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domingo, 11 de marzo de 2012

Jesús es tentado por el Diablo

 (Lc 4,1; Mc 1,12) [1] El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, [2] y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre. [3] Entonces se le acercó el tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan.» [4] Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» [5] Después el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta de la muralla del Templo. [6] Y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues la Escritura dice: Dios dará ordenes a sus ángeles y
te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna.» [7] Jesús replicó: «Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios.» [8] A continuación lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y maravillas. [9] Y le dijo: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras.» [10] Jesús le dijo: «Aléjate, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, y a El solo servirás.» [11] Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle.(Mc 1,14; Lc 4,14)

 Explicación

Jesús es pues el Hijo de Dios, en el sentido que tenía la palabra en ese tiemop: acababa de ser consagrado como rey, profeta y salvador, y él lo sabe. ¿Pero cómo va a ser eso y cómo va a actuar Dios con respecto a ese Hijo? Esto es lo que va a ser cuestionado y se esclarecerá poco a poco. La prueba va a estar presente a lo largo de todo el ministerio de Jesús: sus adversarios le pedirán milagros, y sus propios discípulos le pedirán que se preocupe un poco más de sí mismo. Esa prueba permanente es la que el evangelio nos presenta aquí por medio de imagenes. Y pone de propósito esa tentación en el desierto y al comienzo, para decirnos que Jesús venció al espíritu del mal incluso antes de comenzar su misión.

Después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches. Ese período de tiempo de cuarenta días (que representa simbólicamente las cuarenta semanas que pasa el niño en el seno de su madre, y la preparación para un nuevo nacimiento) se encontró ya en la vida de Moisés y Elías: Ex 24,18 y 1Re 19,8. En un momento de total lucidez, cuando Jesús se sentía espiritualmente fortalecido por su ayuno, el diablo trató de convencerlo de que era imposible cumplir su misión por los medios que Dios le proponía.

Cosa extraña, el Evangelio nos presenta este encuentro entre Jesús y el tentador (esto quiere decir Diablo) como una discusión de maestros de Ley, basándose en textos bíblicos, sin duda para hacernos sentir que hasta los mismos textos bíblicos peuden engañarnos si nos falta el Espíritu de obediencia a Dios. Y también nos dan a entender que podemos vencer las tentaciones del demonio en nuestra consciencia por medio de la Verdad (la Única y Perfecta).

Las 3 tentaciones también nos recuerdan a las del pueblo hebreo en el desierto (Ex 16,2; Ex 17,1; Ex32). En las aguas de Meriba murmura contra Dios que lo lleva por un caminio difícil; luego, pone a prueba a Dios: "¿Podrá hacer algo por nosotros?" Y por último, cambia a Dios su gloria, por otro dios que se ha fabricado a su medida: el ternero de oro. Y Jesús responde citando 3 textos del Deuteronomio, un libro que se detiene largamente en las rebeliones del pueblo de Dios en el desierto. La perfecta obediencia del Hijo se opone a las infidelidades del pueblo.

Jesús sale vencedor de la prueba, pero después de él también la Iglesia deberá afrontar esas tentaciones. Puede ser tentada de satisfacer los deseos de los hombres en vez de ofrecerles la verdadera salvación. Jesús nos enseña a ser fuertes frente a las astucias del diablo, sirviéndonos igual que él de la palabra de Dios.

Jesús responde al diablo con una gran firmeza, pero a la vez una gran compasión y misericordia que delatan un gran amor por todos. Cumpliendo la palabra por Él dicha: amarás a tu enemigo, aunque tenga una total desaprobación por lo que este hace.

Se acercaron los ángeles... Después de rechazar su tentación, Jesús encuentra una plenitud. Su corazón limpio le da acceso al mundo espiritual que existe realmente tal y como los seres y las cosas que nos rodean, pero escapa a la mirada del hombre. Ahí siendo el Hijo, es rey entre los espíritus servidores de su Padre. (Heb 1)

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