diferentes. Además, la mayoría de las mujeres son madres o quieren serlo.
El desafío consiste en crear una igualdad que tenga en cuenta estas diferencias».
Según Matlary, las políticas al servicio de la mujer deberían «garantizar una adecuada pausa de trabajo por maternidad, retribuida y lo suficientemente larga como para evitar el "doble trabajo". Pero, al mismo tiempo, es fundamental una pausa de trabajo para los padres. Pues aquí la mujer no es la única que está en juego, sino toda la familia. Y hay que valorar y reconocer el trabajo que se realiza dentro de toda la familia... Por tanto, se requieren medidas de flexibilidad económica y de políticas sociales especiales. Por ejemplo, el año pasado aprobamos una ley que permite a las familias escoger entre la guardería pública y el cuidado de los niños en la propia casa. En la práctica, a las mujeres que se quieren quedar en casa se les ofrece la misma cantidad que paga el Estado a la guardería por cada niño, unos 6 mil dólares al año».
Así opina Juan Pablo ll: «A menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la humanidad debe su supervivencia. Ciertamente que aún queda mucho por hacer para que el ser mujer y madre no comporte una discriminación. Es urgente alcanzar, en todas partes, la efectiva igualdad de los derechos de la persona y, por tanto, igualdad de salario respecto a igualdad de trabajo, y tutela de la trabajadora-madre»23. También dice en su documento de agosto del 88, Mulieris Dignitatem24, la mujer no puede convertirse en objeto de placer y explotación, pero tampoco debe invadir el terreno propio del hombre, masculinizándose y apropiándose de las características masculinas, y haciéndose un marimacho.

«La igualdad de derechos de la mujer y el hombre no debe consistir en su masculinización, en deterioro de los auténticos valores femeninos».
La identidad de la mujer no puede consistir en ser una copia del hombre; puesto que ella está dotada de cualidades y prerrogativas propias, que le confieren una personalidad autónoma, que siempre se ha de promover y alentar».
La mujer debe ser femenina, y el hombre masculino. Cada uno tiene su tarea en la vida, en la reproducción humana y en el servicio de la Iglesia, etc. La igualdad de derechos de la mujer y el hombre tiene aspectos muy razonables. No se ve por qué una mujer que realiza el mismo trabajo que el hombre y con la misma perfección, no va a tener el mismo sueldo.
Afortunadamente esta discriminación se va acabando.

Pero hay cosas en que el hombre y la mujer son distintos. El mismo cuerpo humano demuestra la distinta misión específica de cada uno. El hombre tiene los hombros más anchos que la mujer, pues está hecho para la fuerza. En cambio la mujer tiene las caderas más anchas que el hombre, pues está hecha para la maternidad. La igualdad de derechos es lógica ante la ley. En teoría, todos los seres humanos, hombres y mujeres, pueden ser jueces, médicos o taxistas. Pero sólo las mujeres pueden dar a luz un hijo.
Y esto por biología y por naturaleza. Porque Dios lo ha hecho así. Por eso el hombre y la mujer son distintos corporal y psicológicamente. Negar esto es un desconocimiento de la psicología humana. Las feministas quieren ser en todo como los hombres. Esto es una equivocación. Y además, con esto, demuestran su complejo de inferioridad.
Por eso quieren ser como los hombres. La mujer no es inferior al hombre.
Es distinta. Es evidente que hay cosas más propias del hombre, y otras para las que la mujer está más capacitada. Ignorar las diferencias entre el hombre y la mujer demuestra un desconocimiento total de psicología.

Ordinariamente, y en igualdad de circunstancias, prevalece:
EN EL HOMBRE EN LA MUJER
La razón.................................................. El sentimiento.
La reflexión............................................ La intuición.
Las ideas................................................. Las personas.
La lógica................................................. El atractivo.
El realismo............................................. La fantasía.
La ciencia............................................... La religión.
El estudio................................................ La oración.
Vencer.................................................... Agradar.
Emprendedor.......................................... Hogareña.
Directo.................................................... Sinuosa.
El descuido............................................. El orden.
La acción................................................ El amor.
El trabajo................................................ La familia.
El apetito................................................ La maternidad.
La reserva............................................... La comunicación.
La eficacia.............................................. El detalle.
La personalidad...................................... La belleza.
La estabilidad......................................... La moda.
La técnica............................................... La decoración.
La comodidad......................................... La estética.
La sinceridad.......................................... El disimulo.
La brusquedad........................................ La sensibilidad.
Los gritos................................................ Las lágrimas.
La violencia............................................ La resignación.
La fuerza................................................ La resistencia.
La audacia.............................................. La prudencia.
El valor................................................... El miedo.
La fuerza................................................. La dulzura.
La fortaleza............................................. La delicadeza.
La energía............................................... La astucia.
La imposición......................................... La sugerencia. El mando.................................................. La docilidad.
La tenacidad............................................. La paciencia.
La intransigencia...................................... La tolerancia.
La justicia................................................. La indulgencia.
La protección............................................ La servicialidad.
La galantería............................................. La admiración.
La obsequiosidad...................................... El cariño.
El egoísmo................................................ La generosidad.
El flirteo.................................................... El coqueteo.
El sexo...................................................... La ternura.
La lascivia................................................ El pudor.
La conquista............................................. La seducción.
La agresividad.......................................... La habilidad.
La iniciativa.............................................. La receptividad.

Puede haber excepciones, pero estas cuarenta diferencias son frecuentes.
No de modo exclusivo, sino predominante.
Estas diferencias psicológicas entre el hombre y la mujer hacen que cada uno ame de distinta manera.

«Se ha dicho que la diferenciación sexual de los “caracteres” no serían naturales sino culturales, etc. La objeción no resiste un mínimo examen de los datos obtenidos por la antropología cultural. Es cierto que una educación dirigida expresamente a ese fin puede conseguir masculinizar a la mujer y feminizar al hombre. Pero si se deja obrar a la naturaleza, la diferenciación sexual es inmediata y clara. Por eso, en millares de culturas estudiadas, la mujer y el hombre tienen la psicología  que corresponde a los caracteres sexuales primarios y secundarios. Antropológica e históricamente esta conclusión está demostrada por los hechos. Las “amazonas” son un mito; y es significativo que no exista un mito equivalente para los hombres. El mito de las “amazonas” equivale a las utopías feministas de hoy.

La maternidad y el trabajo de casa

La actriz Nati Mistral dijo en una entrevista que le hizo Amilibia:
«Ser madre es la gloria más grande para una mujer. Hay que respetar al ama de casa más que a nadie.
»La diferenciación sexual masculina y femenina no es obstáculo, en absoluto, para la defensa de la más completa igualdad de derechos en el hombre y la mujer, ya que varón y mujer cumplen plenamente con el contenido biológico y ético del ser humano. La misma diferenciación no es inconveniente para que en determinadas épocas la mujer realice trabajos y funciones hasta entonces sólo confiados a los hombres».

Me parece una equivocación el que algunas mujeres consideren el ocuparse de la casa como una esclavitud, de la que quieren liberarse.

Lo que se hace por amor no se puede llamar esclavitud.
Un mismo trabajo puede hacerse por un sueldo o por amor, y tendrá un valor totalmente distinto.
Las cosas hechas sólo por obligación pueden resultar latosas, pero las hechas por amor son gozosas.
Un enamorado recorre gozoso la distancia que le separa de la persona amada. Un kilómetro por amor resulta como cien metros, y cien metros sin amor resulta como un kilómetro.
Por eso es muy buen consejo: «Si no puedes hacer lo que amas, procura amar lo que tienes que hacer».

Muchas mujeres ansían realizarse en una profesión fuera del hogar, pero nada en el mundo las puede realizar más que la maternidad. Las estadísticas dan que gran número de mujeres que evitan los hijos de jóvenes después los desean ardientemente cuando son maduras.
Hoy las edades de la mujer en que hay más maternidad son entre los treinta y cuarenta años. Son madres «añosas», como se las califica en los manuales médicos.

Es cierto que algunas mujeres pueden encontrar satisfacción en su trabajo fuera de casa, pero con ningún trabajo pueden sentirse más satisfechas que con el de ama de casa. «En la realidad de la vida, no pocos trabajos femeninos  fuera de la casa son bastante monótonos, y no tienen la riqueza de la vocación de ama de casa, tan múltiple y variada: maestra, catequista, enfermera, cocinera, florista, secretaria, modista, decoradora, conductora, asistente social, relaciones públicas y tantas cosas más.
Muchas profesiones posibles para la mujer son preciosas, pero pocas habrá tan admirables».

La pureza

El casarse con una mujer pura tiene para el hombre una ilusión especial. El matrimonio después de unas relaciones puras tiene una ilusión y una felicidad especiales. Y lo mismo le pasa a la mujer.
El mejor regalo de bodas que espera una persona es la virginidad de su pareja.
Toma este precioso lema: «Fieles hasta la muerte y puros hasta el altar». Convéncete de que mientras más pura y respetuosa sea tu conducta en el noviazgo, mayores serán las garantías que llevaréis al altar, de un matrimonio indisoluble, tranquilo y amoroso.
Dice la Biblia que Amón deseaba a Tamar, y en el mismo momento de violarla la aborreció en su corazón.

Algunas veces las chicas ceden ante las exigencias inmorales del hombre a quien aman; no se atreven a resistirle. Por miedo a perderle, o por no contrariarle, llegan más allá de donde su conciencia cristiana les permite. Y después resulta que todo sale mal: su conciencia manchada, Dios ofendido, y su novio desilusionado.

Recuerdo una ocasión en que yo quería defenderla a ella y le echaba la culpa a él. Él me respondió: «Muy bien, me reconozco culpable, pero he perdido en ella la confianza. Ya no puedo casarme con ella».
Por eso no es raro que un chico pierda la ilusión e incluso abandone a una chica que ha perdido la pureza, aunque sea él el autor de la mancha.
Así son las cosas.
Puede él sentirse quizás culpable. Pero también desilusionado.
Y esto es superior a su voluntad.
El chico te quiere pura, fragante como una flor.
Si te marchitas pierdes tu atractivo.

Mi experiencia sacerdotal me ha hecho conocer varios casos que se decidieron a elegir a una chica antes que a otra, atraídos precisamente por la intransigencia en la pureza que en ellas habían observado.
Y es que los chicos cuando buscan una chica-plan para divertirse y aprovecharse, la quieren fresca; pero cuando lo que buscan es una novia en serio, la quieren de una pureza intachable.
A nadie le gusta comerse las sobras que otro dejó en el plato.
Por eso la pureza es uno de los mayores tesoros de una muchacha.
Un hombre, como Dios manda, se avergüenza de que su mujer haya sido una golfa. La chica fácil y condescendiente en terreno moral resulta vulgar.
Chicas así se encuentran en todas partes.
Cuando el hombre que vale se enamora, lo hace de una mujer excepcional, que se sale de lo corriente, de auténticos valores, sobre todo, espirituales y no de una cualquiera. Lo vulgar, no enamora a nadie que tenga buen gusto.
Un chico que quiere a una chica, en lugar de hundirla, rebajarla, profanarla, degradarla, instrumentalizarla, mancharla con los deseos de su instinto, procura, por encima de sus apetencias, elevarla, dignificarla, sublimarla. Se preocupa de que sea más piadosa, mejore su formación tanto religiosa como de carácter, voluntad, etc.
Es decir, busca siempre lo que a ella la engrandece, nunca lo que la envilece.

¿Quieres en resumen unas cualidades femeninas que cautivan a los chicos? La sencillez, el encanto, la sonrisa, la delicadeza, la amabilidad, la servicialidad, la dulzura, el candor, unidas todas a una sólida piedad y a una pureza intachable.
Es verdad que en el momento de la tentación están fuera de sí, y piden cosas que serenos jamás pedirían.
Pero cuando pasa el torbellino, ellos mismos se avergüenzan de haber estado así. Si negándote le defiendes de la fiera que lleva dentro, te lo agradecerá. Tu intransigencia aumenta la ilusión que siente por ti. Tus condescendencias en este punto, no lo dudes, te rebajan, te estropean, te ensucian, te manchan.
Y si de tu parte no sólo hubo condescendencia, sino que hubo culpa ¡Qué horror! Piénsalo.

El chico te quiere ángel. Así le ilusionas; su cariño se eleva. Cuando dejas de ser ángel, él pierde la ilusión y lo que era cariño se convierte en otra cosa peor. ¿Creías que cediendo te iba a querer más? ¡Te equivocaste! Te quiere menos.
Su verdadero cariño se ha transformado en instinto de bestia. Y al ir perdiendo por ti la ilusión y el cariño, pierde también el respeto. Quien profanó tu cuerpo no tiene dificultad en profanar tu fama: ¡Lo que hizo contigo se lo contará a sus amigos! ¿Puedes imaginarte los comentarios que harán de ti? ¡Qué vergüenza!
Esto ocurre con mucha frecuencia; créeme.
El hombre que pide libertades impropias a una mujer antes de la boda, puede hacerlo porque la desea con violencia, con pasión desenfrenada, pero ten por cierto que no la ama bastante para protegerla contra el animal que hay en la propia naturaleza masculina. Si tu novio pretende de ti cosas que no admite tu conciencia, recházalo, y cuanto antes, mejor. No te hará feliz. Lo que tiene no es amor a ti, sino a sí mismo, a su concupiscencia y a su egoísmo.
Si te amara a ti, buscaría tu bien por encima de sus apetencias.
Y si prefiere sacrificar tu pureza, tu conciencia y tu alma a su apetito desordenado, ¿cómo vamos a creernos que te ama a ti? Quien te ame únicamente podrá cegarse en un momento de pasión, pero al chocar con tu rectitud intransigente, reconoce su falta, te pide perdón y se siente orgulloso de tu virtud.

No lo olvides. Los pecados impuros con tu novio, te hunden a ti y le hunden a él. Por eso es mentira cuando te dice para que cedas: «es que no me quieres», «parece que no te intereso», «qué fría eres».
Ataca tus sentimientos para rendirte. Pero esto es un truco muy viejo; si caes en la trampa, te arrepentirás. Y si él te quiere de verdad, también se arrepentirá de haberte hecho caer, pues, te repito, los chicos no quieren casarse con las frescas.

Esto ocurre siempre entre los chicos que valen.
Y si algún chico prefiere casarse con una fresca, porque es mona o tiene buen tipo, ese chico es tonto. Creer que la belleza de su mujer le va a hacer feliz en el matrimonio por encima de otras cosas, es no tener cabeza.

Y desgraciada la que se casa con un tonto. Pero en fin, tonto él y tonta ella:
¡Tal para cual!
Conozco a una chica que al pararle los pies a su novio, éste le dijo: «si no me quieres, lo mejor es que lo dejemos». Ella respondió: «si para convencerte de que te quiero necesitas eso, será que Dios quiere que lo dejemos».
A los pocos pasos él la llama: «Perdóname. No sabía lo que decía.
Has hecho muy bien en ser firme. Estoy orgulloso de ti. Ahora te quiero más».
Al poco tiempo se casaron.

En cambio conozco novios que después de lograr de sus novias lo que no debieron conceder, de tal manera perdieron la ilusión que nunca más volvieron a recuperarla.
Aparte de que tú no sabes ahora si llegarás a casarte con éste. Si le concedes lo que no debes, ¿quién va a querer después una mujer de segunda mano?
No estoy inventando.
Conozco chicos que al enterarse de las intimidades de su novia en noviazgos anteriores, decidieron dejarla. No querían una mujer de segunda mano.
Si Dios pide pureza a las chicas, no es por capricho; sino porque es necesario para la felicidad de su matrimonio.
Por eso, que no se extrañen las chicas que pisoteando su pudor concedieron a otro lo que no debían, si después esperan inútilmente que alguien las quiera.
Lo que les ocurre es consecuencia lógica de su conducta equivocada.
No me digas que cedes por amor a él. Todo lo contrario.
Si le amas, no puedes ceder; pues pecando le haces el peor de los daños: haces el camino del matrimonio difícil para los 2, y además lo encaminas a la maldad. Si le amas, sálvale. Aunque esto exija sacrificios.
Dejarle pecar no es amarle, es matarle.
Con tu resistencia firme y entera le dices: «Te quiero tanto y tengo tantas ganas de casarme contigo, que no quiero cometer ningún pecado, para que Dios nos bendiga y podamos llegar algún día a unirnos para siempre en el altar».

Hay que saber mantener el instinto sexual frenado. El soltero tiene que guardar pureza. El casado también tendrá ocasiones en las que será necesaria la abstención. Y en todo caso el instinto debe servir al amor.

No se doma al potro salvaje dejándolo correr por las praderas. Hay que embridarlo y mantener bien firmes las riendas. Sólo así llegará a ser útil para el servicio. Lo mismo pasa con el instinto sexual.
El joven que durante las relaciones no ha aprendido a dominar sus impulsos, no sabemos si lo logrará después de casado.
Es más, cuando ellos saben que de novios no han dominado su instinto sexual, después de casados pueden tener dudas de que el otro falte a la fidelidad en los momentos de necesaria abstención (enfermedades, viajes, etc.).
En cambio, si uno y otro han dado pruebas de saber dominarse en ese punto, les dará enorme seguridad para tranquilizarse confiando en el dominio propio del otro forzado a una abstinencia sexual.

La prueba sexual previa al amor es la negación del amor que esencialmente es entrega incondicional e irrevocable.
Quien dice «déjame que pruebe contigo para ver si me conviene amarte», es porque no ama. El lenguaje del amor es todo lo contrario: «porque te amo deseo vivir contigo tal como eres».
Escucha las palabras de Pío XI: «No puede negarse que tanto el fundamento firme del matrimonio feliz como la ruina del desgraciado, se preparan y se basan en los jóvenes de ambos sexos durante los días de su infancia y de su juventud. Y así hay que temer que quienes antes del matrimonio sólo se buscaron a sí mismos y a sus cosas, y quienes condescendieron con sus deseos, aun cuando fueran impuros, sean en el matrimonio como fueron antes de contraerlo, es decir, que cosechen lo que sembraron: tristeza en el hogar doméstico, llanto, mutuo desprecio, discordias, aversiones, tedio en la vida común, y lo que es peor, encontrarse a sí mismos llenos de pasiones desenfrenadas».

La delicadeza y la ternura son dos de los más importantes componentes del matrimonio. Si faltan antes del matrimonio, no es probable que aparezcan después, y sin ellas el matrimonio puede acabar en desastre.
Cuando lo que hay es sólo apetito sexual, la cosa es pasajera, como un capricho. Mientras dura, parece que todo va bien. Pero con frecuencia al cabo de cierto tiempo cambian las cosas y aquello termina mal.
Sobre todo, cuando se ha pisoteado la conciencia es muy frecuente que esta situación se haga insostenible.

No es lo mismo «hacer el amor» que tener «relaciones sexuales».
«Semejante error muy extendido y divulgado en los últimos tiempos, es reducir el amor al sexo.
Los que vayan por ese camino lo van a tener muy difícil a la hora de establecer una pareja sólida, firme, estable, duradera».
Hoy se dice mucho «hacer el amor». Esto es degradar el amor, cosificarlo.
Las cosas se hacen; el amor, no.
El amor se tiene.
El amor brota espontáneamente de la admiración y estima por una persona.
Cuando no hay amor, «hacer el amor» es lujuria.
Hoy se quiere identificar lujuria con amor, pero son dos cosas distintas. La diferencia entre amor y lujuria es que en el amor valoro a la persona por sus cualidades, y esto me lleva a sacrificarme por el bien de ella; en cambio en la lujuria busco a la persona por las gratificaciones que me proporciona. Es decir, la hago objeto de mis satisfacciones egoístas. «El erotismo arranca del egoísmo. El amor parte de la generosidad».




Diferencia entre amor y deseo

El hombre sensual confunde el placer con la felicidad. Su ansia de placer acaba con el verdadero amor, y al rebajar su concepto de la mujer, ha matado la felicidad de su matrimonio.
Es verdad que el amor incluye el sexo; pero puede haber sexo sin nada de amor: por ejemplo, el que va con una prostituta.
Ortega y Gasset en su ensayo Estudios sobre el amor analiza la diferencia entre amor y apetito sexual.
Dice que no es lo mismo desear que amar: el drogadicto desea la droga, y al mismo tiempo la odia porque sabe que es su ruina.
El deseo es egoísta. El amor es generoso. Cuando deseo, busco algo que me satisface. Cuando amo, busco satisfacer a alguien.
No es lo mismo deseo que amor. Al desear busco para mí, al amar quiero el bien de la persona amada.
El sediento desea agua para saciar su sed, y un hombre puede desear a una mujer para saciar su lujuria. Pero ni el sediento ama el agua, ni ese hombre ama a esa mujer. Por eso cuando el sediento deja de tener sed, pierde su interés por el agua, y cuando ese hombre encuentra otra mujer que le apetece más, cambia con facilidad de persona. El amor es estable.

A veces las películas exponen la tragedia, no rara en la vida real, de dos amores cruzados. Una persona ama a otra que no le corresponde, y al mismo tiempo es amada por otra que le deja indiferente. Si uno de estos amores es imposible por tratarse de persona casada, es claro que la solución es centrarse en el único amor posible, para ver si es también razonable.
Pero si los dos amores son igualmente posibles, a veces la solución no es fácil. Es difícil acertar.
Además de la inclinación del corazón, hay que examinar otras cosas para unir el corazón con la cabeza.
Hay una canción que dice que a todo el mundo le gusta cambiar de comida, de trabajo y de amor, pues toda la vida igual resulta insoportable.
Pero el amor no es ni una comida, ni un trabajo.

El que necesita cambiar de amor es porque tiene la desgracia de que nunca ha amado, y por lo tanto tiene una total ignorancia de lo que es el amor.
El que ama de verdad es feliz viviendo con la persona amada toda la vida
Por eso las frases de amor son: «te querré siempre», «te querré hasta la muerte». Pero quien dice: «te querré sólo una semana, pero la semana que viene querré a otra», ése no ama. Lo que tiene se llama un ligue, un capricho pasajero, o lo que sea, pero no es amor.
El amor, lo es para siempre o no es amor. «Un amor condicionado es un amor putrefacto. Un amor “a ver cómo funciona” es un brutal engaño entre los dos.
Un amor sin condiciones puede fracasar, pero un amor con condiciones, no sólo es que nazca fracasado, es que no llega a nacer».
El vicioso necesita continuamente cambiar a nuevas experiencias; pero el auténtico amor nunca encuentra rutinario lo que es sincera expresión de cariño.
Y naturalmente los que hacen vida sexual sólo por apetencia, para satisfacer un deseo, donde cada uno busca el placer que el otro le proporciona a él, eso, evidentemente tiene que terminar mal.

Amor y enamoramiento

No es lo mismo amar que enamorarse. El enamoramiento puede deberse a motivos externos de la persona. El auténtico amor se basa siempre en los valores internos. Amor no es el placer que sienten dos estando juntos.
Esto puede ser coincidencia de egoísmos. Uno comienza a amar cuando llega a ser capaz de sacrificarse para hacer feliz a la persona amada.
El egoísmo es la muerte del amor; mientras que el sacrificio es la verdadera prueba del amor.
Cuando los novios se han templado en el sacrificio por el bien del otro, el matrimonio será una delicia.
Pero si lo que han hecho de novios es fomentar su egoísmo, es lógico que su matrimonio sea un fracaso.

El amor nunca es egoísta.
Todo lo que sea instrumentalizar en busca de la propia satisfacción, no es amor. Y esta instrumentación puede ser simultánea por ambas partes.
Sin virtud y sin amor no puede haber matrimonio feliz.
Muchos matrimonios fracasan porque su noviazgo fue una calamidad.
Estos matrimonios tenían que fracasar necesariamente.
Lo normal es que de un mal noviazgo salga un mal matrimonio, y que de un  uen noviazgo salga un buen matrimonio. Habrá excepciones, pero son las menos.
El número de matrimonios felices es proporcional al de las parejas que se casan por amor, y no por lujuria.
Cuando un chico y una chica se unen en matrimonio sólo porque se apetecen sexualmente es lógico que ese matrimonio sea un fracaso.
La convivencia estable de dos personas es imposible que sea agradable si entre ellas no hay verdadero amor.
Muchos creen que se aman y sólo se desean.
En Estados Unidos el 50% de los matrimonio de jóvenes menores de veinte años, se divorcian antes de los dos años.
La experiencia de la vida demuestra que la unión sexual pasajera es mucho menos satisfactoria que la que realiza una pareja estable que se ama.

Sexo

La libertad sexual, la unión sexual episódica, al principio puede parecer gratificante, pero a la larga deja el alma triste.
Por eso quienes van de cuerpo en cuerpo buscando ese tipo de satisfacciones es lógico que terminen hartos de todo, sin ilusión por nada, cansados de vivir, incapaces de amar y resignados a no encontrar esa felicidad duradera con la que toda persona sueña.
Las aventuras sexuales pueden durar más o menos, pero por carecer de amor, suelen terminar mal.
Sólo el verdadero amor puede proporcionar una felicidad perdurable.
Lo que hacen es animalizar a las personas e indisponerlas para la verdadera felicidad que está en el amor espiritual.
La felicidad de la persona humana no puede reducirse a satisfacciones corporales, que no superan el nivel animal.
«Es una experiencia humana que el nivel puramente sexual ni le aporta al hombre una felicidad duradera ni es capaz de satisfacer los anhelos más profundos del corazón».
Muchas personas que han pasado por diversas aventuras amorosas, después, reconocen que han perdido el tiempo, pues no han encontrado el verdadero amor, y ahora sueñan con formar una familia estable, pero ya es tarde.
El amor enriquece el sexo.
Por eso los novios no deben tener ningún temor a que su vida sexual no vaya a ir bien en el matrimonio.
Si se aman de verdad, la vida sexual irá bien.
Por eso es un error decir que los novios deben conocerse sexualmente antes del matrimonio.
Dice Eduardo López Azpitarte, Catedrático en Granada, que no conoce ningún matrimonio con amor que haya fracasado en su vida sexual.
Los fracasos en la vida sexual suelen ocurrir cuando hay falta de armonía en el terreno psíquico, pues esto repercute en el terreno sexual.

La formalidad del matrimonio

Algunos dicen que si un chico y una chica se quieren para vivir matrimonialmente no necesitan ningún papeleo burocrático.
Eso es muy cómodo, pero no es serio.
En la vida todas las cosas serias se formalizan con un documento.
Si tú le prestas a un amigo un millón de pesetas, no te basta su palabra, por muy amigo tuyo que sea. Te quedas más tranquilo si te echa una firmita en un papelito.

Pues el matrimonio es una cosa muy seria, en la que se pone en juego la educación de unos hijos que necesitan un hogar, y eso no puede estar a merced de una pareja que no quiere comprometerse a vivir juntos, y por lo tanto en cualquier momento difícil, por los que necesariamente pasan todas las parejas, uno de los dos podría dejar al otro plantado y marcharse, a veces, precisamente en una edad en la que será muy difícil encontrar nueva pareja, y la soledad atormentará al otro todo el resto de su vida.
Además, el amor busca estabilidad. La institucionalización del amor en el matrimonio es algo constante a lo largo de la historia.
Aparte de que los hijos tienen derecho a un hogar estable indispensable para su educación.
Pero además, los niños pueden traumatizarse al darse cuenta del rechazo de los demás por su situación anómala.
Y si se casan después de tener el hijo, el trauma puede ser de alguno de la pareja hacia ese hijo que le ha obligado a casarse contra su voluntad.
Por eso la Iglesia no está de acuerdo con esas parejas que quieren vivir matrimonialmente, pero sin formalizar el matrimonio58.
Un mismo acto (coito), cambia de valoración moral si cambian las circunstancias (matrimonio) que pueden conceder un derecho que antes no se tenía. Los medios de comunicación nos invitan continuamente al sexo libre. Sin embargo «la sexualidad “desconectada” del amor y de los sentimientos rebaja y envilece a la persona, y conduce a la neurosis»59.
Hay cuatro tipos de amor:
a) Amor entre padres e hijos.
b) Amor entre hombre y mujer.
c) Amor entre amigos.
d) Amor espiritual.
La base de la felicidad matrimonial está en el amor espiritual entre ambos cónyuges. Éste es perdurable, el que no hastía nunca. Y cuanto más pongas de carnal en tu cariño, menos sitio dejas para lo espiritual. Unas relaciones en las que hay concesiones a la concupiscencia, se rebajan, pierden elevación y espiritualidad, es decir, pierden fortaleza en su vínculo fundamental.

En cambio, cuando el instinto es frenado por la virtud, una aureola de elevación ilumina ese cariño, y un autodominio y mutuo respeto fortalece el vínculo que va a unirlos para toda la vida.

Cuando se da este amor espiritual, el noviazgo es un tiempo de mutua educación: él se hace más puro, deja ciertos amigos, etc., por darle gusto a ella; y ella viste con más decencia, vence más su genio y sus caprichos, etc., por darle gusto a él. Pero cuando el amor del noviazgo está basado sobre la carne y el instinto, ese amor es egoísta, busca sólo su propia satisfacción. El egoísmo adquirirá en el matrimonio proporciones insospechadas. «El amor no puede limitarse a una utilidad placentera que busca su propio provecho».
Alegría es la satisfacción por haber alcanzado un deseo. Es saborear algo bueno que esperábamos. La alegría está sobre el placer. El placer está en los sentidos, y la alegría en el alma. La alegría es el camino hacia la felicidad. La alegría es causa de optimismo, satisfacción y regocijo. La alegría enriquece interiormente y hace que la vida merezca la pena de ser vivida.
La felicidad se lleva en el alma.

Victor Frankl, fallecido en Viena, a los 92 años, el 2 de Septiembre de 1997, padre de la logoterapia, la «tercera escuela vienesa de psicoterapia», según la cual la motivación psicológica primaria del hombre es la búsqueda del significado de la vida61, en su obra El hombre en busca de sentido dice:
«La felicidad no se puede buscar nunca directamente. Sólo puede venir como consecuencia de haber entregado lo mejor de nosotros mismos por una causa noble».

Dice el Dr. Rodríguez Delgado, que no es lo mismo placer que felicidad. El placer está en los sentidos. La felicidad en el alma.
El amor tiene dos vertientes, el cariño, que es amor del alma, y el deseo que es amor del cuerpo. El cariño está hecho de ternura, admiración, respeto, etc.
El deseo trata de poseer el cuerpo del otro, culminando en la unión sexual.

La diferencia entre amor y deseo está en que el amor se siente atraído por las virtudes de la persona, y el deseo por la belleza corporal.
«El amor es más espiritual, va más dirigido a la belleza del alma.
»Va surgiendo poco a poco con el trato de la persona querida.
»El deseo brota más explosivamente.
»Va dirigido al atractivo corporal.
«Es más violento, busca expresarse en abrazos y besos frenéticos, que son maneras de tratar de poseer el cuerpo del otro.
»Son conatos de la unión sexual.
»El deseo nace del cuerpo. Se siente en el cuerpo, se dirige al cuerpo del otro.
»El amor es menos explosivo y violento. Es más profundo, más satisfactorio. Más reconfortante. Está hecho de ternura, admiración, respeto e identificación con la persona querida.
«Hoy se habla mucho de sexo y poco de amor».

A veces se dan solteros, ya mayorcetes, que han encontrado una pareja con quien hacer vida sexual, y no quieren atarse con el matrimonio.
Son unos egoístas que buscan sólo su propia satisfacción, incapaces de amar a nadie, y por lo tanto incapaces de hacer feliz a nadie.
Sólo se quieren a sí mismos, y a la larga es inaguantable convivir con ellos.
Quienes de solteros quisieron siempre satisfacer sus caprichos, llegan al matrimonio con un alma ferozmente egoísta y un cuerpo ávido de placeres. Como es natural el matrimonio no puede darles todo lo que ellos quieren, y su falta de sentido cristiano les hace infelices incluso en esta vida. El resultado de esto son los fracasos matrimoniales que vemos por todas partes.
Muchos se quejan de su matrimonio cuando ya no hay remedio, porque un vínculo indisoluble los ata para toda la vida. Pero pocos caen en la cuenta de que su fracaso matrimonial se debe a que tomaron el noviazgo como una diversión, y contrajeron el matrimonio a la ligera, con frivolidad y sensualidad.

Obstáculos para el verdadero amor

Muchos fracasos matrimoniales, muchos matrimonios desgraciados se deben a haber tenido un falso concepto del amor.
El cine, las novelas, las canciones de la radio y los seriales están llenos de ideas paganas sobre el amor. Quien bebe en esas fuentes, es natural que sienta los efectos del veneno.
El matrimonio es una cosa muy seria, y como todas las cosas serias, requiere su preparación adecuada.
La frivolidad, la ligereza, la pasión y el jugar al amor han matado el verdadero amor.
Los chicos y las chicas se gustan por el atractivo físico, por el instinto sexual, por la satisfacción que el otro les produce a sí mismos.
Y esto es egoísmo, no es amor. Y el egoísmo es caprichoso, voluble, pasajero.
Estos amores apasionados y egoístas no pueden dar una felicidad estable.
Pronto se cansan y ansían cambiar de objeto.
Los objetos no se aman. Se utilizan para uno, y luego se tiran o se arrumban.
Una chica que no se hace respetar se rebaja a ser un juguete. Y los juguetes duran más o menos, pero terminan arrumbados y olvidados.
Me escribía una chica:
«Padre, es un asco. Todos los chicos vienen a lo mismo. Si no te dejas, no les interesas».
El dejarse instrumentalizar por temor al abandono es un disparate, pues quien instrumentaliza no ama, y quien no ama terminará abandonando. Para algunos chicos, las chicas son como esos objetos que llevan una etiqueta que dice: «Tírese después de usarla».
El amor es otra cosa. El amor es dar. Es enriquecer, dignificar, ennoblecer a la persona amada. Nunca gozarla para sí mismo. Eso es egoísmo.
Y el egoísmo es la muerte del amor, mientras que el sacrificio es la verdadera prueba del amor.
Cuando los novios se han templado en el sacrificio por el bien del otro, el matrimonio será una delicia.

Pero si lo que han hecho de novios es fomentar su egoísmo, es lógico
que su matrimonio sea un fracaso.

Conceptos del amor

Ya dijo Aristóteles que «amar es buscar el bien de la persona amada»

Santo Tomás de Aquino dijo: «Amar es desear el bien de alguien».

Y Sócrates que «el amor es darse».

Jean Guitton aprendió de niño estos versos que expresan la misma idea:

«Por tu felicidad, daría la mía.
Aunque nunca tuvieras que saberlo.
Con tal de oír alguna vez en la distancia
la risa de la dicha, nacida de mi sacrificio».
«El amor, al contrario que el dinero,
cuanto más se da, más se tiene;
cuanto más generoso, es más grande y más hermoso.

Amor,
no es buscar ser comprendido, sino comprender;
no es buscar ser perdonado, sino perdonar;
no es buscar ser alegrado, sino alegrar;
no es buscar ser amado, sino amar.
Amar,
es saber sacrificarse, hasta estrujarse el corazón
por la felicidad de la persona amada.
Si no quieres sufrir, no ames;
pero, si no amas, ¿para qué quieres vivir?».
El ser humano es persona, no es cosa.

El amor integra el respeto a la persona, o no es amor, aunque haya manifestaciones eróticas; pues el amor no consiste en la excitación de los sentidos. El auténtico amor no se dirige sólo al cuerpo, sino a toda la
persona.
«El amor es un don en sí mismo y no es posible entregarse a medias.
El amor es total, o ya no es amor».
«El amor conyugal es un amor de totalidad. Siendo un amor total, tiene que ser un amor definitivo.
»Un amor total que tiene reservas en el tiempo, no puede ser un amor total...
»La totalidad del amor es indivisible...
»Por su propia esencia es fiel y exclusivo. Un amor total no puede ser compartido con varias personas»73.
En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir...
Dar es más satisfactorio, más dichoso, que recibir; amar, es más importante que ser amado.
Al amar, se siente la potencia de producir amor antes que la dependencia de recibir siendo amado-.
El amor infantil sigue el principio: «amo porque me aman».
El amor maduro obedece al principio: «me aman porque amo».
El amor inmaduro dice: «te amo porque te necesito»74.
La concupiscencia dice: «Te amo porque eres un bien para mí».
El auténtico amor dice: «Te amo porque deseo lo que es un bien para ti».
El «amor recíproco» no es el hartazgo de la concupiscencia de cada uno, que es una coincidencia de egoísmos.
«La reciprocidad verdadera no puede nacer de dos egoísmos sino que ha de suponer necesariamente el altruismo de cada uno».
«Amar es darse y darse significa limitar su libertad en provecho de otro. La limitación de la libertad podría ser en sí misma algo negativo y desagradable, pero el amor hace que por el contrario, sea positiva, alegre y creadora. La libertad está hecha para el amor...
»El hombre desea el amor más que la libertad: la libertad es un medio, el amor es un fin».
El único amor perdurable, el que da una felicidad creciente al paso del tiempo, el único amor que da la máxima felicidad posible en este mundo, es el amor que por encima de la satisfacción propia busca el bien de la persona amada, aunque para ello tenga que renunciar a sus propias apetencias.
Amor que se busca a sí mismo, fracasa irremediablemente.
El amor eleva, la pasión envilece.
El amor que busca el bien de la persona amada, llegará a encontrar la verdadera dicha.
La experiencia de la vida confirma la verdad de todo esto.
Por eso vale tan poco enamorarse del cuerpo, que es amor sexual. Y en cambio, hay tantas garantías de éxito en el amor del alma, que es espiritual.
Si lo que buscas, en lo que llamas amor, es saciar tu sed, no amas, desengáñate.
Si lo que buscas es servir, ennoblecer, perfeccionar a la persona amada, felicítate: has encontrado el camino del verdadero amor.
Y cuanto más haya de esto, más feliz te hará ese amor.
Considera despacio estas ideas:
-Si te extasías ante su belleza..., eso sólo no es amor: es admiración.
-Si sientes palpitar tu corazón en su presencia..., eso sólo no es amor: es sensibilidad.
- Si ansías una caricia, un beso, un abrazo, poseer de alguna manera su cuerpo...,eso sólo no es amor: es sensualidad.
-Pero si lo que deseas es su bien, aun a costa de tu sacrificio..., enhorabuena: has encontrado el verdadero amor76.
No es lo mismo amar a una persona para hacerla feliz a ella, que amarla para que ella, con su amor, nos haga felices a nosotros. Esto segundo es egoísmo.
Con todo hay que tener en cuenta que uno puede sacrificarse no sólo por amor, sino también por deseo.

Se pueden hacer grandes sacrificios para obtener cosas: un automóvil, una prenda de vestir, etc.; y las cosas no se aman. Sólo se desean. Y cuando se consiguen se cambian por otra cosa mejor, más buena o más moderna.


Falso concepto del amor
«Bajo el nombre de amor circula una mercancía que es su negación y caricatura. Lo grave es que se está vilipendiando el amor verdadero por parte de todos esos falsarios de la sexualidad humana.
»Lo grave es que a fuerza de presentar una imagen deformada de la sexualidad, se compromete su valor como ser humano»78.
El sexo normal ya no atrae; se está echando mano a extravagancias y perversiones. Están en venta el sadismo y el masoquismo, y, junto a ellos, la homosexualidad masculina y femenina, y todo lo demás.
Se presentan nuevas formas de cohabitación del hombre y de la mujer, como el sexo en grupo, el cambio de parejas, etc. Pero también de estas  novedades se irá cansando el consumidor.
El ambiente hedonista que nos invade se ríe del amor desinteresado.
Sólo le interesa buscar gratificaciones placenteras.
No tiene más horizonte que saciar los instintos.
No admite otro valor que lo agradable.
Éste es el círculo angosto, asfixiante, del erotismo. Aunque, por fortuna, son muchos los ejemplos de un amor generoso, libre de la tiranía del egoísmo y del reduccionismo envilecedor.
«Erotismo es la separación de la sexualidad del amor conyugal con el fin de procurar gratificaciones placenteras».
«La mera explicación de cómo se obtienen sensaciones placenteras ya constituye, de hecho, una incitación al mero erotismo. No forma para el amor, deforma. Lanza por una vía contraria al verdadero amor».
La caricia erótica acaricia el cuerpo, la caricia amorosa acaricia el alma.

«No convirtamos el amor en algo biológico: “Yo quiero porque siento. Dejo de sentir, dejo de querer”.
»Esto no es verdad (...)
»Los sentimientos, con el tiempo, van decreciendo.
»Lo mismo el dolor por la muerte de una madre que la ilusión de los enamorados. (...)
»Pero el amor no es lo mismo que el sentimiento. (...)
»Uno no puede poner el amor, que es lo más importante en la vida de una persona, en manos de una cosa que yo no puedo dominar, como es el sentimiento.
»El amor está en algo que yo domino: la voluntad. Yo quiero porque quiero querer, porque quiero seguir queriendo.
»Esto sí está en mis manos, aunque no sienta nada».
Una madre junto al lecho de su hijo enfermo puede no sentir nada placentero, pero evidentemente que está amando a su hijo.
«El secreto está en entregarse. Cuanto más se entrega uno, más quiere. Las cosas a las que uno se entrega, se termina queriéndolas».
El hombre, por ser sensible, siente atracción hacia los estímulos gratificantes.
Y esto es para él un valor. Pero como al mismo tiempo es espiritual, no puede tener como meta el disfrutar de los estímulos sensibles placenteros. Para él son superiores la verdad y el bien. Orientar su vida según una auténtica jerarquía de valores le hace madurar como persona humana y le otorga paz y felicidad.
Dijo el Dr. Enrique Rojas, Médico-Psiquiatra, en el Blanco y
Negro del 8 de noviembre de 1998:
«La sexualidad desconectada del amor conduce a lo neurótico.
(...) Hoy estamos asistiendo a una verdadera idolatría del sexo. (...)La sexualidad no es algo puramente biológico, un placer del cuerpo, sino que mira a lo más íntimo de la persona. De ahí que deba estar envuelta por el amor. (...) No tener principios es demoledor».
«Un hombre no puede ser feliz cuando se realiza a medias.

»Cuando se queda por el camino presa de atractivos efímeros.
»El ser humano se realiza cabalmente cuando pone todas sus potencias al servicio de la realización de las posibilidades más valiosas»
«El hombre debe elegir en cada momento no lo más apetecible, sino lo más conveniente para su desarrollo personal»87.
«Lo agradable es un valor. Pero colocar lo agradable en la cima de la escala de valores es hedonismo, que toma como ideal de la vida acumular gratificaciones fáciles y sensaciones placenteras».
«Haber perdido el sentido del sacrificio debe ser calificado como una de las mayores calamidades del siglo XX. Desde hace dos siglos se viene interpretando todo sacrificio como una represión y una amputación del verdadero ser del hombre. Es éste un error que puede destruir de raíz nuestra vida personal. (...). Conceder la primacía a los valores más elevados constituye el núcleo de la virtud humana de la responsabilidad. (...).
La voluntad al servicio de un ideal valioso adquiere una energía indomable (...). El mayor empeño de nuestra existencia debe ser realizarnos como persona humana».





¿Experimentar antes de casarse?

Hay quien dice que son convenientes las experiencias sexuales antes del matrimonio. Dicen que conviene entrenarse antes de la boda. Esto es falso. Las relaciones sexuales prematrimoniales están prohibidas por Dios, por lo tanto ni son necesarias, ni convenientes, ni lícitas.
Dijo el Dr. López Ibor: «Las relaciones sexuales prematrimoniales no son necesarias para la futura armonía matrimonial»1.
Si estas experiencias fueran buenas, Dios no las prohibiría. Si las prohíbe es porque no son necesarias.
Se llama fornicación « la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos.
»Las relaciones sexuales prematrimoniales están mal en sí mismas, y, si bien, no puede negarse que los novios se amen, sí puede afirmarse que la relación sexual no es una manifestación auténtica del amor en esa etapa de sus vidas.
» ¿Por qué? Fundamentalmente porque la "relación sexual" es la manifestación plena y exclusiva de la conyugalidad (la "conyugalidad" es la unión física, psíquica y espiritual entre personas de distinto sexo unidas en matrimonio indisoluble), y los novios carecen de la conyugalidad aunque se ordenen a ella y se estén preparando para ella. La relación sexual es la manifestación plena del amor conyugal, porque es en ella donde los esposos alcanzan la máxima unión física y, a través de ella, fomentan la máxima unidad afectiva y espiritual. Allí son "una sola carne" y mediante este acto también "un solo espíritu". Pero es también la manifestación exclusiva de la conyugalidad porque sólo dentro del matrimonio es lícito realizar la sexualidad.

»Ahora bien, la donación entre los esposos es total cuando incluye: todo cuanto se tiene (cuerpo, alma, afectividad, presente y futuro); y de modo exclusivo (es decir, a una sola persona con exclusión de todas las demás)»

Lo normal es que los matrimonios aprendan el ejercicio de la vida sexual después de la boda. Poco a poco. No es necesario precipitarse. Ni conveniente. Nada tiene de particular que al principio no salga todo a la perfección. Es más, quien desde el primer día demuestra mucha experiencia sexual, no puede causar buena impresión al otro.

Algunos dicen:
- Nos queremos y vamos a casarnos. Si no estamos ya casados, no es por culpa nuestra, sino por las circunstancias. ¿Por qué no vamos a poder hacer lo que nos pide nuestro amor?
- Porque les falta el sacramento que les da ese derecho.
Yo antes de ordenarme sacerdote también deseaba decir misa, pero no pude hacerlo hasta recibir el sacramento que me daba facultades para hacerlo. Y si lo hubiera hecho antes, hubiera sido ilícito e inválido.
Las relaciones sexuales prematrimoniales son una anticipación indebida.
Como si un seminarista se mete en un confesonario a oír confesiones antes de ser ordenado sacerdote.
La unión sexual entre un hombre y una mujer es la mayor entrega mutua que pueden darse.
Esto supone un compromiso de estabilidad que sólo se da después de la boda. Por supuesto que no se da en las efímeras uniones sexuales de la promiscuidad; pero incluso los novios todavía no han adquirido un compromiso tan serio como el que da el sacramento del matrimonio.
Si no es lícito el coito entre los solteros, tampoco lo son aquellos actos que lleven a él. Los solteros deben evitar todos los actos que pongan en marcha el aparato genital.
Esto es derecho exclusivo de personas casadas. Y es absurdo pretender detener una traca. Es mucho más fácil no encenderla.
El ambiente erotizado que nos ha tocado vivir, y la machacona repetición de que es necesaria la liberación sexual, ha lanzado a muchos jóvenes al libertinaje sexual de funestas consecuencias para ellos mismos.
Unos dicen que no hay que reprimirse sexualmente, dando un sentido peyorativo al dominio propio.
Sin embargo, el poder dominar los instintos es lo específico del hombre.
Cuanto más nos dominamos, más hombres; cuantos menos, más animales.
Y convertir al hombre en animal es degradarle.
Hoy algunos quieren presentar como natural toda clase de excesos sexuales. A veces se pone la etiqueta peyorativa de «represión sexual» al dominio del sexo, diciendo que es antinatural y causa de males para la salud.

Sin embargo la verdad es todo lo contrario.
La historia confirma que la «degeneración sexual ha sido el preámbulo de una generalizada degeneración social unida a graves atentados a la libertad y a la justicia».
Otros dicen que el bien y el mal dependen de la conciencia de cada uno.
Eso es falso, pues todos tenemos obligación de ajustar nuestra conciencia a la verdad objetiva.
Lo mismo en moral que en todo lo demás: valor del número _, fórmula del agua, distancia de la Tierra a la Luna, etc. No es lo que a mí me parezca. Es lo que es objetivamente. No basta ser sincero para estar en la verdad. Se puede estar sinceramente equivocado. El pensamiento subjetivo debe estar de acuerdo con la verdad objetiva.
Eso de que la libertad sexual hace a los jóvenes más maduros es una mentira. Los hacen más animales y más esclavos de la lujuria.
Dice Tony Anatrella, psicoanalista y Profesor de Psicología Clínica:
«Las experiencias sexuales no facilitan la madurez, al contrario, frecuentemente, la retrasan»5.
El libertinaje sexual «es un síntoma de inmadurez personal y desequilibrio sexual».
Las experiencias sexuales prematrimoniales causan frustraciones psicológicas. Un joven puede estar maduro genitalmente pero no psicológicamente.
Y el sexo necesita el complemento psicológico para el ejercicio de forma natural, en condiciones normales.
La actividad sexual prematura retrasa su madurez afectiva y esto lo marca para el futuro.
«Las experiencias sexuales precoces impiden la verdadera virilidad y feminidad falseando la conciencia sexual y el amor. Reducir el sexo y el amor a la genitalidad es empobrecerlo».
El gran sexólogo español Dr. Gregorio Marañón, el único español que ha pertenecido a cinco Reales Academias Españolas, afirmaba que el mujeriego es un feminoide.

La maduración sexual masculina hace al hombre monógamo: hombre de una sola mujer.
El mujeriego es que no ha alcanzado la cumbre de la virilidad.
Y si es un play boy, es un «niño juguete» de las mujeres, dice el Dr.
José Botella.
Además, las relaciones sexuales prematrimoniales son inútiles. No garantizan el éxito en el matrimonio.
Porque el matrimonio es mucho más que armonía sexual.
La prueba es que la mayoría de los matrimonios fracasados que acuden al psiquiatra han tenido relaciones sexuales antes de casarse.
Así se lo oí decir a un psiquiatra por Radio Nacional de España en el programa Protagonistas Nosotros.
Y el 9 de marzo de 1978 a las diez y media de la mañana le oí decir en el mismo programa a D. Carlos Soler, del Tribunal de Causas
Matrimoniales de Barcelona, que la gran mayoría de los matrimonios fracasados que acuden a los tribunales para deshacer su matrimonio (algunos antes del año de casados) habían practicado relaciones sexuales antes de casarse. Luego esto de nada les sirvió.

«Un estudio llevado a cabo por sociólogos de la Universidad de
Wisconsin (EE.UU) sobre una muestra de 13.000 individuos de ambos sexos, ha puesto de manifiesto que las parejas que tuvieron relaciones sexuales antes del matrimonio fracasaron como cónyuges en un número muy superior al de las parejas que no las tuvieron».

Las relaciones sexuales prematrimoniales no son garantía de futuro.
Dice gráficamente José María Contreras, biólogo dedicado a las relaciones humanas: «El hombre, cuando ha conseguido todo lo que quiere de una mujer, mira para otro lado».
Aunque en las películas vemos continuamente parejas que hacen el coito y no pasa nada, eso es propio de las películas; pero en la vida real, claro que pasa.
Si no quieres el embarazo no hagas el coito.
Creer que nunca va a pasar nada es una tontería.

Al que le divierte adelantar en los cambios de rasante pensando que no va a pasar nada, terminará en el cementerio.
En las películas nunca pasa nada, pero en la vida real, sí. Además, esas experiencias sexuales prematrimoniales son totalmente inhibitorias.
El miedo al embarazo y el remordimiento es lógico que produzcan una inhibición que convierte ese acto en algo totalmente distinto de la máxima entrega realizada por amor dentro del matrimonio, con todo derecho e incluso como acto de virtud. La alegría de la tranquilidad de conciencia sublima la felicidad de los actos humanos.

Dice el psico-pedagogo Bernabé Tierno: «Piensan muchas parejas que por hacer el amor de una manera más o menos satisfactoria ya están preparados para el matrimonio, lo cual es un error manifiesto. (...) Las condiciones internas y externas antes del matrimonio son muy distintas de las que se verifican dentro de él»
La moral católica ha reconocido tradicionalmente el «estado de noviazgo» como una condición especial en la que se legitiman ciertos comportamientos que se considerarían desordenados fuera de una perspectiva conyugal.
En todo caso el uso genital del sexo será considerado siempre como derecho exclusivo de los esposos: es un «uso matrimonial».
El uso deliberado de la facultad generativa está prohibido a los solteros.
«El uso de la función sexual, tiene su rectitud moral sólo en el matrimonio legítimo», dijo el Concilio Vaticano II.
Dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: «El acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste, constituye siempre un pecado grave, y excluye de la comunión sacramental». La relación sexual es la máxima unión física, exclusiva de la conyugalidad, que sólo se da dentro del matrimonio, que supone un compromiso definitivo de donación total y exclusiva, es decir, a una sola persona con exclusión de todas las demás.
Fuera del matrimonio no se da ese compromiso total, definitivo y exclusivo.

El uso del aparato genital es derecho exclusivo de casados16, porque sólo ellos pueden responder a las responsabilidades que su uso lleva consigo. Engendrar hijos es lo más grande que se puede hacer en la vida. Por eso convertir la sexualidad en un juego, es un crimen. Es degradar la misión más sublime del hombre. «Puede haber atenuantes para ciertos casos o situaciones especialmente difíciles. Sin embargo, fijándonos en el Evangelio, no pueden justificarse como normales las relaciones prematrimoniales».
«Debe tenerse presente la distinción entre «gravedad objetiva» y «responsabilidad subjetiva».
Es un principio general que, para valorar la responsabilidad subjetiva de una acción es necesario tener en cuenta todas las circunstancias atenuantes con las que se encuentra el sujeto que la realiza».
Lo que llena el corazón del hombre es el amor.
¡Qué abismo tan grande entre lo que da una prostituta y lo que da la esposa amada!
La sexualidad sin amor no puede ser satisfactoria.
La experiencia de la vida demuestra que la unión sexual pasajera es mucho menos satisfactoria que la que realiza una pareja estable que se ama.
La libertad sexual, la unión sexual episódica, al principio puede ser gratificante, pero a la larga deja el alma triste.
Por eso quienes van de cuerpo en cuerpo buscando ese tipo de satisfacciones es lógico que terminen hartos de todo, sin ilusión por nada,  cansados de vivir, incapaces de amar y resignados a no encontrar esa felicidad duradera con la que toda persona sueña.
¿Cómo va a ser lo mismo un amor auténtico que un «amante de quita y pon» al que se le coloca la etiqueta de «tírese después de usado»?. La continencia en el noviazgo es un camino espléndido de maduración.
Es absolutamente necesario para la felicidad del matrimonio que las personas se demuestren en la práctica que la necesidad de poseerse mutuamente queda subordinada a la presencia del amor.

Si porque se ama a una persona resulta imposible prescindir de la entrega corporal, existen motivos para preguntarse si el predominio pertenece al cariño o la sexo.
El que no es capaz de amar en la continencia, no hay por qué creer que podrá hacerlo en el encuentro matrimonial.
Decir, como a veces sucede, «si me amas tienes que entregarme tu cuerpo» es una forma sutil de chantaje. La solicitación sexual no es amor.
«Si una pareja quiere usar el acto sexual para saber si se aman, hay que decirles: “necesitar esta prueba de amor, significa falta de amor”».
El ser humano es persona, no cosa.
El amor integra el respeto a la persona, o no es amor; aunque haya manifestaciones eróticas.
Pues el amor no consiste en la excitación de los sentidos.
El auténtico amor no se dirige sólo al cuerpo, sino a toda la persona.
El dejarse llevar de las energías incontroladas de las pulsiones instintivas es propio de los animales. Como dijo Julián Marías «muchos sexólogos se limitan a ser zoólogos».
Reducir el amor al placer genital es degradarlo.
El amor es ante todo unión de almas y corazones. El sexo puede entrar en el amor, pero no es esencial, ni lo más importante.
«No es lo mismo avidez erótica que amor personal; satisfacer un instinto que amor de entrega a una persona.
»Desear saciar una pulsión instintiva con una persona es instrumentalizarla, no amarla».
Quien se deja esclavizar del apetito sexual se degrada, se envilece, termina por incapacitarse para amar.
A fuerza de instrumentalizar al otro buscando sólo su egoísta satisfacción, termina por no poder amar a nadie. Ni siquiera a una persona excepcional de la cual desearía enamorarse con toda su alma; pero que ya no puede, porque se le ha secado el corazón.
Las aventuras sexuales de las que ha disfrutado sin freno le han incapacitado para la mayor felicidad natural que hay en el mundo, que es el amor de un matrimonio y de unos hijos que dan a la persona ilusión para la vida.

La sed de placer sexual deja defraudado. Esta decepción va minando la psicología, produciendo un hastío de la vida, que llega a perder la ilusión por vivir.
Algunos para justificar su conducta repiten que el coito es una cosa natural, que lo hacen todas las parejas que se quieren.
Esto es mentira. Las parejas que se quieren y respetan la moral católica, no lo hacen. Y por otra parte lo hacen muchas parejas que no se quieren, sino que lo hacen sólo por apetito y vicio.
Y la felicidad del hombre no puede reducirse a sensaciones placenteras corporales, que son de orden animal. Lo específico del hombre es lo espiritual.
Por eso el hombre goza y sufre más con lo espiritual que con lo material.
Si te abofetean en mitad de la calle, te duele más lo que el bofetón tiene de humillación que el dolor que te produce en la cara.
Así, el amor espiritual hace mucho más feliz que el goce de sensaciones corporales.
No es lo mismo placer que felicidad. El Dr. Rodríguez Delgado,
Neurobiólogo, veintidós años Profesor en la Universidad norteamericana de
Yale, y desde 1972 al frente del Departamento de Investigación del Ramón y Cajal, y que dirige el Centro de Estudios Neurobiológicos, dice que no es lo mismo placer que felicidad. El placer está en los sentidos. Es algo común en los animales. La felicidad es algo muy diferente.
El placer es un goce sensitivo y la felicidad un goce espiritual.
El placer es goce a nivel animal. La felicidad es goce a nivel humano.
Al hombre no le basta lo animal. Se puede ser muy feliz prescindiendo de goces físicos, y se puede disfrutar de muchos goces físicos y sentir un gran vacío en el alma.
La persona humana no puede prescindir del espíritu para ser feliz.
El amor verdadero eleva al hombre.
La sexualidad sin amor lo degrada.
En eso están de acuerdo todos los que no tengan intereses en la pornografía.
Erich Fromm que ha analizado científicamente, quizás como nadie en nuestro tiempo, la problemática del sexo, afirma:
«Hechos clínicos obvios muestran que los hombres y mujeres que
dedican su vida a la satisfacción sexual sin restricciones, no son felices, y a
menudo sufren graves síntomas y conflictos neuróticos».
Obsesionados por la propaganda pornográfica se dan casos de
auténticos maníacos sexuales, que en su deseo de experimentar nuevas y
mayores sensaciones placenteras llegan a aberraciones tales como hacerlo
entre tres simultáneamente, lo cual es una total ausencia de amor,
sustituyéndolo por el goce de sensaciones epidérmicas.
El amor no está en la piel.
Es imposible que quien degrada de este modo la esencia del hombre pueda encontrarse realizado en la vida.
El hombre no se realiza degradándose.
Hay adultos lujuriosos y malvados que disfrutan pervirtiendo a adolescentes, enseñándoles y animándoles a prácticas lujuriosas.
Los que se dejan engañar, es posible que algún día lloren por verse esclavizados de un vicio que les obsesiona.
¡Cuánto más felices y tranquilos viven los que se encuentran libres de esta obsesión!
Es frecuente encontrarse jóvenes que han vivido tan aprisa que han quemado sus vidas y han llegado a viejos antes de dejar de ser jóvenes.
Viven sin ilusión por nada, porque ya lo han probado todo, y todo les aburre, les cansa; viven tristes, entregados al alcohol, a las drogas, a la holgazanería. Hartos de todo se han quedado secos por falta de espíritu.
«Las experiencias sexuales precoces e ilegítimas impiden al adolescente madurar en su normal personalidad psicológica, ética y social, inficionándola a base de materialismo escéptico y hedonismo irresponsable».
El mismo Freud reconoce que el libertinaje sexual es la muerte del amor:
«La libertad sexual ilimitada no conduce a mejores resultados.
»Nada cuesta comprobar que el valor psíquico de la necesidad sexual desciende desde el momento en que la satisfacción resulta fácil.
»Para que la libido crezca hacen falta obstáculos...

»En las épocas en que la satisfacción amorosa no ha encontrado dificultades, el amor ha perdido todo valor, la vida se ha vuelto vacía, y han hecho falta fuertes reacciones para restablecer los valores afectivos indispensables.
»Desde este punto de vista cabe afirmar que el ascetismo cristiano ha creado para el amor todo un conjunto de valores psíquicos que la antigüedad pagana no había sabido conferirle».
Desgraciadamente el psicoanálisis no fue bien asimilado y arrastró a muchos al desenfreno sexual.
Se confundió el autodominio y la castidad con la represión.
Queriendo evitar los peligros de ésta y librarse de los viejos tabúes, cayó el hombre moderno en mayor libertinaje.
No te impresiones con los que confunden la virilidad con la bestialidad. El valor del hombre se mide por el carácter y la fuerza de voluntad; pero no por el instinto sexual, como los sementales de una ganadería.
El célebre doctor español, D. Gregorio Marañón, especialista en estas cuestiones, habla de «la necesidad de decir a los jóvenes, y de que sean los médicos y no los curas los que se lo digan, que la castidad no sólo no es perjudicial a la salud, sino un ahorro de la vitalidad futura; y que la condición de hombre no se mide por el garbo con que se ejecuta el acto sexual. Por el contrario, si hay una virtud específica de esa condición de hombre, es la virtud de la renunciación».
El autodominio, la fuerza de voluntad, el saber dominarse, es lo característico del hombre.
El no dominarse es lo característico del animal.
El animal sigue invariablemente el más fuerte de los estímulos que atraen su instinto.
El hombre puede dominar su instinto con la voluntad.
El que hace sólo lo que le apetece, obra como un animal.
El que hace lo que debe hacer, le apetezca o no, obra como un hombre.
Cuanto más hombre, más se domina. Cuanto menos se domina, más animal.

Añade el doctor Marañón que el mujeriego es un feminoide.
Su afán de conquistar mujeres es para hacer alarde de su virilidad, por tener complejo de inferioridad varonil.
Quiere compensar su autoconciencia de deficiente masculinidad con conquistas femeninas para demostrarse a sí mismo y a los demás que es de verdad un hombre.
Por eso pierde interés por la mujer conquistada. Quiere nuevas conquistas, que supongan nuevos éxitos.
Y lo mismo le pasa a algunas mujeres que se ponen frívolas, coquetas, seductoras para autoconvencerse de que despiertan atractivo en los hombres, y cuando alguno, seducido, pretende entrar a fondo, ella le da un corte: «¿Te has creído que soy una cualquiera?, ¡Soy una mujer decente!», etc. etc. Le bastó autodemostrarse que es deseable. No pretendía llegar a más.
En ambos casos se utiliza a la otra persona para autoafirmarse uno mismo.
Es un disparate y una injuria a Dios decir que el hombre no puede dominar su pasión y que por lo tanto debe desahogarla cuando le apetezca.
Si Dios nos manda reprimir la lujuria, es porque esto es posible; si no, Dios sería cruel al mandarnos un imposible.
Dice San Agustín: «Dios no manda imposibles, sino que te manda que hagas lo que puedas y le pidas lo que no puedas, que Él te ayudará para que puedas».
Pero además, importantes Congresos Internacionales de Medicina han manifestado que la castidad no sólo es posible, sino también muy buena para la salud.
Algunos dicen que la masturbación y la libertad sexual son buenas.
Pero esto sólo lo pueden decir aquellos para quienes el sexo es un producto de consumo, dada su concepción hedonista de la vida, totalmente al margen de la ley de Dios.
Pero Dios no puede prohibir lo que es bueno ni mandar lo que es malo.

Por eso los psicólogos, en su mayor parte, afirman que el autodominio propio, motivado por un ideal, es beneficioso para la maduración de la persona humana. Nadie se pone enfermo por ser casto. En cambio son muchas las enfermedades producidas por la lujuria. La prueba es que ningún médico pone en su puerta una placa que diga: «Especialista en enfermedades de la castidad». En cambio muchos médicos tienen en su puerta una placa donde pone: «Especialista en enfermedades venéreas de transmisión sexual».
Y es que no existen enfermedades causadas por la castidad.

Por eso dice el Dr. Jorge Surbled, en su libro La moral en sus relaciones con la medicina y la higiene:
«Los males de la lujuria son conocidos, indiscutibles; mientras que los males de la castidad son supuestos e imaginarios.
»La prueba es que innumerables obras científicas y voluminosas se han consagrado a exponer los males de la lujuria; en cambio, jamás ha existido historiador para los males de la castidad».
Y el Doctor Houssay32: «No existen enfermedades ocasionadas por la castidad».
No son menos terminantes las afirmaciones del Dr. Juan Agustín Etchepareborda: «Considero que la castidad es posible y es asimismo inofensiva y aún beneficiosa para la salud del hombre tanto en su aspecto físico como en el síquico».
Dice el Dr. Juan José López Ibor, Catedrático de Psiquiatría de la
Facultad de Medicina de Madrid, Académico de la Real Academia
Nacional de Medicina y Presidente de la Federación Mundial de Psiquiatría: «Después de treinta años de experiencia médica, le diré que no conozco ningún caso de neurosis cuya causa sea la represión sexual».
Dice Kraff-Ebing en su libro Psicopatología sexual: «Muchos hombres, en cabal estado de salud y bien constituidos, pueden frenar sus propias pasiones sin resentirse lo más mínimo por esta continencia».

Hay mucha más información en el libro “Para salvarte” de Jorge Loring. Estos textos sobre el matrimonio fueron copiados para fines prácticos.
Y es que no existen enfermedades causadas por la castidad.

Por eso dice el Dr. Jorge Surbled, en su libro La moral en sus relaciones con la medicina y la higiene:
«Los males de la lujuria son conocidos, indiscutibles; mientras que los males de la castidad son supuestos e imaginarios.
»La prueba es que innumerables obras científicas y voluminosas se han consagrado a exponer los males de la lujuria; en cambio, jamás ha existido historiador para los males de la castidad».
Y el Doctor Houssay32: «No existen enfermedades ocasionadas por la castidad».
No son menos terminantes las afirmaciones del Dr. Juan Agustín Etchepareborda: «Considero que la castidad es posible y es asimismo inofensiva y aún beneficiosa para la salud del hombre tanto en su aspecto físico como en el síquico».
Dice el Dr. Juan José López Ibor, Catedrático de Psiquiatría de la
Facultad de Medicina de Madrid, Académico de la Real Academia
Nacional de Medicina y Presidente de la Federación Mundial de Psiquiatría: «Después de treinta años de experiencia médica, le diré que no conozco ningún caso de neurosis cuya causa sea la represión sexual».
Dice Kraff-Ebing en su libro Psicopatología sexual: «Muchos hombres, en cabal estado de salud y bien constituidos, pueden frenar sus propias pasiones sin resentirse lo más mínimo por esta continencia».


Hay mucha más información en el libro “Para salvarte” de Jorge Loring. Estos textos sobre el matrimonio fueron copiados para fines prácticos.

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