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martes, 10 de enero de 2012

La alegría de amar: Libro sobre el amor verdadero, la pureza y la felicidad!! (Altamente recomendado)

La alegría de amar

CONTENIDO:

Primera Parte: La Castidad



  • El verdadero amor. La sexualidad






  • Educación sexual. Pureza y castidad.






  • El pudor. El noviazgo. El matrimonio




  • Segunda Parte: La Impureza



  • Narcisismo. La pornografía.






  • La masturbación. La fornicación.







  • El adulterio. El aborto.







  • La homosexualidad. Ideología del género







  • Escándalos de sacerdotes







  • Tercera Parte: La Castidad Consagrada 





  • La castidad consagrada es posible.




  • La virginidad consagrada.



  • Los sacerdotes.




  • Entrega total






  • Cuarta Parte: La alegría de ser puros



  • Dios te perdona. Tú puedes.




  • Hombre nuevo. Hombre puro.




  • Alma pura. Ojos puros. 






  • Devoción a María. Mensaje a Nuestra Madre.



  • Vivir es un privilegio. Fuerza de voluntad.



  • No te rindas. Lucha contra corriente.



  • La pureza es alegría. La pureza es salud.



  • Para ser puro. Un hecho real.



  • Otros ejemplos. Carta de Lucy Vertrusc.



  • El poder de la pureza.



  • Oraciones. Un mensaje para ti.





  • Conclusión

    Bibliografía


    Autor: P. Ángel Peña O.A.R.


    Primera Parte: La Castidad

    En esta primera parte, intentaremos dar un enfoque positivo de la castidad y de cómo es posible vivirla, no solamente durante el noviazgo o el matrimonio, sino también en la vida consagrada, renunciando al matrimonio por Dios, como hacen los consagrados. Porque vale la pena dejarlo todo para amar, de verdad, a Dios y a los demás.

    Capítulo 1: El verdadero amor. La sexualidad


    EL VERDADERO AMOR

    Mucho se habla por todas partes del amor, pero mucha gente confunde el amor auténtico con el amor carnal, que sólo busca la satisfacción del cuerpo. El amor de verdad, es un amor que viene de Dios y es espiritual. El amor es un regalo de Dios. El amor es la vida de Dios dentro del alma. El que ama, quiere el bien de la persona amada y procura hacerla feliz. Por eso, es capaz de sufrir por ella. De ahí que la medida del amor es la capacidad de sufrir por la persona que amamos.

    ¿Cuánto eres capaz de sufrir por la persona que dices amar? ¿Eres capaz de hacer cualquier sacrificio por hacerla feliz? ¿O solamente piensas en ti mismo? Dios es la única fuente de todo auténtico amor y, quien está alejado de Él, estará hablando de amor sin amar de verdad y sin disfrutar la alegría del verdadero amor, porque amar es darse, es hacer feliz al otro. Amar es compartir, perdonar, agradecer, servir, sonreír...

    Dice san Pablo que “el amor es paciente y servicial. No es envidioso, no presume ni se engríe, no se irrita, no busca el propio interés, no se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es eterno” (1 Co 13,4-8). Esto quiere decir que el amor, que no está basado en la verdad, no es verdadero, y el amor que no es para siempre, no es auténtico.

    El amor brilla en las almas que viven con Dios, porque el amor es de Dios y pertenece a Él, que es Amor. San Agustín decía: “El que posee el amor, lo posee todo; a quien le falta, ni todos lo bienes, por grandes que sean, le servirán para ser feliz, porque no le pueden conducir a la vida eterna” (In Io Ev 32,8). Y decía: “Con las dos alas del amor a Dios y al prójimo emprendemos el vuelo. ¿A dónde sino a Dios, a quien subimos volando, porque subimos amando?” (En in ps 121,1). Por eso, san Agustín fue capaz de afirmar sin condiciones: “Ama y haz lo que quieras” (In ep Io ad Parth tr 7,7-8). Porque quien ama de verdad, debe tener a Dios en su corazón y, quien tiene a Dios, quiere el bien de su prójimo. Lo cual quiere decir que el que ama, siempre hará el bien y buscará la felicidad del ser amado, desinteresadamente. Y, en la medida en que el amor sea más puro y auténtico, será más de Dios, más espiritual y menos egoísta.

    Por tanto, el amor verdadero, no necesariamente se debe manifestar en expresiones corporales, aunque no las excluye, cuando son puras y limpias, especialmente dentro del matrimonio.

    Dice Cencini que, según san Agustín: “el amor pone orden, crea unidad, da un estilo, ejerce una presión, imprime una dirección en la vida y “dentro” de la persona. Es el orden, el estilo, la dirección del amor divino, del amor a la manera divina. Orden ideal, pero no imposible, ya que el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, comparte con Él la facultad de amar. A pesar de todo, es un orden dinámico, que hay que construir, no estático ni automático. Exige del hombre la fatiga constante de poner en línea con dicho centro vital las fuerzas centrífugas y las tendencias contrarias y todo amor particular de sí y de las cosas, que podría crear “desorden”. Agustín está consciente de esto y conoce muy bien el sentido de esta lucha. Pero este “ordo amoris” (orden en el amor) libera y realiza plenamente el amor humano”.1

    En conclusión, el amor auténtico viene de Dios y va a Dios. Y, aunque no existan manifestaciones corporales, amamos como hombres o mujeres, ya que nuestra sexualidad masculina o femenina abarca toda nuestra vida.

    Dios es amor (1 Jn 4,8).


    LA SEXUALIDAD

    La sexualidad es un don maravilloso, que Dios nos ha confiado, para realizarnos como personas, amando con pureza y sinceridad. Todos somos seres humanos sexuados. Somos hombres o mujeres. Y, como tales, tenemos una energía masculina o femenina, que abarca todos los aspectos de nuestra vida.

    Dios nos ha creado diferentes para enriquecernos y completarnos mutuamente. ¿Cómo sería el mundo, si sólo existieran hombres? ¿No sería demasiado violento y cerebral? ¿Y qué sería de un mundo sólo de mujeres? ¿No sería demasiado conservador y débil ante los retos de la vida y de la naturaleza?

    Por eso, Dios ha querido a ambos sexos en su plan creador. Cada sexo tiene sus notas peculiares. El hombre, con su fuerte actividad creadora, lleno de energía y voluntad firme. La mujer, con su amor y ternura que llena de cariño a todos los que la rodean. Su fuerza y su espíritu de lucha, no serán tan grandes como en el hombre, pero tiene mayor paciencia y perseverancia. Y Dios quiso que ambos pusieran sus cualidades al servicio de la familia. Dios quiere que exista el hombre y la mujer. Los dos sexos son necesarios y mutuamente se reclaman.

    La sexualidad es un modo de sentir y expresar y vivir el amor humano. Y dado que “el amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano” (Cat 2392), la sexualidad sólo adquiere verdadera calidad humana y auténtica madurez en la medida en que esté orientada y elevada hacia un verdadero y sincero amor y no necesariamente hacia la genitalidad.

    El sexo, ciertamente, es un hermoso regalo de Dios, que es bello en sí mismo. El sexo no tiene nada de sucio ni de manchado en sí. Dios no hace nada manchado, sino limpio y hermoso. Pero hay que cuidar bien este don de Dios y no desperdiciarlo, no ensuciarlo con vanos y alocados amores, que tienen de todo, menos de un verdadero y auténtico amor.

    Lamentablemente, para muchos el sexo se ha convertido en un mero pasatiempo. Los órganos sexuales son vistos por muchos como juguetes para divertirse y de ahí vienen tantos errores y vicios, que empobrecen la vida y dejan el corazón vacío, lejos de Dios. ¿Te imaginas a esos jóvenes que acuden frecuentemente a los prostíbulos, porque quieren ser más “hombres”? ¿Crees que son felices? ¿Los consideras libres y maduros?

    Mira, la sexualidad masculina y femenina lleva en su esencia la marca del amor. Los dos sexos son complementarios. Para ser felices debemos darnos a los otros con nuestra riqueza interior, es decir, hay que amar de verdad. Pareciera que, en la misma existencia de los sexos, está marcado el sentido de nuestra vida, que consiste en darnos a los demás como hombres y mujeres, como complementarios que somos. A este respecto, decía Amedeo Cencini en su libro: “La sexualidad es la evidencia carnal, concreta, tangible, de que el ser humano está hecho para el otro, está dirigido al otro. Es como la inscripción en su carne y en su ser de la vocación a la que está llamado: vivir para el otro.2

    La sagrada Congregación para la educación católica dice que “el cuerpo, como sexuado, expresa la vocación del hombre a la reciprocidad, es decir, al amor y al mutuo don de sí” (Orientaciones 24). Por consiguiente, podemos decir claramente que el cuerpo humano del hombre y de la mujer expresa visiblemente la llamada a vivir para los demás y a no encerrarnos en nosotros mismos. Esto significa que para que una vida sea plenamente humana, de acuerdo al plan de Dios, debe amar de verdad.

    “Podemos decir que el sentido profundamente cristiano de la sexualidad se encuentra en la idea clave de la autodonación. Una autodonación que, por un lado, es como una ley escrita en la naturaleza, en la estructura biológica humana y, por otro, sólo es auténtica y libera en la medida en que es una opción responsable”.3 Esto quiere decir que el ser humano está destinado a amar, desde las entrañas mismas de su ser biológico, aunque debe aceptar amar y ser amado con sinceridad y responsabilidad para que sea un amor verdadero o, como diría san Agustín, un “amor ordenado” (ordo amoris).

    La sexualidad debe estar al servicio del amor, puro y sincero, y no centrada solamente en la genitalidad, buscando sólo el placer sexual como si fuera indispensable para la felicidad. Los valores de la persona están por encima de los valores del sexo o de cualquier otro. El ser humano, como sexuado, se realiza en el amor puro y sincero a los demás.

    Por eso, los consagrados, aunque no hagan uso de su genitalidad en el matrimonio, pueden ser felices, porque la vida adquiere pleno sentido en amar y darse desinteresadamente a los demás. No hay que confundir sexualidad con genitalidad.
    Amar es vivir para
    los demás


    Capítulo 2: Educación sexual. Pureza y castidad


    EDUCACIÓN SEXUAL 

    El mundo, en que vivimos, esta inundado de erotismo. Por todas partes, especialmente a través de los medios de comunicación social, se nos vende la idea de que las relaciones sexuales son indispensables para ser felices. Y muchos se dejan convencer por tanta propaganda y se dejan llevar y van cayendo y cayendo… cada vez más bajo. Por esto, es necesario que se dé a los jóvenes una buena educación sexual. Los padres son los primeros que deben tomar en serio esta responsabilidad, pues deben supervisar lo que sus hijos ven y aprenden en televisión, internet, libros, revistas… o lo que les enseñan en los colegios; donde muchas veces, los profesores solamente les dan una serie de conocimientos sobre los métodos anticonceptivos para evitar el embarazo. E, incluso, con frecuencia, les incitan a tener relaciones sexuales, como si todo fuera permitido. Y sin tomarse la molestia de hablarles de las consecuencias negativas del sexo libre ni de las enfermedades que pueden contraer, aun con el uso de condones. Y, cuando hablan de anticonceptivos, no aclaran los que son abortivos y, por tanto, criminales, como si todos fueran igualmente válidos.

    Veamos lo que pasó en Suecia. Hacia el año 1930 se comenzó a exaltar la libertad como norma suprema de la conducta del ser humano. Esta libertad, convertida en libertinaje, llevó a los más grandes excesos en el plano sexual y a un caos social. Ello dio pie a que, a partir del 1980, se rectificaran algunos errores cometidos. En 1988, se publicó el “Nuevo manual para la educación de la sexualidad en los centros educativos”. En él se dice: 

    “La mejor solución sería que los niños recibieran educación sexual en su hogar, impartida por sus propios padres… Los principios que deben inspirar la iniciación en el conocimiento de la vida sexual son, antes que nada, el respeto hacia ella, y, en segundo lugar, el deseo de ayudar a los jóvenes. Ha de lograrse un equilibrio en los diversos aspectos de la educación, pues si sólo se explicara el aspecto biológico y médico, los niños recibirían una imagen parcial y deforme de lo que es el sexo.

    La verdadera educación deberá mostrar qué actos no son moralmente deseables y, por tanto, no pueden aceptarse como normas de conducta. Hay que recalcar la necesidad de controlar el impulso sexual mediante la fuerza de la voluntad y la autodisciplina. Debe sostenerse que la continencia, durante la adolescencia, es el único comportamiento que la escuela puede recomendar con buena conciencia. Sólo la continencia da al individuo las mejores garantías para una vida feliz más tarde. La mejor manera de plantear la cuestión sexual es considerándola objetivamente a la luz, tanto de la biología como de las convicciones religiosas”.


    Hasta aquí las palabras del Manual. Por eso, es imprescindible educar a los jóvenes en los valores morales como la sinceridad, para actuar siempre con rectitud; la fidelidad a los compromisos adquiridos; el pudor y la modestia en el comportamiento; el sentido del verdadero amor humano y, también, sobre los valores de la pureza y de la castidad.
    Amar es decir siempre
    la verdad



    PUREZA Y CASTIDAD

    La pureza y la castidad suelen usarse como sinónimos, refiriéndose a la virtud que regula el uso de la sexualidad según el estado de cada uno. Sin embargo, la pureza tiene una connotación de belleza, blancura y hermosura que no lo tiene la palabra castidad. Por eso, algunos prefieren hablar de pureza, al referirse a esta virtud.

    Nosotros hablaremos indistintamente de ambas palabras. Pero comencemos aclarando que pureza o castidad es diferente de la continencia o renuncia al sexo, como se da en la castidad consagrada o en la pureza virginal. La castidad es la virtud que promueve el uso ordenado de la sexualidad, no necesariamente en lo genital, sino en el amor personal; sea la castidad del soltero, la castidad matrimonial o la castidad dentro de la vida consagrada. La castidad no es algo de curas y monjas, pues todos deben llevar una sexualidad, como hombres y mujeres, con rectitud de acuerdo a su estado. La castidad es armonía, equilibrio, amor y control de uno mismo. Por eso, solamente los que tienen fuerza de voluntad pueden conseguirla.

    Mucha gente, cuando se habla de castidad, solamente piensa en renuncia al sexo. Para los casados, castidad es el uso ordenado y amoroso del sexo, evitando toda infidelidad y todo aquello que manche el acto matrimonial con actos contra natura o abusando del otro, como si fuera un objeto. La castidad, pues, es amor. Y precisamente, por eso, cuando los esposos no pueden encontrarse sexualmente por ausencia, enfermedad o mutuo acuerdo temporal, su amor no disminuye sino que aumenta en esa renuncia consciente y libre por amor al otro.

    Alguien ha dicho que el mayor peligro para la castidad es la incapacidad de amar. Los que no aman, porque son egoístas o por problemas sicológicos, serán incapaces de guardar la castidad. Hay que aclarar bien que el sexo no es una necesidad biológica indeclinable, de modo que el que renuncia el sexo de por vida, sea un disminuido o un infeliz que nunca podrá alcanzar la verdadera felicidad. La felicidad auténtica no está en el sexo sino en el amor. 

    Por ello, en estos tiempos, en que la omnipresencia del sexo y la exaltación del sexo están por doquier, es importante tener un concepto elevado de la belleza de la castidad y de su fuerza de irradiación a toda la personalidad. Es una virtud que hace honor al ser humano y lo capacita para un amor verdadero, desinteresado, generoso y respetuoso de los demás.

    La castidad es amor. Sin amor no hay castidad. “Castidad significa integración de la sexualidad en la persona. Y entraña un aprendizaje del dominio personal” (Cat 2395).

    Pero hay muchos hombres con alma de gelatina, sin fuerza ni bríos, sin valor, que sucumben ante cualquier tentación, porque no tienen fuerza de voluntad. Por eso, decíamos que, sin fuerza de voluntad, es imposible la castidad. La castidad es sólo para los esforzados. Los que buscan siempre lo fácil, lo cómodo, lo “light”, como se dice ahora, ésos nunca serán castos y arrastrarán en su vida las consecuencias negativas de una conducta inmoral. 

    Pero no olvidemos que la castidad, además de ser un don de Dios, es una conquista personal. Es un regalo de Dios, que debemos pedir todos los días. A este respecto, decía san Agustín: “Yo creía que la continencia dependía de mis propias fuerzas, las cuales no sentía en mí; siendo tan necio que no entendía lo que estaba escrito: que nadie puede ser casto, si Tú, Señor, no se lo concedes” (Confesiones 6, 11,20).

    “Hay que enseñar a los jóvenes que el acto sexual es un acto sagrado, y que no hay que llenarlo de vulgaridad. ¿Por qué profanarlo? Hay que enseñarles que está prohibido realizar el acto sexual con ligereza, sin compromisos definitivos, como si fuera sólo un juego o buscando sólo el placer egoísta. Los esposos deben realizarlo en la oración, quitándole el egoísmo. Por supuesto que, visto así, hace falta coraje y sacrificio. Pero es la única manera de que llegue a ser bello y santo”
    .4

    Para llegar a conseguir la castidad hace falta oración y sacrificio, pero vale la pena. Si eres todavía joven y piensas en un futuro matrimonio, piensa en la que llegará a ser tu esposa para que no le des los andrajos de una vida destrozada, sino lo mejor y lo más bello de ti mismo. Si no eres capaz de ser fuerte antes del matrimonio para superar las tentaciones, no lo podrás tampoco ser después. ¿Y qué puedes esperar de un matrimonio al que vas sin estar preparado ni sicológica ni humanamente hablando? Comienza hoy mismo a construir un matrimonio feliz, del que se sientan orgullosos tus hijos y la compañera de tu vida.

    El Papa Juan Pablo II les decía a los jóvenes: “Queridos jóvenes, orad mucho y, si es necesario, sed decididos en ir contra corriente de las opiniones que circulan y de los slogans propagandísticos. No tengáis miedo del amor, que presenta exigencias precisas al hombre. Estas exigencias son capaces de convertir vuestro amor en un amor verdadero” (Carta apostólica en el año internacional de la juventud 1985).

    Recuerda siempre que la castidad promueve la plenitud del amor. Dios no ha querido que renuncies a amar, sino a un amor desordenado e inmoral. Dios quiere que ames con todas tus fuerzas, pero que controles el impulso sexual. Si eres un hombre casto, tus descendientes te lo agradecerán eternamente. Si eres consagrado y eres casto, consagrando a Dios tu virginidad de por vida, tus hijos espirituales te agradecerán haber dado tu vida por ellos y tu amor crecerá más de lo que puedes pensar o imaginar. Dios no se dejará ganar en generosidad y te hará padre o madre de infinidad de hijos espirituales.

    Vive tu castidad de acuerdo a tu estado y siente la alegría de ser puro en pensamientos, palabras y obras, en cuerpo, alma y espíritu. Amén.


    La castidad sin amor
    no tiene valor,
    es como una lámpara
    sin aceite (S. Bernardo)

    Capítulo 3: El pudor. El noviazgo. El matrimonio

    EL PUDOR

    El pudor es un sentimiento de vergüenza, que experimentamos, al vernos desnudos ante los demás. El pudor es como una muralla, que defiende la castidad y la pureza de las personas; pero, si alguien derriba esta muralla, la castidad estará perdida. Decía san Agustín que “el pudor es el guardián de la castidad”.

    El sentimiento de vergüenza es innato al hombre. Adán y Eva, dice el libro del Génesis, después de pecar, se dieron cuenta de que estaban desnudos y “se abrieron los ojos de ambos y, viendo que estaban desnudos, consiguieron unas hojas de higuera y se hicieron unos cinturones” (Gén 3,7). El pudor es, pues, como un freno contra el instinto más fuerte del hombre después del instinto de conservación. Es como un centinela que nos pone en guardia ante los contactos inoportunos o las miradas indiscretas.

    El pudor nos inspira vestirnos con decencia para evitar la curiosidad malsana y las provocaciones en los que nos ven. Y es, por esto, que hay que evitar las modas que sean indignas de una persona casta, ya que, por el hecho de que algo esté de moda, no necesariamente es bueno. El pudor rechaza todo lo que sea mostrar partes de nuestro cuerpo que llevan a otros a malos pensamientos contra la pureza. El pudor es la prudencia de la castidad. 

    Pero hoy parece que el pudor no existe, para muchos. El sexo aparece como un objeto de consumo. Para hacer propaganda de cerveza, licores, automóviles y otros artefactos modernos, parece que no hay mejor manera que presentarlos con jovencitas medio vestidas. Parece que todo producto importante, para ser vendido, necesita de la fascinación del sexo. Lo mismo podemos decir de portadas de revistas o avisos televisivos, que para ser más interesantes y mejor vendidos, deben presentar a vedettes sin pudor ni complejos.

    ¿Qué significa esto? Que hemos llegado a un punto en que la sexualidad ha dejado de tener ese misterio sagrado, que debe ocultarse a las miradas indiscretas de los demás, y se presenta al aire libre, como si eso fuera lo actual y moderno.

    Pero, si el pudor es propio de la naturaleza humana, al igual que la sexualidad, ¿por qué querer destruirlo y quitarlo de en medio? El sentido del pudor viene del conocimiento de que el otro no es sólo cuerpo, sino también una persona con su misterio sagrado. Por eso, “el amor verdadero incluye el pudor, pues amor sin pudor es como un frasco de perfume que se evapora.5

    Para conservar al pudor, quisiera dar algunos consejos prácticos:
    • Hay que educar a los niños desde pequeños en el pudor y recato de su cuerpo, con el ejemplo de sus padres.
    • Evitar que haya en la casa cuadros, fotografías o figuras indecentes.
    • No bañar juntos a niños y niñas ni permitir que duerman juntos.
    • Enseñar a las jóvenes a no usar vestidos transparentes, cortos o ceñidos, y lo mismo el uso de pantalones ajustados que son provocativos. “La mujer casta no tiene precio” (Eclo 26,20).
    • Evitar también la ociosidad, que es la madre de todos los vicios, estando siempre ocupados en hacer algo útil. Decía Ovidio: Venus, la diosa del amor, ama la ociosidad. Por tanto, evita la ociosidad a toda costa.
    • Alejarse de los lugares como discotecas, donde los bailes indecentes, a media luz, ensucian tu cuerpo y tu alma.
    • No caer nunca en excesos de bebidas alcohólicas. El tomar licor en demasía, hace perder el control y muchas mujeres han permitido actos deshonestos, que no habrían permitido en estado normal.
    • Evitar también las malas compañías. Malas compañías son aquellos amigos que hablan siempre de sexo o tienen costumbres impuras; quienes leen o reparten lecturas indecentes; quienes asisten a espectáculos inmorales; quienes no respetan su cuerpo ni el de los demás y sólo piensan en el placer sexual a toda costa, engañando a cuantos puedan. Quienes hablan mal de la religión y no van a la Iglesia ni tienen principios morales. Evítalos para que no te contagien con sus vidas sucias e inmorales. Defiéndete de tantos peligros, que te acechan en este mundo, en el que abundan las inmundicias e inmoralidades, y conserva tu castidad. Y a quienes te digan que estás pasado de moda o que tienes ideas anticuadas, diles que la moral no pasa de moda y que Jesucristo se sentiría avergonzado de sus actos y tú quieres ser amigo de Jesús.
    • Por otra parte, es importante acudir frecuentemente a la confesión y comunión para recibir fuerzas contra la tentación. Igualmente tener un amor grande y tierno a María, nuestra Madre, que nos enseñará la virtud de la pureza junto con el recato y el pudor.

    Se cuenta que un día el gran escultor y pintor Miguel Ángel mostró a un amigo una hermosa imagen de María, que acababa de pintar. Su amigo le dijo que le parecía demasiado joven. Y Miguel Ángel le respondió: “María fue siempre joven y siempre hermosa, porque siempre fue virgen”. Ciertamente, la virginidad le da a nuestro cuerpo y a nuestra alma cierto brillo de hermosura. La belleza de la castidad brilla en un cuerpo casto que sabe valorar el pudor y la pureza de corazón. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que “la pureza de corazón requiere el pudor, que es paciencia, modestia y discreción. El pudor preserva la intimidad de la persona” (Cat 2533).

    “El pudor adivina el peligro, impide ponerse en él y hace evitar las ocasiones, a que algunos, menos prudentes, se exponen. El pudor no gusta de palabras torpes o menos honestas y aborrece hasta la más leve inmodestia, evita la familiaridad sospechosa con personas de otro sexo, e influye en el ánimo la debida reverencia al cuerpo, que es miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo. Quien posee el pudor cristiano tiene horror a cualquier pecado de impureza y se retira apenas siente despertarse la seducción. El pudor se alimenta del temor de Dios, ese temor filial, basado en una profunda humildad cristiana, que nos hace huir con suma diligencia de todo pecado”. (Pío XII, encíclica Sacra virginitas). En conclusión, te deseo que la decencia y la honestidad guíen tus pasos.
    El pudor es el guardián
    de la castidad


    EL NOVIAZGO

    Los novios deben vivir su noviazgo como una espera para conocerse y para madurar en el amor mutuo. Y deben comportarse con prudencia y respeto mutuo para no caer en la tentación. “Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia… Y reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en santidad” (Cat 2350).

    Dios ha puesto su amor en el corazón del uno para el otro y deben conservarlo puro hasta el matrimonio: puros hasta el altar y fieles hasta la tumba.

    Querida joven, si Dios te ha dado la vocación del matrimonio, busca a aquel hombre bueno, que Dios quiere regalarte desde toda la eternidad. Desde toda la eternidad, Dios pensó en ti y en el que sería tu compañero. Y te dio las cualidades necesarias para cumplir bien tu misión de esposa y de madre; lo mismo que a él le dotó de las cualidades necesarias para ser un buen esposo y padre. ¿Todavía no has encontrado a tu futuro esposo, a aquel que Dios ha creado para ti? Él es un bello regalo de Dios para ti. Pide a Dios con perseverancia que te lo muestre cuanto antes y que no te equivoques en la elección. Dile así: “Señor, te pido que me ilumines para escoger bien a mi futuro esposo; y dame tu gracia para formar con él esa familia unida, que tú deseas para nosotros”.

    Pero procura, desde ahora, vivir pensando en él y prepararle un cuerpo sano y un alma pura como el mejor regalo que le vas a dar el día de tu matrimonio. La vida pura es fuerza, alegría, libertad, hermosura. ¿No vale la pena luchar por ella?

    Conserva con santo orgullo tu pureza. No te dejes impresionar por nada que sea impuro, ya que por mucho que brille en el exterior, encubre inmundicia y suciedad en su interior. Evita la compañía de hombres corrompidos, las conversaciones de doble sentido, los libros y espectáculos pornográficos. Y busca siempre moderación, trabajo responsable, diversiones sanas, y todo lo que te lleva a fortalecer tu voluntad y a purificar tu alma con nobles ideales.

    Y tú querido joven, ¿ya conoces a la que será tu esposa? ¿La quieres mucho? Respétala. No te permitas con ella conversaciones inmorales, no la engañes con sutilezas, no le pidas un matrimonio a prueba ni una “prueba de amor”. Ten prudencia, no te creas seguro ante la tentación. Evita estar a solas con ella en lugares solitarios o apartados. Sé prudente. Tu amor a ella debe ser siempre puro y limpio, con la ilusión de llegar vírgenes los dos al matrimonio. Evita los abrazos y besos apasionados y los tocamientos indecorosos, que dejan amargura y remordimiento en el corazón.

    Y, por supuesto, evita a toda costa tener relaciones sexuales con ella. Si la amas de verdad, debes respetarla y saber esperar hasta el momento en que puedas decirle de verdad y con sinceridad el día de tu matrimonio: Ahora sí soy tuyo, totalmente y para siempre. ¿Te imaginas que podrías tener un hijo no deseado antes de tiempo? ¿Cómo se sentiría ese hijo, si desde el primer momento de su existencia, ya es rechazado por su padre, por ti, que te crees serio y responsable? ¿Querrías matarlo para que nadie se entere de tus errores? ¿Querrías tenerlo sin estar preparado ni poder darle todo el amor que necesita? ¿Crees que la relación sexual, en un contexto de miedo al embarazo y con remordimiento de conciencia, a ocultas y sólo por placer, es una donación total como Dios quiere en el matrimonio? Con los hijos no se juega; con el matrimonio tampoco. Por eso, espera hasta que estés preparado y puedas darle lo mejor de ti mismo, a la que será tu esposa para toda tu vida. El amor es algo tan grande y tan hermoso que debe ser para toda la vida. Por lo cual, hay que estar “casados en el Señor” (1 Co 7,39), es decir casados por la Iglesia. 

    Ahora reza por tu futura esposa:

    Señor, escucha las palabras que salen de mi corazón. Haz que mi recuerdo le acompañe todo el día y la defienda de toda acción baja y vulgar. Haz que siempre siga amándome como yo la amo. Vuelve nuestro amor cada día más fuerte y profundo, sin mentiras ni engaños. Que seamos transparentes el uno para el otro y nunca escondamos cosas inconfesables. Haz que la llame y me responda, haz que sea pura y bella para mí. Que su recuerdo, en vez de quitarme las ganas de estudiar, sea más bien un estímulo para salir adelante en mi profesión y darle lo mejor de mí mismo. Quiero ser para ella un hombre auténtico, lleno de fuerza y energía para sostenerla en su debilidad. Y haz que su sonrisa y su alegría, iluminen mi vida y me llene de felicidad. Danos los hijos que tú quieras, Señor, para servirte y amarte por toda la eternidad. Amén.

    ¡Qué hermoso es encontrar chicas que sonrían y vistan con gusto, pero decentemente! ¡Qué belleza irradian las jóvenes de alma transparente y mirada limpia! Por eso, busca una chica buena, responsable, maternal, que sea creyente y que siempre te inspire buenas acciones. Una joven que irradie pureza y tenga la alegría de Dios en su corazón.


    EL MATRIMONIO 

    Los esposos deben vivir su castidad conyugal con amor y respeto mutuo. Su sexualidad los enriquece y es fuente de alegría y satisfacción. “Se realiza, de modo verdaderamente humano, cuando es parte integrante del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte” (Cat 2361). Por ello, una relación sexual sin compromiso definitivo, como puede ocurrir en los novios, no es auténticamente humana y enriquecedora, pues se cierra a la fecundidad y busca solamente el placer. En cambio, “los actos, con que los esposos se unen íntima y castamente entre sí, son honestos y dignos. Este amor, ratificado por la mutua fidelidad y, sobre todo, por el sacramento de Cristo, es indisoluble, fiel y, por tanto, queda excluido de él todo adulterio y divorcio” (Vat II, GS 49).

    Precisamente, porque el matrimonio es algo sagrado, bendecido por Dios con un sacramento, debe estar abierto a la vida. Por ello, “toda acción que, o en previsión del acto conyugal o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio hacer imposible la procreación, es totalmente deshonesta” (Pablo VI, Humanae vitae). Esto quiere decir que todos los anticonceptivos artificiales son inmorales. Los esposos deben estar abiertos a la vida y realizar el acto matrimonial con amor. Sólo así el matrimonio será para ellos escuela de elevación espiritual y no de corrupción.

    Por supuesto que, en la vida matrimonial, los esposos encontrarán muchas dificultades y tentaciones. Por eso, es tan necesario la vida de oración y, si es posible, en familia. “La familia que reza unida, permanece unida”. Jesús dice que “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

    Sin fe y sin oración no se puede comprender el sentido auténtico del matrimonio y de la fidelidad conyugal. Lamentablemente, hoy día hay demasiados cónyuges que no creen en el amor eterno ni en el matrimonio para siempre. Por eso, cuando no hay entendimiento con su pareja, acuden al divorcio con toda facilidad sin ni siquiera luchar por salvar su matrimonio. 

    Y muchos no ven la fidelidad conyugal como un valor. De ahí que el permisivismo moral, que nos rodea, lleva a muchos matrimonios a considerar su unión matrimonial como pasajera y temporal. Muchos prefieren quedarse eternos solteros o, simplemente, disfrutar de su pareja sentimental. Lo cual lleva a evitar los hijos y, en el fondo, a no cumplir el plan que Dios tiene en sus vidas y tener que sufrir en la vejez las consecuencias de su egoísmo, sufriendo de soledad y vacío existencial.

    El matrimonio, ante todo, es una vocación, que Dios da, y que hay que cumplir fielmente. Decía Susana Tamaro:

    “Estoy plenamente convencida de que, sin fe, el matrimonio es una especie de campo de concentración, pero estoy igualmente convencida de que el matrimonio, vivido en plenitud, es un lugar de satisfacción, un camino de duro compromiso, pero bellísimo. Sin embargo, muchos se casan de forma casual, sin ninguna preparación y sin ningún sentido de la sacralidad del matrimonio. Hay un analfabetismo afectivo. El matrimonio se convierte para muchos en un producto de consumo más. No tienen idea de construir algo juntos, conscientes de que en esa construcción, hay dificultades. El matrimonio requiere una vocación específica
    6.

    En esa vocación específica están los hijos, que deben ser recibidos como un regalo de Dios. No hay que verlos como una carga pesada o como una desgracia, aunque den trabajo y supongan esfuerzo y sacrificio para los padres. Dios bendecirá a los padres a través de sus hijos y, cuando sean ancianos, tendrán su apoyo y su cariño. Además, los padres cristianos deben tener en cuenta el plan de Dios sobre sus vidas. Desde toda la eternidad, Dios pensó en darles un número determinado de hijos para que puedan cumplir fielmente su plan de vida. Por eso, los padres, dejando egoísmos personales, deben estar dispuestos a ser generosos para recibir varios hijos de Dios. ¿Cuántos? Que cada matrimonio lo decida en conciencia ante Dios.

    De todos modos, lo que Dios no quiere, definitivamente, es que le pongamos trampas o métodos artificiales anticonceptivos, que siempre son inmorales. Con Dios hay que jugar limpio y con sinceridad.

    Algo muy importante es que le pidan a Dios, al menos, un hijo sacerdote o religiosa para que puedan orar por toda la familia. El tener un hijo sacerdote o religiosa es una verdadera bendición para toda la familia. Y esto lo digo por experiencia personal, pues el ser sacerdote me hace sentir la obligación diaria de orar en la misa por todos mis familiares, antepasados, presentes y futuros. ¿Cuántas bendiciones recibirá una familia por las oraciones del hijo sacerdote o de la hija religiosa? Solamente Dios lo sabe, pero estoy convencido de que son innumerables.

    A todos los esposos les deseo una familia numerosa y llena de las bendiciones de Dios. Que traten de cultivar su amor con mucho cariño y ternura. El amor se va construyendo con caricias, con miradas, con sonrisas, con regalos, con palabras hermosas, con delicadezas, en fin, con todo aquello que fomenta el amor y hace feliz al otro.

    San Josémaría Escribá de Balaguer dice: “El amor puro y limpio de los esposos es una realización santa, que yo como sacerdote bendigo con las dos manos… Con respecto a la castidad conyugal, aseguro a los esposos que no han de tener miedo a expresar el cariño. Lo que les pide el Señor es que se respeten mutuamente y que sean mutuamente leales, que obren con delicadeza, con naturalidad y modestia. Les diré también que las relaciones conyugales son dignas, cuando son prueba de verdadero amor y, por tanto, están abiertas a la fecundidad, a los hijos… Cuando la castidad conyugal está presente en el amor, la vida matrimonial es expresión de una conducta auténtica, marido y mujer se comprenden y se sienten unidos; pero, cuando el don divino de la sexualidad se pervierte, la intimidad se destroza y el marido y la mujer no pueden mirarse noblemente a la cara” (Es Cristo que pasa N° 25).

    “El amor humano, cuando es limpio, me produce un inmenso respeto, una veneración indecible. ¿Cómo no vamos a estimar esos cariños santos, nobles de nuestros padres, a quienes debemos una gran parte de nuestra amistad con Dios? ¡Bendito sea el amor humano! Pero a mí el Señor me ha pedido más… En cualquier caso, cada uno en su sitio, con la vocación que Dios le ha infundido en el alma, ha de esforzarse en vivir delicadamente la castidad, que es virtud para todos y de todos exige lucha, delicadeza, primor, reciedumbre, esa finura que sólo se entiende, cuando nos colocamos junto al Corazón enamorado de Cristo en la cruz. No os preocupe, si, en algún momento, sentís la tentación que os acecha. Una cosa es sentir y otra consentir. La tentación se puede rechazar con la ayuda de Dios” (Amigos de Dios N° 185).

    Pero es importante acercarse a Jesús Eucaristía para pedir fuerzas para seguir amando y luchando. Monseñor José Mani, obispo encargado de las familias en Roma, en una carta pastoral sobre la familia, escribía: “Conozco dos esposos a quienes he casado personalmente. Jamás pudieron imaginar que iban a encontrarse en una situación en la que deberían escoger entre el aborto o la muerte de la esposa. Era el tercer embarazo y el ginecólogo les había hablado del riesgo de muerte. Consultados otros ginecólogos, llegaron a la misma conclusión. Los familiares y amigos les presionaban para que se decidieran por el aborto. Ellos decidieron confesarse y comulgar antes de decidir. Y, después de comulgar, la esposa le dijo al esposo: Yo confío en Dios, no voy a abortar. Y decidieron comulgar todos los días para recibir fuerza. Felizmente, Dios quiso que el tercer hijo llegara sano y que la mamá siguiera viva para alegría de todos”.

    Por supuesto que no todas las historias tienen un final feliz. A Gianna Baretta, doctora en medicina, de comunión frecuente, en 1961, le detectaron un fibroma en el útero y ella decidió seguir el embarazo aun a riesgo de su vida. Y murió a los siete días de dar a luz a su cuarta hija. La Iglesia la ha canonizado. Ahora es Santa Gianna Baretta Molla. Y su hija puede decir de verdad: Mi madre dio su vida por mí.

    Otro caso algo diferente sobre la importancia de la Eucaristía en la vida de los esposos, lo cuenta el mismo obispo José Mani. Una mujer, madre de dos hijos, deseaba mucho recibir la comunión, pero no podía; porque estaba divorciada y vuelta a casar. Un día le descubrieron un tumor maligno. Su hijo mayor fue a pedirle al obispo que fuera al hospital a ver a su madre, que estaba muriendo. El obispo, al verla dijo: “En este momento haz un acto de arrepentimiento de todos tus pecados, porque te voy a dar la absolución y después te doy la comunión”. Recibió la comunión y ella le dijo: “Hoy voy a morir, pero de alegría”. ¡Era tanto lo que había deseado recibir la comunión! En los últimos momentos, Jesús había venido a darle fortaleza y alegría para emprender el camino al más allá.

    Joven, si tú tienes vocación al matrimonio, no te olvides de Jesús. Prepárate para tan gran misión; las cosas importantes hay que prepararlas bien. No puedes dejarlo todo al azar, pensando que ser padre o madre es fácil. Prepárate cada día, con responsabilidad, sinceridad, pureza y castidad de cuerpo y alma.

    Segunda Parte: La Impureza

    En esta segunda parte, vamos a analizar algunos pecados, ocasionados por la impureza como la masturbación, la fornicación, el adulterio, el aborto o algunos problemas relacionados con la homosexualidad. Comencemos hablando del narcisismo, que está en la base de muchos de estos pecados.


    Capítulo 1: Narcisismo. La pornografía

    NARCISISMO 

    Muchos de los pecados y problemas, relacionados con la sexualidad, tienen su origen en el egoísmo o narcisismo personal. Se trata de personas que no han madurado en el amor y se han cerrado en sí mismas, buscando un mecanismo de compensación a sus vacíos afectivos o a sus problemas personales, en el placer sexual. Quizás el mito de Narciso pueda darnos alguna luz al respecto.

    Narciso era un joven hermoso de Tespis, del que se enamoró la ninfa Eco. Eco, en un principio, era muy habladora, pero había sido privada de la palabra por Era, la mujer de Zeus, y solamente podía repetir la última sílaba de las palabras del otro (hacer eco). Incapaz de manifestar su amor a Narciso, es rechazada por él y muere de angustia y pena. Pero los dioses castigaron a Narciso por la dureza con que había tratado a Eco, haciendo que se enamorara de su propia imagen.

    Un día, inclinándose sobre las transparentes aguas de una fuente, vio su imagen y no quiso abandonar más aquel lugar. Así murió de tristeza y se transformó en un narciso, que es una flor que crece al borde de las aguas. Otra versión dice que murió ahogado en el agua, en un intento de abrazar su propia imagen.

    Reflexionemos sobre las enseñanzas de este mito. Es narcisista todo aquel que no se deja amar por nadie, al igual que Narciso no quiso aceptar el amor de Eco. El narcisista o egoísta, al no dejarse amar, al no aceptar el amor de otros, se cierra en sí mismo, creyéndose autosuficiente e independiente, como si no necesitara de nadie.

    Solamente acepta a los demás en la medida en que los necesita. Alguno de ellos se puede casar y puede decir a su esposa: Te quiero (para mí), Te amo (porque te necesito), Te amo (porque “me” haces feliz). De ahí que, cuando la esposa o los otros no le sirvan para su felicidad o le dan problemas, porque exigen dinero, cuidados o atenciones… los deja y busca “su” felicidad en otra parte. Todo lo ve en función de sí mismo y no es capaz de darse y entregarse desinteresadamente a los demás.

    El narcisista no se deja amar hasta el punto de complicarse la vida definitivamente con alguien. Prefiere compromisos temporales y fáciles de romper, evitando las complicaciones de los hijos. Desea que todos lo admiren y lo aplaudan, pero no se sacrificará por nada ni por nadie. Cree que tiene derecho a la admiración.

    Se cree superior o, en el peor de los casos, se cree que puede vivir bien sin nadie, viviendo su propia vida al margen de los demás. Si alguien lo rechaza, lo marginan de su vida y quizás le guardarán rencor. El narcisista no pertenece a nadie, ni se siente de nadie y cree que no le debe nada a nadie, sino más bien que los demás le deben a él. Vive toda la vida, amándose a sí mismo, pensando en sí mismo y olvidándose de los demás. Y, al no amar y ser un inmaduro en su personalidad, estará siempre un poco triste y deprimido, porque no puede disfrutar de la verdadera alegría de amar y ser amado.

    Por supuesto que hemos cargado un poco las tintas, pero todos tenemos algo de narcisistas y egoístas, y debemos superar estas actitudes. Hay que evitar a toda costa buscar egoístamente el placer por el placer. Imaginemos a un enamorado, que sólo piensa en sí mismo y le exige a su novia tener relaciones. ¿Estará preparado para ser un buen esposo? ¿No buscará, después en el matrimonio, a su esposa como un objeto para su placer? Lo mismo podemos decir de la masturbación, sobre todo si es prolongada, que puede llevar a comportamientos egoístas, o a no querer casarse, porque no necesita de nadie para autocomplacerse. Igualmente, la homosexualidad puede ser, en algunos casos, manifestación de narcisismo o puede llevar a él, pues expresa la búsqueda de sí mismo en el otro “igual a sí”.

    En resumen, podemos decir que todas las actitudes egoístas, manifestadas en pecados sexuales, alejan a las personas de los demás, empobrecen su amor y las hace más inmaduras e infelices. Si Narciso hubiera sido capaz de reconocer y apreciar el amor de Eco y le hubiera dicho “te amo”, ella hubiera repetido “te amo”; y se hubieran amado y habrían disfrutado de la alegría de amarse de verdad. Eso es lo que deben hacer los egoístas y narcisistas, salir de sí mismos y buscar a los otros para ayudarlos y hacerlos felices.

    Y, al amarlos, encontrarán su propia felicidad. Pero, lamentablemente, muchas veces, esto no ocurre y, por eso, hay en el mundo actual tanto desenfreno sexual y tan poco amor verdadero. Veamos algunos de los vicios y problemas de la sociedad actual.


    LA PORNOGRAFÍA

    “La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales reales o simulados, puesto que queda fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada” (Cat 2354).

    De hecho, a través de revistas, videos, películas y espectáculos pornográficos se fomenta el libertinaje sexual con todo lo que lleva de degradante para la persona. La pornografía lleva al menosprecio de los demás y a verlos como simples objetos de placer, suprimiendo la ternura y el verdadero amor. De ahí la grave responsabilidad de quienes tienen en sus manos los medios de comunicación social, pues tienen el poder de manipular las conciencias de mucha gente, fácilmente influenciable.

    El Consejo Pontificio para las comunicaciones sociales publicó un documento en mayo de 1989 sobre “Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales”. En este documento se dice: “Nadie puede considerarse inmune a los efectos degradantes de la pornografía y de la violencia… Los niños y los jóvenes son especialmente vulnerables y expuestos a ser sus víctimas. La pornografía y la violencia sádica desprecian la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan a los individuos, especialmente mujeres y niños, destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedad.

    Quienes hacen uso de estos productos no sólo se perjudican a sí mismos, sino que también contribuyen a la promoción de un comercio nefasto… Ciertos programas de televisión pueden condicionar a las personas condicionables, sobre todo niños y jóvenes, hasta el punto de que lleguen a considerar normal, aceptable y digno de ser imitado, todo lo que ven. Esto es, especialmente cierto, para los que están afectados de ciertas enfermedades mentales”.


    Por eso, en muchos casos, la pornografía, difundida a través de los medios de comunicación, actúa como cómplice indirecto de graves agresiones sexuales como violaciones, secuestros, adulterios, etc. Con la excusa de la libertad de expresión, que pareciera ser un derecho absoluto que nadie puede impedir, se fomenta todo lo malo que el ser humano puede realizar. Y esto, a la larga, hace perder los valores morales. Por lo cual, es indispensable que las autoridades civiles tomen cartas en el asunto y den leyes de control para que no pueda fomentarse este tipo de pornografía y violencia, que contagia a los niños y jóvenes, especialmente, y corrompe la sociedad en general. Hay que sancionar la industria lucrativa del sexo, que sólo ve sus ganancias económicas. Y, sobre todo, los padres de familia deben tomar conciencia de su grave responsabilidad ante sus hijos para vigilar lo que ellos ven por televisión o internet.

    Ciertamente, estos medios dañan la vida personal y familiar, difundiendo valores y modelos de comportamiento degradantes, emitiendo imágenes de brutal violencia o de sexo, inculcando el escepticismo religioso: todo es bueno, y somos libres para hacer lo que queramos, porque nada es pecado.

    Pero pensemos que hay muchas maneras de difundir la pornografía y no sólo a través de internet o televisión. Hay demasiados libros y revistas o videos, que presentan todas las aberraciones que puedan imaginarse.

    También hay sencillos almanaques o pósters de desnudos, que pueden adquirirse fácilmente en cualquier kiosco. Están colocados en cualquier oficina o lugar público, incitando al sexo indiscriminado, como si fuera algo totalmente normal. No nos damos cuenta de que la pornografía, como la droga, crea dependencia y empuja a buscar cosas cada vez más excitantes y perversas, corrompiendo la persona.

    El Consejo Pontificio para las comunicaciones sociales publicó un documento “Ética en Internet”, el 22-2-2002, donde se dice: “Para los niños y jóvenes el internet es una puerta abierta a un mundo atractivo y fascinante con una fuerte influencia formativa; pero no todo lo que está al otro lado de la puerta es saludable, sano y verdadero. Los jóvenes tienen consigo mismos, con sus padres, familias y amigos, con sus pastores y maestros y por último con Dios, el deber de usar internet correctamente. Hay que tener cuidado, pues el internet puede arrastrarlos al consumismo, a la pornografía, a fantasías violentas y a un aislamiento patológico… Por eso, los padres tienen la grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en el uso del internet. La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en los ordenadores accesibles a los niños, cuando sea económica y técnicamente factible, para protegerlos, lo más posible, de la pornografía, de los depredadores sexuales y de otras amenazas… Aquí el deber fundamental de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios juiciosos y responsables de internet y no adictos a él”.

    Por otra parte, hay que enseñar a los niños y jóvenes a aprovechar bien el tiempo, pues uno de los puntos más negativos de estos medios de comunicación es la pérdida del tiempo. Se pueden hacer muchas cosas buenas y útiles, en vez de ver ciertos programas y hacerse adictos a los videojuegos, donde también, lamentablemente, se incluye mucha pornografía y abundante violencia.

    Por todo ello, tú procura evitar tanta telebasura y tanta adicción a programas negativos, que dañan tu personalidad y crean confusión en tus valores, mezclando fácilmente la verdad con la mentira.

    Por el contrario, procura desarrollar valores positivos en tu vida. La vida es demasiado hermosa para que puedas gastarla en vicios y placeres. Debes vivirla con una perspectiva de eternidad. Estás hecho para el infinito de Dios y no para ser barro de las calles. Estás destinado a volar hacia las alturas de la divinidad y no a quedarte entre los gusanos de la basura. Tu deseo de felicidad es demasiado grande para que puedas colmarlo con placeres de este mundo. Mira hacia arriba, sólo Dios puede colmar de alegría tu corazón, sediento de verdadero amor. Sí, Dios quiere que ames, tu vida sólo tiene sentido en el amor, pero no en el amor libre, basado en la libertad sexual, sino en el amor espiritual a Dios y a los demás. Dios espera que tu vida sea fecunda y útil para todos los que te rodean. Por eso, procura hacer felices a todos los que están a tu lado. Nunca busques tu propio interés por encima del interés de los demás. No seas egoísta. Nunca hagas daño a nadie. Si no puedes hacer el bien, por lo menos no hagas daño. Sé feliz, haciendo felices a los demás y no trates de aprovecharte de la ingenuidad o de la ignorancia de los demás.

    “Nunca te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien” (Rom 12,21). Nunca digas que la pureza es imposible. No te dejes engañar. Escucha la voz de Jesús que te dice Sígueme, como a tantos otros. Con Él tú puedes conseguir la pureza. Sin Él nunca podrás conseguir un amor puro y limpio, porque, como dice Jesús: “Sin Mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Pero “todo es posible al que cree” (Mc 9,23).

    Que seas un verdadero amigo de Jesús, que te espera todos los días en la Eucaristía. Vete a conversar amigablemente con Él y verás los resultados. Su pureza transformará tu vida y verás la vida con los ojos de Jesús y tendrás la pureza y la alegría de Jesús.
    “La pureza es una azucena bella y hermosa
    del jardín del alma”.


    Capítulo 2: La masturbación. La fornicación


    LA MASTURBACIÓN

    “La masturbación es la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo” (Cat 2352). Sobre la masturbación, “tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, ha afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado… Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia y otros factores síquicos o sociales que reducen, o incluso anulan, la culpabilidad moral” (Cat 2352).

    La Sagrada Congregación para la doctrina de la fe publicó un documento el 29-12-1975, titulado “Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual”. En él se dice:

    “Con frecuencia, se pone en duda o se niega expresamente la doctrina tradicional, según la cual, la masturbación constituye un grave desorden moral. Se dice que la Sicología y la Sociología demuestran que se trata de un fenómeno normal de la evolución de la sexualidad, sobre todo, en los jóvenes…Tal opinión contradice la doctrina y práctica pastoral de la Iglesia. Las encuestas sociológicas pueden indicar la frecuencia de este desorden según los lugares, la población o las circunstancias que tomen en consideración. Pero, entonces, se constatan hechos. Y los hechos no constituyen un criterio que permita juzgar del valor moral de los actos humanos. La frecuencia del fenómeno ha de ponerse indudablemente en relación con la debilidad innata del hombre, pero también con la perdida del sentido de Dios, con la depravación de las costumbres, engendrada por la comercialización del vicio, con la licencia desenfrenada de tantos espectáculos y publicaciones, así como también con el olvido del pudor, custodio de la castidad”.

    El problema de la masturbación está, sobre todo, en que cierra al hombre o a la mujer sobre sí mismos, buscando egoístamente su placer, lo que les va a causar problemas, cuando lleguen al matrimonio, pues seguirán buscando su propio placer sin importarle el otro, a quien pueden considerar como un objeto para su propio placer. La masturbación, al hacer egoísta al hombre, devalúa su personalidad, que debe estar abierta a todos, y lo va incapacitando para una vida de madurez y de auténtico amor a los demás.

    Algunos autores han dicho que los que tienen el vicio de la masturbación se incapacitan para grandes ideales. Porque el peor daño de la masturbación es que ataca a la esencia de la personalidad y hace al ser humano débil de carácter y egoísta, buscando su propio placer sin pensar en los demás. Y un hombre con poca voluntad no vale nada. Será incapaz de ser fiel y de ser responsable con sus obligaciones familiares.

    Por ello, tú ten un elevado concepto de la virtud de la pureza, de su belleza y de su fuerza de irradiación, porque es una virtud que hace honor al ser humano y que le capacita para un amor verdadero, desinteresado, generoso y respetuoso de los demás.

    Lamentablemente, en muchos colegios, muchos profesores y sicólogos dicen a los alumnos que la masturbación es algo normal y que, por tanto, pueden masturbarse sin ningún problema. No te dejes convencer de estos malos educadores. Tú levanta tu mirada al cielo y pide ayuda para superar este vicio. No tengas miedo, todavía hay esperanzas para ti. Todo depende de tu fuerza de voluntad. Tú puedes superar este vicio como cualquier otra tentación contra la pureza. Mira los paisajes sin límites, los mares sin orillas, los cipreses, que miran siempre al cielo. Mira siempre al infinito, aspira siempre a los más alto y más profundo. No te des por satisfecho con cualquier cosa, cuando te queda por explorar el infinito de Dios.

    No te detengas, toma siempre agua fresca y clara. Respira siempre aire puro. Piensa siempre en grande, soñando con grandes ideales. No te metas en el invernadero de una vida comodona, llena de placeres. No te dejes mover al compás de tus pasiones. Ten coraje para vivir puro y limpio. Revisa el rumbo, rectifica errores, supérate y dirige tu mirada hacia la eternidad. Dios cuenta contigo y te necesita para que seas un ejemplo de pureza y de alegría para los demás. Él cuenta contigo y todos esperamos mucho de ti. No dejes empobrecer tu alma con la masturbación y el egoísmo. Y sigue siempre adelante, luchando a brazo partido para conseguir la pureza que tanto necesitas. Canta y camina, como diría san Agustín. Buen viaje. Cristo te acompaña. No temas. Vive la alegría de ser libre y pon rumbo a las estrellas.
    “Los que viven según la carne no pueden agradar
    a Dios” (Rom 8,8).





    LA FORNICACIÓN

    La fornicación, o las relaciones sexuales entre personas no casadas, es un grave desorden moral. Dice el Catecismo de la Iglesia católica: “La fornicación es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave, cuando hay de por medio corrupción de menores” (Cat 2353).

    “El acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste, constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental” (Cat 2390).

    Por eso, las uniones libres y matrimonios a prueba, al igual que la fornicación, ofenden la dignidad del matrimonio, destruyen la idea misma de la familia y debilitan el sentido de la fidelidad.

    A este respecto, dice la Palabra de Dios: “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y voy a tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta? De ningún modo. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa un hombre, queda fuera de su cuerpo, pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y habéis recibido de Dios? Por tanto, no os pertenecéis. Glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co 6,13-20).

    “La fornicación y cualquier género de impureza ni siquiera se nombre entre vosotros… Pues habéis de saber que ningún fornicario o impuro tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios”
     (Ef 5,3-5).


    De hecho, el acto matrimonial, sin matrimonio, es una contradicción. Dice el Dr. Le Moal: “Una relación sexual con una persona a la que no se hace el don completo de sí y con la que no se quiere tener hijos, no es un acto sexual normal, no es más que una masturbación”. De ahí que las relaciones sexuales sin entrega total, son algo gravemente desordenado. Se busca el placer, pero no se desean los hijos. Porque, como dicen algunos, una cosa es el sexo y otra cosa son los hijos. Por tanto, se distorsiona la unión fundamental del sexo con la generación de los hijos. Además, de hecho, la experiencia enseña que, muchísimas veces, se dan muchos embarazos no deseados en jóvenes por no usar anticonceptivos o por fallo de los mismos. Y de ahí viene lo más grave aún: el asesinato de millares de niños inocentes por sus propios padres, que no quieren asumir las consecuencias de sus actos y quieren evitar las complicaciones de tener un hijo no deseado. ¡Y cuántos millares de madres solteras hay en el mundo que no podrán dar a su hijo un hogar estable ni una relación normal con su verdadero padre!

    Muchos jóvenes creen que, con tal de cuidarse, no hay problemas para tener relaciones sexuales con quien quieran y como quieran. Hablan de sexo seguro contra el sida, lo que es una gran mentira, pues hasta los mismos fabricantes de condones admiten un 10 al 20% de fallos, y muchas mujeres quedan embarazadas. Sin hablar de otros métodos que son abortivos y, por tanto, criminales directa o indirectamente.

    ¿Qué podemos decir de todos estos jóvenes “modernos” que se creen más hombres que los demás y, desde temprana edad, se sienten orgullosos de no ser vírgenes, porque van frecuentemente a los prostíbulos? ¡Cuántas enfermedades se adquieren en esos lugares! Ir a un prostíbulo es como jugarse la vida en la ruleta rusa. Nunca lo hagas.

    Decía el Dr. Ziemssen7: “El médico, que aconseja a un hombre que vaya a un prostíbulo comete un crimen infame”. La ciencia no conoce ninguna enfermedad causada por la vida pura, en cambio, ¡cuántas enfermedades conseguidas por la vida licenciosa! ¡Cuántos padres de familia he conocido que han destruido sus hogares por el libertinaje sexual! Por esto mismo, decía el doctor y filósofo italiano Mantegazza: “He visto muchas personas agotadas y paralíticas a causa de excesos, puedo enumerar por lo menos 20 enfermedades que provienen de un modo de vivir licencioso, pero no he visto una sola enfermedad causada por la continencia” 
    8.

    Sin embargo, algunos jóvenes se dejan convencer fácilmente por sus “amigos” y se dicen a sí mismos: Lo haré sólo una vez para probar. ¿Estás seguro que sólo será una sola vez? ¿Te tirarías del puente una sola vez para probar? ¿Tomarías un veneno solamente una vez para ver cómo te va?

    En algunos ambientes “progres”, una joven, que es virgen con veinte años, parece una retrógrada. Lo moderno es tener sexo y saber evitar los hijos. Un amigo me contaba que, viajando en un autobús, estaba sentado junto a una señora que leía uno de los periódicos más importantes de Italia y se veía un artículo titulado: ¿Es normal que una joven sea todavía virgen a los veinte años? Y contaba el caso de un grupo de estudiantes de un liceo Milán, que habían hecho una fiesta para festejar la primera experiencia sexual de la única estudiante, que todavía era virgen con veinte años.

    En un mundo como el nuestro, en que estamos invadidos de pansexualismo, no hay film o novela o canción en que no se hable del tema. Hasta para vender un coche o unos helados, se acude al cuerpo, casi desnudo, de una mujer.

    Por eso, muchos jóvenes se dejan convencer y contagiar con la idea de que las experiencias sexuales prematrimoniales, no sólo son normales, sino necesarias para la madurez y la felicidad personal. Pero también hay jóvenes, que se van sintiendo hastiados de tanto sexo, que no da la felicidad, y buscan otras experiencias como alternativas. Unos, se van a la India para encontrar gurús y maestros espirituales, buscando en las religiones ancestrales esa verdad y paz que no han encontrado todavía. Otros caen en la droga o quizás en grupos violentos, que los van hundiendo cada vez más en el abismo de su propia infelicidad. Pero en USA, aunque parezca inexplicable, van surgiendo clubes de castidad, donde los jóvenes se comprometen a no tener relaciones sexuales hasta el matrimonio. Muchos de ellos no son vírgenes, pero desean una “segunda virginidad”. Ya son más de 200.000 comprometidos a guardar la castidad hasta el matrimonio en más de 2.000 colegios. En algunos lugares, ya están haciendo marchas y reuniones masivas para propagar su idea y popularizar el orgullo de ser vírgenes y no avergonzarse de los que no piensan como ellos. Porque la abstinencia, antes del matrimonio, trae muchos beneficios, incluso para la salud. 

    Por eso, hay que recomendar a los jóvenes que tengan el ideal de la pureza. Solamente en el matrimonio puede haber una entrega total mutua y pueden entregarse mutuamente con toda la alegría de una entrega definitiva y para siempre. No se puede pensar en un matrimonio a prueba. No se puede rebajar el matrimonio a una experiencia pasajera o simplemente a una unión sin compromisos definitivos, pues eso sería una fornicación permanente.

    En el noviazgo, los novios deben aprender a conocerse y amarse para no dar un paso equivocado para toda la vida. El filósofo alemán Herbert Marcuse habla de la “ética de la ternura”, es decir, aprender a darse cariño y ternura sin sexo. Porque el ser humano no es sólo cuerpo y genitalidad. Hay que aprender a amar con pequeños gestos llenos de cariño como una mirada, una sonrisa, un beso sincero sin apasionamiento, una caricia, un apretón de manos o simplemente inclinar la cabeza sobre la espalda del otro. Son pequeños gestos que van a fomentar el amor mutuo y construirán su futuro, porque una unión sexual sin amor no da la felicidad, un matrimonio sin amor no puede durar mucho tiempo; pero un amor profundo, aunque no hubiera sexo, seguirá dando sentido al matrimonio.

    En resumidas cuentas, la fornicación es un desorden, porque falta el amor definitivo y la entrega total. Por eso, la Palabra de Dios nos dice: “la voluntad de Dios es vuestra santificación, que se abstengan de la fornicación y que cada uno sepa guardar su cuerpo en santidad y honor” (1 Tes 4,3-4). 

    Sin embargo, no todo está perdido para ti, aunque hayas caído en lo más bajo del infierno con tus libertinajes sexuales. Mientras hay vida, hay esperanza, Dios sigue confiando en ti. Acude a Él, pídele perdón y verás milagros en tu vida y cómo Dios te transforma de gusano en mariposa para que puedas volar con las alas de la pureza y vivir con una alegría nueva. Hay muchos santos que han sido grandes pecadores y Dios los transformó completamente. Piensa en santa María Magdalena, la prostituta de Magdala; en san Agustín, y en tantos otros santos como el buen ladrón.

    Y ahora quiero hablarte de un caso concreto, escrito por un misionero italiano, que conoció a la protagonista. Dice así:

    “Lucy Kafula, huérfana de padres, desde los 13 años se dedicó a la prostitución para poder sobrevivir y empezó a beber demasiado. A veces, venía a media noche a tocar mi puerta para poder tener un rincón donde dormir, pero no quería saber nada de la Iglesia. Hasta que a los 19 años descubrió que tenía el sida.

    Un día, vino a buscarme y a decirme que quería bautizarse. La preparé yo mismo y, en una espléndida tarde, toda la Comunidad de Korogocho tuvo la alegría de ver a Lucy “salir del agua” como una nueva criatura. Lucy, transfigurada en el cuerpo y en el espíritu, resistió a su mal durante dos años con la sonrisa en los labios. La última misa, que celebré con ella presente fue el 13 de mayo de 1989. Lucy entonó el Magnificat. Ella lloraba de alegría, yo le toqué su cabeza con cariño y ella me sonrió. Al día siguiente ella murió, murió con la sonrisa en los labios. Para la Comunidad cristiana del lugar, permanece más viva que nunca, ella es la María de Korogocho”. 


    Si ella pudo ser feliz, a pesar de su pecado, tú también. Si ella pudo encontrar la alegría y la paz en Dios, tú también. Así que da los primeros pasos, acude a confesarte y pídele perdón a Dios. Di en este momento: 
    Jesús, perdóname 
    por todos mis pecados.
    Quiero ser tu hijo
    de verdad
    y vivir contigo
    una vida nueva.
    Ven a mi corazón
    y lléname de tu paz.
    Quiero que,
    a partir de ahora,
    Tú seas el Señor
    y el Rey de mi vida.
    Te entrego mi vida,
    mi mente, mi cuerpo
    y mi alma
    para que los limpies
    con tu sangre bendita
    y me hagas
    un hombre nuevo,
    puro y limpio para ti.
    Amén.


    Capítulo 3: El adulterio. El aborto


    EL ADULTERIO

    El adulterio se refiere a la infidelidad conyugal. “Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional, cometen adulterio” (Cat 2380).

    El adulterio es una injusticia contra la parte inocente. En el matrimonio, los dos esposos “se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos, sino una sola carne. La alianza, contraída libremente por los esposos, les impone una obligación de mantenerla una e indisoluble, pues lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (Cat 2364).

    “La sexualidad… se realiza, de modo verdaderamente humano, solamente cuando es parte integral del amor con que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte” (Cat 2361).

    San Juan Crisóstomo sugiere a los jóvenes esposos hacer este razonamiento a sus esposas: “Te he tomado en mis brazos, te amo y te prefiero a mi vida. Porque la vida presente no es nada, mi deseo más ardiente es pasarla contigo de tal manera que estemos seguros de no estar separados en la vida que nos está reservada… Pongo tu amor pon encima de todo” (Hom in Eph 20,8).

    Muchas veces, el adulterio lleva al divorcio, con todas las consecuencias negativas para los hijos, que necesitan un hogar estable para madurar afectivamente. “El divorcio es una grave ofensa a la ley natural… El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla, entonces, en una situación de adulterio público y permanente” (Cat 2384).

    Algunos propician un matrimonio a prueba a ver cómo va. Pero “cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas y, sobre todo, protegidas contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones. El amor humano no tolera la prueba. Exige un don total y definitivo de las personas entre sí” (Cat 2391).

    Jesús nos habla del adulterio y dice que incluso “el que mira a una mujer, deseándola, ya pecó con ella en su corazón” (Mt 5,28). Y san Pablo nos dice: “cada uno sepa guardar su cuerpo en santidad y honor… que nadie se atreva a extralimitarse, engañando en esta materia a su hermano, porque vengador en todo esto es el Señor, que no nos llamó a la impureza, sino a la santidad” (1 Tes 4,6-7).

    Pero ¡cuántos adulterios y cuántos hijos sin padre y cuántos abortos hay en el mundo por la falta de fidelidad! Y mucha culpa de esto la tienen los medios de comunicación social, al promover la libertad y la promiscuidad sexual a través de películas, y de otros medios.

    En USA se hizo un estudio en niños y jóvenes de 8 a 18 años. De las 93.000 escenas de sexo que ven en la televisión, cinco de cada seis, son de relaciones extramatrimoniales. Esto crea una mentalidad general de que el sexo, aun fuera del matrimonio, es aceptable, porque así lo hace el “chico bueno” de la película o de la novela. Y hasta se presentan estas infidelidades, como si fueran hazañas de héroes y, por tanto, dignas de ser imitadas. Mientras que los que no tienen relaciones sexuales son presentados como tontos y feos. Las consecuencias son claras, pues nadie quiere ser anormal.

    Pero lo que no dicen los medios televisivos son las consecuencias y los sufrimientos que traen estos adulterios en la vida real. No hablan de contagios de enfermedades ni de hijos sin padres ni del sufrimiento de la esposa engañada o de la querida pasajera. Sólo hablan del placer como si todo fuera pura felicidad. Recordemos un adulterio famoso, el de David. El adulterio de David le llevó a querer tener la esposa de Urías definitivamente y, por eso, mandó matarlo. Del adulterio vino el asesinato. Después vino el sufrimiento ante la enfermedad y la muerte del niño engendrado de esa relación. Y Dios le mandó al profeta Natán para hacerle entender la gravedad de su pecado. Porque ¿acaso Dios no nos habla a todos a través de la conciencia? Dice la Biblia: “Lo que había hecho David fue desagradable a los ojos de Dios” (2 Sam 11,27).

    Una vez, conocí a una señora, que le gustaba ser independiente y no depender económicamente de su esposo. Por eso, cuando tuvo que dejar de trabajar, buscó un amigo, que tenía dinero, para que le ayudara a seguir con los mismos lujos a que estaba acostumbrada. Para ello tuvo que prestarle sus “servicios”, siendo infiel a su esposo. Un día, su hija menor escuchó una conversación telefónica con su “pareja” y ella, al darse cuenta, se sintió morir de vergüenza. A partir de ese momento, lo dejó definitivamente. Se confesó, empezó a acudir a la iglesia, de la que se había alejado, e, incluso, asistió a un retiro.

    Cuando yo la conocí, era una persona extraordinaria, había aprendido a vivir sin lujos, era más humilde y en su matrimonio había unión y amor. Pero ¿qué hubiera pasado, si su hija no se llega a enterar? ¿Hubiera seguido indefinidamente aquella relación? ¿Acaso no se daba cuenta de todas sus mentiras y engaños? ¿Acaso no tenía sentido de la fidelidad, del honor y de su propia dignidad como esposa y madre? Nunca es tarde para arrepentirse. Pero recuerda que el verdadero amor exige verdad y transparencia.

    Por todo esto y sin ahondar más en el tema, podemos entender que el matrimonio es algo serio y que un verdadero amor debe ser para siempre. Ahora bien, esto quiere decir que hay que luchar por la fidelidad día a día. Es casi imposible guardar fidelidad, cuando no hay fe ni oración, pues la fidelidad es un don de Dios y hay que pedirla todos los días. Y hay que luchar diariamente, porque la fidelidad impone ciertas renuncias a cosas, incluso buenas y agradables, pero inconvenientes, como ver ciertas películas o visitar ciertas amistades o dar demasiada confianza a ciertas personas. No se puede flirtear con otras personas, cuando uno se ha comprometido en el matrimonio de por vida. No se puede jugar con los compromisos y con las cosas serias de la vida.

    Si eres casado, enamórate cada día más de tu esposa. Evita todo lo que la haga sufrir. Si la amas, debes procurar hacerla feliz. Dile todos los días que la amas con pequeños detalles. Díselo con una sonrisa, con un apretón de manos, con una palabra bonita, con la mano apoyada en su espalda, con un abrazo, con un beso. Quizás le puedes hacer pequeños regalos de cosas que le agradan o que necesita, o escribirle una tarjeta llena de agradecimiento por todo lo que hace por ti y por tus hijos. Sé amable con ella. Sé un caballero, educado y amable.

    Y, de la misma manera, tú, esposa, debes ser amable y cariñosa con tu esposo, demostrándole tu amor en las pequeñas cosas de cada día. ¡Cuánta alegría puedes dar a tu esposo con tu sonrisa fresca y alegre! ¡Cuántos detalles de amor puedes inventar como esposa enamorada! Y ¡cuánta ternura puedes derramar en el corazón agobiado de tu esposo, cuando llega cansado del trabajo!

    Vale la pena que ambos hagan la prueba cada día de amarse más y de ofrecer al otro caricias y flores de amor, teniendo a Dios en medio de su corazón puro y honesto.
    La desgracia del adulterio es que agusana el amor
    por dentro,
    lo falsifica, lo pudre, y todavía aparenta que todo sigue igual.


    EL ABORTO

    Uno de los más graves problemas del mundo actual es el aborto. Hay tanto libertinaje sexual que son concebidos millones de niños no deseados y que después son abortados. Más de sesenta millones de abortos cada año. ¿Nos imaginamos lo que esto significa? ¿Hasta cuándo Dios seguirá teniendo paciencia con esta humanidad que no valora la vida, porque sólo busca el placer? El aborto es uno de los pecados más graves que se pueden cometer y lleva la pena de excomunión automática de la Iglesia Católica (Cat 2272).

    Si tú has aconsejado el aborto a alguien, debes pensar en ese niño abortado, que es un ser humano con los mismos derechos que tú. Te recomiendo que le pongas un nombre a ese niño y mandes celebrar una misa por él para que así tengas la seguridad total de que está con Dios en el cielo. Pero, si crees que tu vida ya no puede ser igual, porque has abortado, confiésate, Dios te sigue esperando para perdonarte. Después, perdónate tú y comienza una nueva vida, procurando salvar la vida de todos los niños, que pueden estar en peligro de ser abortados.

    Sé defensor de la vida. No des tu voto a los políticos, que están a favor del aborto. No participes en campañas que lo promueven. El aborto, aunque sea legal en algunos países, siempre será un crimen, es como condenar a muerte a un ser indefenso e inocente. Por eso, ningún proabortista debería tener el derecho de llamarse cristiano. Y, si hablan en nombre de la libertad, ¿de qué libertad están hablando? ¿De la libertad para matar a seres inocentes como estos niños?

    Algunos dicen que no es seguro que los fetos sean seres humanos durante los dos o tres primeros meses de vida. Pero ¿te atreverías a exponerte a matar a un ser humano simplemente, porque no estás seguro que lo sea? ¿Te hubiera gustado que tus padres te hubieran abortado a ti? Algunos hablan de que somos demasiados en el mundo y debe haber control de natalidad, matando a estos niños inocentes. ¿Desde cuándo el matar a estos niños es signo de desarrollo y de progreso? ¿Acaso por ser menos gente habrá más desarrollo? ¿Seremos más desarrollados, continuando tan inmaduros e irresponsables como antes? 

    Lo que pasa es que falta fe en Dios en este mundo tan materialista y todo se ve desde el punto de la comodidad y del placer. Y se quieren evitar los hijos que incomodan y crean dificultades para la diversión. Incluso, muchas mujeres lo consideran como un derecho, del que ellas pueden disponer.

    El Papa Juan Pablo II decía: “¿Cómo es posible hablar todavía de dignidad de toda persona humana, cuando se permite matar a la más débil e inocente? ¿En nombre de qué justicia se realiza la más injusta de las discriminaciones entre las personas, declarando a unas dignas de ser defendidas y otras se les niega esta dignidad?” (Evangelium vitae 20).

    “Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo, o incurable o agonizante”
    (Ib. 57).


    Lo curioso es que muchas de esas personas, que fomentan el aborto, son defensores a ultranza de los derechos de los animales y de la ecología. Y se rasgan las vestiduras ante una corrida de toros o ante un perro estrangulado y no dicen nada de los millones de estos niños inocentes que mueren abortados cada año.

    Si tú has abortado, piensa que todavía hay esperanza para ti y Dios te espera para perdonarte. El gran siquiatra inglés Kenneth McAll dice que conoció “a una mujer que había ejercido la prostitución y, a consecuencia de ello, había padecido varios abortos, tanto voluntarios como involuntarios. Se arrepintió de su mala vida, pidió perdón a Dios y les puso nombre a todos sus hijos abortados, consagrándoselos al Señor todos los domingos, cuando iba a la iglesia. A partir de ese momento, sintió mucha paz, e incluso, se vio libre de la depresión que padecía
    9.


    Capítulo 4: La homosexualidad. Ideología del género


    LA HOMOSEXUALIDAD 

    La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres, que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo” (Cat 2357).

    En la Biblia se habla claramente en contra de la práctica homosexual. Dice: “No te juntarás con hombre como con mujer, pues es una abominación” (Lev 18,22). “Dios los entregó a las pasiones vergonzosas, pues las mujeres mudaron el uso natural en uso contra naturaleza e igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrazaron en la concupiscencia de unos con otros, varones con varones, cometiendo torpezas y recibiendo en sí mismos el pago debido a su extravío” (Rom 1,24-27). Ya en el Antiguo Testamento se nos habla claramente de este pecado, que era frecuente en Sodoma, y, por ello, se le suele llamar también sodomía. Por este pecado, Dios decidió destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra (Gen 19).

    Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (Cat 2357).

    La Congregación para la doctrina de la fe en sus Consideraciones, publicadas acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, publicadas el 3 de junio de 2003 y aprobadas por el Papa Juan Pablo II dice:

    “La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría, no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertido en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores para el bien de los hombres y de toda la sociedad.” 

    Veamos lo que dice el Dr. Gerard van den Aardwerg 10 especialista en terapia de la homosexualidad y profesor de Sicología de la Universidad de Amsterdam:

    «La palabra gay originariamente significa alegre, animado, pero ha perdido este significado desde que se usa para el estilo de vida homosexual. Ahora el valor de la palabra ha pasado a ser alegría afectada o artificial y limita casi con el exhibicionismo. No hay más que ver, como ejemplo, las manifestaciones gays o los juegos olímpicos de 1999 en Amsterdam para ellos. Estos acontecimientos, para los ojos del público, son una especie de exhibicionismo infantil que da pena. La alegría de ser gay es parecida, en parte, a la del alcohólico. Quien se identifica con su presunta naturaleza homosexual, puede tener un cierto alivio, pero, de hecho, se encadena a la neurosis. Por eso, el camino contrario, la búsqueda de la verdad sobre sí mismo, sin dejarse arrastrar por un derrotismo de “yo soy así”, es un camino de esperanza.

    La idea resulta más clara, si consideramos que los deseos homosexuales radican en depresiones, que vienen de la juventud: sentimientos de soledad, complejos de inferioridad acerca de su identidad sexual… Todo lo contrario a la esperanza. Por eso, hay que disipar todo el fatalismo que envuelve a la homosexualidad: de si está en los genes o de si es una variante de la sexualidad o de si no puede cambiarse. Son slogans de propaganda. El convencimiento de que no pesa sobre alguien un determinismo hereditario ofrece perspectivas de esperanza.

    La idea de que existen factores hereditarios, que predisponen a la inclinación homosexual, es puramente teórica. Sí, hay factores familiares o educativos que favorecen esta tendencia. En los chicos puede ser la relación con una madre súper protectora, dominante o con un padre sicológicamente distante o demasiado crítico o poco viril o que le desatiende a favor de sus hermanos. También puede ser contraproducente que el padre o la madre no se sienta a gusto con su condición masculina o femenina. O bien que los padres traten a una hija como si fuera chico o viceversa, de modo que se sientan desaprobados o no deseados con lo que en realidad son.

    La familia es muy importante en esta tendencia, pero también lo es el contacto con compañeros del mismo sexo. La mayoría de los homosexuales dicen haberse sentido excluidos en su niñez o juventud por sus compañeros a la hora de jugar o realizar sus actividades. Al menos, así lo sienten, es un complejo de marginación, de no haber sido aceptados.

    Muchas veces, se presentan, hasta por telenovelas o televisión, parejas de homosexuales como si fueran fieles y felices. Es precisamente todo lo contrario. Las parejas homosexuales se rompen con mucha frecuencia. Una investigación alemana señala que el 60% de esas uniones duran un año y sólo el 7% superan los cinco años. Esto también lo reconocen los defensores de la emancipación de la homosexualidad. La imagen de la pareja homosexual feliz, como espejo del matrimonio, es una mentira con fines propagandísticos. Sus relaciones y contactos son neuróticos. Entre ellos no son excepción la infidelidad, los celos, la soledad y las depresiones. Para hacernos una idea mejor de esto pueden servirnos, sobre todo, las autobiografías de homosexuales y las novelas escritas por ellos, donde se ve que su vida es lo más lejano de una vida feliz.

    Sin embargo, hay esperanza para ellos. Hay pequeños grupos de homosexuales cristianos, que se ayudan a no practicar su homosexualidad. Para los católicos el Padre John Harvey fundó la asociación Courage, donde tratan de vivir de acuerdo a la doctrina de la Iglesia. Vale la pena seguir esta iniciativa que tiene 20 años de experiencia. Como la homosexualidad es un problema, a la vez síquico y moral, cualquier apoyo espiritual significa mejora en la condición básica de toda homosexualidad.

    Un homosexual puede vivir castamente, pero tiene que desearlo y tiene que convencerse de que es un ideal posible y ventajoso. Por desgracia, a nadie se le facilita este punto de vista hoy día. Se hace propaganda de lo impuro. En algunas escuelas entrenan para las relaciones sexuales, pero apenas se plantean valores como la castidad y la fidelidad. Y ¿cómo pueden vivir su castidad los homosexuales y lesbianas? Evitando los contactos y los lugares de encuentro entre ellos. Luchando contra la masturbación, no cediendo a fantasías sexuales, venciendo la curiosidad en televisión, internet o publicaciones pornográficas, buscando ayuda y fomentando actividades sanas y buenas compañías.

    Los sacerdotes pueden ayudarlos explicándoles el ideal de la castidad frente al egocéntrico y deprimente efecto de la impureza y como una condición para una emotividad madura y un amor verdadero”.


    La Asociación de médicos católicos de USA publicó hace unos años una declaración en la que decía: “La atracción homosexual no es innata. Si fuera innata y genética, entonces uno esperaría que los gemelos idénticos tuvieran la misma orientación sexual. Sin embargo, hay numerosos casos de gemelos idénticos, que no son idénticos en su orientación sexual”. 

    Los homosexuales pueden curarse y llegar a ser personas totalmente normales, en la medida en que puedan superar sus problemas emocionales, que tienen en el fondo de su personalidad. Y, en el caso de que no puedan superar totalmente su tendencia homosexual, deben aceptar su situación como una enfermedad, que les impone ciertas limitaciones, como deben aceptar sus limitaciones los enfermos del corazón o del estómago o de la columna. Lo importante es que se esfuercen por superarse, que no se queden estancados en un “yo soy así” y que sepan que su vida tiene sentido y Dios tiene un plan maravilloso para ellos. Porque es posible vivir en castidad, aun teniendo inclinaciones homosexuales.
    Amar es querer el bien
    del otro.

    IDEOLOGÍA DEL GÉNERO 

    Desde la IV conferencia mundial de las Naciones Unidas en Pekín, en setiembre de 1995, se está hablando mucho de esta ideología, que está siendo propiciada por grupos feministas y homosexuales especialmente. Dicen que, aparte de las diferencias anatómicas entre el hombre y la mujer, las diferencias esenciales en el modo de pensar, obrar y valorarse a sí mismos son fruto de la cultura social y no fruto de la naturaleza. Quiere esto decir que, para ellos, lo que hace la diferencia entre sexos no es la naturaleza, sino el ambiente social. De ahí que no quieran hablar de sexos, que parecen indicar solamente los dos considerados tradicionalmente: hombre y mujer; sino que prefieren hablar de género o de distintas orientaciones sexuales. El género o la orientación sexual la escoge cada uno. 

    Algunos hablan de cinco géneros: hombres y mujeres heterosexuales, hombres y mujeres homosexuales y bisexuales. Otros añaden a los travestis y a los transexuales; aunque, de alguna manera, están incluidos en los cinco anteriores.

    La conclusión de esta ideología es querer eliminar la primacía del hombre sobre la mujer y buscar la igualdad total de los sexos. Para ellos, el matrimonio entre homosexuales o personas de distinta tendencia sexual, debería ser normal. Nada debería ser pecado, sexualmente hablando, incluida cualquier aberración como pederastia o relaciones sexuales antinaturales. La mujer debería tener derecho a usar de su cuerpo, cuando quiera y con quien quiera, incluso el derecho al aborto. De esta manera, quieren construir una sociedad sin familia, donde el Estado asumiría la educación de los hijos, donde se podría escoger el modo de reproducción (fecundación artificial e, incluso, la clonación…), y donde todos los métodos anticonceptivos deberían estar al alcance de todos.

    No es difícil imaginar a dónde iría la sociedad con esta ideología, que quiere destruir el matrimonio tradicional y la familia. Por eso, la Iglesia Católica se opone rotundamente a ella.


    El amor
    es un regalo de Dios
    .


    Capítulo 5: Escándalos de sacerdotes.

    Todos hemos oído algo sobre el problema suscitado por los escándalos de sacerdotes en USA. Pues bien, casi todos los escándalos de estos sacerdotes fueron de sacerdotes homosexuales.

    El origen del problema habría que buscarlo en la mentalidad actual, generalizada en USA, de que los homosexuales son personas normales, simplemente distintas, con distintas tendencias sexuales. De ahí que en algunos Seminarios de USA se admitieron candidatos homosexuales al sacerdocio con el compromiso y el voto solemne de guardar su castidad. Pero los resultados han demostrado, una vez más, que los homosexuales no son tan normales como se supone. Y, si en un mundo tan sexualizado, como el actual, ya es una gracia muy grande de Dios conservar la castidad a una persona normal, mucho más lo será para una persona, que, sicológicamente, no es tan normal, pues la homosexualidad lleva a la neurosis y a encerrarse dentro de sí mismo.

    El Padre Amedeo Cencini, hablando de estos escándalos de USA dice: “la inmensa mayoría de los casos de desórdenes sexuales de sacerdotes fue con adolescentes. Pero esto tiene una explicación particular. Desde hace mucho, la cultura norteamericana ha tomado una actitud muy favorable en lo tocante a la condición homosexual, como si ésta fuera una condición absolutamente normal. Es obvio que tal mentalidad haya penetrado sutilmente también dentro de la comunidad creyente, incluso en los Seminarios, hasta llegar a una correspondiente actitud, es decir, de facilidad para la admisión de estas personas a las órdenes sagradas… Si durante tanto tiempo se ha predicado que la homosexualidad es una simple variante de la tendencia sexual (los homosexuales, según algunos, serían como los zurdos del sexo) entonces, no hay por qué maravillarse, si se abre camino la idea de que la transgresión en este sentido no es tan grave o de que quizás no sea algo malo, sino normal”.

    Según un estudio de la Pensylvania State University, publicado el 2001 y titulado Pedophiles and priests, serían 60 los sacerdotes suspendidos por abusos sexuales en 17 diócesis. Según datos del archivo de la Santa Sede, citado por ellos, en los últimos 23 años, ha habido 56 casos de abuso sexual comprobado. Muchos de esos sacerdotes están pagando su pena en la cárcel y el obispo ha tenido que pagar fuertes indemnizaciones a los familiares de los adolescentes involucrados en el caso.

    De hecho, hay demasiados abogados interesados en estos casos, pues las sumas a pagar son muy elevadas. También ha habido muchos periodistas interesados en “investigar” estos casos y resaltar la palabra pedofilia, sin mencionar que la inmensa mayoría de casos son de homosexuales. Incluso hablan de cientos de casos, porque se refieren a casos de personas que trabajan para la Iglesia en colegios o establecimientos sociales, que no son sacerdotes.

    Se han sacado casos de hace 20 y 30 años con la única prueba de quien acusa. En 1994, el mismo cardenal de Chicago fue acusado por un enfermo de sida, que decía que se había sobrepasado con él siendo adolescente, y pedía varios millones de dólares por reparación. En el lecho de muerte confesó que todo había sido mentira. Los periodistas hablaban de 80 sacerdotes pedófilos en Boston y, al final, sólo resultaron ser cuatro. Como se ve, los periodistas exageran y especialmente se interesan por todo lo que desprestigia a la Iglesia. También hablaron mucho de que en Brasil había 1.700 sacerdotes pedófilos según la revista ISTOE, pero sólo habían sido menos de una decena y, por eso, el cardenal Presidente de la Conferencia episcopal Brasil Geraldo Majella afirmó que lo de 1.700 sacerdotes pedófilos era una afirmación calumniosa, carente de todo fundamento. Pero de todos los medios de comunicación del mundo, que habían dado la noticia, casi ninguno la desmintió a pesar de las declaraciones de los obispos brasileños. Parece que el desmentir esa noticia no era noticia y, como dice un antiguo adagio: Miente, miente, que algo queda. Pero volviendo al caso de los Estados Unidos, el problema de abuso de menores es un problema social. Charol Shakeshaft, en su libro, habla de que el 15% de los alumnos de colegios estatales en USA, sufren abusos sexuales por parte de profesores o personal del centro en algún momento de su vida escolar, y el 5% de los profesores abusan de sus alumnos. Se considera que en USA hay 105.000 casos de abuso sexual cada año a menores de edad. ¿Por qué no se investigan y se publican estos casos?

    De hecho, la mayoría de las violaciones de niños y niñas tiene lugar en sus propios hogares por sus mismos padres, padrastros, compañeros de sus madres o por familiares, es decir, por hombres casados y de vida sexual activa, lo cual echaría por tierra la acusación de que estos escándalos de sacerdotes se debieran al celibato sacerdotal como algo antinatural, que hay que eliminar cuanto antes, como dicen algunos.

    No olvidemos que en USA hay 47.000 sacerdotes, y la inmensa mayoría son buenos y fieles sacerdotes. Y no se puede manchar a una institución por algunos pocos malos, que siempre habrá como en todas partes.11

    Los cardenales de USA, reunidos el 24-4-2002, en un comunicado público, dijeron: “Si bien los casos de pedofilia auténtica por parte de sacerdotes y religiosos son escasos, todos reconocen la gravedad del problema. Se ha destacado el hecho de que prácticamente todos los casos han visto implicados a adolescentes, por lo que no puede hablarse de casos de pedofilia auténtica.

    Propondremos que la Conferencia episcopal católica estadounidense recomiende un procedimiento especial para la expulsión del estado clerical a un sacerdote que se haya vuelto notoriamente culpable de abuso sexual de menores”.12

    “Incluso por un solo acto de abuso sexual de un menor, pasado, presente o futuro, el sacerdote o diácono que hubiera delinquido quedará permanentemente apartado del ministerio… El acusado podrá contratar la asistencia de un abogado. En caso de necesidad, la diócesis proporcionará al sacerdote un abogado especializado en derecho canónico. Si la pena de expulsión del estado clerical no fuera aplicable por razones de avanzada edad o enfermedad, el delincuente deberá llevar una vida de oración y penitencia. No se le permitirá celebrar misa públicamente, ni vestir hábito clerical o presentarse en público como sacerdote”
    .13

    El Papa, hablando de este tema, dijo claramente en su discurso a los cardenales de USA, en Roma, el 23-4-2002:

    “La gente necesita saber que no hay sitio en el sacerdocio ni en la vida religiosa para quienes hagan daño a los jóvenes, pues es un espantoso pecado a los ojos de Dios… pero no podemos olvidar el inmenso bien espiritual humano y social que la gran mayoría de los sacerdotes y religiosos de USA ha realizado y sigue realizando…Por eso, a las Comunidades católicas de USA, a sus pastores y miembros religiosos y religiosas, a los profesores de Universidades y escuelas católicas, a los misioneros estadounidenses, diseminados por todo el mundo, vaya de todo corazón el agradecimiento de toda la Iglesia junto con la gratitud personal del obispo de Roma”.

    Casos de escándalos sexuales se dan también y no en menor cantidad, según estadísticas de USA, entre los pastores protestantes y, por supuesto y en grado inmensamente mayor, en todas las profesiones habidas y por haber. Por eso, es posible que Jesús les diría a esos periodistas, que se escandalizan de la Iglesia y propagan estos casos para crear la incertidumbre y la desconfianza: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra” (Jn 8,7).

    Para esta clase de prensa, que enfatiza con placer todas las transgresiones del clero, la virginidad no existe ni la creen posible. Para ellos, sólo es “virgen” todavía el aceite de oliva y la lana “virgen”. Para ellos, el célibe por propia voluntad es alguien anormal, un “marciano”, un extraterrestre, alguien, que no puede ser feliz por no ser normal. Y creen que los sacerdotes son acomplejados u homosexuales. Pero, gracias a Dios, todavía es posible vivir con la mente y el alma puros y la alegría de Dios en el corazón.

    Lo que pasa es que, como diría Vittorio Messori en la revista italiana Avvenire del 22-4-1995: “El celibato de los sacerdotes irrita a muchos, porque es el último signo de la posibilidad de vivir de forma diversa en el mundo”. O, como dice Sam Ewing, en su Mature Living: “Nada hay más embarazoso que observar a alguien que hace exactamente aquello que habías considerado imposible de hacer”. Es como si estos detractores del celibato no quisieran reconocer que es posible y quisieran demostrárselo a todo el mundo.

    La conclusión de todo esto sería que no debe entrar al Seminario ni a la vida religiosa ningún candidato que tenga graves problemas sicológicos, sean homosexuales o heterosexuales, pues no tendrán la capacidad normal para superar las tentaciones de la vida diaria. Concretamente, la Congregación vaticana para el culto divino respondió el 9 de diciembre de 2002 a una pregunta, que le había formulado un obispo sobre si podían aceptarse homosexuales en los Seminarios. Y respondió así: “La ordenación al diaconado y al presbiterado de hombres homosexuales o con tendencia homosexual es absolutamente desaconsejable e imprudente y, desde el punto de vista pastoral, muy arriesgada. Una persona homosexual o con tendencia homosexual no es idónea para recibir el sacramento del orden sagrado”. La experiencia lo ha demostrado y hay que tomarla en serio.14

    Oremos mucho por nuestros sacerdotes para que sean castos y vivan fielmente su vocación. Criticarlos es muy fácil, pero orar es mejor. Oremos por los sacerdotes para que sean santos. Porque, como decía Gandhi:
    El nervio de la Iglesia Católica,
    aquello que le da vigor
    y cubre todas sus manchas,
    es el celibato de sus sacerdotes.


    Tercera Parte: La Castidad Consagrada


    En esta tercera parte, vamos a ver cómo la castidad, consagrada a Dios y ofrecida por amor a Dios y a los demás, es algo muy enriquecedor y que ayuda a madurar en el amor. Comencemos hablando de que la castidad consagrada es posible.

    Capítulo 1: La castidad consagrada es posible


    Para muchos de nuestros contemporáneos la castidad consagrada es algo incomprensible e inconcebible pues la ven como represión de algo natural. Y, por eso, podemos preguntarnos: ¿Es posible hablar todavía en este mundo moderno de castidad consagrada? ¿Acaso no vemos cómo también los consagrados caen de vez en cuando?

    Sí, se puede hablar de castidad hoy como antes. La Iglesia, que es maestra de humanidad, lleva cientos de años demostrando al mundo que es posible. Hay actualmente un millón de religiosas y 430.000 sacerdotes célibes. ¿Acaso eso no es una prueba de que es posible? Pero el mundo no quiere ver, porque pareciera que le estuviéramos diciendo que está equivocado, al considerar imposible la castidad de las personas consagradas.

    El Papa Juan Pablo II decía: “La persona consagrada manifiesta que lo que muchos creen imposible, es posible y verdaderamente liberador con la gracia del Señor Jesús. Sí, ¡en Cristo es posible amar a Dios con todo el corazón, poniéndolo por encima de cualquier otro amor y amar así, con la libertad de Dios, a todas las criaturas! Este testimonio es necesario hoy más que nunca, precisamente, porque es algo casi incomprensible en nuestro mundo… La castidad consagrada aparece así como una experiencia de alegría y libertad” (Exhortación apostólica Vita consecrata 88).

    Jesucristo mismo, con su propia vida, nos dio a entender que sí era posible vivir en pureza y castidad perpetua durante toda la vida. Y Él mismo quiso tener una madre virgen y un padre virgen: San José. Por eso, no es de extrañar que lo aconseje a aquéllos que quieren seguirle más de cerca. Pero muchas personas no entienden este don. Por eso, dice Jesús: “Hay quienes han renunciado al matrimonio por el reino de los cielos. Quien pueda entender que entienda” (Mt 19,10-12). Ciertamente, no todos pueden entenderlo. Pero “todo el que dejare hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campos por amor a mi Nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna” (Mt 19,29).

    El célibe puede dedicarse a tiempo completo al servicio de Dios y de los demás y no tiene tanta preocupación por las cosas materiales al no tener una familia que alimentar. Por eso, san Pablo nos dice: “Quisiera que todos los hombres fueran como yo, pero cada uno tiene de Dios su propio don. Sin embargo, a los no casados y a las viudas les digo que les es mejor permanecer como yo. Pero, si no pueden guardar la continencia, cásense, que es mejor casarse, que abrasarse” (1 Co 7,7-9).

    “Sobre las vírgenes no tengo precepto del Señor, pero puedo daros un consejo como quien ha obtenido del Señor la gracia de ser fiel… Yo os querría libres de preocupaciones. El célibe se cuida de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. En cambio, el casado ha de cuidarse de las cosas del mundo y de cómo agradar a su mujer y así está dividido. La mujer no casada y la doncella sólo tienen que preocuparse de las cosas del Señor, de ser santas en cuerpo y en espíritu… Así pues, quien casa a su hija doncella hace bien, y quien no la casa hace mejor… Más feliz será, si permanece conforme a mi consejo, que yo también creo tener el espíritu de Dios” 
    (1 Co 7,25-40).

    En el Apocalipsis se nos habla de aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que “son los que no se mancharon con mujeres y son vírgenes y son los que siguen al Cordero adondequiera que va” (Ap 14,4).

    Ellos son los predilectos de Jesús como el apóstol Juan, que era virgen y era su predilecto. Ya hemos dicho que el célibe no renuncia al amor, sino que sublima su amor para darlo al mundo. Por eso, hay una regla de religiosas de clausura del siglo XIII que decía: “Tened en vuestro corazón a todos los enfermos y afligidos que sufren dolor y pobreza, pensad en los tormentos de los que están en prisión. Pensad con el corazón lleno de compasión en los que sufren graves tentaciones. Conservad en vuestro corazón los dolores de toda la gente que sufre y pedid al Señor que tenga piedad de ellos y vuelva su rostro misericordioso hacia ellos15.

    Así pues, la castidad consagrada no es renunciar a amar a los demás, sino autoliberación para amar más y mejor. Es autorrealización personal en el amor a Dios y a los demás. Por ello, si el consagrado no está enamorado de Dios, si no está centrado en el AMOR con mayúsculas, no podrá ser fiel a su vocación, al igual que un casado, que no tiene amor a su esposa, no podrá serle fiel. El consagrado debe ser capaz de decirle al Señor: Tú eres el amor de mi vida. Sin Ti no puedo vivir. Por Ti lo he dejado todo y ahora te amo y te sirvo en mis hermanos.

    El hombre consagrado es capaz de gritar a los cuatro vientos: Dios es Amor y me ama. Puede unirse al canto del pájaro en la rama, a la belleza del lirio, a la alegría del ciervo que recorre la floresta o al pez que navega por los océanos y unirse al concierto universal de todas las criaturas y decir con ellas: Dios es Amor. El coro de los hombres que dejan todo por amor a Dios, que son capaces de renunciar a la genitalidad para amar en plenitud realiza los acordes más armoniosos de la sinfonía de la Creación, que alaba a Dios y salva a la humanidad, pues su canto es un canto de amor y salvación. Aman para salvar, renuncian al uso del sexo para amar. Viven para los demás.

    Ellos son las espigas maduras del Señor, que se convierten en hostias y que el Señor guarda en los graneros de su Reino. Aman la belleza y su alma bella es admiración para hombres y ángeles. Y, de una manera especial, los santos, son luz del mundo y guías de la humanidad. Ellos son como ángeles de la tierra, que iluminan al mundo y guían a todos hacia la luz, la belleza y el amor.

    Que la alegría de los consagrados fortalezca a los débiles e ilumine el camino de los indecisos para que se entreguen con un amor total al servicio de Dios y de los demás.
    La castidad
    es fuente de fuerza,
    de salud, de belleza
    y de alegría


    Capítulo 2: La virginidad consagrada


    Hoy se habla mucho de la ecología y de la belleza de la naturaleza. Se llama virginal a la hermosura intacta, sublime, fresca de la naturaleza, que no ha sido contaminada ni manchada por nadie. Así hablamos de cimas vírgenes, que ningún pie ha hollado todavía. Se habla de campos vírgenes, cubiertos de nieve; de bosques vírgenes, que no sintieron todavía el golpe del hacha. Pues bien, esa emoción sagrada que uno siente al contemplar bellezas que nadie ha contemplado, se acrecienta ante la belleza de un alma virginal, que nunca ha sido manchada por el pecado grave.

    ¿Podemos imaginarnos ahora la belleza incomparable de María, la purísima y santísima, llena de luz y de gracia, que nunca tuvo ni el más mínimo pecado? Ella es el modelo y ejemplo para toda alma virginal, que renuncia al pecado por amor a Dios. Por eso, podríamos decir que el primer significado de la palabra virgen, el más auténtico, debería ser para quien nunca ha contaminado su alma con un pecado grave. En un sentido más general, podríamos decir que virgen es quien ahora es todo de Dios, aunque su pasado no haya sido muy santo. Pero lo importante es que ahora su alma y su corazón son puros, con una pureza restaurada, pero siempre bella y hermosa.

    La virginidad auténtica no es algo referente al cuerpo, sino al alma. Hay muchas vírgenes físicamente en el mundo, completamente impuras de corazón. Mientras que hay muchos que no son vírgenes en su cuerpo, pero tienen un alma pura y virginal, limpia de pecado. En el infierno seguramente habrá muchas vírgenes de cuerpo, pero ninguna de corazón puro.

    De ahí que los que consagran a Dios su virginidad deben vivir esta dimensión espiritual en su mayor profundidad y vivir con el deseo pleno de ser totalmente de Dios y tener un alma pura, toda de Dios.

    Lamentablemente, a veces, se ven consagrados, que no transmiten la belleza de su alma, porque quizás no la tienen. Consagrados que no transmiten alegría ni paz. Consagrados, cuya vida parece una triste secuencia de actos monótonos sin vida y sin amor. ¿Acaso no se entregaron a Dios con toda su alma? ¿Acaso entraron al convento solamente por solucionar su futuro? He ahí el drama de quienes se consagran sin consagrarse, de quienes se entregan sin entregarse, de quienes hacen todo por “amor”, sin amar nunca de verdad.

    Pero, felizmente, aunque siempre existirán mediocres en todas partes, da una inmensa alegría ver a la mayoría de consagrados vivir su consagración con alegría y amor, entregados totalmente a servir y amar a los demás por amor a Dios.

    Por eso, la renuncia al matrimonio tiene pleno sentido en tener una mayor disponibilidad para amar y servir a todos sin excepción. Sublimando el deseo de amar para servir a todos, el consagrado evita todo exclusivismo y todas las limitaciones, que puede tener el amor conyugal. Por ello, el consagrado debe ser todo menos egoísta o egocéntrico. Un consagrado que sólo piensa en sí mismo y en sus gustos y se olvida de los demás, será un consagrado falsificado, pues la esencia de su consagración es darse y entregarse amorosamente a todos sin excepción. Esta entrega, no necesariamente debe ser en el trabajo activo entre personas pobres o necesitadas. La entrega del consagrado puede hacerse en plenitud también en la entrega total de su ser a los demás en la vida contemplativa, pues toda su vida y todo su ser lo ofrece cada día a Dios por la salvación del mundo. De ahí que su vida sea como una misa continua, un ofrecimiento continuo de su ser por los demás.

    Por todo lo dicho, podemos resumir diciendo que la virginidad consagrada no es renuncia al amor, sino a los límites del amor. La renuncia a la genitalidad o a las relaciones sexuales, por amor a Dios y a los demás, no empequeñece su persona, sino que la enriquece con un amor más amplio y universal, sin condiciones ni limitaciones.

    Este amor, sublimado y entregado por los demás hasta dar la vida por ellos, es un amor tan grande y puro que los santos lo han comparado al amor de los ángeles. Desde muy antiguo se ha hablado que la virginidad consagrada era una virtud propia de los ángeles. San Cipriano decía: “Mientras os conserváis vírgenes y castos, sois iguales a los ángeles de Dios” (PL 4,462; De habitu virginum 22). Incluso, san Ambrosio de Milán dice que “la virgen se desposa con Dios” (De virginibus 1.1.c.8.n.52; PL 16, 202). Y el Papa Pío XII, en la encíclica Sacra virginitas, dice que la virginidad consagrada “es una especie de matrimonio espiritual, mediante el cual, el alma se une con Cristo”.

    Esta idea del matrimonio con Cristo está muy extendida entre las religiosas, que se consideran esposas de Cristo y así lo reconoce la Iglesia en el rito de consagración de vírgenes. Las vírgenes consagradas “celebran desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de Dios” (Canon 604). Y, si son esposas de Jesús, son también con Él y por Él madres de todos los hombres. Por lo cual, la idea de la maternidad espiritual va inherente a la misma esencia de la virginidad consagrada.

    En este sentido, el pueblo cristiano no está equivocado al llamar a las religiosas Madre y a los sacerdotes Padre. La misma santa Teresita del niño Jesús, tomaba en serio esta consagración y decía: “Oh Jesús, ser tu esposa y ser por mi unión contigo madre de todas las almas” (MB folio 2).

    Una religiosa decía: “Yo era maestra en una gran escuela de USA y preparaba a los niños para la primera comunión. El día de la primera comunión de aquellos niños yo sentía siempre una alegría desbordante, porque sentía que aquellos niños, de alguna manera, me pertenecían y nuestras vidas estaban unidas para siempre. A lo largo de mi vida, siempre los he recordado con cariño y los he llevado en mi corazón y en mi oración. Por eso, siento que la castidad consagrada ha sido para mí como una liberación para amar a Cristo sin condiciones y amarlo con un corazón abierto a todos los hombres”.

    Así que renunciar al matrimonio no significa renunciar a ser fecundos, sino ser fecundos de una manera más espiritual. Por eso, solamente los que están enamorados de Jesús, sólo quienes se consagran de verdad por amor a Dios, serán capaces de amar sincera y enteramente a los demás. Un consagrado que no ama, que no sirve, que no ora por los demás, o ha renunciado de hecho a su consagración, que es como renunciar a su vocación, o es un infiltrado sin vocación. De hecho, no todos los hombres son capaces de amar hasta el extremo de renunciar a las satisfacciones sexuales.

    Precisamente por todo esto, es importantísimo escoger bien a los candidatos a la vida religiosa o sacerdotal. Quien quisiera entrar solamente por intereses personales, por prestigio social o por beneficios económicos, estaría engañado y su vocación será falsa. Incluso su consagración sería inválida por falta de consentimiento. En este caso, le sería muy difícil conservar una castidad ofrecida por compromiso, pero sin buena voluntad.

    Por otra parte, el sacerdocio y la vida religiosa tampoco puede ser un refugio para solterones que sueñan con amores idealistas o para resentidos sociales o para enfermos sicológicos. Solamente las personas sicológicamente normales y con espíritu sincero de entrega total a Dios y a los demás pueden asumir este compromiso de por vida y por amor.

    En esta entrega total a Dios, María es nuestro modelo. Ella es la Madre más pura y bella de la Creación. “Ella es más pura que los rayos del sol” (San Efrén, s. IV). Y como dice la misma palabra de Dios: “Es más hermosa que el sol y que todas las estrellas, y comparada con la luz sale vencedora” (Sab 7,30).

    Ella es la flor más hermosa de la humanidad, más bella que todos los serafines y que todos los santos juntos. Por eso, Ella es para todos sus hijos, sin excepción, y, en especial para los consagrados, una fuente inmensa de fortaleza para conseguir la pureza y la santidad.


    Capítulo 3: Los sacerdotes


    Ser sacerdote es algo tan grandioso que nunca lo podremos comprender suficientemente en este mundo, y ni toda la eternidad será suficiente para dar gracias a Dios por este don. Hugo Wast decía: “Cuando se piensa que un sacerdote, cuando celebra la misa, tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey, cuando se piensa que ninguno de los ángeles puede hacer lo que hace un sacerdote al celebrar una misa… Entonces, se puede entender por qué un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro; porque él puede remplazar a todos y ninguno puede remplazarlo a él”. No es de extrañar por ello que el santo Pío de Pietrelcina dijera que mejor podría existir el mundo sin el sol que sin la misa.

    El obispo Mons. Manuel González decía: “Por muy ofendido, despreciado, blasfemado e injustamente tratado que sea Dios de parte de muchos hombres, tengo la dicha de dar a Dios infinitamente más gloria que ofensas puede recibir de los pecados de los hombres. ¿Nos explicamos ahora por qué no se ha roto en mil pedazos, al golpe de la ira divina, esta tierra pecadora? ¿Nos explicamos por qué hay sol en los días y luna en las noches y lluvias en el tiempo oportuno y comunicación de Dios con los hijos de los hombres? HAY MISAS EN LA TIERRA y en todos los minutos del día y de la noche se está repitiendo a lo largo del mundo: Por Cristo, con Él y en Él… todo honor y toda gloria”.

    El sacerdote es imprescindible en este mundo pecador. Por eso, hay que ayudar a los sacerdotes para que sean santos. Un sacerdote es:

    Una parroquia que no muere.
    Una Iglesia que no hay que cerrar.
    Un sagrario, donde siempre está Jesús, esperándonos para bendecirnos.
    Un sacerdote es una misa diaria durante 40 ó 50 o más años.
    Una multitud de niños bautizados, una multitud de jóvenes instruidos y una multitud de ancianos y moribundos llevados hacia Dios.
    Un sacerdote es un sinnúmero de enfermos visitados, consolados y salvados y una muchedumbre de pecadores convertidos.
    Un sacerdote, en una palabra, es un ejército de almas salvadas y llevadas al cielo.

    Veamos lo que dice el Papa Pablo VI en la encíclica Sacerdotalis caelibatus de 1967:

    «En el corazón del sacerdote no se ha apagado el amor. La caridad, bebida en su más puro manantial, es exigente y concreta y ensancha hasta el infinito el horizonte del sacerdote, hace más profundo y amplio su sentido de responsabilidad, educa en él como expresión de una más alta y vasta paternidad, una plenitud y delicadeza de sentimientos que lo enriquecen en medida superabundante… Una vida tan total y delicadamente comprometida, interna y externamente, como es la del sacerdocio célibe, excluye de hecho, a los sujetos de insuficiente equilibrio psíquico-físico y moral y no se debe pretender que la gracia supla en esto a la naturaleza.

    El sacerdote no debe creer que la ordenación le haga todo fácil y que lo ponga definitivamente al seguro contra toda tentación o peligro. La castidad no se adquiere de una vez para siempre, sino que es el resultado de una laboriosa conquista y de una afirmación cotidiana. El mundo de nuestro tiempo da gran realce al valor positivo del amor en la relación entre los sexos, pero ha multiplicado también las dificultades y los riesgos en este campo. Es necesario, por tanto, que el sacerdote, para salvaguardar con todo cuidado el bien de su castidad y para afirmar el sublime significado de la misa, considere con claridad y serenidad su condición de hombre, expuesto al combate espiritual contra las seducciones de la carne en sí mismo y en el mundo, con el propósito de perfeccionar, cada vez más y cada vez mejor, su irrevocable ofrecimiento, que lo compromete a una plena, leal y verdadera fidelidad…

    Por eso, implorará con humildad y perseverancia la gracia de la fidelidad, que nunca se niega a quien la pide con sincero corazón…

    Los laicos, con su devota y cordial amistad, podrán ser de una gran ayuda a los ministros sagrados. Los laicos pueden iluminar y confortar al sacerdote que, sumergido en el ministerio de Cristo y de la Iglesia, podría recibir daño en la integridad de su vocación de ciertas situaciones y de cierto turbio espíritu del mundo”.


    El sacerdote debe ser santo y debe aspirar a la santidad para que, al celebrar cada día la misa, pueda unirse a Jesús, Purísimo y Santísimo, con un corazón y un alma limpia y pura. Dice san Juan Crisóstomo que “el alma del sacerdote debe ser más pura que los rayos del sol para que el Espíritu Santo no lo abandone y para que pueda decir: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (De sacerdocio VI; PG 48,679). “Al que se acerca al sacerdocio, le conviene ser puro, como si estuviera en el cielo” (De sacerdocio III, 4; PG 48,642).

    San Pedro Damián, hablando de los sacerdotes, dice que “deben ser puros, porque Cristo quiso nacer de entrañas virginales, ser encomendado al cuidado de un padre putativo virgen y desea que su cuerpo sea tratado por quienes son puros ahora que Él está en la inmensidad de los cielos” (De caelibatu sacerdotum c.3; PL 145,384).

    El Papa Pío XII decía que el sacerdote debe ser un padre para todos. Un padre espiritual, que a todos da aliento y consuelo y los orienta en el camino a Dios. Ellos, “lejos de perder la prerrogativa de la paternidad, la aumentan inmensamente como quiera que no engendran hijos para esta vida perecedera, sino para la que ha de durar eternamente” (Pío XII, Exhort. apost. Menti Nostrae; AAS 42, 1950).

    El sacerdote es de Cristo y para Cristo y, a la vez, de los hombres y para los hombres. Cada mañana, al renovar su sacrificio en unión con Cristo en la misa, debe ofrecer también su total disponibilidad para todos. Es un Padre para todos. De ahí que, cuando muere un sacerdote, sus fieles lo lloran como se llora a un padre.

    El sacerdote es un hombre disponible para todos sin excepción. Debe ser como un pan que debe ser comido por todos y no por uno solo. La castidad es, precisamente, el medio adecuado para hacerlo más libre y disponible para todos y no ser exclusivo para su propia familia, sino para el mundo entero.

    El sacerdote, en la misa diaria, debe ofrecerse a Jesús en unión con todos los hombres, por quienes debe ofrecer también la misa. Por eso, debe ser profundamente eucarístico y centrar su vida en la Eucaristía, en Jesús, que lo espera todos los días para unirse a Él en común unión en la comunión.

    La misa diaria debe ser el centro de su vida. A este respecto, decía el Papa Juan Pablo II: “El sacerdote, celebrando cada día la Eucaristía, penetra en el corazón del misterio. Por eso, la celebración de la Eucaristía es, para él, el momento más importante y sagrado de cada jornada y el centro de su vida…

    Celebrar la Eucaristía es la misión más sublime y más sagrada de todo sacerdote. Y para mí, desde los primeros años de mi sacerdocio, la celebración de la Eucaristía ha sido, no sólo el deber más sagrado, sino sobre todo, la necesidad más profunda del alma… En el momento de la misa, el sacerdote está como envuelto por el poder del Espíritu Santo y las palabras que dice adquieren la misma eficacia que las pronunciadas por Cristo durante la Ultima Cena… ¿Hay en el mundo una realización más grande de nuestra humanidad que poder representar cada día in persona Christi el sacrificio redentor, el mismo que Cristo llevó a cabo en la cruz?
    16.

    Personalmente, puedo decir que la celebración diaria de la misa es lo más importante de cada día. En ella me ofrezco con Jesús por la salvación de todo el mundo. En ella me siento unido a todos los santos y ángeles, que me acompañan, especialmente al santo del día y a los ángeles de la guarda de mis amigos. En ella pido por todas las almas del purgatorio y por todos los hombres sin excepción. ¡Cuántas bendiciones derramará Dios sobre el Universo entero por la celebración de una misa! Por eso, me siento feliz de ser sacerdote y no cambiaría mi vocación por ninguna otra.

    Siendo sacerdote, siento que mi vida tiene pleno sentido y, si dejara esta vocación, nada ni nadie podría llenar ese vacío. ¡Cuánto bien hace al mundo un sacerdote! ¡Qué necesidad tiene el mundo de hombres espirituales, que hablen de Dios y reparen tanta impureza con su pureza de vida y con su amor desinteresado a los demás!

    No es de extrañar que san Juan María Vianney dijera que “el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús y, si comprendiésemos bien lo que es el sacerdote, moríamos, no de pavor, sino de amor”.
    ¡Oh sublime dignidad
    del sacerdote!
    ¿Quién eres tú?
    Tú eres el servidor de
    todos los hombres,
    el “siempre disponible”,
    el hombre para los demás.
    Tú eres el hombre de Dios.
    El que habla a Dios
    de los hombres
    y a los hombres de Dios.
    Tú eres el puente…
    Tú en cada misa,
    te transformas en Jesús.
    Eres todo y eres nada.
    Eres Padre de los hombres.
    Eres sacerdote para siempre.


    Por todo esto y, a pesar de los errores y pecados de algunos sacerdotes, el sacerdocio católico brilla en el mundo como una luz en las tinieblas. Oremos por los sacerdotes para que sean santos y démosle gracias a Dios por ellos.


    Señor, gracias por nuestros sacerdotes.
    Si hubieran preferido una mujer y unos hijos,
    ahora estaríamos desamparados.
    Gracias por haberles dado el valor para este sacrificio. Por ellos, podemos recibir el pan de vida, formar hogares cristianos, vivir en gracia y morir en la paz de Dios. Gracias, Señor, porque, al no ser perfectos, pueden comprender mejor nuestras debilidades.

    Perdón, Señor, porque, a veces, olvidamos
    que ellos deben acompañarnos, aunque se sientan solos;
    que deben consolarnos, aunque estén tristes;
    que deben ayudarnos,
    aun cuando ellos mismos necesiten ayuda.
    Señor, enséñanos a comprender a nuestros sacerdotes, enséñanos a amarlos, a ayudarlos en sus penas,
    a acompañarlos en sus alegrías y haz que encuentren muchos imitadores suyos entre nosotros. Amén.


    Capítulo 4: Entrega total


    Sería superfluo hablar aquí de los miles y miles de consagrados, que han vivido alegres y felices, consagrando a Dios su castidad de por vida. San Pablo, ya en su tiempo, aconsejaba esta vida de entrega total a los primeros cristianos. Dice: “Yo os querría libres de cuidados. El célibe cuida de las cosas del Señor y de cómo agradar al Señor… La mujer no casada y la doncella sólo tienen que preocuparse de las cosas del Señor, de ser santas en cuerpo y en espíritu… Más feliz será si permanece así, conforme a mi consejo, pues también yo creo tener el espíritu de Dios” (1 Co 7,32-40).

    Y, a lo largo de los siglos, ha habido muchos santos religiosos, religiosas, sacerdotes, vírgenes consagradas o anacoretas, que han sentido la alegría de amar en plenitud, consagrando a Dios su virginidad. A muchos de estos santos, se les representa con una azucena blanca e inmaculada, como símbolo de pureza virginal. Otros han vivido su castidad consagrada con un corazón puro después de haber vivido en el mundo. Algunos, habiendo llevado mala vida, como san Agustín.

    San Agustín (354-430) en su libro de las Confesiones, nos cuenta los detalles de su vida de pecado, su conversión y su entrega total a Dios. Él habla repetidamente que el mayor obstáculo para su conversión era “el peso de la costumbre carnal”. Era como una cadena pesada, que le era muy difícil romper. Dice: “Vencido por la enfermedad de mi carne, arrastraba con mortífera suavidad mi cadena, temiendo ser desatado de ella; y repeliendo, como si me tocasen en la herida, las palabras de quien bien me aconsejaba, cual si fuese la mano que me desataba” (Confesiones 6,12,21).

    “Mis dos voluntades, una vieja y otra nueva, aquélla carnal y ésta espiritual, luchaban entre sí y con su desavenencia desgarraban mi alma” (ib. 8,5,10). Y tú, Señor, “me hacías ver por todos lados que era verdad lo que me decías, y convencido de la verdad, no tenía absolutamente nada que responder, sino palabras perezosas y soñolientas: Ahora, ahora mismo, pero déjame un poco. Pero aquel ahora, ahora, no llegaba nunca: y aquel déjame un poco, iba para largo” (ib. 8,5,12).

    “Ay de mí, por qué escalones descendí a lo profundo del abismo… Andaba yo enfermo y atormentado, acusándome a mí mismo, volviéndome y revolviéndome en mi prisión. Y tú, Señor, me apremiabas en lo interior de mi alma… Y yo ni quería del todo ni del todo no quería y, por eso, luchaba conmigo y me desgarraba a mí mismo. Decíame a mí mismo... Ea, ahora mismo... y casi lo hacía, pero no lo hacía. Vacilaba entre morir a la muerte y vivir a la vida. Y podía más conmigo lo malo inveterado que lo bueno desacostumbrado… Reteníanme frivolísimas frivolidades y vanísimas vanidades, antiguas amigas mías y tiraban de mi vestido de carne y me decían por lo bajo: ¿Nos dejas? ¿Y desde este momento jamás te será lícito esto y aquello? Y qué cosas, Dios mío, me sugerían en lo que llamo esto y aquello. Y la casta dignidad de la continencia, serena y alegre, sin liviandad, me decía: ¿No podrás tú lo que éstos y éstas han podido? ¿Acaso lo pueden ellos por sí mismos y no en el Señor su Dios?

    Me sentía todavía dominado por las pasiones y repetía con voz lastimera: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo diré mañana, mañana? ¿Por qué no ahora? ¿Por qué no poner fin ahora mismo a todas mis torpezas?” 
    (ib. 8,11)

    Hasta que llegó el día en que se convirtió de verdad y se entregó sin reservas en cuerpo y alma a Dios. Desde ese día, nunca se arrepintió de haberse consagrado al Amor y renunciar para siempre a los placeres carnales.

    Y, ya convertido, decía: “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está insatisfecho hasta que descansa en Ti” (ib. 1,1). “¡Que dulce me resultó de repente dejar las dulzuras de las frivolidades! Antes tenía miedo de perderlas y ahora me gustaba dejarlas. Eras Tú, Señor, el que las iba alejando de mí. Tú las desterrabas de mí y entrabas en lugar de ellas. Tú que eres más suave que todos los placeres” (ib. 9,1,1).

    Y, desde ese momento, se lanzó a velas desplegadas hacia el Amor, que es Dios, amándolo con toda su alma. Y, por experiencia, nos aconseja a amar sin descanso con un amor puro y auténtico. “Ama y haz lo que quieras; si callas, calla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Que la raíz de todas tus obras sea el amor” (In ep Io ad parth tr. 7, 7-8).

    Para él, el amor verdadero, que procede de Dios, es como las alas que elevan al alma y la hacen crecer sin cesar hacia las alturas de la divinidad. Y decía: “caminamos amando” (Ep 155,4,13). “Si dices basta, ya estás perdido. No te detengas, avanza siempre, no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta, retrocede” (Sermo 169,18).

    Por eso, insiste también en la alegría de los que aman: “Cantar y entonar salmos es cosa de los que aman” (Sermo 33,1). “El canto brota de la alegría y si lo miramos bien, nace del amor” (Sermo 34,1). “Avanza pues siempre en el bien. Pues no faltan quienes retroceden, yendo de mal en peor. Si tú progresas y adelantas, caminas; pero progresa en el bien, progresa en la fe y en las santas costumbres. Canta y camina” (Sermo 256,3).

    San Agustín fue capaz de consagrar a Dios todo su amor, dejando los amores carnales. Él era un hombre, que no nació santo. Tuvo que luchar con todas sus fuerzas por superar sus vicios y pecados. Se enamoró de Dios y lo amó con todo su corazón. ¿Estás dispuesto a hacer tú lo mismo? Si tienes vocación, tú también podrías, con la gracia de Dios, pues la castidad es un regalo, que Dios da a los que se lo piden y ponen de su parte.

    “La pureza del consagrado 
    es signo de un amor sin reservas”


    Cuarta Parte: La alegría de ser puros

    En esta cuarta parte, vamos a descubrir la alegría que da una vida de pureza para sentir un deseo profundo de ser hombres nuevos, libres, puros y bellos de corazón, aunque haya que ir contra la corriente del mundo, que nos rodea. La Virgen María nos ayudará en nuestro empeño y en nuestro caminar por la vida y nos dará alegría y paz. Pero comencemos, diciendo que Dios siempre está dispuesto a perdonarnos.


    Capítulo 1: Dios te perdona. Tu puedes


    DIOS TE PERDONA

    Dios quiere perdonarte, pero ¿estás dispuesto a pedirle perdón? San Clemente Alejandrino17, un escritor del siglo segundo, nos cuenta un hecho real de la vida del apóstol san Juan evangelista. Dice que, muerto el emperador Domiciano, el apóstol Juan retornó de la isla de Patmos, donde estaba desterrado, a Éfeso y procuraba evangelizar por todas partes. En uno de los lugares cercanos a Éfeso, encontró a un joven bien dispuesto, todavía no cristiano, y se lo encomendó, especialmente, al obispo para que lo guiara. En plena iglesia, le dijo al obispo: “Te confío a este joven como un tesoro en presencia de la Iglesia y de Cristo”.

    El obispo educó a aquel joven y lo bautizó, pero se fue descuidando en su educación, le dio demasiada libertad, no lo controlaba, y empezó el joven a frecuentar malas mujeres y malos amigos, que lo llevaron a robar y, poco a poco, a caer en un grupo de delincuentes. Como el joven era de carácter fogoso y violento, llegó un momento en que organizó un grupo de bandoleros para asaltar a la gente.

    Pero, después de un tiempo, volvió el apóstol Juan a aquella Comunidad y preguntó por aquel joven. El obispo le dijo que había muerto.
    - ¿Muerto?, dijo el apóstol
    - Sí, muerto para Dios, porque lleva una mala vida, le dijo el obispo.
    - ¿Y dónde está?
    - Se encuentra en aquella montaña de enfrente con su grupo de bandoleros.


    Entonces, el apóstol Juan se hizo guiar hacia allí y llegó al lugar. Cuando lo detuvieron los centinelas, les dijo que quería hablar con su jefe. Pero aquel hombre, avergonzado, al saber quién era, se escapó. Y Juan lo siguió hasta que lo encontró y le habló con palabras amables:

    - Hijo mío, ¿por qué huyes de mí, que soy tu padre, que ya estoy viejo y estoy desarmado? No tengas miedo de mí, oh hijo mío. Si es necesario, yo sufriré la muerte por ti, pero vengo en nombre de Jesucristo para devolverte la vida que has perdido.

    Aquel bandido se arrepintió ante la solicitud y el amor de Juan y lloró amargamente sus pecados. El apóstol Juan lo regresó a la iglesia y, delante de todos, aquel hombre se arrepintió y comenzó una nueva vida.

    Y Clemente Alejandrino hace el comentario: Si uno quiere pecar y meterse en vicios y placeres, prefiriendo los goces de esta vida a la vida eterna, que no diga que Dios tiene la culpa de su perdición.

    Veamos otro caso diferente18. El año 1968 un joven de 20 años se va de su casa, porque quiere vivir su vida y no tener que obedecer a sus padres, ¡Quería ser feliz! Se fue en busca de aventuras por el mundo. Se dio a toda clase de placeres: licor, drogas, sexo…

    Al final, terminó en la cárcel por causa de la droga. Salió de la cárcel y volvió a caer en la droga. En 1986 se sintió mal y le diagnosticaron que tenía sida. El joven era ateo y se desesperaba. Un monje, Umberto Neri, italiano, fue a visitarlo al hospital y lo invitó a pasar sus últimos días en el convento. El joven, para tener un hogar donde morir, aceptó la propuesta.

    En el convento todos sabían quién era, pero nadie le decía nada sobre su pasado. Procuraban tratarlo bien. Después de un tiempo, un día gritó delante de todos con emoción: He entendido que Jesús es Dios, porque sólo si Jesús es Dios se explica vuestra vida, vosotros sois pobres y sois felices, sois humildes y sois felices, sois pobres y humildes y me habéis acogido. Fue un momento de emoción y de conversión.

    Vivió durante seis años en esa Comunidad de Monteveglio, cerca de Bologna (Italia). Murió en 1992, pero antes de morir dijo: “¡En la Iglesia hay tanto pecado! Antes lo veía de lejos, ahora lo veo de cerca, pero en la Iglesia está Dios, la Iglesia es la cuna de Dios y yo quiero estar en esta Iglesia”.

    El día de su muerte, hizo sus votos como monje y murió a los pocos minutos; monje por pocos minutos. Los periódicos hicieron de su muerte una noticia de primera plana: Un monje ha muerto de sida. Y lo ridiculizaban y se divertían con esa noticia, porque muchos periodistas sólo ven lo espectacular, lo pintoresco o lo malo de la noticia. Ninguno de ellos dijo que había muerto convertido de su mala vida y en la paz de Dios.

    Pues bien, Dios también quiere darte a ti su paz. Dios quiere sentirse feliz de perdonarte. Vete a confesarte y dile de todo corazón:

    Señor, ten compasión de mí que soy un pecador. Gracias, por amarme tanto y haber tenido tanta paciencia conmigo y haberme esperado hasta este momento. Gracias, Señor, dame tu perdón, tu pureza y tu paz. Amén.

    Jesús ten compasión de mí (Lc 18,38).



    TÚ PUEDES

    Sí, tú puedes cambiar. Tú puedes ser una persona pura y casta. Tú puedes ser diferente con la ayuda y la gracia de Dios. Tú puedes ser un maravilloso hijo de Dios, brillante de luz y de pureza. Tú puedes amar de verdad. Escucha lo que dice Og Mandino en su libro “El vendedor más grande del mundo”:

    “Hoy saludo este día con amor en mi corazón. Amaré todas las cosas a mi alrededor. Amaré el sol, que me calienta, pero también amaré la lluvia que hace crecer las plantas. Amaré la luz, que me señala el camino, pero también amaré la oscuridad, porque me señala las estrellas. Amaré a mis amigos, pero también amaré a mis enemigos para que se conviertan en amigos. Amaré a todos los hombres, porque todos ellos tienen cualidades dignas de ser admiradas, aunque quizás estén ocultas. De todos modos, ellos también son hijos del mismo Dios.

    Por eso, ante la conducta de los hombres, reaccionaré siempre con amor. Les diré a todos, aunque sea en silencio, que los amo y estas palabras, aun dichas en silencio, se reflejarán en mis ojos, serenarán mi frente y harán que una sonrisa se asome a mis labios.

    En este mismo instante, extraigo todo el odio de mis venas, porque ya no tengo tiempo para odiar, sólo tengo tiempo para amar. Por ello, saludo este día con un gran amor en mi corazón. Doy gracias a Dios, porque soy el milagro más grande de la naturaleza. Soy un ser único en el mundo y Dios tiene para mí un plan único y maravilloso que nadie más que yo pueda realizar.

    Viviré este día con amor, como si fuese el último día de mi vida. ¿Y qué haré con este último día de valor incalculable que me queda? Procuraré no perder ni siquiera un momento en lamentarme por las desgracias de ayer, las derrotas de ayer, los sufrimientos de ayer. ¿Acaso podría retroceder al pasado para poder rectificar mis errores? No, el ayer ha quedado sepultado para siempre y no pensaré más en él. Viviré hoy, como si fuese el último día de mi existencia.

    ¿Y qué haré entonces? ¿Preocuparme por la mañana? ¿Debo atormentarme con problemas que tal vez nunca ocurrirán? ¡No! Viviré este día en plenitud. Este día es todo lo que tengo, y estas horas son ahora mi eternidad. Elevo mis brazos con agradecimiento por el don inapreciable de este nuevo día. Soy, en verdad, un hombre afortunado. ¿Por qué se me ha concedido vivir este día, cuando otros, mucho mejores que yo, ya han muerto? Tengo una sola vida. Si malgasto el hoy, destruyo la última página de mi vida. Por tanto, trataré con ternura y afecto cada hora, porque no retornará jamás. Tomaré en mis manos cada minuto y lo acariciaré, porque su valor es incalculable.

    Evitaré a toda costa todo aquello que mata el tiempo y lo hace perder. Evitaré a personas ociosas y no las visitaré. Hoy es mi última oportunidad de demostrar cariño y amor a los demás. Por eso, viviré este día, como si fuese el último día de mi vida. Y, si es en verdad mi último día, haré que sea el mejor día de mi vida, la página más bella del diario de mi vida. Lo saborearé y daré gracias a Dios. Y mañana comenzaré de nuevo con agradecimiento, aprovechando al máximo el tiempo, porque ese sí puede ser el último día de mi vida.

    Soy el milagro más grande del mundo y saludaré cada día, que Dios me regale, con amor en mi corazón”
     (Resumen del cap 11 y 12)

    ¿Estás dispuesto a emprender la gran tarea de tu propia superación personal? ¿Estás dispuesto a amar de verdad con la ayuda de Dios? Dios espera que le pidas ayuda y está siempre dispuesto a concederla. Tú puedes. Dios lo quiere. Te deseo lo mejor.
    Amar es hacer felices
    a los demás.


    Capítulo 2: Hombre nuevo. Hombre puro

    HOMBRE NUEVO

    Tú puedes ser un hombre nuevo. No importa lo que haya sido tu pasado. Para Dios eso no importa, para él tú eres más importante que todo el Universo y te ha amado desde toda la eternidad con todo su infinito amor y te sigue amando y te seguirá amando así. De ti depende el aceptar o rechazar su amor. ¿Estás dispuesto a rectificar el rumbo de tu vida?

    Mira, he visto a cientos de jóvenes a lo largo de mi vida. Muchos de ellos estaban rebosantes de fuerzas juveniles, eran inteligentes y con mucho futuro por delante, pero… algunos de ellos los he visto después con las alas caídas, con las esperanzas truncadas. He visto caerse a esos robles, raídos por el gusano de la impureza.

    Vidas perdidas, quizás para siempre. Muchos de ellos dieron su primer paso por ignorancia, por curiosidad, por imprudencia, por temor al que dirían sus amigos, si no los seguían… Por eso, reflexiona, reacciona, todavía estás a tiempo de no caer en la impureza que debilitará tu carácter y te hará un joven sin personalidad y sin ganas de luchar por un futuro mejor.

    Encuentra tiempo para orar,
    encuentra tiempo
    para pensar,
    para reír y para jugar.
    Encuentra tiempo
    para trabajar,
    para dar y compartir.
    Encuentra tiempo para hacer caridad
    y amar a los demás,
    Los días son
    demasiado cortos,
    la vida es demasiado breve para ser egoísta
    y pensar solamente en ti.


    Joven, acude a Jesús y a María y vete a confesarte. Sé un hombre nuevo, deja tu pasado y comienza una nueva vida, llena de ilusión, de pureza y de fortaleza. Vale la pena luchar por una vida nueva y por ser un hombre nuevo con Cristo en tu corazón.

    Hay un libro de Daniel Ange, titulado El pastor herido. Este libro nos presenta a Jesús como el pastor que va en busca de todas las ovejas extraviadas del rebaño, especialmente, de aquéllos que ya no tienen esperanza en la vida y sólo tienen sentimientos de suicidio o desesperación. Quizás seas tú esa oveja extraviada. Escucha:

    “Si tú ya no tienes ni una casa, si has perdido el sentido de tu vida, si has olvidado el sendero de tu corazón, si ya no recuerdas tu nombre, si tu familia no quiere saber nada de ti, entonces, tú eres esa oveja que Jesús anda buscando. Piensa que no existe el destino ciego para nadie. No hay determinismo. Tu vida no ha sido programada por astros impersonales ni es teledirigida por fuerzas oscuras. Tu vida tiene sentido. Tú eres capaz de hacer grandes y hermosas cosas. ¿Querrás hacer algo bello y transparente con tu vida?

    Mira a los ojos de Jesús y recibe su resplandor para que, cuando alguien te mire con pureza de corazón, pueda alegrarse contigo y no vuelva a estar triste. Irradia el amor de tu mirada con ojos limpios. Tú estás llamado a ser alegría en el mundo, luz en la oscuridad, amor en medio de odio. Tú eres un hijo de Dios y Él confía plenamente en ti”.


    Jesús confía en ti y espera tu respuesta. Levántate y camina. No te quedes estancado. Tu vida debe tener una proyección eterna y debe dejar huellas, que otros puedan seguir. Sigue a Jesús y tus ojos brillarán de una nueva luz y serás un hombre nuevo.
    “Despojaos
    del hombre viejo
    viciado por las
    concupiscencias
    y vestíos del hombre
    nuevo” (Ef 4, 22-24).


    HOMBRE PURO

    A lo largo de este libro, hemos hablado de la pureza, que debe ser para ti una meta a conseguir. Debes tener tu mente pura y limpia, lo cual, no sólo significa evitar los malos pensamientos, sino también que tu mente sea transparente y luminosa y que nunca puedas maquinar hacer daño a nadie ni dar cabida a mentiras ni engaños. Tu mente debe ser pura y limpia de todo lo malo. Igualmente, tu corazón debe de estar lleno de buenos sentimientos para que nunca el odio ni el rencor envenenen tu vida. Y, por supuesto, nunca albergues deseos ni sentimientos impuros que ensucian tu alma. Además, no te sirvas de tu cuerpo, que es un regalo de Dios, para buscar placeres impuros ni contigo mismo ni con otros. Trata tu cuerpo con normalidad, sin tocamientos indecorosos ni miradas lascivas.

    No te dejes contaminar por personas o espectáculos o libros o cualquier otra cosa inmoral. Tu honor y tu dignidad personal te exigen no dejarte llevar de la moda o de lo que dicen los demás. Sé tú mismo, tú no eres fotocopia. Tú no eres un robot para hacer lo que te dicen los demás. Huye de las fiestas ruidosas, donde hay excesos de toda clase. Huye de las discotecas y de los bailes deshonestos. Huye de los lugares donde hay espectáculos inmorales, indignos de un hijo de Dios. No te olvides nunca de Pietro Bandinelli, el joven que encontró Leonardo da Vinci en una Iglesia y que escogió para modelo de Jesús en su Última Cena y que, después de dos años, por haber frecuentado los barrios bajos de Milán, había caído en la impureza y corrupción. El gran pintor, sin darse cuenta de que era el mismo Pietro Bandinelli, vio su mirada de maldad y lo invitó a servirle de modelo para Judas. ¿Es posible que un hombre cayera tan bajo? Sí, es posible; por eso, nunca te consideres libre de los peligros. Cuídate y ora, lucha y esfuérzate, porque la pureza no es flor de un día y debes conseguirla día a día con esfuerzo y sacrificio. Y debes ser un ejemplo para los que te rodean.

    Carlo Carretto decía: “¿Quieres cantar la dicha de los puros y limpios de corazón? Sé puro de corazón. Ser puro significa abrazar castamente las cosas. Ser impuro es abrazarlas de manera libidinosa, hasta ensuciarlas y prostituirlas. Se abraza castamente a la propia esposa, no a una mujer comprada por nuestra prepotencia masculina. Hay una gran diferencia entre el abrazo creador del esposo y el abrazo superficial del soldado aventurero, que derriba la puerta de sus vencidos y viola a la primera mujer que encuentra.

    El día que comprendamos que Jesús no vino a prohibirnos el amor, sino a sublimarlo y hacerlo más hermoso, más humano, más alegre y más verdadero, habremos dado un gran paso al frente en la comprensión del Evangelio. ¡Ah, si pudieran volverse atrás quienes no han querido escuchar las bienaventuranzas de Jesús! ¡Hablen aquí los médicos, hablen aquí los abogados para decirnos con qué resultados dolorosos va entretejido el pecado del hombre! ¡No hay límite para tanto sufrimiento, para tanta torpeza, para tanta maldad! ¡Qué amargo es el camino de la culpa! ¡Cuántas lágrimas ha hecho derramar la posesión desordenada de las cosas y la mentira de una lujuria llamada amor!
    19. 

    Por eso, si luchas por ser puro de corazón y tratas el abrazar castamente las cosas, darás a tus hermanos la nostalgia de la pureza y la esperanza de que es posible conseguirla con la gracia de Dios. Imita a Guy de Laurigaudie, el gran aventurero francés, que decía:

    “La pureza es una aventura imposible y ridícula, si no la vemos más que como algo negativo. Pero es posible, bella y enriquecedora, si se apoya en algo positivo: el amor de Dios, un amor vivo, total, el único capaz de saciar la inmensa ansia de amor, que llena nuestro corazón de hombres. De Tahití a Hollywood, sobre las playas de coral o en el puente de los transatlánticos, he bailado con las mujeres más bellas del mundo. No he querido recoger ninguna de esas flores, que se me ofrecían o cuya conquista me hubiera apasionado. De nada servían los motivos humanos, ya que ninguno me hubiera convencido. Solamente lo hice por amor a Dios. Sólo por Él me mantuve indiferente… Creo que en el día del juicio, si no tengo otra cosa positiva que ofrecer a Dios, le ofreceré como una gavilla, todos esos abrazos que, por su amor, no he querido dar… La comunión diaria ha sido para mí, cada mañana, el baño de agua que vigorizaba y tonificaba todos mis músculos, el alimento sustancial antes de reemprender el camino… La fuerza que me hacia superar las tentaciones”.

    ¿Estás listo para emprender el camino de la pureza? No dejes para mañana lo que debes hacer hoy. Comienza AHORA MISMO.



    La sinceridad
    es la pureza de la mente.


    Capítulo 3: Alma pura. Ojos puros

    ALMA PURA

    La pureza y belleza del alma supera inmensamente la belleza del cuerpo y de todas las cosas materiales. Pero ¡cuántos hombres piensan sólo en la belleza de su cuerpo y se olvidan de su alma! ¡Cuántas horas se pasan en acicalar su cuerpo y se olvidan de su alma! Por eso, si pudiéramos ver el alma de algunas de estas personas materialistas, quedaríamos espantados. Muchos de ellos, que quizás están llenos de belleza corporal, de juventud, de dinero y de gran prestigio social, los veríamos como monstruos repugnantes por dentro. Por el contrario, otros, que no tienen bella apariencia, que son ancianos, pobres, enfermos o con defectos físicos, los veríamos brillantes y hermosos interiormente.

    Pues bien, pensemos que “Dios no ve como el hombre, el hombre ve las apariencias, Dios ve el corazón” (1 Sam 16,7). ¿Cómo verá Dios tu propia alma? ¿Estás seguro que es bella, brillante y espléndida a los ojos de Dios?

    Hay una novela famosa, titulada “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde. En esta novela se presenta la vida de un tal Dorian Gray, que era un joven bellísimo, enamorado de su propia belleza y quiere ser eternamente joven para poder disfrutar de las delicias y placeres de la vida y de la admiración de los demás. Un día le hacen un retrato en la plenitud de su belleza. Y él se pone triste, pensando que irá envejeciendo poco a poco hasta llegar a ser un viejo feo y torpe. Y exclama con la ceguera de su soberbia: “La juventud es lo único que vale. Cuando note que envejezco, me mataré. ¡Oh, si pudiera el retrato envejecer y yo permanecer siempre como soy ahora! ¡Por permanecer siempre joven, yo lo daría todo, hasta mi propia alma!”.

    Y el destino le concede este deseo de permanecer siempre con su cuerpo joven y bello, mientras que el retrato va envejeciendo y manifestando el estado de su alma. Y mientras él se dedica a toda clase de placeres e, incluso, se vuelve un asesino, su cuerpo permanece intacto, pero el retrato va envejeciendo expresando la fealdad de su alma. Cada pecado que va cometiendo, va pintándose en su rostro hasta con sangre. El retrato era como un espejo mágico, que expresaba su edad y el estado de su alma.

    A tal grado llegó de corrupción que “la putrefacción de un cadáver en una tumba húmeda no era tan horrenda”. Hasta que un día quiso hacer desaparecer la prueba del horroroso estado de su alma putrefacta y quiso liberarse de aquel retrato, que lo acusaba de sus pecados, para así sentirse libre de sus acusaciones. “Cogió un cuchillo y apuñaló el retrato… Cuando lo encontraron muerto, estaba con un cuchillo en el corazón. Estaba ajado y lleno de arrugas y su cara era repugnante”.

    ¿Había valido la pena ser joven y bello por muchos años? Al final, se sintió hastiado de sí mismo hasta que se suicidó, queriendo matar su alma. Tú, ¿eres joven y bello? Procura aprovechar tu belleza y juventud para el bien y no para el mal. Que no tengas un día que arrepentirte. ¿Eres viejo y feo, enfermo o de poca apariencia física? No te importe, procura que la pureza de Dios brille en tu corazón.

    La pureza del alma es belleza. San Pablo habla de la pureza virginal como de algo bello y noble (1 Co 7,35). Es bello el matrimonio, cuando hay amor sincero. Es bella la virginidad del soltero, que sabe esperar por amor a Dios hasta el matrimonio. Es bella la castidad en cualquier estado de la vida. La pureza es una obra de arte de Dios en el alma. Y el mundo necesita almas bellas. Por eso, Pablo VI decía: “Este mundo en que vivimos tiene necesidad de belleza para no sumergirse en la desesperación”. Y Dostoievski afirma: “La belleza salvará al mundo”.

    San Agustín pregunta: “¿de qué modos seremos bellos? Amando al que es siempre bello. Cuanto más crece en ti el amor, tanto más crecerá tu belleza” (In epist Jo ad parthos tr 10; PL XXXV, IX, 9). El amor verdadero no puede menos de sentirse atraído por la belleza divina, Dios es Belleza. Por eso, amar significa participar en alguna medida de la belleza de Dios.

    Que tu alma sea pura y bella. Que los ángeles se alegren de verte. Y tu ángel, puro y bello, te guíe por el camino de la belleza y de la pureza del alma.
    La pureza
    es belleza del alma..


    OJOS PUROS 

    Para tener el alma pura es imprescindible tener los ojos puros y limpios. Ya decía muy bien san Agustín: “No me digáis que tenéis el alma pura, si tenéis los ojos impuros, porque el ojo impuro es mensajero de un corazón impuro” (Epist 211,10; PL 33,961).

    Los ojos son las ventanas del alma. Por eso, es importantísimo cuidar lo que ven los ojos; porque, si vemos cosas impuras, pensaremos en ellas y, si pensamos, las desearemos; y, al desearlas, podremos llegar a realizarlas más fácilmente. No olvidemos nunca que los pensamientos llevan a los deseos y los deseos a las obras. Por ello, hay que cuidar que la mente esté siempre limpia. La mente es como una fábrica de pensamientos, si metemos cosas impuras a través de lo que vemos, leemos u oímos…, saldrá basura, porque de eso la hemos alimentado y los pensamientos ensuciarán el corazón y el alma entera.

    Cuida tus miradas, mira siempre con ojos limpios. Dios te mira con cariño y “el mirar de Dios es amor”, como diría San Juan de la Cruz. ¿No le puedes tú responder con una mirada limpia y llena de agradecimiento? Y, si has ensuciado tus ojos con la impureza, lávalos en el sacramento de la confesión. Dios te espera para lavarte, no sólo los ojos sino también tu alma y tu vida.

    Evita a los malos amigos, que tienen los ojos sucios y el alma podrida, porque te van a contaminar. Levanta tu mirada al cielo, Dios te está mirando. Mira el rostro de Dios, a través de las cosas bellas que ha creado para ti. Mira con ojos puros a los niños y alégrate con su inocencia, mira las mujeres bellas y alégrate con su belleza, pero no las manches con miradas impuras. Mira a los pájaros, a los árboles, a las flores, y sentirás su pureza reflejada en tu rostro.

    No permitas que nadie te lleve a ver espectáculos inmorales. No permitas chistes inmorales delante de ti. Retírate, si no los puedes impedir. Mantente siempre limpio por fuera y por dentro. ¿Te imaginas cómo verá Dios el corazón de tantos jóvenes que van a las discotecas y se emborrachan y van en busca de mujeres fáciles?

    Repite con frecuencia esta oración: Por tu Inmaculada Concepción, Oh María, haz puro mi cuerpo y santa mi alma. Y di frecuentemente la oración:


    Bendita sea tu pureza
    y eternamente lo sea,
    pues todo un Dios se recrea
    en tan graciosa belleza.
    A ti, celestial princesa,
    Virgen sagrada, María,
    Te ofrezco en este día,
    alma, vida y corazón.
    Mírame con compasión.
    No me dejes, Madre mía.


    Que la pureza brille en tu corazón y que puedas decir como el salmista: 


    “Señor, crea en mí
    un corazón puro”
    (Sal 50,12).


    Capítulo 4: Devoción a María. Mensaje a Nuestra Madre


    DEVOCIÓN A MARÍA

    Uno de los medios más poderosos para tener pureza de alma y cuerpo es la devoción a María, además de la oración, confesión y comunión. El Papa Pío XII en la encíclica Sacra virginitas decía: “En cierto modo, esta devoción contiene en sí todos los demás medios, pues quien sincera y profundamente la vive, se tiene que sentir impulsado a velar, a orar, a confesarse y a comulgar. Por tanto, exhortamos a todos los sacerdotes y religiosos y vírgenes consagradas a que se pongan bajo la especial protección de la Madre de Dios, que es Virgen de vírgenes y maestra de la virginidad”.

    San Jerónimo decía: “Para mí la virginidad es una consagración en María y en Cristo” (Epist 22, N°18; PL 22, 405).

    Por supuesto que, en medio de las tentaciones, debemos acudir a Jesús y a María y luchar con denuedo para no caer. Escribe el beato Raimundo de Capua, director espiritual de santa Catalina de Siena, que en una oportunidad, ella tuvo grandes tentaciones contra la castidad y, después de haber luchado e implorado la ayuda de Jesús y de María, se le apareció Jesús. Ella le dijo:

    - Señor, ¿dónde estabas, cuando mi corazón estaba atribulado por tantas tentaciones? Y el Señor le dijo:
    - Estaba en tu corazón.
    - Señor, pero ¿cómo puedo creer que estabas en mi corazón, cuando estaba lleno de malos e inmundos pensamientos? Y el Señor le dijo:
    - Aquellos pensamientos ¿te causaban gozo o dolor, placer o disgusto?
    - Gran dolor, Señor.
    - Y ¿quién era el que te hacía sentir disgusto, sino yo que estaba escondido en tu corazón? (Vida de santa Catalina XI, 110).

    Por eso, hay que tener claro que sentir no es consentir. Uno puede sentir o pensar cosas malas, pero mientras no las consienta conscientemente no es pecado.

    Veamos ahora la lucha contra las tentaciones en san Antonio María de Claret. Cuenta él en su Autobiografía20:

    “Cuando estaba en Vich en el Seminario, me sucedió lo siguiente: En invierno tuve un resfriado y me mandaron guardar cama. Obedecí y un día de aquellos en que me hallaba en cama, a las diez y media de la mañana, experimenté una tentación muy terrible. Acudía a María Santísima, invocaba al ángel santo de mi guarda, rogaba a los santos de mi nombre y de mi especial devoción, me esforzaba en fijar la atención en objetos diferentes para distraerme y así olvidar la tentación, me signaba la frente a fin de que el Señor me librase de los malos pensamientos. Pero todo en vano.

    Cuando he aquí que se me presenta María Santísima hermosísima y graciosísima… Al mismo tiempo, me veía yo mismo como un niño blanco hermosísimo, arrodillado y con las manos juntas. Yo no perdía de vista a la Virgen Santísima en quien tenía fijos mis ojos y me acuerdo bien que tuve este pensamiento: ¡Ay! Es mujer y no te da ningún mal pensamiento. Antes bien, te los ha quitado todos.

    Entonces, la Santísima Virgen me dirigió la palabra y me dijo: Antonio, esta corona será tuya, si vences. Y vi que la Santísima Virgen me ponía en la cabeza una corona de rosas que tenía en la mano derecha. Vi después un grupo de santos, que estaba a su derecha, en ademán de orar, no los conocí, sólo uno me pareció san Esteban. Yo creí entonces, y aún ahora estoy en esto, que aquellos santos eran mis patronos, que rogaban e intercedían por mí para que no cayera en la tentación. Después, a mi izquierda, vi una gran muchedumbre de demonios, que se pusieron formados como los soldados que se repliegan y forman después que han dado la batalla, y yo me decía: ¡Qué multitud y qué formidable! Durante todo esto yo estaba como sobrecogido ni sabía lo que me pasaba y, tan pronto como esto pasó, me hallé libre de la tentación y con una alegría tan grande que no sabía lo que por mí había pasado. Yo sé fijo que no dormía ni padecía vahídos de cabeza ni otra cosa que me pudiese producir una ilusión semejante. Lo que me hizo creer que fue una realidad y una especial gracia de María es que, en el mismo instante, quedé libre de la tentación y por muchos años estuve sin ninguna tentación contra la castidad y, si después ha venido alguna, ha sido tan insignificante que ni merece el nombre de tentación. ¡Gloria a María! ¡Victoria de María!”


    Por eso, ama a María. Reza, frecuentemente, el Avemaría. ¡Cuántos soldados han muerto, rezando el Avemaría! Te contaré un caso concreto.

    El diario francés La Croix del 12 de setiembre de 1915, narraba el siguiente suceso, ocurrido en la primera guerra mundial. “En el campo de batalla yacía gravemente herido un soldado francés y junto a él, también gravemente herido, un soldado alemán. El francés sacó con esfuerzo un crucifijo, que tenía en el bolsillo, lo besó y empezó a rezar el Avemaría en latín. El alemán también se unió y rezó el Avemaría con él. Después el francés le tendió el crucifijo, el alemán lo besó, se dieron la mano y así unidos y rezando el Avemaría, murieron. Dos soldados enemigos, unidos por María, muriendo como hermanos”. ¡Qué hermoso morir rezando a María! Con toda seguridad Ella los recibiría en sus brazos a los dos y los llevaría ante Jesús para interceder por ellos y llevarlos al cielo. Por eso, tú reza a María y pídele que su pureza inunde tu alma y que su luz poderosa ilumine tu vida para que tú la irradies a los demás, señalándoles el camino de la pureza y de la luz.
    María
    “es más hermosa
    que el sol
    y que todas
    las estrellas
    y comparada
    con la luz
    sale vencedora”
    (Sab 7,30).


    MENSAJE DE NUESTRA MADRE 

    La Virgen nuestra madre, le decía el 13 de octubre de 1989 al Padre Esteban Gobi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano, aprobado por la Iglesia: “Los he invitado a andar por el camino de la mortificación de los sentidos, del dominio de las pasiones, de la modestia, del buen ejemplo, de la pureza y de la santidad. Pero la humanidad no ha acogido mi invitación y ha seguido desobedeciendo el sexto mandamiento de la Ley del Señor, que prescribe no cometer actos impuros. Al contrario, se han querido exaltar tales transgresiones y proponerlas como la conquista de un valor humano y un modo nuevo de ejercitar su propia libertad personal. De ese modo, hoy se han llegado a legitimar como buenos todos los pecados de impureza.

    Se ha llegado a corromper la conciencia de los niños y de los jóvenes, llevándolos a la convicción de que los actos impuros cometidos solos ya no son pecado; que las relaciones prematrimoniales en el noviazgo son lícitas y buenas; que las familias pueden comportarse libremente y recurrir también a los medios artificiales para impedir los nacimientos.

    Se ha llegado hasta la justificación y la exaltación de los actos impuros contra natura e, incluso, a proponer leyes que equiparan la familia a la convivencia de homosexuales. En una medida que nunca se vio, hoy la inmoralidad, la impureza y la obscenidad son continuamente propagadas a través de la prensa y de todos los medios de comunicación social. Sobre todo, la televisión se ha convertido en el perverso instrumento de un diario bombardeo de imágenes obscenas, dirigidas a corromper la pureza de la mente y del corazón de todos.

    Los lugares de diversión, en particular el cine y las discotecas, se han vuelto lugares de pública profanación de la propia dignidad humana y cristiana. A los niños les pido que crezcan en la virtud de la pureza, y en este difícil camino sean ayudados por los padres y educadores. A los jóvenes les pido que se formen en el dominio de las pasiones con la oración y la vida de unión conmigo y que renuncien a ir a los cines y a las discotecas, donde está el grave y continuo peligro de ofender esta virtud tan grata a mi Corazón Inmaculado.

    A los novios les pido que se abstengan de toda relación sexual antes del matrimonio. A las familias cristianas les pido que se formen en el ejercicio de la castidad conyugal y nunca usen medios artificiales para impedir la vida según la enseñanza de Cristo, que la Iglesia, también hoy, propone con iluminada sabiduría. Y a los sacerdotes y consagrados les pido la práctica fiel y austera de su voto de castidad”21.



    “Cuando digo el Avemaría, los cielos sonríen,
    los ángeles cantan
    y los demonios
    tiemblan y huyen”
    (S. Francisco de Asís).


    Capítulo 5: Vivir es un privilegio. Fuerza de voluntad


    VIVIR ES UN PRIVILEGIO 

    Ciertamente, la vida es un hermoso regalo de Dios, algo demasiado grande para que la podamos emplear en cosas vanas e inútiles. Piensa que la vida tiene una dimensión eterna. No sólo vas a vivir cincuenta o setenta años más, sino que vas a vivir para siempre. Toda una eternidad te espera. Nunca morirás de verdad, siempre estarás vivo, aquí o allá, feliz o infeliz eternamente, pero vivo. Los muertos de verdad no existen. Por eso, vive para la eternidad y no sólo para los cuatro días de este mundo. Recibe cada día el regalo de la vida con agradecimiento y con el deseo de hacer de tu vida algo que valga la pena. No te contentes con cualquier cosa, no des lo mínimo indispensable. Trabaja y lucha para dar lo mejor de ti mismo. No te lamentes por lo que pudiste haber hecho o por lo que hubieras querido ser. Vive el presente con perspectiva de eternidad y no olvides que eres hijo de Dios. Así que, alégrate, Dios sigue confiando en ti y espera mucho de ti. ¡Felicidades y Enhorabuena! Tú eres su hijo muy amado.

    Pero no te engañes a ti mismo, creyendo que con placeres y diversiones vas a ser feliz de verdad. No te engañes, pensando que la felicidad está en la “buena” vida y no en la vida buena. No digas como algunos: Una vez al año no hace daño. No te dejes engañar. Un pecado, aunque sólo sea una sola vez, te destruye el alma y arruina tu vida. No te permitas ni un solo placer deshonesto, ni una sola borrachera, ni un solo adulterio, ni una sola falta grave. ¿Permitirías que, por una sola vez, una persona te diera una cuchillada? Pues mucho peor es el pecado que mata tu alma y arruina tu corazón, te quita la paz y te llena de vergüenza. No te engañes a ti mismo.

    Evita a toda costa la ociosidad, que es la madre de todos los vicios. Busca la ayuda de un consejero espiritual y pon mucho de tu parte. Tienes que llevar una vida mortificada, pues el que se da gusto en todo, difícilmente conservará la pureza, pues no es capaz de controlarse a sí mismo y tendrá poca fuerza de voluntad. Esfuérzate, lucha y ora. Porque sin oración estarás perdido, como le pasó a aquel joven soldado que decía, como gloriándose: En dos años de cuartel, me acostumbré a levantarme todos los días a las 5 a.m., pero, al salir del cuartel, a la semana siguiente, ya me estaba acostumbrando a dormir hasta las 9 a.m. ¡Pobre hombre, débil de carácter! ¿Qué futuro le espera? Por eso, tú acude a Dios. Dios te va ayudar y no permitirá que seas tentado más allá de tus fuerzas (1 Co 10,13). Pero recuerda que el que ama el peligro perece en él (Eclo 3,7).

    Empieza por tener pensamientos limpios en tu cabeza, deseos limpios, acciones limpias. Con la pureza no se juega, como no se juega con el fuego. Hay que tener siempre prudencia con ciertas acciones o amistades. Con la pureza, como con el honor, no se puede regatear ni transigir lo más mínimo. O se es puro o no se es.

    Pero no digas que ya es demasiado tarde para ti. Mientras tienes vida, hay esperanza. Lucha por tu pureza hasta el final. Como decía Séneca: “El que quiere curarse, ya está curado en parte”.

    Comienza ahora mismo una nueva vida. Cuida tu lenguaje para que sea limpio, no te permitas nunca palabras soeces y sucias que denigran tu dignidad. Hay gente que parece “culta”, porque sabe muchas cosas de la vida y del mundo, pero cuando abren su boca, parecen una cloaca de inmundicias… Vive con honor, con dignidad, con honestidad, con pureza y sinceridad de vida.

    Di como aquel joven papá: Si tengo un hijo y me mira con ojos brillantes y limpios. Si mi corazón se llena de gozo al ver su energía y su fuerza de voluntad para evitar los vicios. Si ama con un corazón puro y yo me puedo sentir orgulloso de él, entonces, no me pesará haber luchado yo mismo durante años para salir triunfante de la impureza del mundo que me rodea. 


    Por eso, y por mucho más, recuerda siempre que vivir es un privilegio y debes agradecerlo cada día. Si tienes problemas, trata de superarlos con valentía. Los muertos en el cementerio no tienen problemas, pero supongo que prefieres vivir a estar muerto. Por consiguiente, disfruta del privilegio de vivir, viviendo bien, haciendo el bien y nunca haciendo el mal. Que no tengas que arrepentirte de tu mala vida.
    La juventud no está hecha para el placer,
    sino para el heroísmo (Paul Claudel).


    FUERZA DE VOLUNTAD 

    En la vida es muy importante tener fuerza de voluntad para cumplir nuestra misión. Es necesario que llevemos las riendas de nuestras energías interiores para que las pasiones no sean como caballos desbocados que nos llevan al precipicio y a la ruina total. El autocontrol personal, para hacer el bien y evitar el mal, es tan necesario que el que no lo tiene, es un “pobre” hombre sin personalidad y sin futuro promisorio.

    El gran filósofo alemán Schiller decía: “La voluntad hace al hombre pequeño o grande”. Un hombre vale tanto cuanto vale su voluntad, como diría san Agustín. Para subir a las alturas y realizar las metas soñadas hace falta mucho coraje y muchas ganas de luchar, lo que es imposible para quien no tiene voluntad firme y decidida.

    El gran americano Carnegie decía: “Mi lugar está en la cumbre”. Porque todos debemos aspirar al máximo y no quedarnos como los mediocres, que se contentan con cualquier cosa por no esforzase un poco más.

    Ahora bien, tener fuerza de voluntad significa saber decir NO muchas veces a los deseos y a las pasiones, que nos asaltan sin piedad. Decir NO a los compañeros, que nos incitan a realizar acciones inmorales. Decir NO a todo lo que nos quiere seducir con sus encantos, pero es perjudicial o, al menos, inconveniente.

    Si quieres ser dueño de ti mismo y tener una fuerte personalidad, debes saber decir NO a todos los excesos. Que nunca la gula te domine, pues te llevará a perder el control de ti mismo. Por algo decía san Josémaría Escribá de Balaguer, el fundador del Opus Dei: “La gula es la vanguardia de la impureza” (Camino N° 126).

    Procura desarrollar valores y principios morales firmes. No te dejes sobornar por nada ni por nadie. Busca siempre la honradez, la sinceridad, la responsabilidad, el orden, la limpieza, la puntualidad, la pureza y el bien en todas tus acciones. No te permitas ni siquiera pequeños vicios o defectos, pues poco a poco, se irán haciendo grandes. No te olvides de la historia de Gulliver en el país de los enanos. Él parecía un gigante ante ellos y no les daba importancia, pero los liliputienses empezaron a amarrarlo con pequeños hilitos, tan delgados que él creía que podría romperlos de un golpe, pero unos con otros hicieron un amarre tan fuerte que, después, no pudo soltarse. Cuida los pequeños detalles. Dice Jesús que el que no es fiel en lo pequeño, tampoco lo será en las cosas grandes.

    Sé un hombre de palabra, sé sincero, nunca mientas. Sé recto como la verdad y fuerte como el acero. Sé un caballero en todo momento, cumplidor fiel de tu deber, luminoso como un rayo de sol y puro como el riachuelo de las montañas.

    Evita el egoísmo. No seas como aquel señor de que habla Saint Exupery en el Principito: “un señor, que jamás olió una flor, que jamás miró una estrella, que jamás amó a nadie y todo el día no hace más que sumar y todo el día repite: yo soy un hombre serio. Y eso le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, es un hongo”.

    Te recomiendo que no busques el placer por el placer. No caigas en la esclavitud de los vicios. Supérate, sube más arriba en el camino del amor sincero. Sé todo un hombre, no como esos hombres débiles ante el placer. Talla tu alma a golpes de cincel. No te amilanes ante la lucha por la impureza. Sé valiente. Ten personalidad. Piensa por ti mismo. No te dejes engañar por tus amigos o por el ambiente corrompido que te rodea. No te detengas en el camino, atrapado por las sirenas, que se te ofrecen con su belleza seductora, pero que después te harán llorar amargamente.

    Sé un hombre auténtico, sincero y responsable. Aprende a amar y a ser generoso. Busca siempre la limpieza y pureza de corazón y recuerda que, sin pureza y sin amor, nunca podrás ser feliz.

    Te contaré una historia verdadera. Un joven tuvo que decir NO a sus compañeros, que le invitaban a ir a un prostíbulo. Tuvo que luchar contra sí mismo, pero salió victorioso. Era de noche y se puso a caminar para serenarse un poco. Él escribió después: “Era una noche de invierno, las estrellas parpadeaban con una luz fría. Me paseaba solo de abajo arriba, mi alma estaba serena después de la batalla. Miré al cielo y como en un rezo, exclamé: Oh estrellas, vosotras sois puras, resplandecientes y limpias. ¡Cuánto barro hay en la tierra y cuántas almas sucias caminan por el mundo! Y mis pensamientos volaron hasta las purezas eternas, que nos esperan. En ese momento, decidí ser puro para siempre”.

    Y tú ¿quieres ser gusano que se arrastra por el barro o águila que vuela por las alturas? No seas primavera sin flores, no seas cielo sin estrellas, no seas un hombre sin nobles ideales. Toma tú mismo el control de tu vida, lleva el timón con mano firme. Sé como el tren, que no se tuerce ni a derecha ni a izquierda. No seas como esos jóvenes que van sin rumbo por la vida, porque no saben a dónde ir o porque han perdido la brújula. Yo sé que dentro de ti hay una mina de oro sin explotar, haz algo por ser dueño de ti mismo y llegar a ser un hombre de carácter y de fuerte personalidad.

    Sé fuerte para llegar a ser un verdadero hombre. Dejarse llevar del placer es signo de poca personalidad. Procura conocerte a ti mismo, examina tus defectos y lucha contra ellos. No te dejes llevar de arrebatos de mal humor, que pueden destruir en un momento todo lo que has construido en muchas horas de trabajo. Sé fuerte como las rocas y dulce y amable como la miel. Lo cortés no quita lo valiente.

    La pureza no es para débiles de carácter, que se dejan llevar por sus instintos. La pureza es sólo para hombres y mujeres de carácter firme, que luchan por conquistarla, aunque la lucha sea dura y de todos los días. Escucha lo que te dice san José María Escribá de Balaguer en su libro Camino:

    “Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza, que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia… Cuando te decidas con firmeza a llevar una vida limpia, para ti la castidad no será una carga, será una corona triunfal… No olvides que la pureza enrecia y viriliza el carácter… Nunca hables ni siquiera para lamentarte de cosas y sucesos impuros. Cambia de conversación y, si no es posible, síguela, hablando de la necesidad y hermosura de la santa pureza, virtud de hombres que saben lo que vale su alma”22

    Dios espera mucho de ti y cuenta contigo para ayudar a tus hermanos. ¿Estás dispuesto a emprender la lucha por la pureza dentro de ti mismo? ¿Estás dispuesto a ayudar a otros, que se dejan llevar sin rumbo por malos caminos? Tú puedes ser guía y pastor. Tú vales más de lo que te imaginas. Y Dios tiene unos planes maravillosos sobre tu vida. No lo defraudes.


    .
    Capítulo 6: No te rindas. Lucha contra corriente


    NO TE RINDAS


    Cuando la lucha sea dura
    y el camino que elijas resulte cuesta arriba.
    Cuando el dinero sea poco y las deudas muchas.
    Cuando parezca difícil continuar y te agobia el temor;
    descansa si es preciso, pero nunca te rindas.
    Recuerda que en la vida siempre hay altos y bajos
    y sólo ascenderá quien comience desde abajo.
    Todos aquellos que se declararon vencidos,
    podrían haber ganado de haberse mantenido.
    No te rindas, aunque la victoria esté lejana.
    Otro esfuerzo puede hacerla realidad mañana.
    El final está más cerca de lo que parece,
    nunca es más negra la noche que cuando amanece.
    Generalmente, el luchador, que se ha retirado,
    lamenta aquel triunfo que pudo haber alcanzado.
    Por ello, cuanto más adversa sea tu suerte,
    cuando la vida misma te golpee más fuerte,
    cuando todo parezca resultar imposible,
    es entonces cuando menos te debes rendir.
    Lucha hasta el final de tus fuerzas
    y Dios premiará tu esfuerzo
    y se sentirá orgulloso de ti;
    pues, aunque hayas fracasado en el empeño,
    para Dios has sido un triunfador.



    LUCHA CONTRA CORRIENTE

    En este mundo lleno de erotismo salvaje, debes ser un “rebelde” contra tanta impureza que te rodea. Debes nadar contra corriente para no dejarte arrastrar por toda la basura que te circunda. Por eso, quiero contarte la parábola del salmón.

    Había una vez un salmón que había nacido en un pequeño río entre las montañas. Allí vivió alegre y contento durante su infancia. Cuando era jovencito, con muchas ilusiones de conocer nuevas tierras, se lanzó a la aventura y se dirigió hacia el mar. Allí creció y se hizo adulto, y allí pasaba sus días felices y tranquilos. Pero él sentía que había algo más que todo aquello, él quería hacer algo importante en la vida, sentía deseos de luchar contra la corriente de aquel río, que lo llevó al mar, pues quería volver a su lugar natal. Y así, siguiendo el instinto y una voz interior que le decía continuamente, “sube río arriba”, empezó su andadura.

    Era difícil la subida, era una lucha constante contra la corriente, pero quería ser fiel a la llamada interior y seguía luchando y luchando sin detenerse, porque, si se detenía a descansar, podía perder todo lo ganado y la corriente lo arrastraría de nuevo hacia el mar.

    Y así, día tras día. A veces, encontraba en su camino otros salmones desanimados de la lucha, que se dejaban llevar de nuevo hacia la tranquilidad del mar, porque creían que era inútil luchar. Otras veces, veía a algunos que habían muerto en el intento o que habían sido heridos… Pero él seguía adelante sin desmayar. Poco a poco, día a día, cientos de kilómetros… Quería volver a su lugar de nacimiento. Por fin, un día llegó a la meta soñada y allí se sintió feliz y comprendió que la llamada tenía un nombre: paternidad. Sí, allí estaban las hembras, esperando su semilla para fecundar sus huevos y así ser padre de futuras generaciones. Había valido la pena luchar, había valido la pena ir contra corriente. Al final, podía morir orgulloso de haber dado vida a miles de hijos.

    ¿Te has identificado tú con el salmón? ¿Dónde estás ahora? ¿Eres un joven tranquilo, sin ideales ni ilusiones, pensando solamente en divertirte? ¿No escuchas la llamada para emprender el viaje hacia Dios? ¿Estas dispuesto a luchar contra corriente e ir contra las ideas del mundo, que te llevan a gozar y disfrutar de los placeres sin hacer nada que valga la pena? ¿Te sientes útil para los demás? ¿Has hecho algo valioso en tu vida? ¿A qué te dedicas? ¿Qué haces por los demás?

    La llamada de Dios en tu corazón sigue gritando: Sigue hacia arriba, no te detengas, yo te espero al final del camino. Hay muchísimos hijos que te necesitan y esperan un consejo, una luz, una orientación para dar sentido a su vida. ¿Estás dispuesto a darles vida, luz, amor y alegría? Ponte en camino, no te detengas. Sigue hasta la meta. Dios tiene para ti un plan maravilloso, que nadie más que tú puede realizar.
    El amor se mide
    por la capacidad de sufrir
    por la persona amada.


    Capítulo 7: La pureza es alegría. La pureza es salud

    LA PUREZA ES ALEGRÍA

    Dice Jesús: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). Sí, los limpios y puros de corazón serán bienaventurados, es decir, serán felices. Porque la felicidad es mucho más que decir tendrán placeres, pues los placeres son cosas del cuerpo y son pasajeros mientras que la felicidad es algo del alma y es permanente.

    Sí, la alegría de la pureza es la alegría del amor, porque no puede haber mayor y más grande alegría que la del verdadero amor, del amor puro y sincero, que mira con ojos limpios y abraza castamente a los demás. Por eso, tú estás llamado a la alegría y, por consiguiente, también a la pureza. Sin pureza de alma y de cuerpo, no podrás nunca, de verdad, vivir alegre ni ser feliz.

    Por eso, alístate desde ahora en el ejército de los puros y limpios de corazón. No te avergüences de ser puro, avergüénzate de ser un impuro, un mentiroso y un irresponsable con tu propia vida. Vive para la eternidad. Vive con seriedad, con profundidad y responsabilidad. Y no te permitas ni la más mínima falta, porque de las pequeñas faltas se pasa a las grandes y, poco a poco, irás cavando el abismo de tu propia ruina. En el asunto de la pureza, no cedas lo más mínimo. Se valiente hasta el extremo, no consientas el más mínimo pensamiento malo y sentirás la alegría del triunfo. Y el día que te cases, podrás sentirte orgulloso de entregar a tu amada un cuerpo puro y un alma bella.

    ¿Has caído? No temas, todavía puedes comenzar de nuevo y darte a ti mismo una nueva oportunidad, una segunda virginidad. Pero no sigas pecando, porque no sabes hasta cuándo Dios tendrá compasión de ti y hasta cuándo podrás seguir viviendo. No olvides que no tienes la vida comprada y puedes morir en cualquier momento. Por eso, mantente puro y disfruta de la alegría de la pureza y de la alegría de los corazones puros. Mira, te pondré dos ejemplos para que veas la diferencia. Los dos son auténticos.

    Una joven norteamericana se había entregado “por amor” a su novio. Los dos se querían mucho aparentemente. Pero un día discutieron y él decidió terminar aquella relación. Y ella, desesperada, se marchó de casa y se dio a la droga y a la prostitución. He aquí sus palabras:

    Soy una mujer pública.
    Soy una drogadicta.
    Me vendo
    para pagar las drogas.
    ¿Cómo podía haberlo imaginado?
    ¿Cómo podía haberlo sabido?
    Estoy en un sótano,
    mirando
    una cara en un espejo.
    Esa cara tan aviejada,
    esos ojos tan muertos.
    ¿Cómo puede ser, si tengo tan sólo 19 años?
    Todo comenzó
    hace dos años.
    El hombre a quien amé
    con alma y corazón,
    me dejó.
    Me dejó a los 17 años.
    Él se llevó mi corazón
    y mi vida.
    Abandoné mi casa y encontré gente como yo,
    sin esperanzas…
    Ahora vivo
    con otros drogadictos.
    Mis familiares piensan
    que he muerto.
    Y es mejor así
    que conocer la verdad.
    En cierto modo, he muerto,
    porque, si esto es vida,
    entonces el infierno
    está en la tierra.


    Lo que no pudo decir es que murió ese mismo año de una sobredosis de droga. Ella cayó en lo más profundo del abismo por haber empezado a dar pasos en falso. Se entregaba a su novio, como si fuera algo normal. Después vino la desilusión y desobedeció a sus padres y se fue de casa. Después se juntó con malas amistades y se hizo drogadicta y después… una mujer pública. ¿Te gustaría a ti también un final parecido? Todavía estás a tiempo, evita dar los primeros pasos, porque después no podrás saber hasta dónde vas a llegar. Veamos el otro ejemplo.

    Un niño francés, el día de su primera comunión prometió a Dios con todo su corazón mantener su cuerpo y su alma puros y no cometer nunca un solo pecado mortal. Y, para ello, decidió llevar siempre una corbata blanca como señal del cumplimiento de su promesa. Su madre, aunque no le gustaba la idea de la corbata blanca, por fin accedió y le dio permiso para llevarla siempre, según su deseo. Pero llegó la segunda guerra mundial y fue llamado a filas para defender la patria. Tuvo que vestirse el uniforme militar y no le permitieron llevar puesta su corbata blanca. Por eso, la llevaba siempre en su bolsillo o en su mochila militar. Nunca se olvidaba de su promesa de mantener puro su cuerpo y santa su alma. Y repetía constantemente: Por tu Inmaculada Concepción, Oh María, haz puro mi cuerpo y santa mi alma. 

    Pero, un día, se dio una gran batalla y cayó gravemente herido. Se le acercó el capellán para confesarlo y él le dijo que tomara de su mochila su corbata blanca y se la llevara a su madre, diciéndole: Madre, he conservado intacta mi corbata blanca. Como diciendo, he conservado puro mi cuerpo y blanca mi alma, como lo prometí el día de primera comunión. Por eso, podía morir en paz con Dios y con los hombres y disfrutar, al morir, de la alegría que sólo tienen los que tienen un corazón puro y tienen a Dios en su corazón.

    ¿No te gustaría a ti ser uno de ellos? La pureza es alegría, la pureza es belleza, la pureza es amor. Vale la pena luchar por ella. Ojalá que el día de tu muerte puedas cantar victoria y puedas disfrutar de la alegría del triunfo. Recuerda lo que decía Tagore:

    La pureza es un tesoro, engendrado por la abundancia del amor.


    PUREZA ES SALUD

    Ya hemos hablado anteriormente que los desórdenes sexuales llevan a muchas enfermedades físicas y mentales. Además, muchas de las personas que abusan del sexo, pueden hacerse adictos al sexo y desear cada vez experiencias más profundas y novedosas, que los llevarán a una personalidad patológica. No hay que estudiar mucho para ver cuántos masoquistas y sádicos sexuales hay en el mundo, cuántos corruptores de menores y cuántos hacen del sexo un negocio lucrativo sin importarles el bien de los demás.

    Y ¡cuántas enfermedades producidas por el libertinaje sexual! Según datos proporcionados por el director del gran hospital de los seguros sociales de Bogotá (Colombia), en el año 1999, había en Bogotá 35.000 enfermos de sífilis, 28.000 de gonorrea, 3.500 niños nacidos enfermos de sífilis, 170 enfermos de sida y cada semana llegaban 3 nuevos casos. La gran mayoría de estas personas eran jóvenes menores de 30 años.

    Y ¿qué podemos decir de los que practican la homosexualidad? En USA el 83% de los enfermos con sida son homosexuales y, en Europa, el 85%. Los homosexuales sufren del 5 al 10% más de enfermedades venéreas que los heterosexuales. Son ocho veces más propensos a la hepatitis, 14 veces más a la sífilis y 5.000 veces más al sida. Entre ellos hay más suicidios que entre la gente normal y está comprobado que sólo el 2% de ellos llegan a los 65 años.

    Por otra parte, es curioso anotar que la revista homosexual más importante de USA, la revista Advocate, según algunos investigadores, entre el 10 y el 20% de sus anuncios entre 1972 y 1992 invitan a la pederastia ¿Es eso normal?

    Y ¡cuántos problemas y traumas sicológicos producidos en niños y adolescentes por el divorcio de sus padres! ¿Y el sufrimiento del cónyuge inocente ante la infidelidad de su pareja? ¿Y los millones de abortos producidos por la irresponsabilidad de quienes sólo buscan el placer?

    ¡Qué pena da el constatar que hay millones de jóvenes que están enfermos por enfermedades adquiridas por la impureza! Jóvenes con grandes esperanzas, como las águilas que quieren volar por las alturas, y ahora se debaten con las alas rotas en medio del pantano, pisoteados por el fango; bellas promesas de un porvenir risueño, envueltas ahora en oscuros velos de muerte y ruina personal. ¿Dónde están ahora para ellos tantas ilusiones truncadas? ¿Qué han hecho de tanta energía desperdiciada?

    Si los cementerios hablaran, quedaríamos aterrados por el número tan grande de hombres y mujeres que han sido víctimas de los vicios sexuales. Así que no digas que debes verlo y saberlo todo para estar bien informado y tener más cultura. Eso es una trampa o una excusa para verlo todo y contaminarte con ello. El que ama el peligro perece en él. Y el que juega con fuego se quema.

    El verdadero amor
    da salud y belleza
    al cuerpo y al alma.


    Capítulo 8: Para ser puro. Un hecho real


    PARA SER PURO 

    Decía san Josémaría Escribá de Balaguer: “La pureza cristiana, la santa pureza, no es el orgulloso sentirse puros, no contaminados. Es saber que tenemos los pies de barro, aunque la gracia de Dios nos libre día a día de las asechanzas del enemigo. La pureza no es negación, es afirmación gozosa” (Es Cristo que pasa N° 5). La pureza es eterna juventud del alma llena de amor de Dios. Y, para conseguirla, debes hacer todos los esfuerzos que estén a tu alcance.

    Quisiera darte algunos consejos para ser puro y para que disfrutes de la alegría de ser puro. En primer lugar, debes salir del círculo de tus malos amigos. Nunca colabores en cosas negativas ni hagas daño a nadie. Procura ser diferente, original. Tú no eres como Vicente, que va donde va la gente. Y regala amor auténtico, no falso, a todos lo que te rodean.

    ORAR por alguien es una manera de amarlo y decirle: Te quiero y te aprecio tanto que todos los días le hablo a Dios de ti. Además, al orar, tú mismo creces en amor y en amistad con tu Padre Dios.

    SER GENEROSO es otra manera de decir a alguien que lo amas. Sé generoso en compartir tus cosas y en ayudar a los demás. Por eso, sé generoso también en abrazos sinceros y en gestos cariñosos. Porque el amor necesita signos claros. El amor nunca se da por supuesto. Por otra parte, no dejes de ser agradecido con quienes te ayudan y te sirven.

    ESCUCHAR es también una manera de decir a alguien que lo amas y que él es muy importante para ti. Al escucharlo, le das compañía y comprensión. Y eso es muy importante para él.

    ESCRIBIR algo que lo haga feliz es una manera muy eficaz de manifestarle tu amor. El corazón siempre se emociona ante una carta, una postal, una nota sencilla, pero sincera, donde le dices: Siempre te llevo en mi corazón y en mi oración. No dejes de hacerlo y di a todos que los amas con pequeños detalles y gestos de la vida diaria.

    SONREÍR es otra hermosa manera de manifestar tu amor. Sonríe a todo el mundo para crear felicidad a tu alrededor. Quizás alguien te pueda decir: Era un día triste para mí, todo me había salido mal, había muerto un ser querido, estaba enfermo… y tu sonrisa iluminó mi vida y me dio ánimo para seguir adelante. Gracias, por tu sonrisa.

    PERDONAR es otra manera de decirle al otro que, a pesar de todo, lo amas y sigues confiando en él. No temas perdonar siempre. Algún día encontrarás que tu enemigo se ha convertido en un amigo.

    AMAR es lo más hermoso y grande del mundo. Lo más importante es el amor. Sin amor nadie puede ser feliz. Ama sin descanso, ama a todas horas. Pero no olvides que amar, de verdad, es servir, ayudar, escuchar, perdonar, agradecer, compartir, sonreír y hacer felices a los demás. Ama con un amor sincero y fiel, con un amor puro y limpio y lucha por la pureza hasta la muerte. Para ello acude siempre a la Virgen María. Ella es un jardín, en el cual Dios ha puesto las más bellas flores y los más delicados frutos de pureza y santidad.
    María es la más pura
    y hermosa de todas
    las criaturas.


    UN HECHO REAL

    Había en un pueblecito de Italia un joven de 20 años, llamado Alejandro Serenelli, que tenía la mente sucia por las malas lecturas. Como es lógico, su alma también estaba sucia por deseos impuros y porque muchas veces buscaba el placer sexual consigo mismo. Un día fue a vivir a su misma casa una mujer viuda con sus seis hijos. La segunda de sus hijos se llamaba María. Era una jovencita muy delicada de alma y cuerpo, y tenía un rostro bello y encantador. Al cumplir sus once años, hizo la primera comunión y, desde ese día, prometió a Dios antes morir que cometer un solo pecado grave.

    Pero el joven Alejandro, desde el primer momento en que la vio, pensó en enamorarla y en convencerla para tener relaciones con él. El deseo sexual era en él incontrolable, sus pasiones lo dominaban, era un hombre obsesionado por la idea del sexo. Un día aprovechó que la madre de María y sus hermanos estaban trabajando en el campo y se dirigió a la casa, donde sabía que estaba María, con la decisión de convencerla a las buenas o a las malas. Llegó a la casa y la llamó varias veces para que entrara a la habitación. Como ella no quería, al verse rechazado, la cogió con violencia y la arrastró hasta la cocina. Pero ella le repitió con firmeza: NO, NO, NO. ¿Qué vas a hacer? ¡Prefiero morir antes que ofender a Dios!

    Sin embargo, el joven ya no tenía control de sí mismo, estaba totalmente cegado por la pasión, no era un hombre libre y había perdido hacía tiempo toda dignidad y respeto. Sólo pensaba en satisfacer su pasión. Entonces, sacó un puñal y se lo enseñó para amenazarla; pero, como ella no cedía, al no tener esperanza de conseguir lo que quería, le clavó el puñal catorce veces. Pareciera que hubiera querido aplacar su ira con tantas puñaladas… Ella solo atinó a decirle “Te perdono”.

    Al día siguiente, seis de julio de 1902, después de haberse confesado y haber sido operada, moría esta angelical criatura, cuando todavía sólo contaba once años y ocho meses.

    A Alejandro lo metieron en prisión. En 1910 tuvo un sueño en el que vio a María, que estaba en un bellísimo jardín, donde estaba cultivando hermosas rosas y le dijo que él también, si quería, podía ir al cielo. Este sueño lo transformó por completo y se confesó arrepentido. A partir de ese día, Alejandro comenzó a ser un hombre nuevo. Después de 27 años de cárcel, salió libre. La madre de María lo perdonó con toda su familia, y él pasó sus últimos años de vida, haciendo penitencia, trabajando como hortelano en un convento de padres capuchinos. 

    El 24 de junio de 1950, ante más de quinientas mil personas, el Papa Pío XII proclamó santa a María. Hoy es santa María Goretti y es un ejemplo para la juventud; su fiesta es el 6 de julio.


    Capítulo 9: Otros ejemplos. Carta de Lucy Vertrusc


    OTROS EJEMPLOS 

    Ocurrió en Uganda entre los años 1885 y 1887. El rey Muanga era homosexual y buscaba satisfacer sus instintos con jovencitos de su agrado. En el palacio real, el jefe de los mensajeros se llamaba José Makasa, era católico y le hizo saber al rey que la práctica homosexual era siempre pecado. Esto le indignó tanto que el 15 de noviembre de 1885 lo mandó asesinar. Él fue el primero de los 26 mártires de Uganda asesinados por el rey.

    El segundo fue un joven mensajero llamado Denis, que les habló a los otros jóvenes para no acceder a las solicitudes del rey, porque era pecado. El rey, al enterarse, lo mandó a matar. Otro fue Carlos Luanga, el nuevo jefe de los mensajeros reales, que les habló también a todos los mensajeros y todos estuvieron dispuestos a dar la vida antes que perder la pureza y caer en el pecado de la práctica homosexual. Pero el rey los hizo reunir, y a todos los que eran cristianos y no estaban dispuestos a acceder a sus solicitaciones, los mandó matar. En total fueron 26 jóvenes, que dieron la vida por su fe y por defender valientemente su pureza contra el rey corruptor. Todos ellos fueron declarados santos por el Papa Pablo VI. Su fiesta se celebra el 3 de junio.

    Hay muchísimos otros ejemplos de jóvenes que han sabido dar la vida por Cristo antes de perder su pureza, pero la Iglesia nos propone especialmente como modelo para los jóvenes de hoy y como patrona para los jóvenes que desean conservar la pureza, a Santa Inés. Nació el año 290 de noble familia romana. Recibió una buena formación cristiana y consagró a Dios su virginidad. Un día, al regresar del colegio, el hijo del alcalde de Roma se enamoró de ella. El joven recurrió a su padre y éste intentó por todos los medios convencerla para casarse con su hijo: pero, como ella lo rechazaba para conservar su virginidad ofrecida a Cristo, la condenó a morir degollada. Tenía solamente 14 años. Su fiesta se celebra el 21 de enero. Y es un modelo para los jóvenes, que desean conservar su castidad.

    Veamos ahora algunos jóvenes de nuestro tiempo. La beata María Mesina, fue beatificada por Juan Pablo II el 4 de octubre de 1987. Había nacido en 1919 y murió asesinada con 74 heridas el 17 de mayo de 1935 por defender su pureza, a los dieciséis años de edad. Es considerada como la primera flor de la Acción Católica italiana.

    Isabel Cristiana Mrad Campos, nació en Barbacena, Brasil, el 29 de julio de 1962. A principios del año 1982, fue a la ciudad de Juiz de Fora para seguir un cursillo para sus estudios de Medicina. El día 1 de setiembre de 1982, estando sola, entro un trabajador a terminar un trabajo pendiente en el armario de su habitación, e intentó violarla. Ella resistió y pudo defender su pureza, pero recibió 15 puñaladas, que le ocasionaron la muerte. Es llamada la rosa de Barbacena.

    Podemos preguntarnos: ¿Cómo ella pudo defender su pureza hasta la muerte? No es por casualidad. Ella iba casi todos los días a misa y le gustaba ayudar a los enfermos minusválidos, y rezaba el rosario todos los días. Llevaba una vida intensa de piedad y tenía un concepto elevado de la virtud de la pureza. Por eso, fue capaz de luchar hasta morir y ahora es un lirio de pureza en el jardín del cielo. Su proceso de beatificación está en marcha.

    Pero ella no es única. Hay cientos de jóvenes desconocidas, que han sabido defender con valentía su pureza, incluso de las solicitaciones de sus enamorados. Muchas han perdido, a la fuerza, su virginidad física, pero su alma ha quedado pura y su virginidad espiritual intacta, porque no consintieron en el pecado.
    La pureza del alma es
    una obra de arte de Dios.


    CARTA DE LUCY VERTRUSC

    Veamos ahora el testimonio de una religiosa, violada en Bosnia por los soldados serbios durante la guerra en 1994. La carta la dirige a su Superiora.

    “Soy Lucy, una de las jóvenes religiosas que ha sido violada por los soldados serbios. Le escribo, Madre, después de lo que nos ha sucedido a mis hermanas Tatiana, Sandra y a mí. Permítame no entrar en detalles del hecho. Hay en la vida experiencias tan atroces que no pueden contarse a nadie más que a Dios.

    Mi drama no es tanto la humillación que padecí como mujer ni la ofensa incurable hecha a mi vocación consagrada, sino la dificultad de incorporar a mi fe un evento, que ciertamente forma parte de la misteriosa voluntad de Aquel, a quien siempre consideré mi Esposo divino. Me preguntaba por qué Dios permitió que yo fuese desgarrada, destruida, precisamente en lo que era la razón de mi vida, pero también me preguntaba a qué nueva vocación Él quería llamarme. ¿Qué es, Madre, mi sufrimiento y la ofensa recibida, comparados con el sufrimiento y la ofensa de Aquel por quien había jurado mil veces dar la vida? Le dije despacio, muy despacio: “¡Que se cumpla tu voluntad, sobre todo, ahora que no tengo dónde aferrarme y que mi única certeza es saber que Tú, Señor, estás conmigo!”

    Madre, le escribo no para buscar consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de mujeres ofendidas en su honor y obligadas a una maternidad indeseada. Mi humillación se añade a la de ellas, y, porque no tengo otra cosa que ofrecer en expiación por los pecados cometidos por los anónimos violadores y para reconciliación de las dos etnias enemigas, acepto la deshonra sufrida y la entrego a la misericordia de Dios.

    No se sorprenda, Madre, si le pido que comparta conmigo un “gracias” que podría parecer absurdo. En estos meses he llorado un mar de lágrimas por mis dos hermanos asesinados por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades, y pensaba que no podría sufrir más que eso. ¡Tan lejos estaba de imaginar lo que me habría de suceder!

    A diario llamaban a la puerta de nuestro convento centenares de criaturas hambrientas, tiritando de frío, con la desesperación en los ojos. Hace unas semanas un muchacho de 18 años me dijo: “Dichosas ustedes que han elegido un lugar donde la maldad no puede entrar”. El chico tenía en la mano el rosario de las alabanzas del Profeta. Y añadió en voz baja: “Ustedes no sabrán nunca lo que es la deshonra”.

    Pensé largamente sobre ello y me convencí de que había una parte del dolor de mi gente que se me escapaba y casi me avergoncé de haber sido excluida. Ahora soy una de ellas, una de las tantas mujeres anónimas de mi pueblo, con el cuerpo devastado y el alma saqueada. El Señor me admitió a su misterio de vergüenza. Es más, a mí, religiosa, me concedió el privilegio de conocer hasta el fondo la fuerza diabólica del mal.

    Sé que de hoy en adelante, las palabras de ánimo y de consuelo que podré arrancar de mi pobre corazón, ciertamente serán creíbles, porque mi historia es su historia, y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir, si no de ejemplo, por lo menos de referencia de sus reacciones morales y afectivas. Basta un signo, una vocecita, una señal fraterna para poner en movimiento la esperanza de tantas criaturas desconocidas.

    Dios me ha elegido (que Él me perdone esta presunción) para guiar a las más humilladas de mi pueblo hacia un alba de redención y de libertad. Ya no podrán dudar de la sinceridad de mis palabras, porque vengo, como ellas, de la frontera del envilecimiento y la profanación.

    Recuerdo que cuando frecuentaba en Roma la Universidad “Auxilium” para la Licenciatura en letras, una anciana eslava, profesora de literatura, me recitaba estos versos del poeta Alexej Mislovic: “Tú no debes morir, porque has elegido estar de la parte del día”.

    La noche, en que por horas y horas fui destrozada por los serbios, me repetía estos versos, que los sentía como un bálsamo para el alma, enloquecida ya casi por la desesperación. Ahora ya todo pasó y, al volver hacia atrás, tengo la impresión de haber sufrido una terrible pesadilla.

    Todo ha pasado, Madre, pero todo empieza. Yo, ya decidí. Seré madre. El niño será mío y de nadie más. Sé que podría confiarlo a otras personas, pero él, aunque yo no lo quería ni lo esperaba, tiene el derecho de mi amor de madre. No se puede arrancar una planta con sus raíces. Realizaré mi vocación religiosa de otra manera. Nada pediré a mi Congregación, que me ha dado ya todo. Estoy muy agradecida por la fraterna solidaridad de las Hermanas, que en este tiempo me han llenado de delicadezas y atenciones, y particularmente por no haberme importunado con preguntas indiscretas.

    Me iré con mi hijo. No sé dónde, pero Dios, que rompió de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino a recorrer para hacer su voluntad. Volveré pobre, retornaré al viejo delantal y a los zuecos que usan la mujeres los días de trabajo y me iré con mi madre a recoger a nuestros bosques la resina de la corteza de los árboles

    Alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio, que destruye desde siempre nuestros países. Por eso, al hijo que vendrá le enseñaré sólo el amor. Este mi hijo, nacido de la violencia, testimoniará junto a mí, que la única grandeza que honra al ser humano es la del perdón
    ”.
    23

    Ella narra con toda claridad el horror de aquella noche. Pero manifiesta su amor y su esperanza en ese Dios bueno, que la ha llamado a compartir con miles de mujeres de su pueblo la tragedia de la guerra, y que le ha abierto el camino de vivir su vocación de consagrada de otra manera: en su pueblo, con su familia y educando a su hijo en el camino del perdón y del amor.

    Ojalá que este testimonio pueda servir también a muchas otras mujeres que han sido violadas y que se preguntan sin respuesta; ¿Por qué Dios lo permitió? Hay muchas cosas que sólo Dios puede responder, pero lo cierto es que, muchas veces, escribe derecho con renglones torcidos. Lo importante es que sepan perdonar, que no guarden rencor ni odio en su corazón para los agresores; pues, entonces, el odio no les dejará vivir en paz. De todos modos, si ellas fueron víctimas inocentes de la violencia brutal, su alma no quedó contaminada y, a los ojos de Dios, su alma sigue pura y limpia como antes.


    La medida del amor
    es el amor sin medida
    (S. Agustín).


    Capítulo 10: El poder de la pureza


    EL PODER DE LA PUREZA

    Según Teilhard de Chardin, el famoso sabio jesuita, la pureza es la rectitud de vida, que el amor suscita en nosotros cuando buscamos a Dios siempre, en todas partes y en todas las cosas. Por eso, dice que la pureza se mide por la proximidad que tenemos a Dios.

    Y habla de la luz invisible que irradian las almas puras, que están llenas de Dios. Para ratificar esta idea, relata un cuento de Benson: “Un vidente llega a una capilla apartada, en la que reza una religiosa. Entra. Y ve que, en torno a este apartadísimo lugar, el mundo entero se enlaza, se mueve y se organiza, siguiendo el grado de intensidad y de amor de aquella rezadora. La capilla se convierte en el polo en torno al cual gira la Tierra. Su fe era operante, porque su alma, purísima, la situaba cerca de Dios”.24

    Esto quiere decir que un alma pura, un alma santa, mueve en torno a sí al Universo entero, porque su unión con Dios la hace ser escuchada y consigue que muchas cosas se muevan hacia el bien, que, de otro modo, nunca lo harían. Pues bien, si esto puede hacerlo la oración de un alma pura ¿qué no podrá hacer la misa de cada día, en la cual se concentra todo el Universo en torno a Jesús, que celebra la misa y transforma la materia del pan en su propio Cuerpo y Sangre?

    Y dice: “La experiencia cristiana nos dice que la pureza se nutre del recogimiento, de la oración, de la conciencia limpia, de la pureza de intención, de los sacramentos... La pureza halla en la fe la realización de su fecundidad”. 25

    Ciertamente, sin fe, sin amor, la pureza material no tendría valor. Lo importante es la pureza de vida, el amor puro, que da al alma un brillo y un resplandor extraordinario y la hace irradiar su luz a su alrededor. Por eso, toda auténtica pureza es fecunda. Dios está enamorado de la pureza, y llama bienaventurados a los puros de corazón (Mt 5,8). Teilhard de Chardin llega a decir que, cuando llegó el momento de la Encarnación y el Hijo de Dios quería hacerse hombre, Dios “hizo que apareciera en la Tierra una pureza tan grande que llegara a poder admirarla hasta su aparición como niño pequeño... y creó a la Virgen María. He aquí expresada en sus fuerzas y en su realidad el poder de la pureza que llega a hacer nacer lo divino entre nosotros 26

    Por eso, si tu alma es pura podrás hacer engendrar a muchos hombres para Dios con el testimonio de tu vida.
    La pureza es la luz de Dios
    que brilla en tu alma.


    Capítulo 11: Oraciones. Un mensaje para ti


    Oración de la Pureza

    Señor, concédeme la pureza que tanto necesito. Quiero ser puro como las fuentes de las montañas, cuyas aguas limpias y frescas irradian vida y alegría a su alrededor. Quiero ser puro y limpio como el aire de las alturas, que tú has creado para nuestra bendición. Quiero ser puro, pero me asaltan continuamente las tentaciones por fuera y por dentro. Y no hablo simplemente de las invitaciones permanentes a la lujuria, que cubren las paredes, colorean las páginas de revistas y periódicos o surgen en la pantalla. No hablo solamente de las provocaciones de las muchachas. Hablo también de la ley de la carne que llevo dentro de mí.

    Señor, concédeme la virtud de la pureza. Cuando pienso en aquella mujer, que será la madre de mis hijos, entonces siento ánimo para luchar y sufrir. Por ella soy capaz de sobrellevar el estudio fastidioso de la Física o de las Matemáticas. Por ella, he guardado hasta ahora ese tesoro que tanto me ilusiona. Por ella, aspiro a conquistar un elevado puesto profesional. A ella quiero entregarle un cuerpo inmaculado y un alma ardiente. A ella quiero entregarme totalmente y para siempre con un corazón puro y una voluntad firme. Por respeto a ella me aparto de los malos amigos, que se divierten y destrozan su vida con peligrosas y extrañas aventuras.

    Señor, tengo deseos de conocerla. ¿Será acaso esa joven que tanto me ilusiona y a la que todavía deseo conocer mejor? ¿O será otra que tú tienes para mí en alguna parte? Preséntamela cuanto antes. Porque mi corazón está ansioso de poderle ofrecer este amor, que guardo con tanto secreto para ella sola. Pienso que seremos felices. Tendremos varios hijos. Y yo me sentiré feliz de que llamen “padre”.

    Señor, te consagro y te ofrezco desde ahora mi futuro hogar, te ofrezco y te consagro a mi futura esposa y a mis hijos. Señor, recíbenos desde ahora en tu divino Corazón y bendícenos como una familia unida, que quiere ser toda para ti. Gracias, Señor. Dame tu pureza y cuídala a ella para que seamos los dos, el uno para el otro, fuente de alegría y de bendición.



    Oración de un Joven

    Señor, quiero hablar contigo, porque quiero pedirte por aquella mujer que será mi esposa y la madre de mis hijos. Todavía no la conozco y me dicen que tengo que esperar para entregarle todo mi amor intacto. Señor, Tú sabes que es difícil esta espera, pero hay algo muy noble dentro de mí que me dice que es posible. Dime, Señor, ¿cómo es ella? ¿Qué hace? ¿Dónde está? Déjame que piense en ella. Porque, pensando en ella, me siento más fuerte.

    Ella estará pensando en mí sin conocerme. Y, si ella es pura, yo no tengo derecho a ser impuro. Ella será la mujer que me hará feliz, la fiel compañera de mi vida. Por eso, a ella quiero entregarle un alma pura y un cuerpo sano. Pero ¡cuánto tengo que luchar para conseguirlo! ¡Cuánto tengo que esforzarme todavía para forjar un carácter que no la haga sufrir! ¡Cuánto debo mejorar por ella y para ella!

    Señor, ¿no es hermoso ser bueno, firme y puro por amor a ella y a esos hijos, que serán la corona de nuestra existencia?

    No me importa que mis amigos se aparten de mí por no seguirles en sus malos caminos. No me importa que tenga que tener a raya a mis pasiones. No me importa lo que digan los demás. Sólo me importa ella. Y, por eso, te pido la gracia de serle siempre fiel. Amén.



    Oración del Consagrado

    Señor, estoy aquí solo ante el sagrario 
    en esta tarde de domingo en que muchos 
    están viendo su programa de televisión 
    o paseando por el parque sin saber a dónde ir. 
    Señor, a veces, es duro amar a todos 
    sin reservarse a nadie. 
    A veces, quisiera irme lejos para disfrutar 
    de las alegrías del mundo, y no estar solo. 
    Pero, sé que me sentiría más vacío que antes, 
    porque las alegrías del mundo no dan felicidad.
    Por eso, en esta tarde quiero renovar mi entrega 
    y decirte que TE QUIERO.
    He aquí, Señor, mi cuerpo, mi corazón y mi alma.
    Estoy dispuesto a servirte para siempre. 
    Estoy feliz de haberme entregado a Ti sin condiciones. 
    Gracias por esta paz interior que Tú me das.
    Gracias, por haber comprendido que Tú solo 
    eres la fuente de la verdadera felicidad.
    Por eso, te vuelvo a decir mi Sí, humildemente, 
    conscientemente, libremente, con todo mi amor.
    Gracias Señor, por haberme escogido 
    desde toda la eternidad.

    - Hijo mío, nunca estás solo, 
    porque siempre yo estoy contigo.
    Yo te escogí desde siempre
    para que ilumines el camino de tus hermanos. 
    Yo te necesito.
    Necesito tus manos para seguir bendiciendo, 
    necesito tus labios para seguir hablando, 
    necesito tu cuerpo para seguir sufriendo,
    necesito tu corazón para seguir amando.
    Te necesito, hijo mío, para seguir salvando.
    Continúa, hijo mío, tu misión, 
    ayudando a tus hermanos. 


    Y ahora dile a Jesús:


    Señor, dame manos tiernas y castas para tocar 
    y curar las heridas y sufrimientos de mis hermanos. 
    Dame grandes alas para volar y pies fuertes 
    para caminar por los caminos de la pureza y de la paz. Dame un corazón grande como el Universo 
    para que pueda amar de verdad 
    y sin engaños a los que me rodean. 
    Y dame tu amor y tu alegría 
    para alegrar la vida de mis hermanos.

    Señor, condúceme de la muerte a la vida,
    de la mentira a la verdad.
    Llévame de la impureza a la pureza,
    de la desesperación a la esperanza,
    y de la oscuridad a la luz
    para que haya en el mundo un poco más
    de luz, de pureza y de alegría. Amén. 



    UN MENSAJE PARA TI 

    La vida es una constante oportunidad de ser mejores. Cada día que amanece, Dios te está diciendo que te ama y sigue confiando en ti. No lo defraudes. Él espera mucho más de ti y quiere hacer de tu vida una obra de arte, de la que se sienta orgulloso. Quiere verte como un hijo bello y hermoso, con un corazón de oro, que ame y sirva a los demás. Procura aprovechar el tiempo. No lo desperdicies. Este instante, que estás viviendo, es único e irrepetible y no regresará nunca más. Por tanto, haz aquí y ahora todo el bien que puedas. Vive cada instante, como si fuera el último de tu vida. Y no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

    Mira, un padre de familia contaba este suceso: “Un día mi hijo me dijo: Papá, quiero tomarme una foto contigo junto al rosal del jardín. Había unas rosas increíblemente hermosas. Yo le dije: Sí, hijo, mañana nos tomaremos la foto. Pero, al día siguiente, las rosas estaban mustias y deshojadas, porque el viento fuerte de la noche, las había malogrado. Cuando yo abrí la puerta del jardín con la cámara en la mano, dispuesto a tomar la foto, vi la cara triste de mi hijo y se me clavó en el alma. Lo había defraudado”.

    Por eso, lucha cada instante sin descanso por un mundo mejor. Emprende la lucha diaria por la pureza. La pureza te dará coraje y audacia para cumplir tus deberes. Sueña grandes cosas, sueña con lo que parece imposible y llegará lo imprevisible, que te abrirá puertas inesperadas para conseguir tus ideales. Y no te olvides de pedirle a Dios cada día el ideal de tu pureza, pues ya sabes que todo es un don de Dios. Controla tus instintos. Vence el deseo de venganza con el perdón. Vence al odio con el amor. Sé generoso en compartir. Que cualquier persona que se acerque a ti, hombre o mujer, niño o anciano, rico o pobre, blanco o negro, creyente o ateo, encuentre en ti un hermano y un amigo, en quien pueda confiar.

    El mundo está lleno de mediocres, con vidas truncadas por el vicio, porque no han tenido la fuerza de voluntad de decirle NO a las pasiones. Pero tú debes volar a máxima altura. Huye de lo vulgar. No te pongas al alcance del enemigo, que te acecha. Huye de las ocasiones de peligro. No pierdas contacto con la torre de control, que es Cristo. Visítalo siempre en la Eucaristía, donde te espera cada día. El sagrario es como una fuente perenne de aguas puras, transparentes y limpias, donde debes beber el agua de la vida, que limpiará tu alma.

    Nunca digas que eres demasiado bueno, que no necesitas ser mejor. Y, como decía Winston Churchill: Nunca, nunca, nunca te des por vencido. En la lucha por la pureza nunca digas: Basta. Y recuerda siempre que la alegría y la felicidad de la vida solamente consisten en amar. El amor es alegría y Dios quiere que seas alegre, amando con pureza y castidad.

    Que el Dios de la pureza y del amor, llene tu corazón de alegría y que sientas, cada día con más fuerza, la alegría de amar y de servir a los demás.

    Parte 5: Conclusión

    Después de todo lo que hemos visto sobre la pureza y castidad, quizás te quede un poco más claro que, sin la ayuda de Dios, nunca podrás conseguirla. Solamente Dios puede darte la verdadera felicidad, al amarlo a Él y al amar sinceramente a los demás con un corazón puro y limpio. La pureza de cuerpo y alma es necesaria para poder amar.

    Recuerda que sólo el amor da sentido a la vida. Y el amor es donación de sí, es ofrenda, es entrega. Y tu vida debe ser un regalo de Dios para los demás, una bendición de Dios para ellos. De esa manera, tú también te autorrealizarás, madurarás como persona y te sentirás feliz.

    Pero no olvides que amar no es necesariamente genitalidad. Amar es ayudar, es servir, es comprender, es compartir, es perdonar… Amar es hacer felices a los demás. Y, al hacerlos felices, encontrarás tu propia felicidad. De ahí que la alegría de amar, la disfrutarás en la medida en que seas puro de corazón y actúes con corazón sincero.

    Te deseo lo mejor. Que encauces tantas energías, que tienes dormidas en tu interior, hacia el bien y el amor sincero. ¡Hay tanto que hacer para ayudar a tantos que necesitan un consuelo, una sonrisa, una palabra amable, un apretón de manos! Sé tú el que pone el hombro en este mundo necesitado de obreros generosos, que dan sin esperar recompensa. Sirve a todos, ama a todos, consuela a todos y Dios será tu apoyo, tu consuelo y tu felicidad.

    Te deseo una vida llena de Dios, llena de amor, llena de la alegría y de la paz, que sólo Dios te puede dar. Éste es mi mejor deseo para ti. Saludos de mi ángel y saludos a ese ángel, puro y bello, que Dios te ha regalado para guiarte en el camino de la vida. Disfruta la alegría de amar con pureza y castidad. Y que Dios te bendiga por medio de María.


    El amor nos da alas para volar hacia Dios.

    Parte 6: Bibliografía

    Ambrosio San, La verginità, Ed Citta nuova, 1974, Roma.
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    Pablo VI, Encíclica Sacerdotalis caelibatus, 1967.
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